Jennifer con su traje de campo. (Foto: Theo Wenner)
“¡Tío! ¡Me he perdido del todo! Llevo 10 minutos dando vueltas con el coche. ¿Dónde demonios está este sitio?”, exclama Jennifer Lawrence a través del móvil. Está buscando unos establos. Tenemos planeado ir a montar a caballo por los cañones de Malibú, pero ninguno de los dos encontramos el lugar. Le digo que pare y que iré a buscarla. La actriz joven con más talento de América ha parado su Volkswagen blanco en una calle lateral. Lleva unos vaqueros, una camiseta gris y gafas de sol de diseño. Su pelo rubio natural va recogido en una coleta suelta y está asomando los hombros por la ventanilla.
Se le conoce por interpretar a mujeres jóvenes y vulnerables con una voluntad de acero, como su personaje en Winter’s bone (2010), nominado al Oscar, o Katniss Everdeen, la jovencita armada con un arco y flechas de la recientemente estrenada Los juegos del hambre. Ahora mismo su cara indica que no está de broma. “Tengo muchas ganas de mear”, suelta. Conducimos un poco más y encontramos el establo, que resulta no ser tal cosa, sino un aparcamiento de tierra roja donde está estacionado un remolque para caballos. Lawrence sale escopetada del coche buscando un arbusto. Dos excursionistas veinteañeras tienen que mirar dos veces cuando la ven pasar. ¿No era…?
Lawrence (21 años) sabe cómo causar una primera impresión. Woody Harrelson, co-protagonista de Los juegos del hambre, aún recuerda su primer encuentro. “Estaba en mi autobús, donde tengo un columpio de yoga. Jennifer entró y dijo: ‘Hola Woody, soy J. ¿Eso es un columpio sexual?’. Esas fueron las primeras palabras que me dirigió”, cuenta el actor. Josh Hutcherson, que también aparece en Los juegos del hambre, recuerda: “Cuando me cogieron para el papel, me llamó para charlar un rato y el típico ‘qué ilusión me hace trabajar contigo’ y eso. Ella abrió la conversación hablando de cuando te ponen un catéter y aquello se convirtió en un sermón de 45 minutos sobre zombies y el apocalipsis”. Y aquí está Zoë Kravitz, compañera de Lawrence en X Men: Primera generación (2011) y una de sus mejores amigas: “Nos habíamos visto varias veces y me invitó a su casa. Me presenté en su apartamento y me abrió envuelta en una toalla. Había llegado pronto y ella se iba a dar una ducha. Y sin más, tiró la toalla y se metió en la ducha y empezó a depilarse las piernas, totalmente desnuda. Y preguntó: ‘¿Estamos ya en este punto? ¿Te parece bien?’. ‘¡Supongo que estamos ahí!’, respondí”.
“Nunca he visto a nadie con semejante talento. Tiene una reserva de fuerza emocional impresionante”, dice el director Gary Ross
Lawrence vuelve en seguida (“Soy la más rápida meando, soy famosa por ello”, revela más tarde) y apenas le ha dado tiempo a abrocharse los vaqueros cuando las dos excursionistas le paran. “Siento molestarte, pero ¿podrías firmarme un autógrafo? Mi sobrina tiene 15 años. Se va a poner como loca de contenta”, le cuenta una. En este momento, las sobrinas quinceañeras son el objetivo ideal de Lawrence. La trilogía de Los juegos del hambre es el mayor bombazo adolescente desde Crepúsculo, con 24 millones de copias vendidas de los libros. Y dado que su historia de amor post-apocalíptica y llena de acción atrae tanto a chicos como a chicas, los expertos prevén que la película recaudará millones de dólares y de euros, y ya se están preparando tres secuelas. De vuelta en el aparcamiento, nos encontramos con nuestro guía, Jasmin, que nos presenta a nuestros compañeros de hoy. A Lawrence le dan una yegua blanca llamada Nay Nay, que apareció en la serie Hermanos de sangre, producida por Steven Spielberg y Tom Hanks. “¡Ah! ¡Eres famosa!”, exclama Lawrence, acariciándola.
