Foto: Una de las pancartas mostradas en Madrid durante la pasada manifestación del 15 de octubre.
A punto de llegar al primer aniversario del movimiento que prometía cambiar el mundo, el 15-M (llamado así por la fecha en que los ciudadanos tomaron las calles: el 15 de mayo de 2011), ha sonado un fuerte crac, el de la plataforma Democracia Real Ya, unos de los más activos impulsores del movimiento que fue capaz de emocionar, remover conciencias y canalizar la indignación de gran parte de la población española durante el pasado año. El ruido, el crac, corresponde a una fractura en las filas de la plataforma, que llegó a su cima el pasado 29 de abril, durante una de sus asamblea en Leganés (Madrid).
De allí salieron dos grupos enfrentados. Por un lado, los que defienden que se mantenga el sistema asambleario utilizado hasta ahora para protestar: una persona/un voto, decisiones acordadas a mano alzada, mejorar la realidad desde su base. Por otro lado, están los rebeldes, los disidentes o reformistas, que quieren dar un paso más y establecerse jurídicamente para concretar acciones, en aras de lograr una mayor efectividad. ¿Recibiría acaso el Parlamento a un grupo de indignados sin personalidad jurídica propia? Y, si al 15-M no le interesa integrarse en el Parlamento, ¿es remotamente posible alterar las cosas desde fuera de las cosas?
Los llamados “rebeldes”, expulsados de la plataforma que ellos mismos fundaron, se han organizado en Facebook bajo el nombre de Asociación DRY (Democracia Real Ya) y acusan a la original Democracia Real Ya, que se ha quedado con la cuenta de Twitter, de haberse convertido en “un cúmulo de camarillas y grupitos en el que deciden apenas 250 personas, cuando hace un año sacamos a millones a la calle”. Ellos mismos, los expulsados, aseguran que con la constitución de una asociación (ahí residiría su personalidad jurídica) pretenden convertir todo esto en algo operativo y no tardar tres meses en emitir alguna opinión por culpa de la lentitud y la dificultad del proceso asambleario. Los otros, la original Democracia Real Ya, acusa a DRY de presentarse como la salvación del movimiento “al estilo del Caudillo”, explica Chema Ruiz, de 38 años, uno de los portavoces. “Es una jugada oportunista para erigirse como líderes saltándose las bases”.
Una de las grandes críticas que durante este año se le ha hecho al movimiento 15-M es la poca concreción sobre sus propuestas. Sí, las había: reforma de la Ley electoral, lucha contra la corrupción, consulta mediante referéndum de los rescates a la banca, separación efectiva de los poderes públicos… Y acciones como las de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, que se ha mostrado poderosa y rotunda en sus fines. Pero muchos opinan que es insuficiente, que la spanish revolution se ha desdibujado entre asambleas y escasos resultados, que todo fue, sólo, una efímera fantasía.
Pablo Gallego, de 24 años, es uno de los fundadores de Democracia Real Ya junto a Fabio Gándara, y ahora rebelde en la Asociación DRY. Tiene un blog: Manifiesto Juventud. Asegura que han recibido amenazas e insultos por su disidencia. “La revolución islandesa está triunfando porque toca pocos puntos y concretiza”, explica. “Aquí hemos abarcado demasiadas cosas. Desde los problemas derivados de los derechos de autor hasta el cambio de la Ley Electoral. Eso tiene una explicación: nos vimos con tanta fuerza que fuimos a por todas, creyendo que estábamos en el Mayo Francés y se iba a conseguir todo. En Democracia Real Ya se está pecando de buen rollo. Necesitamos concretar más y la Asociación DRY es una herramienta más que pondría solución a ciertos errores”.
En lugar unir, la nueva asociación ha creado una importante fractura. “En lo que no estamos de acuerdo nosotros es en cómo se ha hecho”, explica Chema Ruiz, de Democracia Real Ya. “Hubo una asamblea estatal que había desestimado la creación de una asociación. Y aun así, se ha montado esa asociación. Ha sido una falta de respeto el apropiarse una marca, jugando con el trabajo que ha hecho mucha gente. Es antidemocrático. Y la repercusión mediática de este enfrentamiento ha hecho que se ensucie este movimiento, que va más allá de la plataforma llamada Democracia Real Ya. Es una puñeta. El tema termina salpicando y generando desconfianza”. Ruiz reconoce errores. Los mismos curiosamente que destacan los rebeldes: “Hay carencias importantes, como la falta de coordinación, al haber tantos grupos. Ese es un asunto a resolver. Porque a veces no se concreta”.
