Justo el día después de que representantes de todos los estamentos del mundo de la música presentaran públicamente un manifiesto pidiendo a los parlamentarios tomar medidas para proteger su obra; apenas horas después de que los internautas respondieran a este acto colgando en la red un texto para exigir que Internet funcione de forma libre de forma que sólo la Justicia decida el cierre de una web, Rolling Stone juntó a cuatro destacados miembros de los cuatro principales partidos políticos con notorio buen gusto musical. Eduardo Madina (PSOE), Nacho Uriarte (PP), Carles Campuzano (CiU) y Joseba Agirretxea (PNV) se reunieron en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Se debatió, por supuesto, la polémica por la difusión de la música en internet, pero sobre todo allí se hablo de rock.
La polémica estaba servida, pero se trataba de debatir si, más allá de ideologías, allí estaban reunidos cuatro amantes del rock. Madina señalaba nada más iniciar la conversación que ambas partes deben cambiar sus posiciones maximalistas, “porque si no, el gobierno no intermediará en una guerra que no es la suya”. Uriarte aprovechó para recordar que había artistas en el manifiesto, “que han hecho daño a la política, posicionándose en su día a favor de Zapatero”. Entre otros, señaló a Bosé. Carles Campuzano, de CiU, apuntaba que Loquillo “fue icono del PSC mucho tiempo”. Y Agirretxea explicó su consideración de que no es lo mismo bajarse música que robar un disco en un centro comercial....
En fin, que había por delante un largo camino hasta lograr el consenso... Ojeando algunos ejemplares recientes de Rolling Stone –por supuesto, el especial sobre los gustos musicales del Congreso fue el más comentado– comenzamos la conversación con el tema más candente del día como telón de fondo.
¿Cómo liamos la pipa de la paz entre músicos e internautas?
Eduardo Madina: Está claro que hay una guerra y nadie tiene la razón absoluta. Por eso, ambas partes deben modificar sus planteamientos. Los derechos de autor, defendidos al cien por cien, no pueden suponer la prohibición del libre acceso a la cultura. Tampoco la libertad en internet puede significar barra libre respecto a la autoría. Así que, el gobierno puede mediar o ni siquiera aceptar intermediación en una guerra que no es la suya, porque los términos de esta pugna están mal enfocados.
Nacho Uriarte: No sé cuál es la solución, pero lo evidente es que el canon fue un parche. También es verdad que hay que hacer algo para proteger la propiedad intelectual. Habrá que sentar a todos los agentes implicados.
Carles Campuzano: Falta conciencia de la dimensión industrial de la cultura, de que cuando pagamos por una obra estamos también pagando hasta al conductor que traslada a un artista. Ahora bien, la red ha transformado de forma radical nuestra relación con la música y hay que encontrar una fórmula imaginativa como solución.
Joseba Agirretxea: No es lo mismo intercambiar música que lucrarse. Antes siempre nos pasába- mos las cintas y nos las grabábamos, claro que no es lo mismo que hacer un millón de copias y venderlas en el Rastro, pero tampoco es igual que robar un disco en El Corte Inglés. No podemos aplicar fórmulas antiguas a problemas nuevos, sin ser permisivos al cien por cien.
Si hay que escuchar a las partes, ¿deberían ir de una vez los músicos al Congreso?
Campuzano: Si viene un músico al Congreso de los Diputados, igual tiene más repercusión que si viene un experto, pero no creo que pueda aportar alguna cosa con más merito de lo que aportemos los políticos. La cultura de las ‘celebrities’ fomenta la vacuidad y la banalidad. A veces se les atribuye valor a sus opiniones en cosas en las que no tienen ni idea...
Madina: Exacto. Se les puede escuchar, sin sobredimensionar su opinión. El gobierno debe oír a todas las partes, aunque no tiene por qué ser una estrella, puede ser cualquier representante de los derechos de autor.
Agirretxea: Que venga todo el que tenga que venir, aunque no es sinónimo de darles la razón.