Jasmin nos entrega los documentos de exención de responsabilidades –Lawrence apunta el número de su madre como contacto de emergencia– y cascos, y me entra el pánico al imaginarme a la clave de la última franquicia multimillonaria de Hollywood cayendo por un barranco. Se me pasa rápido, en cuanto veo a Lawrence metiendo la bota en el estribo y subiéndose al caballo como una profesional. La familia de Lawrence tenía una granja de caballos cuando ella era pequeña. Su primer caballo fue un pony llamado Muffin: “Era muy bonita, pero un poco perra”. Después pasó a un par de machos, Dan y Brumby. “Esos dos se odiaban, pero un día hubo una gran tormenta y se acurrucaron en el establo, y de repente eran inseparables. Finalmente desencadenó en una tensión sexual”, recuerda. Empieza el paseo, una subida de más de 500 metros a la falda de las montañas de Santa Mónica. Lawrence cuenta que no suele montar a caballo en Los Ángeles. “Una vez, en un estadio. Era un edificio grande, ¿con un tejado?”, explica sonriendo. “Puedo verle el culo a tu caballo. Está sudado”, me suelta.

Habla mucho sobre los vómitos. Hace poco volvió a casa a Kentucky y pilló la gripe. “Vomitaba por todas partes”, cuenta. También recuerda muy bien la vez que comió salmón en mal estado. “Me tiré como dos días vomitando. Ahora estoy en plan vendetta contra el salmón”, asegura. Sin embargo, no vomita por el alcohol, al menos ya no. “Aprendí la lección. Ahora paro antes de perder el conocimiento. En fin, ¿cuándo fue la última vez que echaste la pota?”, me pregunta.
Bradley Cooper, que recientemente terminó de rodar una película con Lawrence, asegura que ella es “el tipo de persona que quieres ver en el rodaje a las 4 de la mañana, cuando estás perdiendo la cabeza”. “Es capaz de decir cualquier cosa. Cualquier cosa”, afirma Lenny Kravitz, compañero de reparto en Los juegos del hambre (también cuenta que ella insistió en llamarle Sr. Kravitz, porque es el padre de Zoë).Lento pero seguro, avanzamos hacia lo alto del cañón. Ante nosotros, una panorámica del Pacífico, con las mansiones de Malibú en los acantilados. Llegamos a una zona de sombra, y paramos de cabalgar. Mi caballo empieza a comer hierba. “¡No le dejes que haga eso! No es bueno para él. Tiene un poco en la boca”, exclama Lawrence. Pero unos minutos más tarde, me doy la vuelta y veo a Nay-Nay comiendo de un matorral. Lawrence le susurra al oído: “Vale, pero solo un poquito”.
En una mañana de invierno de enero de 2011, Lawrence estaba tomando un té en el vestíbulo de un lujoso hotel de Manhattan. Quedaban unos días para que le nominaran al Oscar, pero entonces estaba más emocionada por un libro. “Ahora estoy leyendo Los juegos del hambre”, anunció. Tenía ganas de volver a su habitación para terminárselo. “Lo van a adaptar al cine y van a empezar con las audiciones y eso”, añadió.Lawrence acababa de llegar de Londres, donde había estado rodando X-men: primera generación. Para su papel de la mutante azul Mística (que a veces se paseaba en top less) tardaban 8 horas en maquillarla y dos en quitárselo. Al final de la producción, tuvo que luchar por recuperar la fianza de su piso de Notting Hill porque había teñido la bañera de azul. Poco después, conoció al director de Los juegos del hambre, Gary Ross. “Iba muy arreglada porque era la temporada de los Oscar. Vino a mi oficina, cargada con vasos de poliestireno y comida para llevar, de punta en blanco. A muchas chicas les encantaría la idea de vestirse para la gala, pero Jen me decía: ‘¿Te puedes creer que me tengo que poner este vestido?”, recuerda. Le preguntó que cómo lo estaba llevando. Con toda la honestidad, ella respondió: “Me siento como una muñeca de trapo”. Andaba rodeada de estilistas y maquilladores, que la metían en vestidos raros y zapatos incómodos. Era perfecto, pensó Ross, porque exactamente así se siente Katniss Everdeen. Katniss es la heroína de Los juegos del hambre, una joven testaruda de 16 años que resulta letal con un arco. La historia se desarrolla en una futura América devastada por las revoluciones y la guerra, en la cual cada año se llevan a 24 niños de todo el país al Capitolio para competir en un programa de telerrealidad. Les cambian de imagen y dan entrevistas en las horas de máxima audiencia. Y luego les sueltan en un estadio donde deben luchar hasta la muerte.

