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Esperanza Aguirre, la política punk

[ACTUALIZACIÓN] Esta semana, la Presidenta de la Comunidad de Madrid soltó la bomba: deja la política. Por ello, recuperamos este retrato en negro de la lideresa de mentón alto y tachuelas en la chupa Gucci, imparable, triunfadora y amiga de la ‘pedrá’ verbal. Por Quico Alsedo

20.09.2012 | 18 comentarios
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Esperanza Aguirre, la política punk

Ilustración de Esperanza Aguirre de Luis Díez.

[ACTUALIZACIÓN]: Coincidiendo con la dimisión de Esperanza Aguirre como Presidenta de la Comunidad de Madrid, rescatamos este incisivo retrato.

[TEXTO ORIGINAL]: "Presidenta, mire, hay un periodista aquí que tiene unas preguntas...”. Esperanza Aguirre se da la vuelta, echa una mirada de soslayo al móvil y escupe, sin interrogaciones: “Qué”. No hay duda, es la de la tele: ojos pintados con aerosol, rostro sin botox electoral, pelazo liberal... Me aturullo, le doy al rec y, para empatizar, intento amar la libertad tanto como ella siquiera por un momento. Infructuosamente: “Qué”, repite, y se me queda mirando. Aquí viene la condesa punk. Espe calling. Saco el capote.

Cada vez que hay elecciones, una anécdota describe como pocas el fascinante macarrismo de Esperanza Aguirre (59 años), no tan Margaret Thatcher como, en realidad, Sid Vicious en versión castiza. Sucede, aseguran vecinos suyos en el barrio de Malasaña, el más puramente rockero de Madrid, cuando Esperanza va a votar a su colegio electoral, en la plaza del Dos de Mayo, “cuyas fiestas, por cierto, se cargó el Partido Popular (PP) porque a ella le parecían muy ruidosas”, gruñe un vecino. Y continúa relatando este ciudadano de Malasaña: “La escena es como sigue: Aguirre desembarca con su séquito de guardaespaldas y a su entrada siempre hay un coro de mujeres mayores, del barrio de toda la vida, que le gritan. No insultos: le dicen ‘fascista’ y cosas así. ¿Crees que ella se achanta? ¿Tú qué crees que hace?”. Pues no sé, ¿poner cristianamente la otra mejilla? “Para nada. Les dice a las señoras, sonriendo entre dientes: ‘A que jode que gane, a que jode, ¿eh?”.

Pablo Carbonell tiene la culpa, que le dio promoción con El rincón de Espe, una sección que se inventó en Caiga Quien Caiga. Ocurrió que ella confundió a Saramago con Sara Mago, un bulo tan falso como imbatible. Pensábamos que era poco culta, pero de eso nada.  “Jeta”, según un dirigente sindical. “Una política de raza”, concede un redactor de un periódico enemigo. “Una bruja”, dice un periodista cercano de otro medio de izquierda, “pero una bruja muy lista y con mucha gracia”.

Este es un retrato en blanco, pero sobre todo en negro, de la lideresa de mentón alto y tachuelas en la chupa Gucci, con más lengua que el cantante de Kiss, más amiga de la pedrá verbal que Robe Iniesta y del disfraz que Lady Gaga. Una “maleducada”, según un trabajador de la Comunidad de Madrid que preside, pero una maleducada, si acaso, experta en ganar elecciones –al menos desde que, ejem, perdiera las primeras frente a PSOE e IU y las ganara en la prórroga.

Un paseo íntimo y a quemarropa por la vida y milagros de, facha o no, una tipa “con agallas” –concede un responsable sindical que prefiere no identificarse– que ha conseguido que los poderes bailen a sus faldas (de Zara) y los electores adoren su voz de institutriz Rottenmeier.

¿Tú crees que se me ven las bragas con estos pantalones tan ajustados?”, le soltó Aguirre una vez a una periodista que aporta luz al debate: “El rollo punki de Espe, prepotencia aparte, no es exactamente mala educación. Es una característica muy de la nobleza madrileña, y ojo, no de la burguesía, directamente de la nobleza: son chabacanos, nobles pero chabacanos".

