Has cantado Human, has hecho planes para verles en el FIB, has soñado con su líder... ‘RS’ te lleva hasta su camerino y habla de ping-pong, bailes sexy y el desierto de Las Vegas con Brandon Flowers
No es fácil. no tanto como para desesperar, pero lo complicado que resulta contactar con Brandon Flowers (Las Vegas, 1981) es una prueba que sólo se supera si se asume que a) el líder de The Killers es el último músico que ha conseguido subirse a un podio reservado sólo a tipos como Bruce Springsteen o Mick Jagger y b) no ha vacilado a este redactor de 'Rolling Stone'. Hace falta una explicación. Ljubljana, Eslovenia, domingo 7 de junio. Suena el teléfono en el camerino del grupo. “¿Sí?”, responde alguien. “Hola, ¿eres Brandon?”, pregunta el periodista. “Sí, ¿quién es?”. “Aquí 'Rolling Stone', habíamos quedado para una entrevista”. En ese momento el timbre del presunto Brandon se hace más grave; “Si llamas dentro de veinte minutos te pongo con él”. Clic. Evidentemente, veinte minutos más tarde Brandon –ni el presunto ni el auténtico– no coge la llamada. Más tarde informan desde su discográfica de que le duele la garganta y prefiere reservar la voz para el concierto de esa misma noche.
En el último año, desde que publicasen Day and Age (2008), The Killers han pasado de pelear en la primera división del rock norteamericano por un puesto de media tabla a tener opciones de título mundial. Gran parte de la culpa la tiene una canción que estaba pensada para un disco de caras b y rarezas, Sawdust (2007). Se titula Human y la has escuchado las suficientes veces como para no necesitar que te la tarareen. Todos conocen y muchos aman a The Killers, desde Pet Shop Boys al académico y amigo de ‘misses’ Luis María Ansón, que escribió una elogiosa crónica del concierto en Madrid de la banda el pasado marzo. Gracias a este último se supo de otro sorprendente fan de los de Las Vegas: José María Aznar. Aunque el grupo ya había tenido éxitos de pista de baile como Somebody Told Me –de Hot Fuss (2004)–, lo que ha sucedido con Human sigue siendo un misterio. Está en todas partes y a todas horas, y lo que es más importante, parece que siempre había estado ahí. No es un clásico reciente como Viva la Vida de Coldplay, asimilado como versión actualizada del We Are the Champions de Queen; es simple y llanamente un clásico sin coartada contemporánea. Human es la canción que Kevin Bacon podría haber bailado en Footloose (1984) para salir de la monotonía; el estribillo con el que David Bowie habría vuelto de un viaje a Venus; los versos que habrían dejado a Freddie Mercury con una sonrisa. Es un pedazo de historia. Por eso, por lo que prueba una canción así, a The Killers ya ni se los discute ni hay que esperarles a que crezcan. Como demuestra su presencia este mes en el FIB Heineken (16 a 19 de julio, Benicàssim, Castellón), The Killers tienen talla de cabeza de cartel. La cara de Brandon Flowers puede llenar pantallas gigantes y su voz aguanta niveles de reverberaciónhasta ahora reservados a Bono.
Brandon Flowers, el genuino, está en su casa de Las Vegas, en uno de esos raros días en los que puede pasar horas trasteando con su hijo de dos años Ammon –en el Antiguo Testamento, el hijo ilegítimo de Lot y patriarca de los primeros cristianos; no es casual que Flowers sea uno de los mormones más famosos del rock–. Después de varios intentos durante una semana, 'Rolling Stone' finalmente está hablando con él. Unos días antes ha trascendido que su mujer Tana Brooke Munblowsky –su novia de toda la vida– y él esperan un segundo hijo. “Nos enteramos hace un par de días y estamos muy contentos”, contesta, como si fuera la primera vez que le hubieran felicitado por la noticia, aunque es evidente que debe ser la última de una larga serie.
Teniendo ya un hijo con un nombre tan impresionante como Ammon, me pica la curiosidad: ¿Habéis empezado a pensar en como llamaréis a este que está de camino?
