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Russian Red: Un año en la vida de Russian Red

por Manuel Piñón

01.02.2009 | 1 comentario
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Russian Red: Un año en la vida de Russian Red

Esquina inferior derecha de la foto. Sí, la que abre este reportaje. Lo que ves debajo de la mano de Lourdes Hernández (Madrid, 1986), la identidad nada secreta de Russian Red, es un ejemplar de 'Rolling Stone' de marzo de 2008. Está abierto por la página 113 y, no es casual, aparece ella emulando al Elvis Costello de My Aim Is True (1977). Por entonces faltaba un mes para que se publicase su disco, I Love Your Glasses (Eureka/ Pias, 2008), pero se podía predecir su éxito. Canciones bonitas, una voz singular y un MySpace que batía records. Sin embargo, ahora que ha pasado un año desde el primer contacto de 'RS' con Lourdes, ya se puede decir: todas las previsiones se quedaron cortas. Russian Red es el primer gran fenómeno español de una era en la que el éxito de un músico ya no se mide en quilates o ventas, sino en escuchas.

A la madre de Lourdes Hernández, una empleada de banco prejubilada de 53 años, le ha tocado la lotería. Es sólo un premio menor, algo así como lo que cobraría Lourdes en alguno de sus primeros conciertos como Russian Red. Madre e hija han quedado para ir a cobrarlo juntas. Si la buena suerte es contagiosa, arrimarse a esta chica menuda, que camufla aseveraciones y razonamientos aplastantes entre mohines y muecas hiper adolescentes, debería ser tan obligado como comprar los décimos en Doña Manolita. Lourdes y su madre respetan la fortuna que les sonríe: es a ese despacho de lotería adonde van a ir a cobrar su boleto.

Eso será cuando acabe el descafeinado de sobre que toma junto a 'Rolling Stone' en uno de sus sitios favoritos del barrio de Malasaña, el Café Ruiz. “Esta señora es maravillosa”, afirma Lourdes cuando la camarera se aleja de nuestra mesa. La palabra ‘maravillosa’, al salir de su boca, pesa 12 kilos y cae como un plomo; cuando Lourdes tiene una opinión sobre algo suena a definitiva. Hace un año, cuando llegó sola a su primera sesión de fotos para 'RS' –a esta última ya vino con Miguel, encargado de su prensa–, soltó otra afirmación contundente: “Aparcaré por el momento mi carrera de Traducción e Interpretación”. No había salido el disco, era conocida sólo en el mundillo indie y entre usuarios de MySpace, pero lo había decidido. En España dedicarse por completo a la música es un paso que tipos con carreras largas como Guille Milkyway de La Casa Azul o Antonio Luque de Sr. Chinarro no dieron hasta pasado bastante tiempo. ¿Cómo podía tenerlo ella tan claro? “Sabía que iban a salir conciertos, que habría entrevistas, y tampoco quería demasiada actividad”, explica Lourdes. “Podría haberlo compatibilizado, pero quería disfrutar este momento al máximo y focalizar”.

 ¿No fue una excusa para dejar la universidad?

No, qué va, me gusta mucho mi carrera y sólo me quedan cinco o seis asignaturas, un ‘cuatri’. Siempre he ido a curso por año y tengo una media como de 7, aunque la hago en la Universidad Autónoma, que dicen que es fácil. En términos prácticos siento como si ya hubiera acabado la carrera, que sólo me falta el diploma.

¿Esto es lo que dices a tus padres para tranquilizarles?

Con mis padres estoy alucinando, me apoyan muchísimo con la música. De la carrera ni me han preguntado. Cuando entré en la universidad, empecé Derecho y al poco lo dejé; entonces sí que estaban más pendientes de mí. Quería hacer Arquitectura, no me dio la nota y no sabía qué estudiar. Con unas cuantas amigas que también estaban indecisas, me metí en Derecho. A los tres meses pensé: “¿qué hago aquí?”. Lo dejé y me saqué el carné de conducir y el Advanced [título de inglés de la Universidad de Cambridge, el segundo más alto]. Hice la prueba de acceso para Traducción e Interpretación y entré el curso siguiente.

¿Fue en ese año sabático cuando empezaste a tomarte en serio lo de escribir canciones?

Nunca me lo he tomado en serio. Incluso ahora trato de no hacerlo. Sin presiones es como mejor salen las cosas. En aquel año empecé a tocar más, y me iba con un compañero de uno de los primeros trabajos que tuve a cantar al metro. Hacíamos versiones y algunas canciones nuestras; él era más del rollo Nirvana y Bob Marley. Yo hacía las versiones que me enseñaba, porque tenía muy poco margen con la guitarra. Me sabía una de Jewel, pero poco más. Como no sabía tocar ni cantar canciones de otros, tuve que empezar a hacer las mías.

