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Los placeres ocultos de Vinila Von Bismark

por Verónica Román

01.11.2009 | sin comentarios
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Los placeres ocultos de Vinila Von Bismark

La reina del burlesque en España se desnuda para 'RS'’. Nos desvela su trnsformación: de ni´ña a mujer, de mujer a diva, de gogó a reina del cabaret. No tiene miedo a contar sus secretos, sus fantasías, sus sueños de mujer fatal. 

  

Hay un momento en la vida de algunas personas en el que dejan de ser lo que creían que eran para transformarse en lo que desean ser. En muchos casos dejan atrás una vida normal para entrar en un mundo prohibido hecho a su medida. La mayoría de las veces lo tienen que construir, bien porque no existe o porque ya dejó de existir. Estos seres privilegiados consiguen superar las barreras del espacio, del tiempo y de la lógica para vivir sus fantasías con una gran intensidad. Vinila Von Bismark nació siendo Irene, una chica de Granada con más sueños y pasiones que la mayoría de los mortales y, tras mucha disciplina y algunos desengaños, dejó atrás lo que era para pasar a SER. Una diva de los 50. Una amante del rockabilly. Y la reina del burlesque.

"Yo nací para ser artista”. Irene (Granada, 1986) se crió entre tablas de aerobic, disciplina y barras de gimnasio. Desde niña competía  en concursos infantiles de gimnasia: “llegaba del colegio y me metía en el gimnasio. Hacía tres clases de aerobic y 100 abdominales diarias”.  Su padre era culturista y su madre, además de entrenar a monitores de aerobic, era cabaretera. El escenario pronto le atrapó y, poco a poco, se fue metiendo en el mundo del circo. “Mi padre me enseñó a andar con zancos y yo, por mi cuenta, aprendí a hacer malabares y montar en trapecio”. La niña fue creciendo y dejó el aerobic para montar performances con dos amigos. Se llamaban Freak Factory y actuaban en salas de Granada como la Industrial Copera con coreografías que se inventaban ellos mismos. “Yo ni siquiera tenía la edad para entrar en discotecas pero siempre he aparentado más  años de los que tengo, así que ni me preguntaban”. 

En el colegio era el bicho raro. No iba con las niñas de su clase, que la miraban con envidia, así que siempre se acercaba a gente más mayor. “En esa etapa de mi vida iba por encima de mis posibilidades y por encima de mi edad. Todo cambió cuando empecé el bachillerato artístico, allí encontré a más gente como yo”. Le tiraba más el espectáculo que los libros, así que lo dejó todo y se fue a Madrid. “Granada se me quedaba pequeña y, además, coincidió con que mi gente, con la que yo trabajaba haciendo espectáculos, también decidieron irse. Ellos optaron por Barcelona y yo, sola con mis tatuajes, me vine a Madrid”.

Su llegada a la capital fue un tanto extraña. De repente se vió en la estación de autobuses de una ciudad desconocida, con más maletas de las que era capaz de cargar y una perra. Quien debía recogerla no llegó. Un señor se le acercó y le dio tanta lástima que le ofreció unas monedas. “Sentí más rabia de la que nunca había sentido. Yo no quería que nadie sintiera pena por mí”. Se quedó una temporada en Madrid, pero no era como esperaba. Su sueño tardaba en llegar. “Para mí, fue un paso atrás. Tuve que empezar otra vez desde cero y subir a podios de discotecas a bailar. En Granada jamás subí a un podio a bailar, imaginaba espectáculos y los hacía”. Decidió probar suerte en Barcelona, mientras trabajaba en una tienda de ropa durante unos meses. Tampoco encajó, así que se volvió a plantear la idea de volver a Madrid, pera esta vez para trabajar más duro y no parar hasta conseguir un sueño que, si bien aún no tenía un nombre determinado, sí una forma definida.

De nuevo en la capital empezó a pinchar bajo el nombre de Irenella en garitos nocturnos como Nature y Stardust. Allí empezó a encontrar gente que, como ella, adoraba épocas distintas, con chicas de calendario y puro rock and roll. Conoció a Petra y entró en Krakovia, un grupo con el que en cierta medida se identificaba. También conoció a una chica berlinesa, Lola. “Fue ella la que me introdujo en el mundo del burlesque. Las dos adorábamos a todas las artistas de la edad de oro del cine y en seguida nos hicimos amigas. Con ella me enganché al burlesque”. Así nació ella, la nueva Vinila Von Bismark de pelo rubio platino. Y lo que continúa ya es otra historia.

 

Ahora dejamos de entrevistar a Irene, la chica que se bajó del escenario en Granada para montarse en un autobús camino a Madrid, para conversar con Vinila, la diva por la que miles de hombres suspiran, la pionera en hacer burlesque en España que sueña con bañarse en champagne. Una mujer tan sofisticada como Dita, tan seductora como Marilyn y tan rotunda como Dietrich. Para eso nos tenemos que trasladar a su mundo, al de las plumas, el vodevil, los diamantes y los corsés. Y, sobre todo, no caer en la tentación de hablar de lo mundano y vulgar, sino navegar en su mente y atrapar sus pasiones más ocultas, sus sofisticadas fantasías y sus sueños prohibidos. Empezamos por sus anhelos. ¿con qué puede soñar una reina del burlesque? –me pregunto en voz alta–. Ella deja caer sus largas pestañas lentamente, mientras se acerca un dedo a los labios para mandar callar a una de sus mascotas, un doberman enano (tiene dos), y esboza media sonrisa mientras lo piensa.

¿Sueñas con actuar en algún templo mundial del burlesque?

