Era una cita de trabajo, no una entrevista. Y por eso nuestro ‘director’ acabó hablando más de la cuenta. Que le den al ‘off the record’...
¿Así que voy a dirigir este número de ROLLING STONE? Pues por cierto, ‘Señor Director hasta la revista de noviembre’, mañana a las nueve quiero su dimisión encima de la mesa... Pero no se preocupe, no la leeré hasta la noche y para entonces se me habrá olvidado. Yo toda la vida he trabajado de noche, aunque ahora me levanto temprano, pero eso tiene que ver con la vejez. Eso sí, yo pondría el horario de la redacción de noche, para trabajar con humo, una copita, una luz cenital que ayude a concentrarse. Y en cuanto amanezca, a tomar por culo...
Así estoy yo... sin malas compañías
De salud estoy mejor que nunca; las úlceras hace como ocho años que no las noto, desde que cambié de medicación. Llevo un par de años estupendo. Tengo una mala salud de hierro, yo era de los que creía que no había que llegar a los 40 años, que a partir de esa edad uno se convertía en un carcamal, y a lo mejor es verdad, pero es mejor carcamal vivo que muerto. Después de lo del accidente cerebral pasé unos años con una tremenda depresión. Yo no tuve crisis ni a los 40 ni a los 50. Al acercarme a los 60 empecé a notarme algo extraño y me dije ¿qué está pasando aquí? y entonces dejé las calles y los bares; pero no la madrugada, porque en casa hay barra libre.
Dejar la coca no lo hice por el ictus, lo había hecho tres meses antes. Lo hice de la noche a la mañana. No puedo dar ejemplo a nadie porque a mí no me costó nada dejar la droga. Sí me costaría –y mucho– dejar el tabaco y el alcohol. A mí me ha dicho Maradona que él va a ser adicto toda la vida y que es una guerra diaria espantosa, a lo mejor es que yo no lo era tanto, porque yo le pregunto a Maradona: “¿Pero qué tomabas?”. ¡Y me ha dicho unas barbaridades! Creía que yo era muy adicto, pero sólo me tomaba dos o tres rayas. Estos se tomaban dos o tres gramos. Y, además, yo empecé con los treinta muy cumplidos y hay gente que empezó a los 18 ó 19. Yo era más de la cultura de la droga que de la droga en sí.
Mi generación es la de la heroína y yo no la he visto ni de lejos. El mundo de la heroína era muy atractivo porque todos nuestros héroes lo hacían. Pero para mí no lo fue nunca. Sobre todo porque veía a la gente morirse a mi alrededor y yo soy muy cagón físicamente.
El hombre del traje que no tenía bolsillos
No tengo ni tarjetas de crédito ni coche. Me cuesta opinar sobre el dinero, porque me parece una obscenidad hablar de que no te falta de nada en un mundo en el que a mucha gente le falta de todo. A mí el dinero me ha venido, no lo busqué. No sé hacer negocios, a mí el dinero me sirve para pagar comidas y viajes a mis amigos, y para ayudar a quien puedo sin que se entere la mano derecha. No duermo muy tranquilo porque sé que debería hacer más cosas pero no sé cuáles. No he invertido en nada, si un amigo tiene un bar y se lo van a embargar, pues invierto en mi amigo, lo ayudo. Solo invierto en negocios ruinosos.
La princesa de la Calle Melancolía
Estoy pasando una etapa de apacible amor doméstico que está muy mal para hacer canciones y rock & roll pero está estupendo para vivir. Este disco lo empecé escribiendo canciones vicarias, pero ¿cómo iba yo a escribir, si estaba moderadamente tranquilo y feliz con la Jime? y entonces me enteré de que el Benjamín (Prado) estaba hecho mierda. Lo había dejado el amor de su vida y me lo llevé a Praga a escribir canciones contra la chica que lo había dejado. Los amores eternos duran lo que dura el corto invierno. Todo ese amor que destilan mis canciones es más pasión que otra cosa. La felicidad doméstica no tiene ni media canción. Jimena me ha salvado la vida; si entra ahora, en un segundo desaparecerá esto [señalando su vaso repleto de whisky] y se transformará en agua. Voy a proponer a la Real Academia que acepten el adjetivo ‘ajimenado’ para el whisky, que en su poética acepción significa: agua.
Enemigos íntimos
Un día estuve con Gallardón en televisión. Nunca he visto a un político tan rápido de mente; recuerdo que delante de Julia Otero le dije: “Alberto, tú y yo tenemos una cosa en común: a ninguno de los dos nos quieren en el PP”. Al segundo, me respondió: “Te equivocas, Joaquín, a ti sí te quieren en el PP”. Los del comité olímpico son una banda de gánsteres. A mí me parece vergonzoso desde el punto de vista patriota que vayan los Reyes y el Presidente del Gobierno a lamerle el culo a una banda de gánsteres, empezando por Juan Antonio Samaranch... ¿Pero quiénes son esos señores? ¿Quién los ha nombrado? ¿De quién estamos hablando?