Del estancamiento se ha escabullido la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), donde sí ha habido acuerdo y acción. Este año, ya se han frenado decenas de desalojos (en Madrid, 70), garantizando el calor de un techo a personas que, al no poder hacer frente a los pagos de su hipoteca, iban a ser expulsados a la calle por su entidad bancaria. ¿Ha frenado esto el fuego cruzado entre los principales actores del 15-M? Ni mucho menos. En el meollo la batalla se alza Carlos Paredes, de 32 años, que trabaja en una tienda de informática y es uno de los fundadores de Democracia Real Ya. “Esto es una vergüenza y estoy abochornado con el comportamiento de los dos bandos. Estamos reproduciendo todos los vicios que se supone que debemos combatir”, cuenta desde un tren de cercanías de Madrid. “El 15-M sirvió para que el mundo mirase con ilusión a este proyecto y ahora nos encontramos en una pugna de patio de colegio que ha difuminado los problemas de fondo -ahora más graves que antes- y que no lleva a ningún lado”.
El periodista Ignacio Escolar, que ha seguido de cerca todo el proceso, piensa que el 15-M es mucho más amplio y que la fractura de Democracia Real Ya no supone su fracaso. “Juzgar el 15-M por lo que pasa en las asambleas es un error”, explica. “Lo cierto es que se ha generado un tejido de conexión de gente con ganas de hacer cosas nuevas. Y eso sigue activo. El 15-M ha provocado autoestima en la sociedad”.
“Lo que les ha pasado era de esperar”, cuenta Ramón Cotarelo, politólogo, profesor de la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) y autor del blog Palinuro. “Han tropezado con un problema grave: con sólo reflexionar no hacen nada. Necesitan algo para avanzar. Pero el propio grupo se ha encontrado con la cerrada negativa de institucionalización. En esta división, lógica por otro lado, algunos, parece que sin mala intención, han tenido la voluntad de hacer algo más, pero se han encontrado con la oposición desde dentro. Están en un callejón sin salida”.
“El 15-M existe. Tienen fuerza y apoyo social, pero no son eficaces”, continúa Cotarelo. “Vivimos en una época de enorme desencanto, afección y desengaño, y la democracia no ha sabido proteger a la gente de esta estafa que se llama crisis. El problema es que, por su propia manera de ser, no quiere pervertirse y entrar en unas instituciones que están podridas. Pero la gente, en realidad, quiere saber cómo se remedia el problema. Y en eso el movimiento no tiene nada que ofrecer”.
"La gente quiere saber cómo se remedia el problema. Y en eso, el 15-M no tiene nada que ofrecer. Tienen fuerza y apoyo social, pero no son eficaces", Ramón Cotarelo (politólogo)
En el reportaje de ROLLING STONE publicado en el mes de julio de 2011 señalábamos la necesidad de un líder para encabezar la revolución. “Rechazan la figura del líder, como todo lo que huela a jerarquía. Se niegan a constituirse como partido político y se agarran con actitud leonina a la horizontalidad”, escribíamos. No han cambiado. Sin embargo, surgen serias dudas sobre si el 15-M sigue siendo una revolución.
“Es la pregunta del millón”, cuenta el indignado Carlos Paredes. “No sé si se trata de una revolución, pero sí de una evolución”. Chema Ruiz, de Democracia Real Ya, piensa que se ha conseguido que “los políticos hayan girado la cabeza. Pero éste es un proceso que va a tardar mucho”.
