La semana pasada comprobamos que el primer recuerdo de la infancia que tiene Jorque Ilegal es de cuando era bebé; que Ana Torroja tenía unos bañadores muy monos y que Iván Ferreiro cantaba rancheras de pequeño. Fue en la primera parte de este reportaje. Hoy hacemos la segunda y tenemos nuevos invitados. Este era el aspecto de un puñado de conocidos artistas patrios cuando aún no habían mudado todos los dientes.

1. Annie B. Sweet y su empeño en no leer en alto en clase.
La malagueña está a punto de publicar nuevo disco Oh monsters –será el 23 de abril- y ha querido compartir esta fotografía hecha en la casa donde vivió hasta los 14 años. “Creo que ahí tengo 4 años”, cuenta ella, “y me la hizo mi madre antes de ir a la función de Navidad en el colegio. Pienso en lo rápido que pasa el tiempo. Luego pienso ‘mira, ahí estaba sin preocupaciones, feliz, jugando en casa’. Era Navidad, pero también me encantaba el verano, porque podía ir a la playa. Me entristece ver fotos de cuando era pequeña”. La cantante también ha compartido su primer recuerdo de la infancia. “Tengo muchos: jugar con mis hermanos a los coches y escuchar la música que ellos me ponían; escuchar a mi madre cantar mientras yo jugaba, hacerle actuaciones a mi madre y a mi abuela; los paseos nocturnos en el 4x4 de mi padre por el río o los viajes en coche, donde no podía hacer mucho más que imaginarme historias donde todo era ideal mientras miraba por la ventana. Sonaba alguna cinta de Lole y Manuel, Triana, Luz Casal, Cecilia, Los Módulos... De pequeña era buena y tímida. En clase pasaba desapercibida, me sentaba donde me tocaba y era bastante calladita. Cuando peor lo pasaba era cuando me pedían leer en alto. Pocas veces lo consiguieron, no me gustaba llamar la atención", concluye Annie B. Sweet.

2. La Bien Querida. Indie desde pequeña.
“Esta foto me la hicieron en Fuenterrabía (Hondarribia), que hace frontera con Francia. Me gustaba mucho ir para ver los barcos de los pescadores”, cuenta Ana Fernández-Villaverde, más conocida como La Bien Querida, que curiosamente está ahora esperando su primer hijo. “Al ver esa foto me acuerdo del norte, del jersey azul que llevaba y de como mi madre me insistía mucho para que me cortara el pelo y yo quería llevarlo largo. Tengo muchos recuerdos buenos de la infancia, pero es curioso como los más antiguos son malos, me acuerdo de las broncas que me echaba mi madre”. De pequeña dicen que era más bien buena: “Era muy introvertida e independiente. Me entretenía sola. Era una estudiante malísima, no me interesaba nada salvo el dibujo y la gimnasia, donde sacaba siempre sobresalientes. De adolescente fui a un internado y cambié. Empecé a estudiar mucho y a sacar muy buenas notas, lo pasé muy bien en el internado. Allí fui feliz”.

3. Noni López, de Lori Meyers. Recuerdos mermados por el THC.
“No recuero muy bien cuándo me hicieron la foto. Pero percibo que soy yo y veo que en la tarta hay dos velas, así que será mi segundo cumpleaños. Cuando veo la foto ahora me doy cuenta de que tengo un pelín de sobrepeso, pero el peinado sigue siendo el mismo a la par que mi afición por el dulce. No me acuerdo de mucho de esa edad: recuerdo algunos juguetes que luego vi en fotos, pero son flashes muy mermados por el THC [compuesto químico del hachís o la marihuana]”, relata Noni. Aunque sí recuerda los viajes a la playa: “También a algún camping. Bañarme en el mar con mi padre y la rutina de los domingos de la ducha y preparar los libros en la mochila. También recuerdo ir a algún partido con mi padre, que era, junto a unos amigos, dueño de un equipo local de Loja llamado San Francisco”. En el colegio, el cantante de Lori Meyers no dio muchos problemas. Lo detalla: “Era mas bien tranquilo y siempre sacaba Bien o Notable sin esforzarme en exceso. Éramos unos cuantos amigos así, pero luego empezó a gustarme la música y estropeé mi futuro. En el instituto me desmadré”.