No me he arrepiento de haber participado en el vídeo de ZP porque en ese momento pensé que había que apoyarlo, pero luego no es que me parezca el gobernante más importante que vieron los siglos pasados y que han de ver los venideros. Yo me cabreo todos los días con cosas que hacen, pero ¿para qué sirve tener una cara conocida o que te pongan un micro? Pues a lo mejor, alguna vez, para decir: “Sepan ustedes que me parece más decente esto que lo otro”. No es mucho. Y es muy relativo porque además no creo que eso consiga ni un solo voto. Tengo derecho a decir lo que opino y más si me obligan a tener una vida pública, porque, que quede claro , yo no la he elegido.
Una de cubanos
En cinco horas con Fidel me dio tiempo a contarle de todo. Él ha sobrevivido a varios presidentes americanos y a algún Papa; yo he estado en lugares donde se reúnen todos los presidentes latinoamericanos y todos parecían empleados del Banco de España menos él, que parecía un gigante. Si fuera cubano, estaría en la cárcel o exiliado, nunca se me olvida eso; y cuando voy a Cuba no se me olvida que soy un turista revolucionario, que tengo privilegios impresionantes que no tienen los cubanos. Los cubanos están hasta la polla, no pueden soportar más el peso de esa isla tan pequeña con un tipo tan grande encima, pero no creas que le faltan al respeto.
Yo no soy un político y tengo derecho a tener los amigos que me dé la gana. Una vez sacó el ABC un cortito diciendo: “Sabina, ridículo marxista amigo de tiranos”. En ese artículo donde hablaban así de mí, les diría que yo soy un tipo privado, que no soy político y que sólo me había tomado unas copas con Fidel Castro. Recuerdo que la portada de aquel ABC era una del rey Juan Carlos con el chino de Tian’anmen... Toda mi relación con el Subcomandante Marcos ha sido epistolary por mensajes casi secretos. El personaje es difícil de creer, pero en un mundo tan feroz, el mundo de Madoff donde estamos dando dinero a los bancos que nos han robado y nos han engañado para que vuelvan a hacer lo mismo, me parece lamentable que la prensa se dedique a llamar payaso a un tipo que realmente no ha pegado tiros ni ha matado a nadie, sino que ha puesto en el mundo entero la causa de unos indios abandonados. Entre Madonna y Marcos, a mí me hace más gracia Marcos. No soy un intelectual ni un erudito político, lo que sí soy es un atento y curioso observador impertinente, pero ¿por qué tengo yo que entrar con herramientas ferozmente críticas cuando nadie lo hace a los que mandan en nuestra vida, que no son ni Marcos ni Fidel Castro?
Ay Rocío; Ay, Carmela
Soy consciente de que a mis hijas les han pasado putadas gordas; por ejemplo cuando se publicó la foto de aquel ‘ROLLING STONE’ donde aparecía en bolas, llegaron al colegio y se la habían puesto en la pizarra; ellas tendrían seis o siete años. La verdad es que he tenido suerte, están estupendas, son las dos muy diferentes, van a la universidad, hacen teatro, leen, se divierten. No van diciendo por ahí que son mis hijas, ni mucho menos. Sus amigos más íntimos lo saben, pero el resto de la gente no. Tienen la suerte de llamarse Martínez que es como me llamo yo (Martínez Sabina). Un día les propuse si querían cambiarse el apellido, porque al fin y al cabo Sabina es el que yo me he hecho y me dijeron: “Ni hablar”. A veces yo les hago putadas, por ejemplo, si me las encuentro en un semáforo por la calle, bajo la ventanilla y les grito: “Y nos dieron las diez...”. Y se quieren meter bajo tierra.
Ése hotel, dulce hotel que se llama Soledad
Apenas salgo a la calle. Si hubiera seguido aquel ritmo estaría muerto, pero en mi casa también hay bar y también vienen los amigos. Ahora elijo a la gente con la que quiero amanecer; hay un proceso de selección que a los sesenta años que acabo de cumplir no está nada mal. A los bares no voy en defensa propia. Yo en realidad vivo en mitad de la calle, en un barrio de Madrid. Aquí no hay nada parecido a porteros ni guardaespaldas. No me dan mucho el coñazo; hay veces que llego y hay un par de argentinos que me piden un autógrafo... Pero no es algo tan insoportable, porque no pasa ni todas las horas ni todos los días. Yo conozco a quienes llevan mucha menos gente a los conciertos y venden mucho menos discos que yo, y dicen que no se puede vivir con el agobio de la prensa y los fans... Y yo les digo: “Hombre, por favor, lo que no se puede vivir es siendo
tan gilipollas como tú, ¿no?”. Porque se puede vivir perfectamente.