Jennifer Lawrence con su novio, el también actor Nicholas Hoult.
Katniss era el papel femenino más ansiado de Hollywood después del de Lisbeth Salander de Los hombres que no amaban a las mujeres (Lawrence también fue a esa audición; todavía conserva una foto en su iPhone donde aparece vestida de cuero y con piercings, como una gótica). Pero en la mente de Ross “no había tal competición. Recuerdo que me fui de esa reunión pensando que no tendría ningún sentido si no escogía a esta chica”. Lawrence se sometió a un intenso entrenamiento de varios meses para el papel, que incluyó escalada y combates cuerpo a cuerpo. También contó con una entrenadora de tiro con arco, una cuádruple medallista olímpica de Georgia (“esa Georgia, no la nuestra”, aclara la actriz) llamada Khatuna. “Me daba mucha rabia porque tenía que hacerlo perfecto. Si hacía algo mal, me llevaba un latigazo (de la cuerda del arco, no de Khatuna)”, explica. Pero mereció la pena: asegura que ahora, de 10 flechas, es capaz de conseguir 4 ó 5 dianas. Todavía lleva algunas flechas en el coche. El rodaje duró 4 meses y tuvo lugar en un bosque cerca de Asheville, Carolina del Norte. Básicamente parecía un campamento de verano: se gastaban bromas, hacían fiestas de pijamas, e incluso había una ‘hucha de las palabrotas’ para los adultos que hablaban mal delante de los niños (Ross estima que Lawrence contribuyó por lo menos con la mitad del dinero. “Es fantástica, pero habla como un marinero”, afirma). Una noche, Lawrence celebró su 21 cumpleaños con el equipo en un bar de la zona; otra noche, todo el mundo acabó durmiendo en la habitación de hotel de Lenny Kravitz. “Estábamos todos ahí metidos, probándonos su ropa, nos lo pasamos muy bien”, recuerda Harrelson. (¿Se refiere al vestuario de Lenny o a su ropa de verdad? “Cuesta distinguirla”, apunta el actor). La cinta es una crítica de la violencia como entretenimiento, y Lawrence está excelente. “He trabajado con actores increíbles, y nunca he visto a nadie con semejante talento. Tiene una reserva de fuerza emocional impresionante. A veces le preguntaba: ‘¿De dónde has salido?’. Y ella me contestaba: ‘La verdad es que no lo sé”, cuenta Ross.
Lawrence fue una sorpresa desde el principio. “No me di cuenta de por qué me apodaban ‘Juega con fuego’ hasta que me hice mayor. Pero mis padres jugaron con juego, y se quemaron”, explica. (“Creíamos que no íbamos a tener más hijos. Nos deshicimos de la cuna y todo”, admite su madre). Creció en una bonita zona a las afueras de Louisville, Kentucky. Su padre, Gary, tenía un negocio de contratas; su madre, Karen, dirigía un campamento de verano. Jennifer fue la primera chica nacida en la familia de su padre en 50 años, y sus padres la educaron tal como lo habían hecho con sus hermanos mayores. “No quería que fuera una diva. No me importaba que fuera femenina mientras fuera fuerte”, asegura Karen Lawrence. Jennifer era tan fuerte que en preescolar no le dejaban jugar con las otras niñas porque era muy bruta. “No pretendía hacerles daño. Ellas andaban haciendo galletas y ella quería jugar a la pelota”, recuerda.