Uriarte: Eso es, pueden venir al Congreso, aunque no por el simple hecho de ser populares. Seguramente un compositor tendrá más que decir que uno de Operación Triunfo...
¿Creéis que los músicos deben tomar partido?
Uriarte: Me sorprendió ver en el manifiesto a gente que ha hecho daño a la política por escorarse a un lado. Hay declaraciones en la carrera de Miguel Bosé que no han facilitado el entendimiento o la búsqueda de soluciones. Algunos cantantes olvidan la responsabilidad que tienen a la hora de transmitir sus ideas a la sociedad.
Madina: No estoy de acuerdo. Hablamos de artistas que se han mojado en momentos comprometidos, como la guerra de Irak.
Agirretxea: La mezcla entre músicos y política no es nueva. En Euskadi, por ejemplo, la música ha estado politizada mucho tiempo.
Campuzano: Mi conciencia social, y creo que la de mucha gente, va muy ligada a la música. También es cierto que los músicos siempre han movido a más jóvenes que la política.
¿A vosotros la música os ayudó a encontrar vuestra vocación política?
Campuzano: En Catalunya, la nova canço tuvo una influencia brutal. La escuchábamos hasta en la escuela de pequeñitos. Campanades a morts, de Lluis Llach, nos marcó. Hicimos hasta una representación en el colegio. El sentimiento de catalanidad está muy vinculado a músicos como él. Ahora mismo, en España, no veo músicos que representen una causa justa, que movilicen gente como lo hizo Dylan.
Agirretxea: Mi actividad política surge de un entorno sociocultural ligado al mundo euskaldun. Con grupos como Itoiz, Errobi... ¡Grandes referentes! Eso sí, pueden ir por lados distintos los gustos musicales y políticos. Bruce Springsteen, por ejemplo, tiene letras sobre la clase obrera, los desarraigados... que yo me las creo. Aunque el Boss no viva del salario social, nunca ha renegado de esa procedencia. En cambio, cuando era joven me creía todo el rollo de Bono y ahora le he perdido la pista.
Madina: En mi adolescencia me di cuenta de que a través de la música se podía reivindicar algo. Oía a grupos como Kortatu, Eskorbuto... Pasados los 15 años, vi que muchas de las cosas que contaban estaban alejadas de mí.
Uriarte: La música que oyes te va creando un sentimiento social, que luego despierta una conciencia política. Aunque sea del PP, con 15 ó 16 años escuchaba a Ismael Serrano, a Silvio Rodríguez...
¿Hasta qué punto van ligados vuestros primeros gustos musicales y políticos?
Madina: Yo tuve dos líneas de influencia. Por un lado el rock radical vasco, y luego la música británica, como Joy Division o The Cure. Agirretxea: A mí el rock radical me pilló más mayor. Me han gustado muchos grupos como Hertzainak, pero era muy difícil ‘ser’ al mismo tiempo de Itoiz y de La Polla Records.
Campuzano: Recuerdo la fuerza de L’Estaca, como símbolo de lucha contra el franquismo que perduró. Luego hubo algún verano de los 90 en el que vi casi diez veces en directo a grupos como Sopa de Cabra. Aunque en eso hubo razones añadidas...
Uriarte: Yo tuve hasta un grupo en el que hacíamos versiones de bandas como Los Secretos...
Entonces, ¿hablamos con políticos con una buena formación musical?
Uriarte: Bueno, uno de los mayores errores en mi vida fue que en el colegio nos dieron a elegir entre guitarra y judo... y elegí el kimono. Pero sí, tuve un grupo de cuatro amigos, que actuábamos en El Búho Real de Madrid una vez al mes, y hacíamos también versiones de Antonio Vega, Paco Bello... Yo cantaba y hacía la percusión, con la caja flamenca, unos bongós... Pronto, cuando deje Nuevas Generaciones, haremos un concierto ‘remember’ de despedida.