No tengo coche, por eso vivo aquí, porque puedo ir andando a todo: la Plaza Mayor, las tabernas, los museos, los teatros. No soy muy comilón ni nada exquisito, pero me gusta invitar a mis amigos a restaurantes estupendos. Soy un poco nuevo rico en el peor sentido de la palabra. La comida japonesa no me gusta porque es todo tan medidito, tan zen, tan minimalista, tan pequeñito... A mí me gusta la cuchara. Y un cierto casticismo y la sobremesa con café, con humo y con conversaciones interesantes. Pero, de vez en cuando, voy a un restaurante japonés porque a mi hija Rocío la cocina japonesa le gusta mucho y cuando me quiere maltratar y la invito a comer, me dice: “No, si no vamos a un japonés no voy”. Pero vamos no porque le gusten mucho los japoneses, sino para vengarse de mí. He vivido 20 años en el tercero. Éste es un piso igual que el de abajo, lo hicimos tirando los tabiques, pero de dimensiones son iguales, lo que pasa es que el de abajo está más dividido y el de arriba lo hemos puesto más a nuestro gusto.
Yo también sé jugarme la boca
Letizia venía de un mundo más o menos progresista, oía mis discos y quería que el Príncipe conociera otro tipo de mundos. Cené una vez con ellos en casa de Simoneta, y luego vinieron ellos aquí. Les pregunté: “¿A quién queréis conocer?”. Y me dijeron que a
Víctor Manuel, Serrat, Ana Belén, Penélope Cruz y a no sé quién más. Los invité a todos, cenamos, tomamos unas copas, canturreamos y eso fue todo. Nadie dejó de ser quien era.
Yo les enseñé mis banderas republicanas; contamos todos los chistes del mundo, incluidos los imposibles de contar en ROLLING STONE. La cena con los Príncipes fue abajo, todavía no tenía el piso de arriba, tapamos el billar y pusimos una mesa encima. Arriba no se han dignado a venir, porque yo quedé mal con Palacio contando tiempo después un chiste que había surgido durante la cena. Y no, prefiero no acordarme de qué chiste fue. Ellos vinieron porque Letizia quería poner al principito en contacto con otra realidad y estuvieron simpatiquísimos, lo que pasa es que a mí se me ocurrió soltar una tontería de chiste que me habían contado. Al final uno entra en una trampa: invitas a cenar supuestamente a unos amigos que se portaron como tal –desde luego aquí nadie les hizo reverencias ni usó el usted– y al rato te ponen a parir por soltar que nos reímos por un chiste que es una perfecta gilipollez y uno se muerde la lengua de las ciento veinte mil cosas mucho más graves que podría haber contado sobre la cena y eso no se dice. ¿Por qué? Porque somos unos vasallos de mierda, todos, incluido yo [risas]. Pero lo pasamos bien, tocamos y cantamos, bebimos... Se fueron a las cuatro de la mañana. Y no hubo ninguna movida, había una chica de seguridad en el ascensor, pero no molestaron a ningún vecino. Me pareció descortés por mi parte que a unos chicos que habían venido a cenar a casa yo les creara un problema contando ese chiste con el que nos reímos en la cena, y pienso: “¿Será posible?”. Yo por entonces ya tenía 57 ó 58 años.
Esta mañana en el desfile del 12 de octubre –a estas alturas ya no tengo que decir lo que opino de los desfiles– ha ido gente a pedir la dimisión de Zapatero y se oían sus gritos en todas las televisiones, luego baja el Rey –al que, que yo sepa, no ha elegido nadie– y todo el mundo aplaudiendo. Es algo tan anacrónico, tan medieval... Que no se me olvide decirlo: ¡Viva la República!
Y nos dieron las diez... (cantando rancheras con Gabo y Chavela)
Cada vez que leo a Vargas Llosa y Savater me quitan el suelo bajo mis pies de las cosas que dicen... Casi siempre me convencen. Esta casa está siempre llena de peruanos y yo les digo que es un tío que hubiera sido un lujo de presidente en lugar de Fujimori. Se perdieron el lujo de tener a un demócrata fundamentalista de presidente; yo también pienso que su creencia en el mercado sobre todas las cosas es un error, pero ya quisiéramos que los de derechas fueran como Vargas Llosa, pero además no es que yo sea amigo suyo, lo raro es que él sea amigo mío.
Con Gabo (García Márquez) me gusta cantar rancheras. A él lo veo sobre todo en México; viene a todos los conciertos que hago allí, luego nos vamos a cenar, y después a un bar donde nos llevan a un mariachi: allí, el Gabo y yo, cantamos a dúo por José Alfredo Jiménez. Él hace la segunda voz a mi oído. Un día estábamos en un hotel y era el cumpleaños de Almudena Grandes y yo sé que el Gabo no quiere ir a ningún sitio, y de pronto se me ocurrió decir- le: “Oye Gabo es el cumpleaños de una amiga mía”, y sólo me preguntó: “¿Va a haber mucha gente?”. Y le dije: “No va a haber gente”. Así le hice a Almudena el mejor regalo de su vida.