Lawrence jugaba al softball, al hockey hierba y al baloncesto en un equipo de chicos que su padre entrenaba. Aunque también fue animadora durante unos años. Le pregunto si recuerda alguno de los bailes. “Sí, pero, de ninguna manera”, responde, negando con la cabeza. “¡Venga, sólo uno!”, le pido. Pone cara de fastidio y reproduce algunos pasos, con las manos en las caderas. Cuando tenía nueve años, Lawrence actuó en una obra de teatro de la iglesia basada en el Libro de Jonás. Interpretaba a una prostituta de Nínive y se llevó todo el protagonismo. “Las otras niñas solo estaban ahí con los labios pintados, pero ella apareció meneando el culo. Nuestros amigos nos comentaron: ‘No sabemos si os debemos dar la enhorabuena o no, porque vuestra hija es una gran prostituta”, recuerda su madre. Lawrence se pasó unos años participando en obras de la iglesia y musicales del colegio. Luego llegó el encuentro fortuito que lo cambió todo. Cuando tenía 14 años, ella y su madre viajaron a Nueva York durante las vacaciones de primavera. Estaban viendo a unos chicos haciendo break-dance en Union Square cuando un hombre con una cámara se les acercó y les dijo que era un cazatalentos y que si le podía hacer unas fotos a Jen. Parecía una historia salida de la serie Ley y orden, pero esta vez resultó ser verdad. Muy pronto Lawrence tenía un agente y recibía llamadas para castings.

Durante el rodaje de Los juegos del hambre.
Durante meses, Lawrence le rogó a sus padres que le dejaran mudarse a Nueva York y probar suerte en la interpretación. Finalmente accedieron a que se marchara seis semanas. Su madre tenía que trabajar en el campamento de verano, así que su hermano Blaine, de 19 años, le acompañó. Cuando Jen empezó a conseguir trabajos, su madre se mudó a Nueva York, y las seis semanas se convirtieron en un año. Al principio era duro. “No tenía amigos, me sentía sola”, recuerda Lawrence. Hacía un curso a distancia y recuerda que sus padres discutían mucho. “Podía haber sido otro planeta. Nuestros amigos pensaban que estábamos locos, pero su hermano nos aseguró: ‘Este es su campo de juego y tenéis que dejar que juegue’”, explica Karen. “Y luego la bola no paró de rodar”, afirma Lawrence. Participó en un anunció, en las series Caso abierto y Monk, y en un piloto que nunca llegó a emitirse. Pero la mejor historia es la de su sesión de fotos para la marca de ropa Abercrombie & Fitch. “Al final no utilizaron ninguna de mis fotos, y cuando mi padre llamó para preguntar por qué, le enviaron los negativos”, revela Lawrence.
Al parecer, el fotógrafo había mandado a los chavales a la playa a jugar al fútbol. “Las demás chicas salían monas, posaban mientras le daban patadas al balón. Yo salgo con la cara colorada, a punto de hacerle un placaje a una chica, ni siquiera estoy mirando a la cámara. Las otras chicas me miraban en plan: ‘¡Aléjate de mi!”, explica. Lawrence ha asegurado que, si sus padres hubieran sabido que iba a tener éxito, nunca la habrían dejado marcharse. “Pensábamos que iría a Nueva York y que le dirían la típica frase de ‘Cierra la puerta al salir’. Si no fuera por su agente, que literalmente casi me ahoga, diciéndome ‘No lo entiendes, jamás había visto a una chica de 14 años como ella’, no lo habríamos conseguido”, admite Karen. Lawrence pagó sus gastos durante un tiempo gracias a papeles secundarios en películas que seguramente no has visto nunca, en series malas (además fue al casting para el papel de Bella en Crepúsculo y el de la actriz Emma Stone en Supersalidos). Su gran momento llegó con Winter’s bone, una historia descarnada y gótica sobre asesinatos situada en la Meseta de Ozark, tierra de consumo de metanfetamina. Lawrence interpretaba a una joven de 17 años dura como una roca que se ocupa de sus hermanos pequeños. Karen leyó el libro y le aseguró que sería perfecta, pero el director pensó que era demasiado guapa. Así que Lawrence se cogió un vuelo nocturno a Nueva York, caminó 13 manzanas bajo el aguanieve y se presentó moqueando y con el pelo sucio de una semana. Consiguió el papel. Se pasó un mes rodando en Missouri, quedando con una familia del lugar y aprendiendo a disparar un rifle y a cortar madera (de hecho, ya sabía cortar madera. “Tuve una época de leñadora, cuando tenía 9 ó 10 años”, confiesa). Se perdió en su personaje –dientes amarillentos, labios cortados, mucha franela ancha–. En una escena, John Hawkes, que interpretaba a su temible tío Teardrop, tenía que cogerle del pelo y agarrarle el cuello. “Me preocupaba que le pudiera hacer año. Pero ella me animó a hacerlo siempre igual”, sostiene. La escena de la que más se habló es una en la cual Lawrence literalmente le saca las tripas a una ardilla para cenar esa noche (“debería decir que no era de verdad, por los de PETA, pero que les jodan”, asevera). “Creo que gritó bastante al hacerlo, algo así como: ‘No volveré a comer espaguetis en la vida’. No sé si de verdad no le teme a nada, pero es muy buena convenciéndote de ello”, opina Hawkes.
