Por la comunidad LGBTIQ+, una lucha que también debemos dar

En medio de un estallido social sin precedentes para Colombia, de un paro nacional que ha visibilizado múltiples luchas, Esteman ha aceptado nuestra invitación en el Mes del Orgullo para contarnos algo de su historia personal
Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en email

Fotografías por Diego Nishizawa

Antes que nada, Esteman es perfectamente consciente de los privilegios que han rodeado su vida y su carrera; entiende que la suya es una historia afortunada si se le compara con las que han vivido miles de personas de la comunidad LGBTIQ+ para tratar de vivir libremente en medio de un mundo homofóbico y cruel. Él valora enormemente la aceptación que ha tenido, y esta le ha despertado la necesidad de unirse a otras luchas. “Siendo un hombre cis género gay, tengo muchos más privilegios que una mujer trans o una personal bisexual que puede ser súper incomprendida”, dice desde su casa en Ciudad de México.

Hemos profundizado muy poco en el tema, buscando siempre categorizar a todas las personas, hay mucho por hacer, y Esteman siente que sigue aprendiendo día tras día para entender los procesos de otras personas. La música se ha convertido en un vehículo para “una lucha que todavía tiene mucho camino por delante, muchos ojos por abrir”. Sus discos están transformándose en declaraciones de principios, y su figura va poco a poco convirtiéndose en un emblema para las personas LGBTIQ+ en América Latina.

En esta ocasión, Esteban nos acompaña para relatarnos un poco de su proceso artístico desde una perspectiva personal y profesional, compartiendo su lucha para abrirse un espacio en la industria musical de la región.

Fotografías por Diego Nishizawa

Yo, como hombre cis gay, represento solo una de las tantas y diversas caras de la comunidad LGBTIQ+, con una historia de aceptación personal, familiar y del contexto que me rodea, que en medio de todo ha sido muy afortunada. Claro, no por eso quiere decir que haya sido fácil. Al igual que muchas salidas del closet e historias de aceptación de personas de la comunidad, la mía también tuvo sus momentos difíciles, y en ese entonces las cosas parecían más complejas de asimilar.

Recuerdo que fue a mediados del 2006 cuando salí del closet, me enamoré por primera vez de un man y ahí ya tenía que asumirlo y afrontar a mi familia. Para ese entonces, ser gay seguía siendo un motivo de burla y era todo un evento si alguien salía del closet. Yo estudiaba Arte, lo cual hacía que estuviera en un contexto más abierto y libre para ser yo mismo, y poco a poco fui encontrando un círculo de personas con los que me sentía cómodo. Con mis papás y mi familia también fue un proceso, y en medio de todo fue un proceso muy sano. Creo que a mis papás realmente lo que les costaba era tener que salir ellos del closet con su círculo cercano. Sin embargo, fue cuestión de meses, y de muchas habladas juntos hasta altas horas de la noche, para que lo entendieran, o más bien, para que me entendieran.

Mis papás no son personas religiosas, y toda la vida han intentado tener una perspectiva más abierta del mundo. Desde que era niño siempre trataron de tener una comunicación muy cercana y dispuesta a la discusión conmigo y con mi hermano. Por eso, cuando salí del closet fue tan intenso todo entre nosotros, mientras que en otras casas de amigos que lo hacían, me contaban que sus papás estaban bien con ellos, pero realmente estaban bien si no se hablaba del tema, si no se ponía sobre la mesa. Al parecer esto era lo más común en el momento, pero cuando uno empezaba a mirar la realidad de otras personas, se daba cuenta de que el panorama era muy desconcertante y triste.

Estaba en tercer semestre de Arte cuando conocí al que fue mi primer novio. Las cosas cambiaron radicalmente para mí. Fue como si se me quitara un peso de encima, y empecé a conectar de una forma más sincera con mi parte creativa y con todos los ejercicios que me asignaban en diferentes clases y talleres de la universidad. Fue muy particular porque, aunque desde niño siempre había tenido un gusto por el canto, el baile, el teatro y las artes plásticas, todo este lado lo empecé a ocultar en plena adolescencia para encajar con los estereotipos de masculinidad y evitar el bullying que me hacían en el colegio.