4. Christina Rosenvinge. Le tiraban de las coletas.
Tal y como recordaba hace unos meses en ROLLING STONE, a Christina sus hermanos solían tirarle de las coletas. “Soy la pequeña de cuatro”, explicó. “Y la más enclenque. Desde pequeña tuve que hacerme respetar. Era el blanco de todos los ataques y tengo un hermano mayor con el que siempre estaba midiéndome. De ahí salió mi lado más reivindicativo”.

5. Axel Pi, batería de Sidonie. El “empollón”.
Axel no recuerda nada de la foto, era demasiado pequeño, pero sí le han contado cosas: “Se trataba de una sesión que mi padrino, que era fotógrafo, me hizo en su casa (Barcelona). Sin duda, se trata de la primera sesión fotográfica de mi vida. Por aquel entonces, ni yo ni nadie imaginábamos que en un futuro asistiría a tantas y tantas sesiones en las que, delante del objetivo, llegaría a perfeccionar esa mirada resultona, acompañada de ese ligero movimiento hacia abajo del mentón, que ya se intuye en esta fotografía. Yo, a esta imagen, la llamo mi primer ejercicio de la ‘mirada de manual’. Por lo visto, mi madre estaba conmigo, mientras mi padrino disparaba con cariño y sensibilidad su preciosa cámara Minolta. Lo primero que pienso al ver la foto es que yo, a este niño, le pellizcaría compulsivamente esos mofletes. Y que a esa edad apuntaba mejores maneras físicas y estéticas de las que al fin he llegado a atesorar al convertirme en adulto”. Axel tiene una imagen clara de su primer recuerdo de la infancia. “Se construye con una imagen en la que estoy en la falda de mi abuela paterna (quien fallecería al cabo de un año), recibiendo un regalo que nunca olvidaría. Se trataba de un tanque de hojalata, precioso y sin pilas. Luego, pasados treinta años, mi padre recuperaría en un anticuario de Barcelona para regalármelo de nuevo como si fuese mi abuela (su madre), quien me lo entregaba desde el lugar donde residen las personas queridas”. Axel también tiene que reconocer una cosa importante: "Voy a ser claro. Sin titubeos y sin vergüenza alguna: yo fui un empollón, de los que se sentaban en segunda fila (la primera se reservaba a los de la misma calaña pero con la dosis freak y pelota añadida) y de los que, en clase, levantaban la mano para preguntar, contradecir y dudar de todo constantemente y de forma casi cansina".

6. Guille Mostaza, de Ellos. Visitas al psicólogo y testículos como melones, pero en pequeño.
La foto está tomada en Dumai, Indonesia, en 1983, donde por el trabajo de su padre –dinamitero- estuvo viviendo Guille Mostaza (Ellos). Lo recuerda: "Me pasaba el día con poca ropa porque siempre hacía calor. Se puede ver que me faltan dos dientes, los perdí jugando con un amigo, y tengo cicatrices, de cuando me metía a lo loco en la selva y me daba por subirme a los árboles. Siempre llegaba a casa con heridas. Al ver la foto pienso en lo bien que lo pasé los tres años que viví allí, en lo que comía, en la música que oía mi madre -que era básicamente Boney M, Abba y John Denver-, en que nunca hacía frío. Una vez fuimos a Singapur de vacaciones y allí vi la máquina de Pac-Man. Aquello fue toda una experiencia. Creo que es una de las épocas más felices de mi vida: aquellos tres años al otro lado del mundo”. Aunque la voz de Ellos tiene otro primer recuerdo de la infancia: “Fue cuando vivía en aquel país que ya no existe llamado Yugoslavia. Ir desnudo al salón, donde estaban mis padres con visita, y mientras me cojo un testículo con los dedos preguntarle a mi padre que qué era ese bulto. "Un melón pero en pequeñito" me dijo mi padre. Tendría unos dos o tres años. Me llamó la atención que todos se riesen tanto. Al poco tiempo me operaron y pasé una semana en un hospital rollo soviético, de aquello también me acuerdo mucho. Allí siempre hacía frío”. Más allá de los testículos Guille reconoce que era un estudiante “extremadamente tímido”. “Me costaba hablar con cualquiera que no fuese mi padre o mi madre, me costaba mucho dormir por las noches y me pasaba despierto hasta altas horas, me llevaron a psicólogos por aquello. También era un freak absoluto cuyos mejores amigos eran la plastilina, el Tente y los ordenadores. No estudiaba nunca, pero siempre acababa aprobando. Procuraba sentarme siempre en la última fila, y si era posible en la esquina, por aquello de estar a mi bola y que me dejasen tranquilo”.

