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MGMT: “Somos gilipollas. Hemos engañado a todos”

La banda que rompe todos los moldes y rechaza la fama está en España presentando su segundo disco, ‘Congratulations’. Los podrás ver esta noche en Barcelona y mañana en Madrid. Por Vanessa Grigoriadis

16.12.2010 | sin comentarios
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MGMT: “Somos gilipollas. Hemos engañado a todos”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bajando por un largo callejón, pasada una fila de mansiones de un millón de dólares de Brooklyn, una elegante casa del siglo XIX se ha transformado en el parque de juegos de los chicos de MGMT. En la primera planta, hay un estudio casero que se ha renovado a toda prisa, con el equipo de la banda amontonado delante y un cómodo estudio de grabación al fondo. Unas tablas de surf se apoyan sobre la pared, junto a una tarjeta de entrada del programa de David Letterman. Ninguno de los premios entregados por su discográfica, revistas y programas de televisión de todo el mundo por su exitoso álbum Oracular Spectacular parecen estar a la vista. “Están en el baño”, aclara Andrew VanWyngarden, riéndose por lo bajo antes de señalar un punto cerca del servicio, donde unas 12 placas, algunas aún envueltas en plástico, forman una fila. “Las vamos a dejar ahí, tal como están”, explica. “Va a ser nuestra sala de trofeos”.

Convertirse en la banda favorita de todo el mundo ha sido un lastre para MGMT en los últimos años. Es su primer día de ensayos para la nueva gira, y están intentando averiguar cuál es la mejor forma de recrear su nuevo disco, Congratulations, con sus compañeros de directo James Richardson (guitarra), Matt Asti (bajo) y Will Berman (batería). Pero no parece que se lo estén pasando muy bien. VanWyngarden, el rompecorazones, ni siquiera saluda. Ben Goldwasser, el súper friki, está discutiendo con su novia por el móvil. La gira, la promoción y las entrevistas les hacen sentir como si volviera la pesadilla. “Acabas de grabar y desearías poder sacar el disco sin más, pero vamos a estar aquí metidos cada día, durante todo el mes”, cuenta Goldwasser, mirando abajo con gesto serio. “La verdad es que estoy empezando a agobiarme”.

Los sentimientos de MGMT hacia el éxito de su primer álbum son complejos y algo contradictorios. “Se nos hace muy raro estar en esta posición, no entendemos por qué nos hicimos tan populares”, asegura Goldwasser. “Somos gilipollas. Nos sentimos como si hubiéramos engañado a todo el mundo”. Uno de los enormes singles del primer LP, Time to Pretend (el que habla de meterse heroína y follar con estrellas y modelos), es una sátira del estrellato del rock, una broma. El problema es que cuando su disco se convirtió en un inevitable éxito apto para la radio, las tiendas y las madres, empezaron a sentirse raros: culpables, trágicos, vendidos. Sentían que la broma se la estaban gastando a ellos.

Por eso, en Congratulations no han cedido ante sonidos de moda, ajustándose exclusivamente a sus influencias fundamentales, es decir: Syd Barrett y el rock psicodélico de los sesenta. “Nuestro interés por los sesenta viene de escuchar discos de nuestros padres y aumentó en la universidad, cuando empezamos a salir con un círculo de amigos a los que les gustaba desenterrar vieja música psicodélica”, recuerda Goldwasser. Para Flash delirium, una de las primeras canciones que trabajaron, VanWyngarden intentó captar el rollo de las salas de baile de principio de los sesenta. “Me estaba imaginando el típico baile en el gimnasio del instituto, donde hay un grupo de jóvenes y, de repente, se produce un ataque terrorista”, cuenta VanWyngarden. “Habla de ir de fiesta y de la paranoia con el terrorismo y el caótico mundo en el que estamos”. Congratulations tiene un rollo Grateful Dead de 1967, cuando los Dead aún llevaban pantalones y bonitas botas, los Beatles tomaban mucho ácido y los sesenta se estaban haciendo cada vez más raros. Cuando se filtró el álbum en marzo, la reacción por Internet era confusa. Perez Hilton estaba indignado por la novedad creativa, mientras los frikis del rock adoraban los nuevos tributos a Brian Eno y Dan Treacy de Television Personalities. VanWyngarden realmente estaba histérico con una pizca de negatividad. “No es que me importe lo que piense Perez Hilton, pero me preocupaba que su reacción pudiera afectar a otros, cargándose el disco en un segundo, abandonándolo como algo antiguo y no bailable”, confiesa.

