Para sacar el nuevo disco se ha retirado un año a su casa y ha dejado de dar conciertos. Doce meses más tarde ha vuelto con las canciones. Y justo entonces nos lo cuenta en exclusiva. Así es Fito.
'Rolling Stone’ ha quedado con él en un hotel de la Gran Vía madrileña en pleno agosto. Lleva dos días hablando de su nuevo disco, Antes de que cuente diez, que es también el título de una canción que seguramente ya has escuchado. En medio de una apretada agenda promocional, Fito para el reloj para ‘RS’. Enciende un cigarro –Marlboro Light, sólo fuma dos en casi dos horas–, pide un refresco, se acomoda su celebérrima gorra y abre los ojos hasta salírseles de las cuencas. “En serio, es la verdad”, expresa con su lenguaje gestual. Y uno no puede hacer otra cosa más que creerle.
En el momento de esta entrevista sólo tenías seis canciones acabadas. Me he quedado con las ganas de escuchar la versión que aparece en este disco, Todo a cien, de La Cabra Mecánica.
Siguiendo la tradición de mis discos anteriores, me mola meter una versión. Es una canción que me ha tenido obsesionado desde hace tiempo. A la primera escucha la letra ya se me quedó casi grabada. En un instrumental que hacíamos en concierto me dio por cantar una estrofa de Todo a cien. Luego Lichis [de La Cabra Mecánica] abandonó su oficina de mana- gement y se vino a en la que estoy yo y lo último es que nos vamos a ir juntos para muchos bolos.
Vuestras carreras tienen algún paralelismo: alcanzasteis el éxito en vuestras etapas personales más convulsas.
Si, llámalo así [Risas]. Pero Lichis me gana, él es mucho más canalla que yo.
¿Ves aquella fase de tu vida con distancia?
Si me pongo a pensar en ciertas formas de vivir, me entra pereza. Creo que es más una cuestión de salud que de ilusión. Los excesos me sentaban fatal.
¿Y por qué los has sustituido?
Tratas de ordenar tu vida de otra forma. Si me sentase bien yo estaría drogado todo el día, pero mi cuerpo ya no me responde, al día siguiente no funciono. La edad también te calma un poco. Ya no salgo por la noche porque sé que no me va a pasar nada interesante. Ahora estoy mucho más a gusto en casa, con mi familia y los amigos tomando una copa, que por ahí de mambo.
Dices que prefieres tomar una copa en casa; ¿no lo habías dejado en seco?
En seco no se puede dejar nada [Risas]. Al principio sí que hay que parar del todo, pero luego puedes ir aprendiendo.
Lo primero que se te oye en el disco es reflexionar sobre las “ventajas de hacerse viejo”?
No sé si es resignación, pero me pareció una buena manera de empezar el disco. Cuando estás empezando tienes tantas ganas de demostrar lo quevales que consumes mucha energía. Hay un credo que tienes que cumplir ante los demás y eso es estresante. Ahora he llegado a un punto en el que puedo escribir sin disimular, no me importa quedar mal. Si aparezco como un superhéroe o como un villano ya me da igual, lo que me importa es la canción.
Tú no has cambiado nada físicamente en todo este tiempo, te conservas igual que en la época de Platero y Tú.
A mí eso me pasa con Ariel [Rot]. Cuando él estaba en Tequila yo era un niño, pero un niño de que me cagaba encima. Lleva la hostia tocando la guitarra en bandas y ahí está, igual que siempre. Con Santiago Auserón pasa también lo mismo.
Además de sobre la edad, hablas mucho en tus canciones de las oportunidades perdidas, como en la nueva 14 vidas son dos gatos.
Cuando hablo de las oportunidades perdidas intento que sea desde un punto de vista anecdótico, sin pesimismo ni melancolía. Todo lo que me ha salido mal me ha llevado hasta aquí. Si hubiera sido buen estudiante, no habría estado en una banda de rock. Si no me hubiera separado de mi primera mujer, no hubiera conocido a la segunda. Si no hubiera roto treinta bandas, no estaría con la actual.
¿Te pones retos o esperas simplemente a que surjan? Por ejemplo, ya has reventado el Palacio de Deportes un montón de veces; ¿te planteas intentarlo en el Vicente Calderón?
Me gusta que sucedan esas cosas, llenar dos veces un sitio que el año pasado llené una, pero a día de hoy me planteo los proyectos de gira que yo puedo controlar: mejorar las condiciones de los conciertos, por ejemplo. Tengo otros retos, pero no ése. Quiero hacer una gira de noviembre a mayo y parar en verano; que cada uno se saque sus chancletas y haga entonces lo que quiera, yo paso de hacer rock and roll en verano, da asco. Me apetece entrar en sitios pequeños en los que llevo tiempo sin tocar. Con Andrés [Calamaro], cuando fuimos por Sudamérica, hicimos algunos conciertos los Fitipaldis por nuestra cuenta, para 300 personas como mucho. No nos conocía nadie. A la tercera canción se rompió el ampli del bajo y no pasó nada, lo resolvimos sin más. En la gira con Andrés habrían venido cinco tíos con la NASA y helicópteros para arreglarlo.
¿Cuál es la anécdota de la gira con Calamaro que más has contado a tus colegas?
Una gira con Andrés da para muchas historias. Mi favorita fue en Chile. Estábamos en una sala bastante grande. Salimos a tocar los Fitipaldis primero y nadie nos hacía caso. Toda la gente estaba de espaldas porque había empezado una pelea y la gente prefería ver las hostias a nosotros.