SI VOLVIERA A NACER: Es el título del nuevo álbum de Esteman, que cuenta con Lila Downs, Daniella Spalla, Josean Log, Miranda!, Rozalén, Paula Pera y Marco Mares como invitados. Su amigo Juan Pablo Vega también está presente en la producción de algunos temas.

Aunque con el paso de los años yo seguía asistiendo a clases de canto, escribiendo canciones o creando personajes teatrales, esto era solo para mí, en mi intimidad frente al espejo y en mis “conciertos” en la ducha y “dentro del closet”.

Pero todo esto cambió de repente cuando me encontré en este nuevo momento de mi vida en plena carrera. Ahí nació Esteman, como un alter ego y como un proyecto artístico universitario, en el que la unión de la música, la video instalación y el performance eran los medios principales para expresarme. Se sentía muy bien haber encontrado por fin un espacio para sacar eso que había ocultado por tanto tiempo. Pero, sobre todo, hoy entiendo que este momento, más que el inicio de mi proyecto musical y de la experimentación con nuevos medios creativos, fue tan significativo para mí porque por primera vez estaba dejando ver todos esos rasgos que antes escondía de mi orientación sexual y de mi identidad.

Estaba por primera vez mostrándome frente a otras personas con más libertad, sin pensar tanto en cómo me veían. La verdad es que fue una época que marcó un nuevo inicio para mí, y una etapa en la que descubrí que, tal vez, ese era el camino que podía tomar con mi vida, y aunque no iba a ser fácil, se sentía bien, me sentía feliz.

Claramente mi espíritu soñador no sabía en lo que me estaba metiendo. Para el año 2009, cuando lancé mis primeras canciones de una manera muy espontánea y sin mucha planeación, me encontré con una industria musical muy chapada a la antigua. Parecía como si todo ese impulso que traía desde la universidad se hubiera ido de cabeza contra un muro de prejuicios y una visión de hacer música pop basada en la fórmula de los contados casos de cantantes colombianos que todos conocíamos, y que eran el referente a seguir porque ya habían pegado en el exterior, convirtiéndose en los representantes principales del imaginario colectivo.


“…por primera vez estaba dejando ver todos esos rasgos que antes escondía de mi orientación sexual y de mi identidad”.


Siendo tan novato, uno se emocionaba ante cualquier oportunidad que llegaba para trabajar con algún manager o disquera que se le acercara y le vendiera la fórmula del “éxito” a seguir; “tu música tiene personalidad, pero si quieres sonar en la radio debes sonar más así y menos así…” o “deberías seguir el ejemplo de tal cantante, vestirte y expresarte más de esta forma para pegar”. Todo esto al final para mí se resumía en que de alguna manera mi orientación sexual, los rasgos de mi personalidad y todo eso que me llevó en un principio a tener un proyecto musical, era mejor ocultarlo hasta donde fuera posible, o simplemente, como lo escuché tantas veces, “ser prudente”, “tu vida personal es tuya, y eso no tienen por qué saberlo tus seguidores”.

Y sí, cuando me ponía a mirar alrededor en ese momento, en el contexto de la música colombiana y latinoamericana, no encontraba ningún artista que desde sus inicios hablara tranquilamente de lo que significa ser gay o de hacer parte de la comunidad LGBTIQ+. Al final, todo este choque de principios y fórmulas, terminó quedando en un segundo plano para mí. Es decir, claramente no salí a gritarle a medio mundo de entrada que era gay, ni tenía por qué hacerlo pues no se trataba de eso, pero muy sutilmente e inconscientemente fui entendiendo, a medida que avanzaba en el proceso, que esa fuerza interna que me impulsó a salir del closet, seguiría estando muy presente cada vez que escribiera una canción.

En 2017 me fui a vivir a México. Para ese entonces miraba atrás y me sentía muy satisfecho por lo que había vivido con el paso de los años; había sacado mi primer disco como artista independiente en 2012, un segundo disco con una disquera en 2015, colaboraciones con artistas que admiraba y, sobre todo, me encantaba formar parte de una nueva escena musical de artistas latinoamericanos emergentes. Se abría un espacio cada vez más fructífero para colaborar y tener un lugar en festivales y diversos escenarios para una nueva ola de propuestas sonoras que fusionaban diferentes ritmos y que se identificaban en algún lugar de ese amplio espectro que muchos empezaron a denominar como “pop alternativo”, “indie pop”, etcétera. Cualquiera que fuese el término que cada quien usara, a mí me encantaba hacer parte de un mundo gris donde podía viajar de un lado a otro sin tener que aferrarme a ninguna de esas dos caras sonoras.