Gabo tiene 83 años y ha vencido un par de cánceres, pero sigue tan simpático, tan seductor y tan coqueto como siempre, y cuando suena la música, se levanta a bailar y saca a su señora o a la Jime, con su pañuelito al cuello, bien maqueado. Yo le canto a mis amores, y Chavela es uno. Cuando cumplió 90 años no pude ir personalmente a México y le mandé un vídeo desde España. La última vez que la vi, hace ocho o nueve meses, estaba bastante mal de las piernas, la llevaban entre dos, pero de la cabeza seguía como un trueno.
Soy alumno de Ángel González en la discreción y el pudor. En este disco he compuesto una canción para él. Con Ángel González he conocido la sabiduría, la belleza y la bondad, todo junto, como quien conoció en su día a Antonio Machado. Y lo he disfrutado
todas las noches, y ¡carajo!, hemos tenido nuestras borracheras y Ángel cantaba todo el tiempo, cogía una guitarra y se ponía a cantar rancheras.
A Torrente lo he invitado mil veces a mi casa, me gusta mucho esa caricatura y me gusta mucho Santiago Segura. Somos amigos desde antes de Torrente, y además me gusta mucho que Santiago sea lo contrario de Torrente. Santiago no bebe, no se ha fumado un canuto en su vida, es un hombre de horarios fijos y nada que ver con esa bestia asquerosa del Atleti que yo amo y que se llama Torrente. Y todo eso me divierte. Sé que hay gente que se enfadó porque yo le hice una canción a Torrente, pero yo digo: “¿No tengo derecho a que me guste un personaje?”.
Lo que de verdad aprecio en mi vida es haber tenido la oportunidad de pasar mil noches con Ángel González o con el Gabo. Soy de pueblo y con boina y no se me ha olvidado jamás de dónde vengo; creo que soy Forrest Gump. A Fidel le dije: “Yo soy Forrest Gump”. Y luego salgo y le digo a la Jime: “¿Tú eres consciente de que hemos estado cinco horas con Fidel? ¿Eres consciente de que venimos a México y el Gabo se enfada, si no vamos a verlo a los cinco minutos?”. Y a la Jime le parece muy natural, pero a mí no. Ella es hija de artistas, pero yo sigo sin verlo natural.
La del bautizo rojo (y Juliano el apóstata)
Obispos, que yo sepa, no han entrado en mi casa. Pero sí tengo una anécdota con el Obispo Castrense Monseñor Benavent, porque cuando nacieron mis hijas, yo, que me he definido muchas veces como un anarquista que respeta los semáforos, pensé: “¿Las bautizo o no las bautizo?”. Jimena no está bautizada, pero yo sí y pensé: “Iniciemos a mis niñas en los ritos de su tribu, que no sean diferentes al resto”. Y entonces las bautizamos. Mis hijas eran las nietas del Ministro Oliart y le dije a Krahe si quería ser padrino. Yo creía que para padrino había que nombrar a un hombre sabio. Y Krahe tuvo muchas dudas, pero al final vino y me dijo: “Los padrinos podemos hacer una cosa, poner el segundo nombre, y quiero ponerle a tu hija Juliana”. Y le pregunté: “¿Por qué?”. “Por Juliano, el apóstata”, me respondió. En el bautizo Krahe estaba con su vela, así muy serio y el Obispo dijo: “Se llamará Carmela por la virgen del Carmen, y Juliana por Santa Juliana”. Acto seguido, Krahe corrigió al Obispo: “No, lo de Juliana es por el apóstata”.
Epílogo. Y sin embargo, me quiero
En el piso de abajo tengo un pequeño estudio de grabación y la biblioteca [donde encontramos libros hasta de Jiménez Losantos]. Si las paredes del piso de arriba hablaran, lo harían de poetas y de algunas borracheras; las de abajo, de lo peor de lo peor: putas, drogas y rock&roll. Mi casa hoy parece el salón de ‘Madame de Pompadour’, de gente tranquila, que se emborracha y que habla de poesía.
Foto: Jerónimo Álvarez
...genial entrevista, así como el entrevistdo...sólo hacer una fé de erratas: la fotografía no és de Jerónimo Álvarez, sino de David Ruano.
¿Jon Hamm o Don Draper? Cómo los demonios interiores del protagonista de 'Mad men' le han convertido en la mayor estrella de la televisión. Lee la entrevista más reveladora con Hamm.

01.04.2013
El grupo es el ganador de la VI edición del Termómetro RS
