La vida eléctrica de Louis Wain

La excéntrica vida de Louis Wain, el popular ilustrador de gatos antropomórficos, es llevada a la pantalla de una forma mágica y eléctrica
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Will Sharpe

Benedict Cumberbatch, Claire Foy, Tobey Jones, Stacy Martin

Cortesía de Amazon Prime Video

El cerebro funciona con electricidad. Los impulsos eléctricos que se producen y se transmiten gracias a las neuronas, las células especializadas de nuestro sistema nervioso, permiten nuestros movimientos, nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestra percepción. Y dentro de nuestra percepción, se incluye, especialmente, la visión que tenemos del mundo que nos rodea. 

El artista británico Louis Wain estaba obsesionado con la electricidad y cómo esta permite y regula nuestra vida. También estaba obsesionado con los gatos, esas criaturas hermosas, delicadas e indefensas cuyo cerebro, al igual que el de los humanos, también funciona con electricidad. Wain dijo alguna vez: “La electricidad es la clave de los más alarmantes secretos de nuestras vidas”.   

El actor y director Will Sharpe logra captar la electricidad y la excentricidad que hizo parte de la vida de este hombre que, gracias a sus pinturas y dibujos, pudo compartir su visión de mundo con nosotros en La vida eléctrica de Louis Wain, un hermoso biopic que bien puede pensarse como la mejor película romántica desde Brooklyn, esa gentil y delicada cinta dirigida por John Crowley en el 2015 y protagonizada por Saoirsie Ronan y Emory Cohen.

Los protagonistas de la cinta de Sharpe son nada menos que lo mejor del cine y la televisión británica actual: Benedict Cumberbatch y Claire Foy. Y la narración está a cargo de Olivia Colman. Cuando dos reinas y el detective más grande la historia son convocados y reunidos, nada puede salir mal.

Cumberbatch logra retratar de una manera sutil y meticulosa las características atípicas de Wain, desde su labio leporino hasta su dificultad para relacionarse con las demás personas, así como su esquizofrenia. En un primer momento, conoceremos su particular condición de ser el único hombre en una familia conformada por una madre viuda y cinco hermanas solteras (algo inaudito en la Inglaterra Victoriana), y cómo encontró el amor en Emily Richardson (una estupenda Claire Foy), la institutriz de las hermanas y una mujer con algunas excentricidades que al igual que Wain, no tenía miedo de revelar (como coleccionar rocas o meterse en los baños públicos masculinos). 

Sin importar las reglas sobre clase social y edad de la época, Wain y Richardson contraen matrimonio y se van a vivir al campo. Allí se enteran del cáncer de seno terminal de ella, pero como caído del cielo aparece un gatito mojado y tembloroso al que la pareja llama Peter. El gatito se convierte en una especie de hijo para los dos y en la compañía de Wain cuando la tragedia toca a su puerta. 

La fotografía de Erik Wilson (Paddington) logra convertir a la Inglaterra de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, en el vivo retrato de las imágenes creadas por Louis Wain y ayudan a resaltar el mágico romance entre el artista y la institutriz. 

Más que ofrecer un retrato oscuro de un hombre que pierde la razón debido a su inmensa sensibilidad y la imposibilidad de soportar el dolor, La vida eléctrica de Louis Wain, además de ser una gran historia de amor, es un profundo retrato sobre la vida de un artista talentoso, que supo compartir su mundo interno con todos nosotros.  Puede que la vida de Wain haya estado marcada por la tragedia, las obsesiones y la oscuridad, pero lo cierto es que sus ilustraciones de gatos antropomórficos, inclusive las de esos extraños gatos eléctricos, coloridos y fractales que pintó al final de sus días encerrado en varias instituciones mentales, fueron hechas con una gran alegría y amor por la vida. Las mismas pinturas son evidencia de ello. 

Que un Señor de la Oscuridad como Nick Cave y un Alegre Bufón como Taika Waititi hayan aceptado participar en este proyecto, da cuenta de esa extraordinaria conjugación de la alegría y la tristeza que hacen parte del arte y de la vida, y que el director Will Sharpe logró capturar para la pantalla como si se tratara del rayo en la cometa de Benjamín Franklin.