La película la convirtió en una de las sensaciones cinéfilas de la temporada. La mañana en que se anunciaron las nominaciones a los Oscar, alguien le hizo una foto a ella y su familia justo cuando pronunciaron su nombre. Por su cara, cuenta, “parecía que me iban a mandar a la cárcel”. Zoë Kravitz asegura que le encantaba tomarle el pelo. “Le soltaba: ‘Te enfrentas a Natalie Portman, olvídate’, y ella respondía: ‘¡Tienes razón!’” (Aunque Lenny confiesa que un día la pilló en la biblioteca de su casa de París con uno de sus Grammy en la mano, ensayando un discurso de agradecimiento). Tal como se esperaba, no tenía ninguna posibilidad (aunque, seamos realistas, ¿os imagináis a Natalie Portman con una ardilla muerta en la mano y soltando la frase: ‘¿Cómo la queréis? ¿Frita o estofada?”). Sin embargo, aunque no ganó, causó una gran impresión sobre la alfombra roja, con un explosivo vestido rojo que era mitad alta costura, mitad Vigilantes de la playa (su estilista aseguró que estaban intentando traer de vuelta los pezones). Todo lo contrario a Winter’s bone; ostentoso y sexy. Lo mejor fue que, apenas 15 minutos antes, Lawrence estaba en la habitación del hotel metiéndose un bistec con queso. “Jennifer no tiene ni una pizca de arrogancia. No intenta darse aires de nada ni pretende ser quien no es. Es auténtica. No es más que una chica increíble de Kentucky que ha conseguido el éxito”, resuelve Harrelson.

Cuando era una niña en su pueblo de Kentucky (Estados Unidos).
"¿Tienes hambre?”, pregunta lawrence. “Porque estoy empezando a fantasear con una hamburguesa, unas patatas y una cerveza”.Ahora estamos en Santa Mónica, donde Lawrence vive en el mismo piso de dos habitaciones que solía compartir con su madre. Su madre se ha mudado, pero Lawrence monta muchas fiestas de pijamas. “Hacemos mucho el tonto, hay comida y televisión basura. Luego acaba haciéndose una bolita en la cama”, cuenta Zoë Kravitz.