Hay algún nombre que estamos barajando mi mujer y yo pero nada definitivo aún, es demasiado pronto.
Flowers acaba la frase con una risilla floja que le acompaña durante toda la entrevista. Parece la de un adolescente nervioso y al mismo tiempo un poco ganso. Cuando se convierte en carcajada hay incluso indicios de gallos, dificultad para controlar sus ataques de risa. Simpático, celebra cada broma mucho más que los halagos o las comparaciones que le dejan en buen lugar, se nota que prefiere establecer cierta complicidad a vender la moto o lanzar mensajes. Realmente, este tipo podría ser tu colega; lo único que pide a cambio es que le garantices unas risas y un buen rato. Es perfectamente comprensible que Rufus Wainwright, Kanye West, Billy Corgan o Chris Martin se lo disputen como compañero de juergas o pidan pase VIP para estar con él en su camerino cuando pasa por sus ciudades.
Viendo tu camerino actual, tan lujoso y amplio, ¿recuerdas cómo era el del primer concierto que disteis The Killers?
Cuando empezamos solíamos tocar en bares de Las Vegas; eran sitio tan pequeños que no creo que pudiera hablarse siquiera de camerinos. Nos poníamos detrás de unas cajas de cerveza apiladas en columnas y con eso nos teníamos que apañar.
¿Cuándo fue la primera vez que tuvisteis un camerino que te hiciera pensar que quizá The Killers podíais tener éxito?
En nuestra primera gira por Reino Unido íbamos con un grupo de allí, British Sea Power. Ellos tenían su propio camerino, pero nosotros nos quedábamos en el pasillo. La parte buena es que descubrimos lo que era un ‘rider’ [bebida y comida para el artista que se deja en los camerinos]; nos ponían una mesa en el pasillo con un par de sillas y un montón de botellas y platos. Eso sí que fue un avance.
¿Y te tenías que cambiar de ropa en el pasillo?
Mi vestuario no era tan elaborado como el de ahora, no me llevaba tanta preparación, pero sí, me vestía en el pasillo.
En cambio ahora tenéis hasta mesa de ping- pong allá donde tocáis.
Sí, jugamos un montón y entre nuestro equipo ya hay verdaderos profesionales del tenis de mesa. El público no lo sabe, pero ha habido partidos al rojo vivo en el backstage.
¿Y quién sale vencedor?
De la banda, yo soy el mejor, aunque los peligrosos son los miembros del equipo, los técnicos.
¿Te verías en unas olimpiadas representando a tu país en esta disciplina?
[Risas] Necesitaría entrenarme un par de años para estar a buen nivel.
¿Tiene un fan alguna posibilidad de acceder a vuestro camerino? ¿Qué habría que hacer para entrar donde ha entrado ‘Rolling Stone’?
Tendría que ser un ninja para pasar todos los controles que hay para llegar hasta el camerino, es una tarea prácticamente imposible.
¿Es porque no te gusta que haya gente ajena a la banda? ¿Necesitas intimidad después de haberte cambiado en pasillos de media Inglaterra?
La verdad es que no me mola nada que haya desconocidos. Hay que mantener las cosas tranquilas, estar concentrados, sin exaltarnos. Eso es imposible si hay gente yendo y viniendo. Además, ese tiempo lo solemos utilizar para ensayar en un espacio que tenemos preparado, un estudio móvil en el que practicamos y vamos probando ideas nuevas que surgen durante las giras.
¿Y qué tocáis cuando estáis ahí dentro?
Sobre todo partes difíciles de algunas canciones, para que no se nos atraganten. También bastantes versiones, nos gusta tocar canciones de otros: Boys Don't Cry, de The Cure; My Own Town, de Bruce Springsteen; Moonage Daydream, de David Bowie...
¿Y Shadowplay, de Joy Division, ya no la tocáis?
Sí, aunque hace tiempo que no... La grabamos para la película sobre Ian Curtis, Control (2007), pero no la tenemos muy reciente.
Hace 30 años Queen publicaban Live Killers. ¿Qué recuerdas del grupo? ¿Influyó Freddie Mercury en tu manera de tomarte el papel de líder de The Killers?