Por entonces tuviste tus primeros trabajos a tiempo parcial. ¿Cómo eran?

El primero fue en una tienda de abalorios al por mayor, en Tirso de Molina [céntrica plaza de Madrid]. Estaba tres horas al día en un despacho enviando emails a los proveedores indios y entrevistando a dependientes para la tienda. La dueña, que estaba loquísima, me tenía a mí, una chica de 18 años, a cargo de todo aquello. Mi siguiente trabajo fue en Farggi, una tienda de helados.

¡La chica que puso música al anuncio de Häagen-Dazs trabajó para la competencia! ¿Alguna vez te pidieron sabores emocionales, como en el spot?

Qué va. Allí todo el mundo estaba de buen rollo. Nadie va triste a pedirse un helado. Lo del anuncio no me hizo una ilusión especial, no era algo que hubiera deseado antes.

¿Y grabar un disco sí era algo con lo que soñases? 

No era el sueño de mi vida, la verdad. Siempre he hecho canciones, pero nunca he tenido ningún afán por conseguir que una discográfica escuchase mis maquetas o algo parecido. Por ejemplo, sólo envié una demo con 16 años, grabada con una guitarra española súper desafinada. Pero lo hice por insistencia de una amiga. No sentía ninguna necesidad de enseñar mis canciones. A Fernando [Vacas, productor de I Love Your Glasses y capo del sello Eureka] le conocí en casa de un amigo. Había una guitarra y, por casualidad, toqué un par de canciones. A él le gustaron y me preguntó si tenía pensado grabar algo. Le dije que estaba grabando cosas en el ordenador, se las pasé y eso fue todo.

 

Aquel día de primavera de 2007 en casa de Nicolás Méndez, director del videoclip They Don't Believe  –y del anuncio de Häagen Dazs en el que  sonaba Nice Thick Feathers–, nació el compromiso de hacer un disco que “en principio iba a ser más acústico y sencillo, pero que fue creciendo en producción e instrumentos”, según recuerda Lourdes. Fernando Vacas, músico cordobés detrás de proyectos como Flow o Prin La Lá, el grupo en el que cantaban sus primas, unas niñas sin edad para ir a sus propios conciertos, se ocupó de la producción con un objetivo en mente: hacer más distintas entre sí las canciones que había grabado en maqueta Lourdes junto a su novio, Brian Hunt.

“La escuché por primera vez en diciembre de 2006, pero no sabía que era la chica a la que había conocido un mes antes asistiendo como público a un concierto de Mirafiori en el Siroco”, recuerda Brian, que es miembro de Half Foot Outside y Templeton. “Tenía una canción en su MySpace, uno personal y muy cutre, sin fotos ni nada, todavía no había abierto el de Russian Red. Pensé que la canción que tenía puesta era de otra persona. Me impresionó un montón luego saber que era ella”.

Tanto Brian como Lourdes son muy cuidadosos al hablar el uno del otro. Para cuando apareció el disco ya no estaban juntos. Tienen buen rollo, pero no quieren que se haga crónica rosa de su relación. “Mi papel en la grabación era raro:me apetecía aportar ideas pero Fernando lo gestionó casi parte del grupo y al final acabé encontrando mi espacio. Al ser pareja, estuve los mismos días que ella en la grabación y no fui un músico adicional más”. Junto a Lourdes, Brian figura en los créditos de I Love Your Glasses como parte de Russian Red. De hecho, como se ha dicho ya en casi todas los artículos sobre Russian Red, las gafas del título son las del propio Brian. Él le resta importancia: “Yo me encargué del diseño del disco, manipulaba los créditos”. Lourdes: “Era mi forma de reconocer su implicación. Él me grabó las maquetas, tocábamos juntos, y a pesar de que eran mis canciones, lo sentía como un proyecto compartido”.

¿Más a un nivel personal que musical?

No lo sé... En realidad puede que no lo fuera. Yo qué sé. Me cuesta explicarlo. Me frustra no poder expresarlo con propiedad.

¿Te daba más confianza tener a alguien con experiencia en grabaciones y conciertos a tu lado? ¿Te quitaba presión? ¿Era una manera de continuar la relación sentimental en otro plano?

Todo eso y muchas cosas más. Ahora viéndolo me doy cuenta de que Brian arreglaba con la guitarra las canciones, pero que en mi banda actual, Manuel [Cabezalí, guitarrista de Russian Red y miembro de Havalina] me ayuda más con las estructuras de las canciones o aportando musicalidad... Al principio yo le quitaba mucha importancia a mis canciones, me hacía de menos. No quería o me daba miedo ser solista, necesitaba que fuera un dúo. Por eso esas canciones, que documentan una etapa de mi vida, más o menos un año, tienen que ir firmadas así, como de Lourdes y Brian.