Madina: Llegué a hacer todos los acordes con la guitarra española, pero no pasé del nivel de canciones de campamento. Me gustaría tocar el piano, pero es muy difícil.
Campuzano: No tengo sentido del ritmo y canto fatal. No llegué más allá de la coral de mi pueblo y de la flauta dulce en la escuela.
Aguirretxea: De niño estudié solfeo y toqué el txistu. Luego, la caja en la banda de Ondarroa, y llegué a tener un grupo, Suharri, donde tocaba la batería. Duró seis meses. Hicimos un solo concierto...
Si fuerais profesionales, ¿os quejaríais de falta de infraestructuras para tocar?
Madina: Ahora, la mayoría de los músicos sacan el dinero del directo, no con la venta de discos. Por eso, es una pena que haya menos conciertos y que se esté perdiendo la cultura de club, de bar pequeño en el que cada día se hacen actuaciones.
Campuzano: Hay hipersensibilidad de los vecinos con el tema del ruido, sin darse cuenta de que vivir en una ciudad también es eso. La gente joven sale y no es ahora más follonera que antes, pero el concejal de turno no duda en ponerse del lado de los vecinos.
Uriarte: Los dueños de los locales tienen que hablar más con el concejal de Medio Ambiente que con el de Cultura. Se está adaptando mal la normativa del ruido. En Madrid se pierden las actuaciones en bares pequeños y las salas están perseguidas. Espero que Gallardón sepa ponerle remedio cuanto antes.
Agirretxea: Sólo en los 80, sin salir de Euskadi, vi a todos los mejores grupos heavies, como Judas Priest, AC/DC, Scorpions, Saxon, Whitesnake... Ahora no se programan tantos conciertos. Aunque he podido ver a Bob Dylan, al Boss, a U2, a los Rolling...
¿Os habéis quedado con ganas de ver algún directo? ¿Asignaturas pendientes?
Agirretxea: De los grandes sólo me queda por ver a Madonna.
Uriarte: No me puedo morir sin ver a Joaquín Sabina en concierto. También me ha dado rabia no ver a Alejandro Sanz en sus actuaciones teatrales de Madrid. Y me gustaría ver a Bon Jovi en un teatro, en Londres, pero la entrada vale mil euros o algo así...
Madina: Yo en Londres querría ver a The Cure, en su salsa, en el ambiente británico. En España me gustaría un directo de Tom Waits y me duele no haber visto a los Ramones en Portugalete, cuando tenía 12 ó 13 años.
Campuzano: Ahora quiero ver a Woody Allen en Barcelona, pero más como un fetiche. Y me gustaría ver a Manel con Antònia Font.
¿Y qué os parece la situación actual del rock español? ¿Qué ofrece y qué hace falta?
Madina: España sigue en su aislamiento histórico. En los 80 luchó por equipararse con el panorama internacional, y en los 90 se consiguió, pero no veo ahora a ningún grupo español influyente internacionalmente. En cambio, hay bandas interesantes que no salen, como We Are Standard.
Agirretxea: Hay grupos como Ken Zazpi que son una especie de Coldplay a lo vasco. Y salen grupos en Madrid como Vetusta Morla, que tienen una canción como Copenhague que es perfecta.
Campuzano: La acusación que se hacía al rock catalán era que se había hecho con subvención, pero hoy en día encuentras de casi todo expresado en nuestra lengua: Manel, Anna Roig, La Brigada...
Madina: Tenéis que oír Els Amics de Les Arts.
¿Qué opinais del ‘asunto Loquillo’? ¿Hace bien en airear sus cuitas con el nacionalismo?
Campuzano: Loquillo se ganó muy bien la vida siendo icono de los socialistas catalanes mucho tiempo. Pero sigue siendo querido en Barcelona.
Uriarte: En cambio, hay artistas que tienen sus preferencias políticas y no las dicen; hay algunos que apoyan a Rajoy, muchos incluso han tenido reuniones con él, pero prefieren ocultarlo. No quieren problemas...
Foto: Gianfranco Tripodo
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