¿Quién no conoce a Queen? Cuando era un chaval ya sabía que Freddie era parte de la historia del rock and roll y de la música en general. Todos en la banda somos fans de él tanto como de Queen.
Aunque no despierte el entusiasmo de Flowers y la mayoría de la prensa musical prefiera obviarla, la comparación con Freddie Mercury no es casual. Ambos han jugado con cierta ambigüedad sexual, aunque el cantante de The Killers se haya cortado un poco después de canciones en las que hablaba de chicos que no sabían si preferían carne o pescado y algún que otro malentendido con Rufus Wainwright: éste le dedicó una canción de Release the Stars, 'Tulsa', y Flowers no supo muy bien cómo reaccionar. Pero es sobre todo su vocación de entretenedores sin complejos ni coartadas lo que les une. Hasta que Brandon Flowers sacó sus hombreras con plumas, se pintó el ojo y se asomó al borde del escenario, había pasado prácticamente una década en la que ninguna banda respetable de rock había tenido a un hombre-espectáculo al frente.
Con Bono y Chris Martin como paradigmas de lo que debe ser el líder de una banda de masas, ¿te costó presentarte como simple entretenedor, sin discurso político, ni mensajes mesiánicos?
He vivido siempre en Las Vegas, mis referentes no son ni Bono ni Chris Martin; lo son Elvis Presley y Frank Sinatra. Para mí, salir al escenario es interpretar, eso siempre lo he tenido claro. Las bandas que me gustaban de adolescente tenían siempre líderes con muchapersonalidad,como The Smiths, eran tipos que montaban un poco de número...
¿Qué conciertos hicieron que te replantearas tu manera de actuar como líder de The Killers?
Recuerdo unos cuantos: Depeche Mode, Oasis... A Las Vegas venían casi todos los grandes.
¿Y algún show típico de Las Vegas que también te influyera de algún modo?
Vaya, no es fácil... Creo que diría que el musical de El Rey León, realmente me dejó muy tocado. [Risas]
Y entre todos los personajes anónimos que habitan Las Vegas, ¿hay alguno que te fascinase especialmente?
Uf, es casi imposible quedarse con uno. Este ambiente de los casinos da cabida a muchos. Conservo una imagen romántica de Las Vegas de la edad dorada, gracias sobre todo a material de archivo, películas y cosas así, porque es evidente que yo no llegué a vivir esa época. El Rat Pack me fascina, todo lo que le rodeaba. No conocí directamente a nadie relacionado con Dean Martin y Sinatra, pero trabajé de chico de los recados en un restaurante de la ciudad y te encontrabas con gente que conservaba ese espíritu, esa manera de ser.
En una de tus primeras entrevistas contabas que la ventaja de criarse en Las Vegas es que aprendes rápido a diferenciar a una chica mala de una buena. ¿Cómo se puede saber?
Para empezar, preguntándoles qué música escuchan. Hay que mantenerse alejado de una chica que escuche hip-hop, por ejemplo. En cambio, si le gusta el rock clásico sabes que no te defraudará.
¿Y no te preocupa que alguna chica mala pueda escuchar a The Killers?
Bueno, es que The Killers es para todo el mundo, chicas malas incluído.
Human suena en todas partes ahora mismo, es probablemente el éxito del año. Sin embargo, estuvo a punto de salir en Sawdust (2007), un disco de descartes y caras b.
Lo que pasó con Human fue extraño, estaba ahí desde el principio, fue la primera canción que escribimos para Day and Age (2008), la ignorábamos unos días y volvía aparecer. Dicen que los éxitos son como pelotas de tenis bajo el agua: las intentas hundir, pero salen con fuerza a la superficie. Era demasiado buena como para meterla en un disco de rarezas.
Se habla mucho de tu condición de mormón; ¿qué dice tu religión de la música de baile?
[Risas] Supongo que algo dirá, seguro que hay maneras más o menos apropiadas de bailar.
¿Y cuál sería el tipo de baile menos apropiado para un éxito ‘llenapistas’ como Human?