Hablas como ‘Fitipaldi’. En este disco hay muchos espacios para la banda y en el single las guitarras tienen más protagonismo que tú. ¿No tenías uno más claro para las radiofórmulas?
La batalla por los singles, en mi sello la han dado por perdida. Al final elijo la que resume el disco, no la más directa o la que tiene partes más pegadizas. Los singles eran para las radios y ya no funcionan como deberían. Prefieren pinchar Soldadito marinero mil veces antes que una nueva. Ya no hay una radio que quiere defender a muerte una canción.
¿No escuchas ya la radio?
Pues muy poco, informativos y casi nada más. Se habla mucho de la publicidad en la televisión, pero en la radio me resulta mucho más molesta.
¿Y usas Spotify?
No, no sé usarlo. Tengo la impresión de que es como tener hambre y que te pongan delante la carta del mejor restaurante del mundo, no sabría qué elegir, me perdería. Colegas más jóvenes tienen en sus ‘cacharros’ las discografías completas de cuarenta bandas míticas. No van a tener tiempo de escucharlo en su vida, pero ahí lo tienen.
¿Qué lees? La última vez que te entrevistó ‘RS’ confesaste que comprabas revistas de coches.
Sigo haciéndolo. Si estoy de gira, compro incluso más, en las paradas en las áreas de servicio. Las revistas de coches al fin y al cabo son como las de guitarras: las mismas cosas pero con distinto nombre.
¿Y qué coches tienes ahora?
Tengo un Land Rover, si es que luego no me compro ninguno. Mi chica tiene un Audi A3 pequeñito y luego tenemos también una Harley Davidson.
¿Con las guitarras te pasa algo parecido, que tienes que ser racional para no acabar con cien mil en casa?
Bueno, es que ya tengo unas cien mil [Risas]. Compro muchas que sé que no voy a tocar luego, pero necesito probarlas. Las guitarras que suenan bien son las antiguas, las de los sesenta, que son caras pero no hay nada parecido.
¿Qué tal duermes? En este disco hablas mucho de dormir y de los sueños.
Sí, debo de tener algún trauma oculto, porque duermo bastante bien. Debe quedar algo de mi etapa anfetamínica, en la que dormir era sinónimo de perder el tiempo. Si te acuestas todos los días es que estás siendo ordenado, haciendo las cosas bien.
Tu novia es psicóloga y estos últimos años has estado yendo a terapia...
Sigo, no lo he dejado. Ella ya no ejerce, pero aunque lo hiciera la psicología no vale en casa.
¿Cómo os conocisteis?
En un festival en Alcoy, el Mediátic, en 2004. Fue amor a primera vista. Había salido de la clínica, me acababa de divorciar y no quería una relación seria ni de coña, nada de compromisos. Cuanto más fuerte lo dices más te tienes que callar luego, pero bueno... Bajé de la furgoneta, la vi y me lancé a abrazarla.
¿Y se dejó?
Qué va, me costó un montón convencerla. Además ella vivía en Valencia y yo en Bilbao. Nos pasamos mucho tiempo hablando por teléfono, como si fuéramos críos de 10 años. Un lío. Luego acabó viniéndose a vivir conmigo a Bilbao y así estamos.
Durante tu ausencia ha habido un cambio histórico de gobierno en Euskadi. ¿Tienes alguna opinión al respecto o te da igual?
Siempre he dicho que la política es una mierda, así de sencillo. Este cambio me da igual. Estoy por principios en contra de quien esté en el poder. A mí el que me manda siempre me va a caer peor, no sé muy bien cómo explicarlo. A Patxi López le vi en YouTube cantando Soldadito Marinero hace algún tiempo. Parecía que se lo estaban pasando bien. Mola. Vivo en Guernica y el día que se invistió a Patxi como lehendakari el ambiente me pareció muy cutre. Había ikurriñas con crespones negros. No creo tanto en los partidos como en algunos políticos en concreto.
¿Como quiénes?
El alcalde Azkuna, de Bilbao, creo que es un gran alcalde. Es del PNV, le conozco bastante y está preocupado por su ciudad. Eso no quiere decir que el PNV me guste, sólo que me gusta él.
¿Votaste en las últimas Elecciones Europeas?
No, sólo he votado una vez en mi vida. Fue para echar al PP en las primeras elecciones que ganó Zapatero. Voté a IU. Volvíamos de un concierto y fui de empalmada a buscar mi colegio electoral, que ni sabía cuál era.
A muchos músicos vascos se les ha obligado a posicionarse ideológicamente; a Fermín Muguruza por ejemplo. ¿A ti también?
Tengo muchos amigos que han dejado de ser contratados porque se creía que apoyaban a HB. Yo mismo lo he sentido alguna vez en mis carnes.
¿Con Platero y tú?
No, con los Fitipaldis. Hubo una manifestación contra el cierre del periódico Gara. Yo estaba de bolo pero salió un artículo en el que se decía que yo había acudido a la manifestación. Y resultaba que era otro Fito. Al poco empezaron a llamar a mi oficina para cancelar conciertos que ya estaban contratados.
Decías hasta ese momento: “Sólo soy un camarero que se compró una guitarra eléctrica”.
No he querido nunca perder ese punto de entusiasta. La música no tiene ninguna importancia.
Foto: Diego Martínez
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01.04.2013
El grupo es el ganador de la VI edición del Termómetro RS
