Fotografía: David Rugeles; Stylist: Zara; Grooming: Yeny Montenegro y y Tanya Cruz; Lentes: Transitions

Andrés Cepeda, el arte de ver más allá

Cepeda habla de rock & roll, de lo que inspira su disciplina para trabajar y de su historia musical. El cantautor bogotano es probablemente el artista más prolífico de su generación, y en medio de mil proyectos, planea una movida sorprendente

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Juan Gabriel Turbay, Gustavo Gordillo y Andrés Cepeda se conocen desde que estaban en la primaria. Una casualidad quiso que los tres estudiaran piano en sus casas y coincidieran en el mismo colegio. En el bachillerato empezaron a compartir poco a poco lo que iban aprendiendo y en ese espacio surgió la idea de formar una banda. Así empezó Poligamia.

Era la época efervescente del ‘Rock en español’, entonces la radio bogotana explotaba con éxitos de artistas como Charly García, Miguel Mateos, Soda Stereo o Enanitos Verdes, quienes también venían a tocar a nuestro país e inspiraban a montones de muchachitos que dieron vida a decenas de agrupaciones. “Estos tipos venían, hacían sus conciertos, los podíamos ver; eran unos héroes, unas figuras a emular más cercanas que otros ídolos de Estados Unidos o Europa, estos eran más de carne y hueso”, recuerda Cepeda, que también estaba descubriendo a gente como Fito Páez y Miguel Ríos. “Coincidió con esa época de la vida en que uno absorbe y busca referentes, busca role models personales y también musicales, uno se engancha con estos artistas y quiere seguir ese camino”. 

Durante la adolescencia aquel fenómeno convivía con la salsa y el merengue de las primeras fiestas juveniles: había que aprender a bailar. En esa época cualquier joven colombiano estaba obligado a saber bailar y a jugar fútbol, de lo contrario tendría graves problemas a la hora de socializar. Entre el rock y la música que sonaba en los bailes adolescentes, le parecía entonces que había “una barrera infranqueable, era como si uno tuviera una doble vida”. Tiempo después logró resolver ese dilema al descubrir a ‘La mona’, el personaje de Andrés Caicedo en ¡Que viva la música!, donde por momentos la salsa y el rock eran caras de una misma moneda.

Fotografía: David Rugeles; Stylist: Zara; Grooming: Yeny Montenegro y y Tanya Cruz; Lentes: Transitions

Andrés Cepeda creció oyendo lo que oían sus padres y hermanos, entre música clásica, boleros, salsa, jazz, los Beatles, los Stones y los Bee Gees: “Los viernes y los sábados mi papá nos llevaba al Teatro Colón o al auditorio de la Universidad Nacional para ver a la orquesta y los solistas que venían; esa era una aproximación muy seria, muy atenta, él me hablaba de los compositores y los periodos, era una cátedra muy interesante”, dice al hacer memoria de la relación que estableció a través de la música con don Humberto, su padre, que era arquitecto. “Otra era la vivencia de la música popular, pura gozadera, pura unión, pura familia, donde el uno canta y el otro toca, ahí no había que meterle mucha cabeza”.

Cuando Poligamia fue a grabar su primera canción, ‘Desvanecer’, Juan Gabriel Turbay estaba enfermo, entonces el ingeniero de sonido, Luis Miguel Olivar, preguntó si alguien más la podía cantar; “Me la sé yo”, dijo Andrés. Ahí se quedó con el puesto de cantante, aunque al principio no hubiera sido el propósito. Hoy Luis Miguel continúa siendo su manager.

La banda ganó el concurso más importante en 1991 para bandas colegiales en Bogotá, y empezó a sonar en la radio. A Cepeda, Turbay y Gordillo se habían sumado César López en la batería, y Fredy Camelo en la guitarra; al poco tiempo consiguieron un contrato que los llevó a grabar tres discos en estudio y uno en vivo.

Esa etapa de la banda produjo una serie de éxitos como ‘Búscame’, ‘Una canción’, ‘Confusión’, ‘Beverly Hills’ o ‘Mi generación’, e incluyó también un seriado televisivo que estuvo nueve meses al aire. “Se supone que en la trama se revelarían nuestras personalidades, y que tocaríamos; pero más bien resultó algo hiperdramático. Nuestra faceta como actores es algo que no queremos repetir: era muy cómico porque el dramatizado tenía cinco protagonistas que no sabían actuar, sino que eran buenos músicos, pero que en la serie no tocaban”, recordaba Gustavo Gordillo a El Tiempo durante alguna reunión reciente de Poligamia.