Por ejemplo, no es inhabitual, según otra periodista, que la presidenta regional departa acerca de las bondades y/o maldades del tanga (sí, tanga) con quien caiga a su lado: “No le gusta nada, lo odia, la pone enferma”.

Nieta de condes y sobrina del poeta Jaime Gil de Biedma –con cuyo recuerdo tiene una relación conflictiva, se asegura en círculos literarios–, un hombre juega un papel fundamental en su vida. Iba de su mano en octubre de 2003, cuando, saliendo ambos de la sede del Partido Popular (PP) en la calle Génova, la noche que ella ganó la repetición de las elecciones regionales, un testigo presencial escuchó a Fernando Ramírez de Haro, conde de Murillo y a la sazón su marido, decirle a su esposa: “Ay, Esperanza, espero que sea la última vez que te presentes, porque me vas a matar a sustos”.

Así que punk, sí, pero noblepunk. Tal vez de ahí su anglofilia, que se empeña en subrayar sacando pecho en público de su inglés –no tan bueno como su entorno pregona, como se pudo comprobar el mes pasado en un acto con la New York University–. Quizás de ahí su gusto por el golf –hándicap cinco, mira que se habrá pateado el club Puerta de Hierro–. Y qué decir de ese puro que se fuma de vez en cuando después de alguna buena comilona, y que le da un rollo cheli-Churchill.

Varios periodistas jóvenes pudieron comprobar el paquete completo en una comida con ella hace unos años. Al llegar a la sede del Gobierno regional, invitados por la propia Aguirre, “antes de sentarnos en la mesa la vimos echada en un sofá cuan larga era, en la habitación de al lado. Decía que le dolía mucho la cabeza, que tenía jaqueca, que luego nos acompañaría”.

“Hacia el final de la surrealista comida apareció, dijo que ya se sentía mejor”, continúa esta fuente que prefiere no identificarse. Entonces Aguirre hizo gala de una memoria prodigiosa. “Se sabía nuestras vidas de pe a pa”. Un dato que remarcan sus colaboradores: “Se sabe hasta el último nombre”. Pero también le ha jugado no pocas malas pasadas. Por ejemplo, cuando resucitó a la escritora Dulce Chacón preguntándole a su madre qué tal estaba -en la tumba-, o cuando firmó en el libro de condolencias del poeta Gastón Baquero y cascó el apellido, tracatrón, con uve. La anécdota de Sara Mago, apócrifa, hizo la misma labor que Pablo Carbonell en Caiga Quien Caiga: contribuyó a humanizar y a tomar por inútil a un cerebrín (tercera en la oposición a alta funcionaria de Turismo) que, al final, tiene o bien en palmitas o bien cogidos y atemorizados a los 90.000 militantes del PP en Madrid, Gallardón incluido.

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Espe, una chulapa muy 'popular' en las fiestas madrileñas de 2007 (Foto: El País).

Pues bien, en esas estaba Esperanza intimando con el populacho periodístico en aquella comida, cuando va y se saca su acostumbrado puro de la manga. Golpe de efecto. Alguien le recuerda que en sede institucional ya entonces no estaba permitido fumar: “¡Ah, pero aquí yo dejo fumar a todo el mundo, ji ji ji!”, respondió, y fue toda su enseñanza neoliberal.

Pero no nos desviemos de la escena. Aguirre está frente a mí. Temblorosas mis canillas. Me arranco: “Esperanza, unas preguntillas sobre música”, digo tragando saliva. Me mira de arriba abajo. Otra mirada al móvil. Se pronuncia.

– ¿Sobre música? No, yo es que los tipo test, no.

– No es tipo test, es más a desarrollar. ¿Qué música le gusta a Esperanza Aguirre? ¿Tiene algún gusto que toque con... lo rockero?

– ¿Con lo rockero? Pues... No, la verdad, no.

No: exactamente la palabra que más temen sus propios consejeros, hartos de que les cambie todo, por sistema, en el último minuto.