7. Carlos Jean. De Primera Comunión.
Aquí lo vemos listo para recibir la Primera Comunión, pero Carlos Jean recuerda que de pequeño no era ningún santo. “Cuando tenía dos años metí la mano en el hueco del ascensor de casa y casi la pierdo”, explica en el libro recientemente publicado El Plan B. “De aquello me quedó una cicatriz en el brazo, que no me he querido operar. Me han ofrecido hacerme cirugía, pero no quiero. Es mía”. Nacido en el seno de una familia de militares, fue su tío Alejandro el que le prendió la llama musical. “Él era punki, e iba por ahí con su cresta, para disgusto de mi abuelo”, dice Jean.

8. Rosendo Mercado. Y su prima Mari Pili.
La foto está tomada cuando el jefe del rock urbano en España tenía tres o cuatro años. Junto a él está su prima Mari Pili. La simpática foto sería años después la portada de su disco Deja que les diga que no, publicado en 1991.

9. Jero Romero, ex Sunday Drivers. En Conquista.
Jero, que a finales de 2011 publicó su primer disco en solitario, Cabeza de león, recuerda que la foto se la hicieron en casa de sus abuelos. “Allí íbamos todos los veranos y es un pueblecito que se llama Conquista. Al verla lo primero que pienso es lo mucho que me ha soportado mi hermana”. También le preguntamos cómo era de pequeño. ¿Bueno, gamberro, mal o buen estudiante? “De todo eso a ratos”, responde.

10. Virginia Labuat. Con cinco años.
“La foto está tomada en Pozuelo (Córdoba), en casa de mis tíos”, recuerda la cantante, “Debía ser primavera o verano. Yo llevaba puesta una camiseta que me encantaba con un dibujo del pájaro loco. Mi primo Carlos era entonces de fotógrafo y me tocó a mi posar. Lo hice encantada y me divertí un montón. Es una foto entrañable”. Continúa: “Era una ricura. Esas gafotas que no contaban aún con una buena nariz que las sujetara. Esos dientes de ratón, los mofletes, el gesto, no sé...es mi foto favorita. Algún día la sacaré como portada de un disco”. Virginia tiene muchos recuerdos claros de su infancia. “Cuando [su amiga] Ángela y yo nos cortábamos el pelo con las tijeras de hacer manualidades; de la madre Carmen del colegio de La presentación, en Linares (Jaén) [donde nació], de los veranos en la casa de La Cruz y los largos paseos en bicicleta y mis múltiples heridas en las piernas. Recuerdo también el cine de verano que había en el Paseo de Linarejos, en Linares y sus sillas incómodas pero a la vez acogedoras”. Ella misma admite que de pequeña era “un personaje”. “Mi madre dice que era buena, obediente y formal. Así fue hasta que cumplí los 15 años. Luego me hice una gamberrilla descarada”, confiesa.
Rosenvinge la más guapa!!!
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