Poligamia en su reunión de 2018.
Fotografía por Camilo Rozo

En todo el proceso de esta banda, Cepeda contó con el apoyo de su padre: “Lo mío eran las ciencias sociales, la historia, la geografía, los idiomas, obviamente la música, y él tuvo la capacidad de entender eso, de no forzarme. Fue muy paciente, se aguantó que yo repitiera varios años, se aguantó el tener que recoger las calificaciones y encontrarse con las quejas de los profesores de matemáticas [Risas]. Nunca me echó eso en cara, y siguió apoyándome en la música; mis papás siempre tuvieron esa generosidad”. 

La casa siempre estaba abierta para lo que el grupo necesitara, empezaba a ser claro que la felicidad de Andrés solo podía encontrarse si él tomaba un rumbo que en esa época aterraba a la mayoría de familias.

Sin embargo, en la segunda mitad de los 90 los integrantes de la banda comenzaron a encontrar intereses diferentes, y Turbay se retiró para hacer un disco como solista, Señales. Poligamia no resistió mucho tiempo más, lo intentaron con Promotal 500mg, pero prefirieron despedirse muy dignamente con Buenas gracias, muchas noches, el disco en vivo que grabaron en el Teatro de La Castellana el 25 de julio de 1997.

Poco antes de esa disolución definitiva, Cepeda y Olivar grabaron el álbum Morfonia en vivo, de la emblemática banda bogotana; también se encargarían de la mezcla en ese álbum, una pieza fundamental en el rock bogotano de los 90.

Aturdido y descorazonado tras la ruptura del grupo, Cepeda viajó a Estados Unidos para estudiar Ingeniería de Grabación. Al volver estuvo trabajando en un estudio, y siguió componiendo algunas canciones que iban tomando otro rumbo. “Reconocí un gusto que tenía por la música antillana, particularmente por el bolero y el son, que había sido sembrado en mi casa por lo que escuchaba mi papá. Empecé a ver que soy de canciones muy sentidas, muy románticas”.

Fotografía: David Rugeles; Stylist: Zara; Grooming: Yeny Montenegro y y Tanya Cruz; Lentes: Transitions

El álbum de Buena Vista Social Club le ayudó a desenterrar muchos recuerdos sonoros, y empezó a explorar por ese lado, aunque nunca pensó en cantar esas composiciones. Escribió cuatro o cinco canciones, y se las presentó a Discos FM para un proyecto de otro artista. La disquera le propuso que hicieran un disco en el que las cantara él, y convocaron a César López como productor.

En 1999 salió el primer disco de Cepeda como solista, se llamó Sé morir, y contenía éxitos como ‘Me voy’, ‘Embrujo’ [del nicaragüense Napoleón Baltodano], y el tema que da título al álbum. “Se empezó a vender la música y nos llamaron de la casa disquera: ‘Oiga, este proyecto nos está funcionando, ¿quieren hacer unos shows y salir de promoción?’. Ahí nuevamente Luis Miguel se puso la camiseta de mánager, y seguimos trabajando hasta hoy”.

La cosa explotó, y el segundo disco, El carpintero, también fue un gran éxito con canciones como ‘Tengo ganas’ y ‘El carpintero del amor’. A pesar del buen momento, hay partes de esa etapa que Andrés recuerda con ciertos reparos: “Hubo unos tres o cuatro años en los que no estaba haciendo lo que tenía que hacer, y para mí esos cuatro años fueron costosísimos. Estaba mucho más joven, acababa de hacer dos discos que todavía me parecen muy chéveres, me parecen geniales, y me eché como a la pereza, me puse a montar este bar [La casa del Equeco], que era una delicia, una rumba tremenda, pero fue una rumba de cuatro años, y eso tiene un costo en tiempo, en energía, en creatividad, en oportunidades. Cuando finalmente caí en cuenta, me dije, ‘Tengo que salir del bar y concentrarme en hacer más canciones, más discos, grabar más vainas, hacer más shows’. Siento que retomé y quedé con esa sensación de recuperar el tiempo perdido, se me volvió como una obsesión [Risas]”.

Esa obsesión se ha traducido en una producción voluminosa de álbumes en estudio, además de una cantidad de discos en vivo con la que supera a cualquier artista nacional, demostrando la confianza que tiene en su capacidad interpretativa, y eso no es poca cosa en tiempos de auto-tune para entertainers que no saben cantar. Aparte de los discos, ha hecho un libro [Mil canciones que cantarte – Historias], teatro [Cepeda en tablas], y ha sido jurado para la franquicia de La voz en muchas oportunidades.

Fotografía: David Rugeles; Stylist: Zara; Grooming: Yeny Montenegro y y Tanya Cruz; Lentes: Transitions

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A mediados de este 2021, Cepeda presentó un disco titulado Me estás haciendo falta, en el que hace un homenaje a su padre con las canciones que le ayudaban a conectarse con él mientras el Alzheimer se robaba los recuerdos y lo arrancaba poco a poco de la realidad. 