Habla un colaborador suyo de la Comunidad de Madrid: “Son míticas, pero míticas, sus broncas a los consejeros en medio de las presentaciones, con la prensa delante, y cómo cambia proyectos in situ... Además, con un mal humor importante. Igual te cambia un alicatado de una construcción porque le apetece, a veces sin saber qué está haciendo... Tendrá sus virtudes, pero es la típica mandona en plan vieja guardia, del rollo de Aznar. Y muy taquera, muy taquera”.

No por nada su lema es “delégalo todo, menos la supervisión”, como se cuenta en la biografía escrita por Virginia Drake. Otra anécdota ilustra su obsesión por el control: su entorno controla directamente a todos los responsables de prensa de cada uno de los consejeros, que consideran infiltrados a sus propios ayudantes de comunicación, afirma alguien de dentro: “Los consejeros creen que sus jefes de prensa están ahí para que la jefa sepa qué hacen y qué no. Les ven como espías”.

Nada se interpone en su camino. Se recuerda por ejemplo la presentación de una ampliación de metro que echó abajo, “sin convencer con sus explicaciones después de que todo estuviera estudiado y requeteestudiado”, asegura una fuente próxima. O, sin ir más lejos, la pasada Noche de los Libros de este mayo. “¡Pero si esto coincide con el Madrid-Barça! ¡Es absurdo! Espero que los organizadores cambien las fechas”, dijo delante de todos, en rueda de prensa. Los organizadores: su propia consejería, después de que la Casa Real eligiera fecha. Pero, a ella, plin. El repentismo es su arma de destrucción masiva favorita. Un destacado dirigente sindical que prefiere el anonimato ofrece un retrato de primera mano: “Teníamos una reunión con ella y con varios de sus consejeros, estábamos gente de varios sindicatos, de UGT, de Comisiones Obreras, hubo que preparar la reunión con varias semanas de antelación... Y llega ella, se sienta, y lo primero que dice es: ‘Bueno, y esto, ¿para qué es?’. La democracia la entiende a su forma: yo mando, yo gobierno, yo decido. Yo, su parte supuestamente simpática, no la conozco”.

Es tan dura en el cuerpo a cuerpo que a los sindicatos los tiene de medianamente a bastante aterrorizados. Por ejemplo, en una central sindical tenían la seria sospecha hace dos meses de que, si no la habían colado para su operación de cáncer de mama, al menos no se habían seguido “los cauces como si se tratara de un ciudadano cualquiera” –desde la propia Fundación Jiménez Díaz, donde se la operó, se filtraban mensajes equívocos–. Pasaron palabra: los mismos sindicatos que le acusan todos los días de chanchullos en la sanidad no lo denunciaron en público. “No se entendería y vendría a por nosotros”, admitía un sindicalista.

En fin, yo -glups- intento no acobardarme. Observo sus ojillos. Hay que buscar un nuevo flanco. Lanzo otro envite.

– ¿Esperanza Aguirre tiene algo de... punki?

– “¡No! ¡Dios me libre! ¡En absoluto!”, responde, y empieza a darme la espalda.

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Marcándose unos bailes con Joaquín Sabina (Foto: El País).

Pero en Malasaña tienen otra opinión. Concretamente en un conocido café de la plaza del Dos de Mayo. Domingo, 25 de mayo de 2003. Aguirre acude a votar a su colegio electoral, el Pi y Maragall, y después, para pasmo de la concurrencia, se va directa al local, bien conocido por su militancia izquierdista. La entonces aún candidata se sienta en una mesa, rodeada por su frufrú de guardaespaldas. “Y, claro, se le queda todo el mundo mirando”, cuenta un testigo que estaba allí.

El aire se corta con un cuchillo cuando la propia dueña del garito, que estaba en la barra, se le acerca. Aguirre va a pedir algo cuando recibe, zas, la bofetada verbal: “Disculpe, señora, pero en este local no servimos a fascistas. Salga, por favor”. “Esperanza se quedó congelada”, cuentan en el negocio. Muy dignamente, Aguirre se levanta y ahueca el ala. “Desde entonces, siempre que hay elecciones no abrimos el bar hasta que ella vota y se va. Porque al salir del colegio, con toda la gente, o saludándola o diciéndole de todo menos guapa, se queda parada 15 minutos delante del café con sus guardaespaldas, en plan retador, como para provocar”, aseguran en el establecimiento. Y se quejan de constantes inspecciones de la Policía. “Pero también es verdad que en Malasaña las inspecciones son constantes”, apuntan, “y no dependen de la Comunidad, sino del Ayuntamiento de su archienemigo/compañero Gallardón”.

