Los cazafantasmas: El legado

Aunque la nueva entrega de Los Cazafantasmas constituye un descarado Fan Service, lo cierto es que también tiene alma y eso la convierte en un producto difícil de resistir
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Jason Reitman

McKenna Grace, Finn Wolfhard, Paul Rudd, Logan Kim, Celeste O’Connor, Carrie Coon

Cortesía de Sony

La mentalidad de rebaño no se limita a comprar papel higiénico. También tiene que ver con amar de manera desmedida todo lo que se haya hecho en la década de los ochenta y con atacar de una manera apasionada e irracional a películas que, probablemente, ni se han visto, porque no responden a la idealización del pasado. 

Este es el caso del reboot de Los Cazafantasmas estrenado en el 2016. Quienes la vimos liberados de los prejuicios machistas y misóginos, sabemos que fue una cinta muy entretenida y, en muchos aspectos, superior a Los Cazafantasmas 2, esa secuela cansada de 1989 que llevó a que por más de veinticinco años se dejaran de hacer películas sobre esa franquicia en particular. Los fanáticos tóxicos no pudieron soportar que tres mujeres reemplazaran a sus queridos protagonistas masculinos, pero lo cierto es que, si ese reboot hubiera sido protagonizado por Gal Gadot, Scarlett Johansson, Megan Fox y Beyoncé, ningún hombre hubiera chistado.

Los estudios de Hollywood se han convertido en una especie de madres consentidoras que quieren darles a sus hijos resabiados lo que ellos quieren, sin importar la calidad y la originalidad de sus productos. ¿No les gusta el diseño de Sonic? ¡Lo cambiamos! ¿No les gusta la versión cinematográfica de Justice League? ¡Les daremos una nueva versión! ¿No se sienten a gusto con la nueva trilogía de Star Wars? ¡Ahí tienen a su Mandalorian! ¿Se sienten ofendidos porque Bill Murray, Harold Ramis, Dan Aykroyd, Ernie Hudson y Annie Potts fueron reemplazados por Kristen Wiig, Melissa McCarthy, Kate McKinnon, Leslie Jones y Chris Hemsworth? ¡No se preocupen, vamos a hacer la película que ustedes quieren! 

Jason Reitman, el talentoso director de cintas como Juno, Up In The Air y Tully, e hijo de Ivan Reitman, el director de las primeras dos entregas de Los Cazafantasmas, toma las riendas de la franquicia y les dice a los fanáticos incondicionales de las películas de los años ochenta, que la versión del 2016 es el equivalente a la serie animada Ghostbusters de 1986, que no estaba basada en las películas originales y que llevó a la producción de The Real Ghostbusters, una serie animada fiel a lo que los televidentes querían. Su nueva cinta, titulada Los Cazafantasmas: El legado, es tanto una verdadera secuela de las películas originales (la del 2016 era un reboot), como el equivalente de Los verdaderos Cazafantasmas.

El problema es que los tiempos han cambiado (han pasado 37 años desde la primera Cazafantasmas) y Harold Ramis, el actor que interpretó al Dr. Egon Spengler, uno de los Cazafantasmas originales, falleció en el 2014. Como diría Alf, ¡No hay problema, Willy! Para eso están los guionistas. 

Gil Kenan (el director de la maravillosa cinta animada Monster House), en conjunto con el mismo Jason Reitman, urden una cuidadosa estrategia. En su historia, Egon ha muerto intentando salvar el mundo del apocalipsis y sus nietos se van a encargar de completar la misión. Ellos son Phoebe (interpretada por la talentosa y precoz McKenna Grace), una niña con la misma personalidad nerd y retraída de su abuelo, la cual incluye su talento para hacer chistes flojos y capturar fantasmas; y Trevor (encarnado por Finn Wolfhard, el protagonista de Stranger Things, ese homenaje a los años ochenta convertida en serie de Netflix), un chico con el desparpajo del Dr. Peter Venkman (Bill Murray). 

Como los Cazafantasmas son cuatro, se sumarán al grupo Podcast (Logan Kim), un niño obsesionado con los fenómenos paranormales que se convierte en el único amigo de Phoebe, y Lucky (Celeste O’Connor), una joven afroamericana, que termina convirtiéndose en el interés amoroso de Trevor (así como Dana Barrett se convirtió en la novia de Venkman) y luego en la última Cazafantasmas (así como Winston Zeddemore, el personaje interpretado por Ernie Hudson, se sumó de manera tardía al equipo original). No podía faltar el equivalente al bobalicón Louis Tully, y aquí lo encontramos en el sismólogo y profesor de Phoebe, el señor Grooberson, encarnado por Paul Rudd, un actor diametralmente opuesto a Rick Moranis en su apariencia física, pero no en su torpeza. ¡Ah! Y Pegajoso (Slimer) va a ser reemplazado por el simpático Mordelón (Muncher).

Estos niños, al igual que los Goonies de Richard Donner, descubrirán en la misteriosa casa que Egon le dejó de herencia a su hija Callie (Carrie Coon con la misma actitud de Janine, la secretaria de los Cazafantasmas originales interpretada por Annie Potts), los populares artefactos mercantilizados por la cinta original, que los iniciarán en este “nuevo” legado. Y como el cine de los ochenta se recuerda por las “tres G”, falta algo de Gremlins en la ecuación y los fanáticos no quedarán decepcionados (sin revelar mucho, podemos decir que aquí los Gremlins son de masmelo). 

¿Es este descarado Fan service bueno o malo? El amor, alma y espíritu retro puesto en esta nueva entrega de los Cazafantasmas hace que sea imposible de resistir (esta versión también es superior a Ghostbusters II). Pero es imposible dejar a un lado esa horrible sensación de que estamos siendo manipulados descaradamente como espectadores. Cualquier persona que intuya que esta película fue hecha para complacer a los fanáticos de la cinta de 1984 y recaudar millones en la taquilla explotando la nostalgia ochentera, sabrá lo que va a suceder en el acto final. 

Y es tanta la confianza de sus productores, que la escena post créditos ya augura una nueva serie de películas. Como diría Fry, el protagonista de Futurama: ¿Qué esperan? ¡Tomen ya mi dinero!