El vivir con esta enfermedad tan cerca ha inspirado a Andrés para generar conciencia sobre las mejores formas de hacer frente a algo devastador que afecta a millones de personas en todo el mundo, por eso el proyecto también incluye la realización de un documental que actualmente se encuentra en producción.

“Me puso a pensar en mi propia vejez, en mi propio futuro. El Alzheimer tiene un componente de herencia genética muy fuerte, y creo que por eso estoy haciendo música tan desesperadamente, haciendo proyectos, me da miedo que llegue un momento en que la vida no me permita seguirlo haciendo. Me afectó muchísimo esa experiencia de ver cómo se apagaba su intelecto y su persona, me hace atesorar el tiempo funcional que tengo todavía. Quizá por eso soy tan afanado y tan inquieto”, dice.

Y Cepeda se toma esto muy en serio, entre 2020 y 2022 habrá lanzado seguramente seis álbumes: TreceMe estás haciendo faltaConcierto en tu casa, y están por venir Guitarra y voz7 de julio y El décimo cuarto [título tentativo].

Buenas gracias-Muchas noches, disco de despedida de Poligamia en 1997

Hace apenas unos días, en noviembre, mientras grababa un podcast para ROLLING STONE, confesó que tenía una tarea pendiente, una espina que necesitaba sacarse: “Yo quiero volver a hacer rock”, dice con una certeza que no deja un segundo a las dudas. Pero no le atrae la idea de hacerlo como solista, y está empeñado en concretar algunos personajes que se unan a la causa, entre ellos un gran guitarrista, componente que le parece indispensable para el proyecto; “Yo me imagino una banda con dos o tres personajes de mi generación y otros dos muy jóvenes para que haya un dialogo chévere”, señala.

Al hacer una lista con algunos discos de cabecera, Cepeda menciona nombres que, conociendo estos nuevos planes, no resultan muy sorprendentes porque permiten entender que el rock ha estado siempre ahí; Revolver de los Beatles, Sticky Fingers de los Rolling Stones, AC/DC con Back in Black; evoca a Genesis en tiempos de Peter Gabriel o Phil Collins (“Me gustan mucho las dos etapas, son como dos bandas completamente diferentes”). Aparece Toto con IV, y Tom Petty con Wildflowers, aunque Full Moon Fever también podría entrar al listado. Led Zeppelin no puede faltar. Spinetta tendría un espacio con Bajo Belgrano, de Spinetta Jade, y algo de Pescado Rabioso; “Mi álbum favorito de Soda Stereo es Canción animal, me parece una obra maestra”, añade. Atesora esos discos porque hacen parte de lo que descubrió por su propia cuenta, a través de amigos, tiendas de discos y programas de radio.

Tampoco sorprende que enumere cosas como el proyecto Filin, de boleros cantados por Pablo Milanés o el disco clásico de Buena Vista Social Club, que fue un punto de partida para su carrera como solista, cuando empezó a cantar boleros y cosas inspiradas por lo que conoció junto a su padre. 

Sin embargo, por más romántica que pueda parecer su música o su mirada artística, Cepeda está demasiado curtido para invertir su tiempo y su dinero dando palos de ciego. Es un tipo absolutamente sensato, con los ojos bien abiertos y los pies en el suelo. Si algo tiene, es una visión muy clara de este negocio, y entiende que para sacar adelante los proyectos menos comerciales (como Me estás haciendo falta con su documental o las exploraciones que ha hecho en el jazz), sus otras iniciativas deben ser rentables. Por eso ha logrado hacer todo lo que ha hecho.

Fotografía: David Rugeles; Stylist: Zara; Grooming: Yeny Montenegro y y Tanya Cruz; Lentes: Transitions

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Aunque no sea un tema recurrente en sus apariciones mediáticas, la realidad del país es algo que le preocupa, por eso no quisiera hacer rock con letras fiesteras o románticas; “Me imagino unas letras más profundas, un poco más orientadas hacia el comentario social”, añade. 

En Colombia ya hemos interiorizado la desesperanza cuando se trata del Estado, los políticos o los gobiernos, por eso exigimos a nuestros artistas y deportistas enarbolar banderas que intenten salvarnos: “Así de mal estaremos, que recurren a los que menos entendemos del tema, los que menos soluciones podemos aportar. No somos las personas preparadas para dar respuestas; podemos ser cronistas del asunto, podemos decir qué sentimos, pero definitivamente no somos la respuesta… le estamos pidiendo al bombero que nos saque un diente”, dice con cierto desconsuelo.

Cepeda entiende que la música se convierte en un escapismo para quienes la crean o se limitan a escucharla, sin embargo, su visión le permite entender que hay una responsabilidad más allá, y en un momento dado concluye: “El oficio del arte se ha convertido en entretenimiento, y no en respuestas a las preguntas que tiene la sociedad, eso es triste…”.

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