¿Te ha costado mucho reafirmarte como músico?

Un poco, pero gracias al reconocimiento y la implicación de otros músicos me he ido creyendo que lo que hago vale, que es bueno. Que gente como Manu, de Havalina, o Charlie Bautista [Amigos imaginarios, Christina Rosenvinge y Sunday Drivers] quisieran entrar en mi banda y además sumando ideas me hizo pensar que mi música era mejor de lo que creía. Poner las canciones en común con la gente del grupo ha hecho que la música para mí dejase de ser sólo una afición; ahora es una parte fundamental de mi vida. No quiero pensar en esto como una profesión, porque hay muchas cosas tanto en el plano artístico como en otros que quiero explorar. Si se me acaba la música aún tendré muchas cosas que hacer. Ahora mismo recurro a ella para poder comunicar lo que siento. Y mola, porque no sólo me ayuda a catalizar todo eso; además me estoy dedicando a ello.

 

La aportación de una banda plagada de músicos de primera división y los conciertos han sido la base del éxito de Russian Red. El papel de su oficina de contratación, Todoazul Producciones, ha sido también decisivo. “Al principio nos planteamos objetivos logrables que rápidamente fueron alcanzados. Ahí nos planteamos otros nuevos y siguió ocurriendo lo mismo”, explica Miguel Ángel García Garrido , mánager de Russian Red; “Pero lo bonito de este año es que, aunque todo tuvo un desarrollo rápido, yo siento que fue paulatino, poco a poco”. En ocho meses, Russian Red había casi triplicado su público. “Soy consciente de que esto puede ser momentáneo”, advierte Lourdes cuando se le habla de dinero; “esto no va a durar siempre, ahora toca ahorrar”. El 2008 también ha sido el año en el que se ha independizado, abandonando la casa de su padre, también empleado de banca prejubilado. Hija de matrimonio divorciado, Lourdes vivió hasta los 18 años con su madre y su hermana mayor. Cuando abandonó Derecho a medio empezar se fue con su padre –“hubo algo de tensión con mi madre y me mudé con él para cambiar de aires”–.

Siendo tan joven, recién independizada y ganando de repente tanto dinero, ¿no has tenido arrebatos consumistas?

Soy una loca de la ropa y he estado tres meses yendo de compras constantemente. Cuando llega un punto en el que te hastías y piensas en mudarte porque necesitas una casa con más armarios, te das cuenta de que hay que echar el freno. Me he estado gastando al mes más de lo que pago de alquiler, unos 600 euros.

Y entró tu padre para llevar tus cuentas.

Pero no fue por eso. Se ocupa él porque yo estoy demasiado inquieta como para ponerme a pensar en euros. No puedo prestar atención ahora mismo a las cosas que me aburren. Por eso agradezco tanto a mi padre que se ocupe de los números.

Cuando te propusimos hace un año caracterizarte de Elvis Costello, reconociste que no le habías escuchado y que el día antes te compraste un recopilatorio suyo. ¿Ha crecido mucho tu discoteca este año?

He conocido muchísima música. He comprado pocos discos, a lo mejor cinco o seis desde abril, pero he escuchado un montón de cosas nuevas. Me bajo mucha música.

¿Pagando?

Ehm, pues no [y acompaña la respuesta con cara de ‘¿había que hacerlo?’]. Lo último que he descargado ha sido Glasvegas. En total creo que ahora conozco como cinco veces más grupos que el año pasado.

¿Y has conocido también música leyendo con quién te comparaban en los medios?

Sí, un montón. Siempre que sale el nombre de alguien que no conozco inmediatamente voy a escuchar lo que hace. Me da mucha vergüenza compararme con ella, porque siempre tiendo a pensar que lo mismo es peor, pero me flipa el grado de identificación que tengo con Laura Marling. Es una chica inglesa de 18 años y es tremenda.

Sorprende que gente nada ‘indie’ como Leiva de Pereza o Quique González se hayan revelado como fans tuyos. ¿Has superado algún prejuicio hacia otros artistas mal entendido en entornos alternativos?

El otro día me felicitó Bebe y una vez Beth, la de OT, por el MySpace. Pero respondiendo a la pregunta, sí, totalmente. Pereza por ejemplo me parece que merecen mucho la pena. Estuve escuchando hace poco Aproximaciones (2007) y me gustaba la sencillez y el descaro con el que contaban las cosas en las letras. Yo soy incapaz de escribir así en castellano, me chirría lo que me sale, así que cuando escucho algo a otros músicos que me cuadra me produce admiración.

Contaste en ‘Rolling Stone’ que habías escrito una canción en castellano, ‘Fúmame’.