La casa de los Aguirre, un bello palacete de tres plantas -con un parquímetro plantificado casi en la puerta, quizá cortesía de su némesis gallardoniana-, es epicentro de la rumorología del barrio. La calle es de sentido único, pero los vecinos aseguran: “Cuando vienen los coches oficiales a buscarla, entran por cualquiera de los dos lados, les da lo mismo en dirección prohibida que no”.

Una anciana que vive en el lugar, y que además curiosamente se llama Libertad, es famosa por negarse a quitarse de en medio cuando los agentes no respetan el sentido. “Al menos una vez ha obligado a Espe a salir marcha atrás... Los guardaespaldas salen del coche a intentar echarla a un lado y ella les espeta: ‘¿Vais a pegar a una vieja?’, y ni se aparta”, cuenta un vecino.

Es habitual, no obstante, ver a Aguirre conduciendo su Polo rojo por la zona. Hace poco más de dos meses tuvo un pequeño choque con otro vehículo y contaba: “Me apeo del coche y, cuando se baja el del otro lado, resulta que es un latino, creo que venezolano. En cuanto me vio el pobre no sabía dónde meterse. Se quedó asustado... La culpa no había sido suya, pero sólo decía: ‘Perdón, perdón, perdón”.

Muy mouriñistamente, se lee cada mañana la prensa de cabo a rabo escrutando todo lo que se dice de ella. “Y te puede enviar un mensaje directo a la mandíbula a las ocho de la mañana”, cuenta un periodista. “Ahora, ojo con lo que le contestas, porque lo mismo está en una comida y se lo enseña a todo el mundo sólo para echarse una risas: ‘Anda, mira lo que me escribe este”.

La prensa es clave en su balance de control –baste ver el oasis de libertad de Telemadrid–. Un alto cargo de un diario madrileño no salía de su asombro cuando, el día en que su medio publicaba una historia que le buscaba las cosquillas, Aguirre le envió un sms: “Y luego querréis que os dé televisiones”.

Históricas fueron sus broncas por temas de infraestructuras con Magdalena Álvarez, ex ministra de Fomento: “Quería verme colgada del palo mayor”, todavía contaba Aguirre hace poco en los corros del acto de la New York University, jornada que aprovechó para presumir de liberal.

“¿Liberalismo? El liberalismo de sus huevos, lo que quiere es favorecer a sus amigos ricos”, decía hace tres años un agente forestal madrileño. Aguirre se sacó de la manga entonces una norma que les impedía entrar a inspeccionar las fincas, y ellos estaban convencidos de que era “para favorecer a su gente, a su entorno, que son todos terratenientes y que poseen media Sierra, al igual que su marido”. Aguirre sacó los dientes aquellos días contra los forestales, a quienes se les iba a pedir un porrón de permisos para poder entrar en cada finca a controlar un simple fuego o a cuidar de una especie protegida. De la trifulca queda una frase que la define, y que refieren quienes negociaron entonces: “En su casa, cada uno puede hacer lo que le pete. ¡Faltaría más!”.

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En al rueda de prensa después de venir de la India, con sus famosos calcetines (Foto: El País).

Más que de lenguaraz, lo que le gusta es presumir de indiscreta: “En algunas comidas le he escuchado hacer comentarios sobre ex ministros de Aznar, de qué hacían y qué dejaban de hacer”, dice otro periodista. “Le encanta ir de sincera por la vida, y en realidad lo es: ese eslogan de derecha sin complejos es como si lo hubieran acuñado para ella”.

No extraña, pues, que Gürtel sea para Aguirre “una tontería”, por más que haya noqueado a un consejero tan afín a ella como Alberto López Viejo que, sigue este mismo periodista, “casi le hacía hasta de segurata: recuerdo un mitin hace años en un pueblo de Madrid, Arganda del Rey, en el que alguien se levantó de entre el público y se puso a intentar romper el acto a gritos... Pues nada, entre López Viejo, que iba con un pinganillo como de portero de discoteca, y otro, lo agarraron y lo sacaron de allí en volandas”.