A Lawrence le gusta esto. Está a dos minutos en coche de la tienda de comida orgánica y a 15 minutos en bici de la playa. “Pero debería mudarme. Mi dirección aparece en Internet”, asegura la actriz. Cuando vuelva del rodaje de su próxima película, está pensando en comprarse una casa. “Y un perro grande. Y una escopeta”, añade. No conseguimos encontrar un restaurante que esté abierto y que sirva cerveza, así que nos conformamos con uno con patio y limonada (“Si hay algo que la gente saque de este artículo”, dice, “debería ser la falta de apoyo para beber de día en Los Ángeles”). Se pide una hamburguesa y una pequeña tetera de té de menta –siente que se está resfriando, y no quiere ponerse enferma antes de su gran gira de promoción–. “Esta mañana pensaba que este resfriado no era nada, pero creo que está empeorando”, explica. Incluso probó su primer ‘zumo L.A.’, una especie de mezcla de “espinacas con zanahoria. Di un sorbo e inmediatamente tuve que echar un montón de azúcar”, cuenta. Más tarde, nos metemos en un bar para tomar una cerveza, y Lawrence se va al baño, y vuelve en seguida. “No hago nada más. No me lavo las manos después de mear. Es un poco dramático”, señala. Cree firmemente en ello. “Cuando tenía 13 ó 14 años, realicé un experimento científico por el que casi cierran mi colegio. Tenía la teoría de que todo este asunto de lavarse las manos estaba sobrevalorado. Y era verdad: la puerta del baño tenía las mismas bacterias que la taza del váter, y el lavabo era la peor parte, ¡estaba más sucio que la cadena! Había cantidades asquerosas”, recuerda.
Luego, Lawrence ha quedado a cenar con su novio, el actor británico Nicholas Hoult (22 años), conocido por su papel en Un niño grande (él era el niño). Se conocieron en el rodaje de X Men, donde Hoult interpretaba a Bestia. Zoë Kravitz lo veía venir “desde lejos. Se complementan de un forma increíble. Ella está loca, y es impulsiva, pero él la mantiene con los pies en la tierra. Y ella le mantiene a raya”, explica. Jodie Foster, que dirigió a Lawrence en El castor, asegura que la actriz ha sido lista manejando su carrera. “Una de sus mejores cualidades es que ha sido muy selectiva. Normalmente, los veinteañeros consiguen un trabajo y a partir de ahí aceptan todo tipo de películas malas: una comedia romántica, un musical, un cameo en una película sobre break-dance. Aún no saben quiénes son, así que se creen que pueden hacer de todo. Pero ella ha sido muy específica en cuanto a lo que ha querido hacer”, explica Foster. Después de Los juegos del hambre, Lawrence estrenará una comedia negra titulada The silver linings playbook , dirigida por David O. Russell. Interpreta a la chica en la que se fija Bradley Cooper (Resacón en Las Vegas). “Fue un papel muy buscado”, señala Cooper de un papel que tuvo como candidatas a Blake Lively, Kirsten Dunst, Rooney Mara y Anne Hathaway. “Llamé a Jennifer y tuvimos una charla maravillosa y lasciva. Pensé que era perfecta”, recuerda. Disfrutaron tanto trabajando juntos que ya han firmado para aparecer en otra película, cuyo rodaje empieza en breve en Praga. “Ya conozco una palabra en checo: Pivo, que significa cerveza”, asegura Lawrence.
La actriz sabe que su vida está a punto de cambiar de manera radical. “He empezado a sufrir ansiedad y me pongo a limpiar como una loca. Y todo este asunto de los paparazzi no ha hecho más que comenzar. Hace poco aparecieron unas 25 fotografías de Nick y yo jugando al baloncesto, y me dije: ‘Jennifer, vas a tener que maquillarte antes de ir a jugar, porque sales horrible”, cuenta. Recientemente también se le acercó un fan que había recorrido casi 500 kilómetros y se había comprado un billete de avión con la esperanza de encontrársela. “Sé que parezco un loco”, le dijo el fan. “Desde luego que lo pareces, pero aquí tienes tus fotos”, respondió ella.
Probablemente un día se hartará. Sin embargo, por ahora, todavía le da vértigo pensar en lo cerca que está la fama, no dándose cuenta de que ya es famosa. Tomemos de ejemplo su siguiente proyecto, Silver Linings, en la cual comparte cartel con Robert de Niro. En el último día del rodaje, quería pedirle un autógrafo para su padre, pero no sabía cómo hacerlo. “Estaba en mi caravana, de los nervios, no quería molestarle”, recuerda. Llevaba un rato ahí metida, preocupada, pensando qué hacer, cuando de repente llamaron a la puerta. Era la asistente de De Niro. “Me preguntó: ‘¿te importaría firmarle un par de cosas a Bob?”, recuerda.
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01.04.2013
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