Astroworld y Travis Scott, el balance de la tragedia en Texas

El festival se convirtió en una pesadilla que nos costará años asimilar
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Un tributo improvisado con flores, fotos y velas en las afueras del Estadio NRG.

Fotografía por Arturo Olmos

Cuando Travis Scott era pequeño y vivía en Houston, su lugar favorito en el mundo era el parque de diversiones Six Flags de la ciudad, conocido como Astroworld. El lugar cerró cuando él cumplió 13 años, pero, en su honor, el artista nombró su álbum de 2018 y creó el festival Astroworld en el Estadio NRG de Houston, donde solía estar el parque, para recrear una versión de su sueño infantil.

En la tercera edición del festival, el 5 de noviembre de 2021, durante el concierto de Scott y frente a una escultura gigante de la cara del artista, el festival se convirtió en una pesadilla. Hasta el momento se reportan diez fallecidos entre la multitud aplastada y al menos 25 asistentes más gravemente heridos. Entre las víctimas fatales está un niño de nueve años, Ezra Blount, quien veía el show desde los hombros de su padre. “No tenía nada de espacio”, le dijo Demarkus Bullock, uno de los sobrevivientes, a ROLLING STONE. “Todo el mundo estaba empujando. Parecía el infierno en la tierra”.

Ahora, Astroworld se une a Altamont y a Woodstock ’99 como conciertos que terminaron en tragedias, aunque este fue mucho más mortal. Una comparación más apropiada serían las 11 personas que murieron pisoteadas antes de un concierto de The Who en 1979 en Cincinnati, o las nueve personas que murieron aplastadas durante el concierto de Pearl Jam en el Festival de Roskilde de 2000 en Copenhague.

Para este momento, apenas unos días después de la tragedia, se presentaron más de 40 demandas en contra de Scott, el promotor del concierto Live Nation y otras entidades; abogados que han trabajado en casos similares, predicen que se llegará a acuerdos millonarios y la policía de Houston está realizando una investigación penal.

Sin importar a quiénes se considere culpables, y pueden ser muchos, Astroworld es una catástrofe de proporciones históricas, que afectó a una industria que todavía no se recupera del cierre por la pandemia y que todavía tiene consecuencias pendientes. A propósito de este trágico incidente, un experto en seguros de conciertos ha dicho a ROLLING STONE: “Esto será algo de lo que todavía hablaremos en 10 años”.