Aguirre va de frente, es un tren de mercancías político. Para lo bueno y para lo malo. Para parte de la ciudadanía es natural como el yogur.  El fotógrafo Alberto Cuéllar estuvo haciéndole fotos toda una jornada: “Nos pusimos a hablar de fútbol y se enrolló tanto que estuvimos rajando del Madrid y el Barça como si fuéramos colegas de toda la vida”. Porque es lógico que Aguirre coseche halagos en la patronal -“es muy honesta, muy trabajadora y muy fiel a sus convicciones y sus amigos”, dice Arturo Fernández, puntal de los empresarios madrileños-, pero no tanto que lo haga en campo contrario: “Hay que admitir que es muy franca: te dice lo que piensa, no tiene doblez”, admite David Lucas, del PSOE.  De algún modo, necesidad y virtud se dan la mano en ella, tal y como lo cuenta Paco Naranjo, secretario de Comunicación de Comisiones Obreras de Madrid, que también ve cosas positivas: “Lo mejor de ella es la frescura, que se cree lo que dice y lo que hace... Pero lo peor es la improvisación, que va a un lado o a otro dependiendo de por dónde le dé el viento”.

Cuenta otra anécdota Alfredo Grimaldos, crítico referencial de flamenco en España y látigo de Aguirre en un libro, La lideresa, que la presenta como una mujer mentirosa y feudal.

Grimaldos: “El prólogo del libro me lo hizo Moncho Alpuente, que curiosamente la conoce desde hace muchos años porque viven en la misma calle... Por cierto, que hay una anécdota muy buena, muy de condesa, que contaba Moncho de cuando tomaban copas juntos a mediados de los ochenta por la zona. Un día acabaron ella y su marido en el ático de Moncho, y al rato Esperanza le dice al conde: ‘Ay, tendríamos que ir a ver cómo están los niños [tienen dos]’. Él, Moncho, les dice: ‘Hombre, igual podéis llamar por teléfono, ¿no?’. Y ella, como desorientada, salta: ‘Ah, pero, ¿aquí arriba también tenéis teléfono?”.

El otro detalle define la nula falta de complejos, pero también la cintura made in Aguirre. “Moncho se fue a la presentación del libro de Grimaldos sin móvil, y cuando volvió tenía un montón de llamadas de El País, donde escribe. Llama y le dicen: ‘Oye, que ha telefoneado Aguirre varias veces, que quiere hablar contigo, ha dicho que la llames a cualquier hora del día o de la noche’. Le pega un telefonazo y Aguirre le dice: ‘Moncho, que ya he visto que has escrito un prólogo muy bonito para el libro de este... Grimaldos. Este es crítico de flamenco también, ¿no? Oye, que nada, felicidades por el prólogo, ¿eh? Que lo he leído y está muy bien. Ah, y a Grimaldos felicítale, y dile que me he leído el libro y que, bueno, excepto algunas inexactitudes, lo que cuenta es verdad’. O sea, yo la ponía a parir y ella encantada. ¡Si es que le da todo igual!”, cuenta Grimaldos. ¿Puede existir mayor síntesis del noblepunk?

Si todos coinciden en que su entorno tiembla cada vez que abre la boca, habrá que convenir que están temblando todo el día, porque lo que no hace es cerrarla. Como cuando dijo en televisión el conocido adagio de que “Franco era socialista”. “Como parece que va de broma, de jijí, jajá, no sabes si te está hablando en serio o no”, dice otro sindicalista que ha negociado con ella.

Da igual el ámbito: Aguirre es esa persona que, en medio de la plaza de Las Ventas, sale el torero y dice bien alto, para que la oiga todo el tendido: “Uy, vaya pantalones verdes que lleva este”, y suelta una risita sardónica, cuenta un testigo presencial. La reina de los micrófonos abiertos de improviso. “Fue la leche cuando dijo aquello de ‘el hijoputa’ [referido presuntamente a Gallardón], nos quedamos todos flipados, todos sabíamos a quién se refería”, dice alguien de la propia Comunidad.