“La revolución ya no significa nada”, reflexiona el profesor Cotarelo. “Hasta las empresas comerciales hablan de revolución. Un coche, dicen, puede ser revolucionario. El problema con las revoluciones es que, seamos sinceros, si son de verdad y se busca un cambio profundo en la sociedad, hay que cortar cabezas. Y éste es un movimiento pacífico. El problema lo van a tener ahora, cuando el Gobierno empiece a bofetadas. El movimiento no tiene protección legal ante la actividad represora de este Gobierno que ve las protestas sólo como un problema de orden público”. “Llamarlo revolución me parece excesivo”, explica, por su parte, Ignacio Escolar. “Con todos mis respetos, el movimiento 15-M ha influido en la sociedad, pero no la ha transformado”.
Enrique Dans es profesor de Sistemas de Información en Instituto de Empresa Business School y creador, junto a otro grupos de influyentes mentes de la Red, de la plataforma #nolesvotes, que no tiene actividad actualmente. “Se creó para crear conciencia sobre el sistema de representación. Nadie esperaba que esto cambiase de la noche a la mañana, pero sí provocar un ruido de fondo que demostrase el problema que hay de desconexión entre la gente y los políticos”. Enrique cree que al 15-M sí se le puede llamar 'revolución’. “La gente se dio cuenta de que la cosa tenía cuerpo y se puede llegar a la calle con fuerza. El 15-M enroca directamente con la primavera árabe. Y muchos políticos se han percatado de muchas cosas. Aunque el sistema tiene una inercia enorme y es capaz de fagocitarlo”.
¿Por dónde hace entonces aguas el movimiento? ¿Por qué, 12 meses después, nos seguimos sintiendo débiles y devorados por el hambriento monstruo financiero? Actualmente, Enrique Dans no se siente especialmente vinculado al movimiento. “Es cierto que tuvo una capacidad de reflexión importante. Pero en la práctica el modo asambleario no funcionó. Por muchas razones, porque había muchos infiltrados, porque había gente que se oponía a todo, o por la misma complejidad del asunto. Yo cuando vi que de algunas asambleas se expulsó a periodistas, empecé a no sentirme cómodo”. Chema Ruiz tiene otra opinión: “El nivel de militancia ha bajado mucho. En parte, es comprensible, porque el hombre es vago por naturaleza, pero lo cierto es que el movimiento sigue removiendo conciencias”.
Quizá la no creación de un partido político ha hecho que mucha gente, completamente de acuerdo con el movimiento 15 -M, no sepa a dónde agarrarse. Democracia Real Ya no es una opción electoral. “No se trata de volver a cometer los mismos errores”, argumenta su integrante Carlos Paredes, “sino crear un lobby de presión ciudadana con independencia del color político de cada uno”.
Los que se han quedado en la original Democracia Real Ya lo siguen teniendo claro: “Ser asindicales y apolíticos no significa ser antitodo”, explica Chema Ruiz. “Crear un partido político habría sido un error de fondo. Nuestra intención es sustituir la partitocracia [soberanía de los partidos políticos] por una forma democrática de participación ciudadana". Pero los llamados rebeldes de la Asociación DRY difieren: “Habría que estar un poco loco para dar un no rotundo a la constitución como partido”, cuenta Pablo Gallego. “Aunque todavía estamos muy poco maduros”.
“Yo sigo creyendo que los partidos políticos son necesarios”, precisa Ignacio Escolar. “No soy tan ingenuo para creer que un país se puede organizar a través de una asamblea. Pero el papel de montar un partido político, en cualquier caso, no le correspondería a Democracia Real Ya. Quizá otros podrían fundar un partido nuevo”.
Mañana (sábado, 12 de mayo), el 15-M ha llamado a la manifestación en toda España para celebrar su primer aniversario. Veremos en las calles el estado de salud del movimiento. Aquí puedes ver el calendario de las concentraciones. Pablo Gallego, de la Asociación DRY, asistirá a una de ellas, pero con un perfil bajo. "Muy escéptico, porque las movilizaciones no son un fin, sino un medio para conseguir cosas. El asamblearismo no tumbó el capitalismo", argumenta. Chema Ruiz, de Democracia Real Ya, lamenta que el 12-M transcurra en tal clima de división. “Si nosotros generamos los mismos errores que la gente a la que criticamos, mal vamos. Pero nuestra intención, el próximo 12-M, es revitalizar el movimiento”, concluye.
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01.04.2013
El grupo es el ganador de la VI edición del Termómetro RS