Fotografías por Diego Nishizawa

Sin embargo, en lo personal, seguía sintiendo que, aunque mis canciones ya iban encontrando un espacio y tenía un público que conectaba con mi música, había un vacío que permanecía, y seguía interponiéndose en lo que yo veía como fundamental para conectar de una manera más sincera y personal con mi público.

Cuando me fui a vivir a México e inicié el proceso de composición y producción de mi tercer disco, me encontré en un escenario muy diferente para crear. Simplemente estaba en otro lugar, estaba lejos de lo que ya se había vuelto costumbre, me sentía fuera de mi zona de confort, y esta vez desde la lejanía me estaba volviendo aún más consciente de lo que ya me definía como artista y de mi historia personal. Surgieron muchas canciones que hablaban sobre mí, sobre mi intimidad, sobre mi vida sentimental, sobre mis miedos y mis múltiples intentos fallidos en el amor, y sobre esa complejidad de lo que es amar y vivir siendo gay. Fue liberador desde ese momento. No tenía que planear mucho cómo iba a contárselo a la gente que me escuchaba, simplemente quería sacar estas canciones y mostrarlas sin filtros, sin adaptarlas a un lenguaje heteronormado, porque esta era mi historia y así, directa, real y sencilla, la iba a contar.

Era extraño porque recuerdo que antes de lanzar ese disco, Amor Libre, se lo mostraba con emoción a varias personas cercanas, a otras de mi equipo o de la disquera, y veía más miedo en ellos que en mí. Y claro, cuando me pongo a revisar qué pasaba en ese entonces, tampoco existían tantos artistas LGBTQ+ afuera, por eso tenían tantas razones para sentir miedo e incertidumbre sobre cómo iba a ser recibido. Veo este momento casi como una segunda salida del closet. Parece increíble eso de “salir del closet” con el público de uno. Para mí era simplemente seguir haciendo música, pero sin darme cuenta estaba alzando una bandera y visibilizando una lucha en medio de un contexto que pedía a gritos cada vez más ese cambio en las narrativas en la cultura popular latinoamericana. Se sintió bien, fue liberador, sentí nuevamente que me quitaba un peso de encima, y lo que más me conmovió fue encontrarme con tantas historias de gente que escuchaba estas canciones y las hacía suyas.

DE FACEBOOK A TIKTOK: Más de 11 años han pasado desde que Esteman se hizo viral con No te metas a mi Facebook, y desde ese momento ha venido consolidándose con una obra valiente, coherente y elaborada. Fotografías por Diego Nishizawa

Muchas cosas han cambiado en el mundo y han cambiado en mí desde que salí del closet en 2006. Tan solo pensar que en ese momento yo era alguien que, aunque fuera homosexual, estaba lleno de prejuicios y desconocimiento frente a las múltiples formas de identidad y orientación que existían dentro de la comunidad. Ignoraba, como muchos, el gran papel que ha tenido la comunidad trans en la lucha por los derechos de todas las personas LGBTIQ+. Admiro profundamente a las personas trans y a las personas no binarias por su valentía y por el proceso que muchxs de ellxs han tenido que vivir para enfrentarse a este mundo.

Admiro aún más a todxs aquellxs que se enfrentan día a día a los lugares más oscuros y violentos del contexto latinoamericano, viviendo su realidad con la cabeza en alto. Esas historias me inspiraron a escribir Milagrosa, track 6 del último disco, sobre una mujer trans que sale a vivir la noche con la fuerza y el poder de haber pasado por todo, y aunque siempre existan peligros, nada le va a impedir ser ella misma; “Diva ella, poderosa, una estrella”.

En medio de todo mi proceso ha sido muy afortunado, y aunque haya tenido muchas veces que deconstruirme, reevaluar mi forma de pensar y enfrentarme a algunos prejuicios, no cambio nada de lo vivido y de lo aprendido. Con el paso de los años he entendido que la música para mí se ha convertido, sin mucho pensarlo, en un arma para enfrentar mi lucha personal, pero también para conectar con otras luchas y con la realidad diversa de las personas que me siguen.