Y llegamos al desenlace de nuestro fugaz (todo lo es en esta vida) encuentro con Aguirre. ¿Qué sucederá? ¿Le lograré sacar alguna gema para solaz del lector, ya a estas alturas enamorado de ella? ¿Podría caernos por contra una consejería de Música Pop, un retiro dorado en forma de poltrona? ¿Y si resulta que le caigo en gracia y la saco un Ministerio? ¡Recta esa espalda! ¡Dignidad! ¡Valor!

– Uh, eh... Mmmm...

– Bueno, ¡qué!, ¡que me tengo que ir ya!

– Pues... Esto... ¿Qué música escucha Esperanza Aguirre? -apenas me sale un hilillo de voz-.

– De todo, de todo... Me gusta mucho el country, el flamenco...

– Ya, pero ¿y el rock? Yo pensaba que, por su relación con Inglaterra... Los Beatles, por ejemplo...

– Pero ¡hombre! ¡¿qué les llamas a los Beatles?! ¡¿Rock?!

– Bueno, yo...

– ¡No, hombre, no!

– No se enfade, mujer...

– Rock no, hombre, ¡para mí los Beatles son música clásica!

– ¿Y los... Rolling? –apunto achicado, como hundido, soy un enano–.

– A mí me gustan los Beatles y los Rolling  y todos, ¡¡pero lo que no me gusta es el pum-pum-pum ese!!

– Bueno, bueno, vale...

¿Vale? ¿Te he contestado ya? -asiento tímidamente y se da la vuelta-. Si es que no le llamo yo rock a eso... -y enlaza con otro tema mientras sale de escena-. Bueno, ¡y vaya robo ayer con el Barça! ¡He hablado con Florentino y está destrozado!

Comentarios

Alex León
05.11.2011 | 06:24
Alex León

Espe es tan transparente como sus calcetines blancos... Que yo sepa, aún está por aclarar el gasto del dinero que se ha recortado a la educación pública de Madrid. Literalmente, "unos 80 millones de euros empleados para otras obras sociales", según su comunicado oficial a los centros educativos. Menos huevos y más humildad Sr. Presidenta, que los que levantaremos el país somos los estudiantes., y usted no hace más que ponernos obstaculos para poder pensar por nosotros mismos.

uy que punk aguirre
12.10.2011 | 17:25
uy que punk aguirre

Que punk es aguirre,..madre mia¡¡ rolling stone es la prensa rosa del mundillo musical, para la proxima vez un reportaje, por ejemplo, de que punk es la nieta de franco.

Sabina eres tonto
30.09.2011 | 01:30
Sabina eres tonto

¡QUÉ HIPÓCRITA DE MIERDA QUE ES JOAQUÍN SABINA!. TANTA DEFENSA DEL PUEBLO,TANTO ROLLO OBRERO Y ROJO,¡Y LUEGO BAILANDO CON ESPERANZA AGUIRRE!.¡MANDA HUEVOS!

No a los recortes en educación
30.09.2011 | 01:24
No a los recortes en educación

Esperanza Aguirre es una fascista como la copa de un pino.¿No veis todo lo que está haciendo?,lo último que se le ha ocurrido hacer es recortes en educación. En mi instituto han tenido que echar a once profesores,se han suprimido las tutorías,las clases de apoyo,los grupos flexibles de Lengua,Matemáticas e Inglés,y muchas más cosas. Todos estos recortes lo que hacen es que disminuya increíblemente la calidad en la educación.Estrategias que se usan para que la población sea inculta y paleta,y así manipularla. ¿Eso es fascismo o no es fascismo?.Sí,lo es .Y todo esto gracias a Esperancita.

incultos tu madre
29.09.2011 | 20:40
incultos tu madre

Mira tio eres un idiota que no sabe de lo que habla... Como que transparencia y su gestion, vives con los ojos cerrados y los oidos tapados y la unica informacion que recibes es de Intereconomia. Si no sabes lo que es la corrupcion te callas porque claro Gurtel no es corrupcion no?? lo que eres es un bocazas y lo que quieres es que españa se hunda, me pones enfermo...

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