MGMT están seguros de que han hecho el álbum correcto. “Con Congratulations ha sido la primera vez en mi vida que he podido hacer la música que he querido hacer con la seguridad de que, al menos, unos cuantos iban a escucharla”, reconoce Goldwasser. “Queríamos hacer una declaración lo más sincera posible, no comprometer nuestra estética”. Empezaron el proceso en el norte del estado de Nueva York hace un año, en casa del amigo de un amigo; después, se trasladaron a Malibú para acabar el disco sin distracciones. “Aunque, a veces, decía que tenía que ir a la tienda un rato y me escapaba a hacer surf”, revela VanWyngarden. “Me metía en el agua, me comía un taco y, si te soy sincero, no me sentía demasiado culpable”.

Los dos miembros principales de MGMT son muy diferentes, pero no exactamente en la forma que estás pensando. Goldasser interpreta al decente, ocultando su bello rostro asimétrico tras unas gruesas gafas. VanWyngarden es el esbelto y dulce héroe Byroniano de tez blanca como el hielo, labios rosados y ojos verdes con unas pupilas de un color tan consistente que parecen bidimensionales. “Con Andrew y Ben, donde acaba el talento de uno comienza el del otro”, señala Simon O’Connor, de Amazing Baby, que ha convivido con ambos. “Pero es una relación extraña. Cuando vivía con ellos, había semanas en las que ni se hablaban. Luego,  se pasaban un día entero componiendo en el cuarto de Ben y otra vez volvían a ir cada uno por su lado. Son como un matrimonio que tiene buen sexo, pero ya está”.

Profundizando aún más, VanWyngarden es muy consciente de lo que pasa a su alrededor y cuesta conseguir algo de él, mientras Goldwasser tiende a meterse en su mundo, confiando a ciegas en que lo que ha pasado mientras él andaba por las nubes ha sido bueno. VanWyngarden es mucho más espontáneo y atrevido que Goldwasser, y discuten mucho cuando están grabando. “Ambos somos tercos y neuróticos con la música, lo cual es una combinación interesante”, explica VanWyngarden. Son introvertidos, de hecho a Andrew ni siquiera le gusta la música en directo. “Prefiero escuchar música con los cascos o en una habitación”, asegura. “No me gustan las multitudes”. Musicalmente, VanWyngarden es el letrista y pensador estructural, y Goldwasser es la mente programadora. El productor de Congratulations, Sonic Boom (alias Pete Kember), miembro fundador de Spacemen 3, cuenta, “Como en todas las relaciones, la suya no es siempre fácil de definir. Ben es el técnico de sonido, pero nada está cerrado, y ambos se interesan por lo que está haciendo el otro. Se entienden como si fueran gemelos”.

Tras el ensayo, el grupo se dirige a una taberna a cenar, y luego a un bar con Kember hasta las cuatro de la mañana. La novia de Goldwasser  se tiene que levantar unas horas más tarde porque está cursando Odontología; de hecho, ni siquiera pudo ir a la ceremonia de los premios Grammy con ellos porque tenía que estudiar.

La novia de VanWyngarden, una modelo, se ha ido a Nueva Zelanda por trabajo, así que está solo. Vive en el piso de encima del estudio; es un sitio precioso, con los techos de estaño originales de 1890 y un pequeño cuarto que él llama la “habitación psicodélica”, con un armario de rayas blancas y negras y una piel de cebra en el suelo. “Tocamos en Little Rock [Arkansas] y un amigo de mi primo me preguntó si quería una piel de cebra que tenía por ahí, y dije: ‘¡Sí, por supuesto!’ ”, relata. Luego se ríe muy alto. “No sé si él sabía lo inflexible que iba a ser al respecto”.

A la mañana siguiente, VanWyngarden sale a la calle con los banqueros de Wall Street que van camino del trabajo. Su barrio (una ciudad dormitorio para Manhattan) es un nido de yuppies y colegios privados de 40.000 dólares al año, muy lejos del Brooklyn de los hipsters, el ambiente que realmente gusta a los MGMT. VanWyngarden no forma parte de ningún tipo de comunidad virtual, piensa que es algo diabólico (“Es una forma tan superficial de unir a la gente”) y que podría estar jodiendo el desarrollo del pensamiento humano. “Juré que nunca viviría en Nueva York, porque todos los de la escuela vienen aquí, pero me gusta este barrio”, reconoce. “Prefiero salir con una panda de raritos que cantan a capella que con chavales indies”.

En una cafetería, pide un sándwich de pollo, una ensalada y una porción de tarta, y se pone a hablar de plantarse. Asegura que lo único que le hace sentir bien ahora es que Goldwasser y él han vuelto a hablar más, que son algo más que compañeros de grupo. “Los últimos años se han impuesto sobre este aspecto de nuestra relación, la amistad, que fue la razón por la que nos encontramos hace mucho tiempo”, explica. “Estamos recuperando todo eso que nos unió”. Goldwasser entra en el local, con una camiseta del mismo color que la de Andrew. “Bonita camiseta”, señala VanWyngarden, y sonríe.

 

Esta entrevista salió publicada en el mes de junio (número 128) en ROLLING STONE.

Foto: Theo Wenner

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