Con una pregunta así has estado a punto de ganarte un “sin comentarios”. Cualquiera que fuera demasiado sexy supongo. No creo que sea una canción que provoque nada especialmente sexual.
Entonces, para resolver el dilema del estribillo de Human, no te costará demasiado elegir entre humano y bailarín.
Nada, lo tengo claro: humano. Es que como bailarín no tengo mucho que aportar; siendo humano dejo además la puerta abierta al baile en el futuro.
Alguna vez has dicho que tus tres hermanas mayores de alguna manera marcaron tu estilo. ¿Recuerdas qué escuchaban?
Son muy diferentes entre sí, pero de la que más próximo me sentía escuchaba un montón de r&b, New Edition, con Bobby Brown y luego con Johnny Gill...
A veces no basta con ser un gran cantante, hacer canciones pegadizas o tener una pinta chula. Para ser una estrella es fundamental que los medios te adoren y Brandon Flowers tiene una característica fundamental para ser amado por periodistas, cibercuriosos y gente llana de todo el mundo: tiene una boca como un buzón. No es un salvaje como Liam Gallagher pero tampoco dosifica sus frases para provocar la polémica justa como haría Eminem; es un tipo sociable pero todavía ingenuo. Cuando habla no pretende que la ONU adopte nuevas medidas, pero está aprendiendo que sus palabras se convierten en la noticia favorita de miles de webs.
Hace un par de días salieron unas declaraciones tuyas en las que culpabas a Kurt Cobain de haber convertido el rock en algo aburrido y deprimente. ¿Quieres matizarlas?
[Y por primera vez un silencio. Flowers suspira lentamente, como si meditara superar la declaración con una burrada o tirar de sus reservas de paciencia y contextualizar una observación que se quiso convertir en titular] No dije eso aunque fuera lo que se publicó. Intentaba argumentar que no entendía por qué el rock no podía estar asociado con la diversión. Cada comentario que hago es malinterpretado y adquiere unas dimensiones enormes.
¿Tienes que morderte la lengua muy a menudo?
Pues sí. Si dijera todo lo que me apetece creo que no me permitirían subirme a un escenario.
¿Y qué es lo más chungo que se te pasa ahora mismo por la cabeza?
Uf, no puedo decírtelo, es demasiado fuerte.
Escoge entre uno de tus héroes: Ian Curtis, David Bowie o Meat Loaf.
David Bowie, sin dudarlo.
Después del concierto en el FIB’09 volverás a casa una temporada, algo que no has podido hacer en mucho tiempo. ¿Qué será lo primero que hagas?
Volver a la rutina diaria, a disfrutar de los rituales cotidianos; disfrutar de buena comida mexicana, ir a ver una película al cine, hacer una excursión al desierto...
¿Y qué te atrae tanto del desierto?
Sale en casi todos vuestros videos. Hay algo espiritual en ese espacio abierto, solitario e inmenso. Los atardeceres ahí son impresionantes, indescriptibles. Cuando sales de la ciudad y te metes en el desierto escomo si dejaras todo atrás.
¿Vas tú solo?
Ahora sí, mi hijo es demasiado pequeño para llevármelo conmigo. Me llevo unas bolsas de frutos secos y soy feliz.
¿Y cuántos días puedes pasar ahí?
Pues unos cuantos, no sabría decirte.
En el desierto de Nevada cuenta la leyenda que los gángsters enterraban a sus víctimas.
Ya, pero yo no me he tropezado con ningún cadáver. Están bien enterrados.
Y remata con una risita que se confunde con la voz de Ammon. Brandon Flowers es reclamado por su hijo. Quién sabe, lo mismo quiere que le lleve por fin al desierto o que le explique por qué la canción de su padre no para de sonar en la radio.
¿Jon Hamm o Don Draper? Cómo los demonios interiores del protagonista de 'Mad men' le han convertido en la mayor estrella de la televisión. Lee la entrevista más reveladora con Hamm.

01.04.2013
El grupo es el ganador de la VI edición del Termómetro RS