Está ahí, sepultada debajo de otras canciones. Es un inicio. Necesito escuchar más música en español para intentarlo seriamente.

Hablar de ventas de discos en una época en la que se ocultan cifras para que no se sepa que ni ese artista tan grande en el que piensas los vende es absurdo. Hacerlo con una persona de 22 años como Lourdes, que pertenece a la generación que nunca los compró, doblemente. Así que, utilizando Last.fm como nuevo barómetro, puede establecerse una comparación. Pereza, con cinco discos y acceso total a radios y demás medios, acumulan a primeros de enero 1.255.000 escuchas. Nena Daconte, con dos discos y la ubicua Tenía tanto que darte, 681.000; Deluxe, con cinco discos y habiendo escapado de los límites del indie, 659.000. Por su parte, Russian Red, con un solo disco y una actividad que no llega a los doce meses, tiene más de medio millón. “¿Y eso me tiene que hacer pensar algo en especial?”, responde ante esta avalancha de números Lourdes; “no le des más vueltas, algo se pone de moda y ya está. Eso es lo que ha podido pasar conmigo”. No finge, realmente le da igual. No pierde tiempo en esto, como tampoco lo hace en responder las felicitaciones que le llegan al MySpace que sigue gestionando ella. “Se sobreentiende que las agradezco, ¿no? No me veo haciéndolo uno por uno”.

¿Es verdad que has fichado por una multi, EMI para ser más exactos?

EMI es mi editorial, pero creo que por ahora nada más.No tengo ni idea de qué pasará con mi próximo disco ni de quién lo sacará. Cada día me cuentan una historia distinta. Me da un poco de miedo pensar en ser artista de una discográfica grande, por eso de la despersonalización. Si he tenido algún malentendido con mi sello, Eureka, ha sido por esa sensación de que todos confabulan sin tener en cuenta mi opinión. Por un lado está bien no pensar en ciertas cuestiones, pero tiene el inconveniente de que no me entero de nada. Yo tengo un contrato de tres discos con ellos, aunque está claro que ellos pueden venderme a otra discográfica. Prefiero no saber nada de esto hasta que sea algo más tangible.

Da la sensación por tus palabras de que no tienes demasiado poder de decisión.

Yo sé qué discos me gustan y qué sonido busco, pero no estoy súper puesta en producción, estudios, etc. Tengo que dejarme aconsejar para empezar por mis músicos. Si te refieres al tema de las discográficas, exactamente lo mismo: quiero permanecer en Eureka, pero nunca he  estado en un sello grande, así que tengo que dejarme asesorar. No voy a ir de enteradilla no teniendo ni idea.

 

 

En un sello indie cordobés o en una multinacional con sala de juntas y moqueta, el caso es que habrá más discos de Russian Red. Lourdes ya tiene un montón de canciones y un título apuntado en el cuaderno que la acompaña siempre. Sólo tiene la duda de presentarse como chica o como mujer. Las dos posibilidades están escritas una a continuación de la otra: A Girl in His Thirties o A Woman in His Thirties. Es un juego de palabras que identifica a una mujer más joven liada con un hombre de treinta y tantos, y también un guiño a una canción de Divine Comedy. [A Lady of a Certain Age, que se rumorea fue escrita para Marianne Faithfull y ella rechazó] Por lo tanto, hay futuro para Russian Red. “Antes no tenía muy claro lo que estaba haciendo como compositora”, cuenta Brian, que además de su actividad con los grupos ejercerá este año de productor y prepara material en solitario. “Tenía unas canciones que tocaba a la guitarra y se dejó llevar. Ahora ya toma decisiones propias y hará un disco mejor. Seguro. Me puedoimaginar perfectamente cinco discos de Russian Red, con ese u otro nombre. No la veo cansándose de tocar y sobre todo de componer. Yo he visto la facilidad con la que le salen canciones como rosquillas. Y rosquillas muy buenas”. Su mánager, Miguel Ángel, avanza más previsiones: “Aún puede crecer  mucho más, su potencial es gigantesco. Ahora estamos explorando el mercado extranjero. Para el segundo disco, Russian Red estará muy bien posicionada y lo que tenga que pasar, pasará. Estamos listos para todo”.

Habrá que esperar un poco, porque ahora toca descansar. “Y que descansen un poco de mí, he estado hasta sobreexpuesta”, remata Lourdes. “Me apetece hacer un viajecito y desaparecer un poco. Daré conciertos, pero sin anunciarlos y muy esporádicamente. Y, bueno, estaré componiendo una banda sonora que me ha encargado un director español”. Revela el nombre pero pide secreto. Sólo una certeza: le conoces.

Foto: Raúl Córdoba


Comentarios

sergio
07.06.2010 | 20:41

me encanta russian red y esta entrevista es digana de ella y de vosotros, sois los mejores !

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