Sí. Mi sueño es montar un espectáculo en el gran Crazy Horse de París, donde han actuado todas las grandes. Sería una superproducción con muchos personajes. Muchos enanos, hombres vestidos de mujer, yo envuelta en plumas subida a un trapecio gigante. Habría algo de vodevil y una banda en directo. Además, todo el público iría disfrazado. Las mujeres, encorsetadas y muy maquilladas; y los hombres, vestidos de gángsters antiguos, con traje, sombrero y bigote.

¿En qué época te gustaría que fuera?

En la década de los 50. Me encantaría vivir en blanco y negro. Me imagino mi casa como un palacio-museo del burlesque.

¿Cuánto tardas en pasar de ser Irene a ser Vinila Von Bismark?

Entre maquillaje, peluquería y vestirme, unas dos horas. Pero antes de salir al escenario tengo que estar sola, relajarme, no sentir ninguna presión ni que nadie me venga con problemas técnicos. Justo antes me rocío con un buen perfume de mujer. Y unas gotitas de licor nunca vienen mal.

¿Y cuando te bajas del escenario...?

Siempre me bajo del escenario satisfecha –me corta–. Satisfecha de poder hacer lo que quiero, de poder expresar en un escenario lo quellevo dentro.

¿Eres una mujer insegura?

A veces sí. Suelo necesitar que alguien me diga un “lo has hecho genial”. Pero si te refieres a si me veo fea, te tengo que contestar que no. Físicamente no me siento insegura, porque lo trabajo todo al milímetro. Desde pequeña soy tremendamente constante y disciplinada. Voy a clases de trapecio, de claqué y entreno muy duro. Eso es lo que me da seguridad.

¿Te gusta que te miren? ¿Eres tímida?

Irene es tímida. Pero cuando Vinila se sube al escenario, no sé, algo en mi cabeza hace clack. Mucha gente se sorprende porque, cuando me conocen después de un espectáculo, se dan cuenta de que soy una chica normal, humilde. Pero no sé cómo explicarlo, a Vinila la llevo dentro. Siempre me acompaña. Ella existe para satisfacer las fantasías de Irene. Cuando estoy en un escenario me encanta que me miren, siento placer cuando el público me desea, me gusta sentir su química, sus ojos fijos en partes de mi cuerpo... Pero, en cambio, en la calle odio que la gente me mire. Imagínate, tengo fobia a ir en metro. De hecho, si tengo que cogerlo, intento ir sin maquillaje, con ropa ancha y me tapo los tatuajes.

 

Vinila está hoy especialmente exultante. Sus ojos brillan cuando le pregunto lo que quiere oir: ¿Qué tienes entre manos? ¿Por qué estás tan contenta? Cuando contesta, me doy cuenta de que su sueño cada día está más cerca, va subiendo de escalón en escalón a  gran velocidad. “A principios de enero sacaré con Subterfuge Records el disco de Vinila en solitario. Habrá música de los años 50, rock and roll, rockabilly, música surf, calipso... Y yo he escrito todas las letras. Las canciones serán en ingles, francés y castellano”. Aún no tiene nombre, pero remarca que no tiene absolutamente nada que ver con Krakovia. “Es todo antiguo, no hay nada de música electrónica. Seremos un trío, guitarra, batería y contrabajo”. Aprovechando el entusiasmo por el nuevo proyecto, pongo la directa.

¿Y cómo es Vinila con los hombres?

Me gusta ser coqueta. Me gustan los hombres relacionados con la música o con el arte.  Mi hombre ideal tiene que tener mucho rollo, tiene que ser muy culto, no tiene por qué ser guapo. De hecho, los hombres guapos no me dicen nada. Pero, sobre todo, que no sea nada celoso, eso no lo aguanto. Si me das a elegir entre un tipo duro y uno sensible, me quedo con el sensible. Los tíos que van de duros e inaccesibles no sirven para nada. Pero si te digo la verdad... en mis sueños los hombres no existen [risas]. 

¿Tienes pasiones ocultas?

Me encantaría que un hombre apretara la borla de un perfumero gigante, y que la nube de perfume cayera sobre mí. Tengo muchas pasiones, pero la más prohibida es la de coleccionar y probar determinados objetos que juegan con el límite entre el dolor y el placer... como los tacones de castigo.

¿Qué le tienes absoluta y totalmente prohibido a Vinila?

Salir del papel. Cuando soy Vinila, lo soy de principio a fin. No se me ocurriría enfadarme encima de un escenario. Soy muy profesional y exijo a todos los que me rodean que también lo sean. He tenido alguna experiencia desagradable y me gusta que todo el mundo suba al escenario en buenas condiciones.

¿Y qué te prohíbes en tu vida personal?

Me prohíbo moverme por ambientes vacíos. Con gente que va de interesante y moderna y sólo son fachada, como en el mundo de la noche, que no me aporta nada.

¿Has estado alguna vez enganchada a algo?

Quizá a alguna relación, por pena o no sé por qué. Pero soy una mujer fuerte. He tenido la valentía suficiente para sacar lo mío adelante sin depender de nadie.

¿Con qué fantaseas?

Quiero llegar a ser una estrella internacional. Y en mis fantasías me imagino que en primera fila están Kitty, Daisy and Lewis, Johnny Cash, Brenda Lee, Billie Holliday... Y después hago  una fiesta en mi camerino, con litros de licor, montañas de caviar, bandejas con fruta fresca, todo el mundo con muchos diamantes... A veces me duermo pensando en esto.

Foto: SelectorMarx

 

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