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La conspiración Muse

por Marta Hurtado de Mendoza

01.10.2009 | sin comentarios
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La conspiración Muse

Hablamos con el insomne líder del trío británico, Matt Bellamy, sobre su nuevo disco y sobre Perdidos, el Club Bilderberg, volar el parlamento británico y conmover a Dios.


Con Matt Bellamy, -guitarrista, líder y compo- sitor de Muse, se habla de cosas que realmente importan: de teorías conspiranoicas, de la fuerza sobrehumana que otorga la música, de su pasión por Twin Peaks y por Perdidos, de disfrazarse de vampiro y alien... de lo natural y gratificante que resulta tener una carrera musical prácticamente perfecta en todo, de los paraísos de ciencia-ficción y la aterradora realidad que han inspirado su quinto disco, The Resistance... Aún mejor que todo esto es su excepcional dote de conversador: es implicado, rápido y tiene un humor negro fantástico. Excepto cuando habla de la maldición que él mismo causó a su familia cuando hace años rompió un espejo: “Nunca juegues con ninguno. Es realmente serio”. Mientras escuchaba el disco he recordado esa escena de Misterioso asesinato en Manhattan en la que Woody Allen le dice a Diane Keaton que cada vez que oye algo de Wagner le dan ganas de invadir Polonia. A mí me ha pasado algo parecido...

¿Hubieras conquistado Polonia? (Risas).

Me parece estupendo porque ésa era mi intención cuando lo compuse. Bueno, no me refiero a Polonia, claro (más risas). Quería que quien lo escuchase sintiera que tenía la fuerza y la capacidad de hacer cualquier cosa que se propusiese: cambiar el sistema político, empezar una revolución, crear un foco de resistencia. En fin, cualquier cosa que active algo diferente a esa manera tan corporativa de pensar que está tan extendida y que termina siendo más dominante que quienes nos dominan. No sé en España, pero en Inglaterra la gente tiene tan asumido que todo es una mierda que vive en una especie de trance, sin hacer nada. Pero, a la vez, es un sopor inducido por grandes, enormes corporaciones que quieren que la gente esté completamente inmovilizada, en cuanto al pensamiento se refiere. Por eso me gusta el nombre The Resistance, porque implica movimiento ofensivo, porque implica esfuerzo y cambio, que es algo en lo que yo creo absolutamente.

Esta reciente declaración ya implica bastante movimiento: “Vamos a quemar el Parlamento”. Si esto ocurriera, ¿te ves con una antorcha en la mano o como un líder de opinión?

Ay, Dios. Yo dije eso. No creo que pretendiera ser tan... literal. No estoy seguro de que pudiera alentar al... asesinato [risas]. No, de verdad, no lo haría.

¿Y si estuviera vacío?

Si el pueblo quiere cambiar cosas no hace falta que queme nada ni que mate. Aunque si estuviera vacío podría resultar algo simbólico, cosa que le va genial al Parlamento inglés, que es lo más anticuado que hay en el mundo. Siguiendo con la simbología, quizá quemar el viejo Parlamento y hacer a todos sus integrantes mudarse a uno nuevo les haría progresar... Porque yo cada vez que les veo entrar en el Parlamento me imagino que hacen un viaje instantáneo en el tiempo al siglo XVIII, con todo lo que acarrea.

Ahora que hablamos de actividad y cambio, me parecen dos estupendas palabras para definir la carrera de Muse. Siempre sin parar, siempre cambiando, pero siempre despacio y haciéndolo perfectamente. Sois... grandes trabajadores.

Nuestra carrera, como el Parlamento, es de modelo antiguo. No tuvimos la típica canción el primer año, como les pasa a muchos grupos, que les sitúa en dos meses en lo más alto. Tampoco fuimos una de esas bandas que suenan todo el rato en la radio y en la tele. Muse fue la banda de la que nuestros primeros seguidores hablaron con efusividad a sus amigos. Y estos, a otros. Creo que somos un grupo que creció en popularidad concierto a concierto, sala a sala. Quien descubría a Muse lo hacía de un modo natural, agradable, sin ser asediado con mil anuncios de "escucha esto, escucha esto”.

Como gran conocedor de las teorías conspiranoicas, ya deberías formar parte del Club Bilderberg. Las invitaciones deberían ser enviadas.

Mmm... Hasta lo que yo sé, para formar parte de él tienes que formar parte de grandes estructuras y no es mi caso. Una pena, porque es un concepto muy interesante, con esas reuniones secretas en un hotel diferente cada año. Pero lo que me entristece aún más es no saber de qué hablan. Así que, si alguna vez tuviera el honor de ser invitado, lo primero que diría es: “Esto no debería ser secreto”.

Eres fan de Perdidos, la serie perfecta para alguien que busca teorías diferentes y cree en conspiraciones, sean de la naturaleza que sean.

Me encanta esa serie, me hace tanta gracia Sawyer, tan irónico, tan bruto. Y Desmond. Y quizá Daniel Faraday. Pero lo que más me gusta es que se pueda mover en el espacio-tiempo un lugar cuando las cosas no están yendo como debieran. Eso sería una gran solución para tantas cosas...

También he leído que un mal extendido entre los tres miembros de Muse es el insomnio. ¿Qué trucos tienes para intentar quedarte dormido?

Me imagino un recorrido a toda velocidad en una montaña rusa que de pronto se interrumpe y caes en un agujero que te lleva a algún lugar de fantasía lleno de colores. Suele funcionar.

¿Es parecido a lo que imaginaste cuando compusiste Exogenesis, la canción dividida en tres partes con la que se cierra el disco?

En este caso era una visión más cercana a la ciencia-ficción. La primera parte trata de un planeta en el que habitan los humanos que está extinguiéndose, llegando a su fin. Hay angustia, miedo. Empieza la  segunda parte, con una elite seleccionada para viajar en el espacio, esperando encontrar algo. Y llega la tercera, cuando encuentran un nuevo planeta donde la evolución puede empezar de nuevo y evitar todos los errores que cometieron en el primero.

Imagina que el Apocalipsis, finalmente, llega. En ese momento, eres elegido líder de los hombres y presentado a tres personajes distintos que quieren exterminar la Humanidad: un Alien, Dios y Satán. Hay un camino de salvación: existe una canción que conmoverá a cada uno de ellos y perdonará a la Tierra. ¿Qué temas eliges?

Si no fuera un tema mío, probablemente elegiría un concierto para piano de Rachmaninoff; sus obras no sólo muestran la fuerza de una sola persona, si no la de muchas trabajando juntas. Demostraría inteligencia y emoción. Para Satán creo que sería algo de Rage Against the Machine, creo que le gustaría. Y para Dios...

¿Te resulta más fácil pensar en enternecer a un alien que a Dios?

Si se tratara de Dios, quien probablemente sea un alien, creo que escogería algo de R’n’B. Creo que a Dios debe de gustarle Justin Timberlake

 

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