Hace poco, haciendo limpieza en el trastero, un amigo se encontró con su primer ordenador, un Sinclair ZX Spectrum, aquel teclado negro con salida de antena de televisión que marcó la infancia de la generación Bola de cristal como el PC doméstico de la España ochentera. Un pepino para procesamiento de textos y, sobre todo, juegos en 8 bits que mi amigo, emocionado, quiso enseñar a su sobrino en aquel mismo instante. “¿Sabes lo que es esto?”, le preguntó al chaval, de 15 años. “No. Parece un teclado antiguo”, le respondió. “¿Un teclado?”, le respondió mi amigo, sujetando el tesoro arqueológico. “Esto es un ordenador completo. El mejor de su tiempo”, dijo, algo mosqueado. El adolescente, ojiplático, le deslizó un perezoso “Ah” antes de sumergirse de nuevo en el mágico aislamiento de su iPod Touch.
Muchos de estos adolescentes ojipláticos, que crecieron con máquinas de más de 1Gb de memoria RAM, aparecerán en la Bilbao Exhibition Centre (BEC) de Barakaldo (Bizkaia), que acogerá la próxima semana la XX Euskal Encounter, una especie de campus party que se celebra con una velocidad de conexión de 2Gb. Pero también podrán empaparse de aquellas máquinas de un pasado reciente salidas de la arqueología digital. El Spectrum cumple este año su 30º aniversario y una exposición permite reencontrarnos con estas criaturas del pleistoceno digital. Muchos de los presentes siquiera podrían imaginarse que, cuando salió su sucesor, el flamante ZX Spectrum 128 +2, que llevaba una pletina de casette donde cargábamos juegos como Cobra o The Hobbit, teníamos que merendar antes un bocata de Nocilla y un vaso de leche y no tomarlo con mucha prisa, porque, a veces, el proceso fallaba. O la máquina se quedaba colgada y teníamos que esperar otro rato largo, escuchando los terribles ruidos de los datos digitales grabados en aquel soporte analógico, que años más tarde nos recordaría el lamento de los primeros módems.
El Spectrum de Sinclair, aquel bicho fabricado en Inglaterra con lenguaje BASIC que pronto aparecerá en el attrezzo de Cuéntame, esa institución catódica cuya trama llegará un día al futuro, supuso para muchos el primer paso hacia la digitalización de la existencia. Aunque fuese a través de juegos arcade primitivos, con el Spectrum cruzamos una puerta de no retorno. La de fusionar la existencia con algoritmos de unos y ceros y ver la vida en píxel. A principios de los noventa, Amstrad, que había absorbido a Sinclair, retiró el Spectrum del mercado. El mundo funcionaba ya en 16 bits. Después, se prodigaron los Macintosh, Windows invadió el mundo y los ordenadores se casaron para siempre con la línea telefónica mientras un santón californiano los jibarizó hasta meterlos en nuestros bolsillos. El resto del sueño lo estamos viviendo ahora mismo.
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01.04.2013
El grupo es el ganador de la VI edición del Termómetro RS
