Para ser un buen cantante, ¿hay que saber cantar?

Lori Meyers y Love of Lesbian, el descubridor de Bebe o quien fuera mano derecha de Miguel Ríos, debaten, con otros profesionales, cómo se entona en este país. Todo empezó con una profesora que le leyó la cartilla al ‘indie’ patrio.
Por - 01 de abril de 2011
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Santi Balmes, cantante de Love of Lesbian, tiene nódulos en las cuerdas vocales. Estas pequeñas lesiones fatigan a veces su garganta después de cada concierto. “Me han aconsejado que deje de fumar. Tengo que hacer muchas cosas”, confiesa.  Entre ellas, admite que se encuentra la de adquirir un poco de técnica. “Quizás unas clases me ayuden a resistir mejor los conciertos y las sesiones de grabación”, explica. Pero tiene muy claro que sólo aprenderá lo necesario: “No quiero una técnica muy depurada que se cargue mi personalidad. ¿Que tengo que mejorar la voz? Vale, nunca me ha gustado mi voz. Pero tengo todavía más claro que jamás me pasaré al otro lado, al del mainstream, voces perfectas y prefabricadas… una escuela de morcillas en serie”.

El cantante catalán alude así al resultado que la profesora de canto Marianne Ax adjudicó a su voz en ROLLING STONE: un 4 sobre 10. El veredicto de esta docente al indie español levantó encarnizadas ampollas en la industria musical alternativa y entre sus seguidores. “¿Se atrevería alguien a analizar un cuadro de Picasso ciñiéndose a un análisis meramente pictórico? Es imposible. Pues lo mismo pasa con las voces”, se quejaba un lector en el artículo. El debate de una técnica vocal depurada como requisito para adjudicar a un artista pop la etiqueta de buen cantante es harto complicado. Habría que remontarse a cuestiones filosóficas atávicas (¿qué es bueno?, ¿qué es malo?), para aterrizar en interrogantes más modernos: ¿se le debe entender  a un cantante lo que recita o da exactamente igual?, ¿no es desagradable para todo el mundo escuchar la respiración del intérprete?, ¿Bob Dylan es un ejemplo de cantante diez?, ¿para ser un buen cantante tienes que desafinar? (como aseveran Nacho Vegas y Christina Rosenvinge en Verano fatal).

Noni, vocalista de Lori Meyers, obtuvo un cinco raspado en el juicio de Marianne Ax. “Debería aprender a cantar usando los músculos abdominales”, explicaba la profesora. Él recibe la valoración con una carcajada. “A mí ni siquiera me gustan las voces bien cantadas, sino las melodías increíbles con voces susurrantes”, afirma el granadino. Cuenta que jamás ha asistido a clases de canto ni de guitarra. “Tampoco hago ejercicios vocales antes de  los conciertos. Se trata de transmitir un mensaje y conseguir que llegue a la gente. La técnica puede ayudarte, pero no es indispensable”.

Uno de los puntos de inflexión llegó con el movimiento punk. Del virtuosismo de los setenta, se saltaba a la convicción de que esto de la música se trataba, sobre todo, de una actitud. “Las reglas del juego cambiaron”, diserta Javier Liñán, propietario del sello El Volcán e histórico cazatalentos del rock español. El descubridor de músicos como Bebe o Los Delinqüentes reconoce que alguna vez ha aconsejado a sus artistas la ayuda de un profesor de canto. “Pero no para que afinen mejor, porque se puede transmitir desafinando, sino para que no se destrocen la garganta”, matiza. “Hay determinados cantantes indies que se pueden permitir descuidar su voz. Dan 10 o 12 conciertos al año. No ocurre lo mismo con un cantante profesional que ofrece más de 80 actuaciones en el mismo periodo de tiempo. El amateurismo de cierto sector del indie me parece súper positivo. Es creíble y llega a la gente. Pero no están viviendo de eso”, continúa Liñán. Jorge Arenillas, crítico de ROLLINGSTONE.ES, va un paso más allá: “Nadie discute que las voces que nos enamoran no son las mejores, sino las que más personalidad tienen. ¿Pero no puede ser que el listón haya caído en picado? Una cosa es que no importe y otra hacerlo rematadamente mal”. Responde Jesús Miguel Marcos, periodista musical del diario Público: “De existir un límite a la baja que hemos sobrepasado en el pop español, es en cantantes como Amaia Montero, Chenoa o Marta Sánchez. Parece que cantan bien, pero a mí no me transmiten nada”. Por su parte, Javier Lorbada, director de Sol Música, se resiste a infravalorar la importancia de la técnica vocal: “Claro que hay vocalistas que cantan bien y no me interesan demasiado, como Natalia de OT, pero yo sigo creyendo que un intérprete con buena voz lo tiene mucho más fácil para saltar a la primera división”. El periodista echa el ojo a la escena anglosajona: “No es que en España el nivel de los vocalistas sea bajo, sino que en Gran Bretaña y Estados Unidos hay unas voces increíbles, como el líder de Keane, de Hurts o Brandon Flowers”.

Miguel Ríos, indiscutible cantante en perpetuo estado de gracia de este país, ha practicado siempre una disciplina férrea para mantener a tono su voz. Sesiones con la foniatra para emitir cada vez mejor, puesta en práctica de trucos para controlar los músculos y la respiración, ejercicios de solfeo justo antes de cada actuación… Lo cuenta quien fue su mano derecha durante años, el productor musical Carlos Narea. “La voz es un instrumento y como tal hay que cuidarlo. Son necesarias unas nociones básicas de técnica para mantener una carrera a largo plazo. Cuando empiezas, eres joven y rechazas la técnica. Sólo quieres encerrarte con tu banda en un garaje, fumar y tocar. Debe ser así. Pasado el tiempo, si quieres seguir en esto, no queda otra que recurrir a un foniatra. Es eso o la afonía”, narra Narea. “No se trata de perder el color de tu voz, sino de aprender cosas tan básicas como a no ahogarte mientras cantas”. Lidia García, la foniatra de Miguel Ríos, Andrés Calamaro o Alaska, apoya la teoría de Narea. Y aunque no se considera indispensable para el éxito de un músico (“hay cantantes que venden millones de discos sin haber pisado una clase”), no puede evitar perfilar una tierna sonrisa de satisfacción al contarnos las características de uno de sus últimos alumnos: “Un chavalito de 17 años que tiene un grupo de rock. ‘Quiero cantar cada vez mejor’, me ha dicho”.

En las antípodas de las carreras de Lori Meyers o Love of Lesbian se sitúa Paco Heredia, tenor y director del coro de la ópera del Teatro Cervantes de Málaga. A favor de la técnica vocal aplicada a todos los estilos musicales, se inclina por diferenciar el canto lírico del pop: “En el canto lírico hay menos espacio para la naturalidad. En el pop, la técnica no debe intervenir en la esencia de la voz. Es mucho más natural e influyen otros factores, como la propia imagen”. Heredia apuesta por el equilibrio y recuerda que hasta el icono del pop Madonna recibe clases de canto. ¿Bajo parámetros del canto lírico? “Sólo con la base del lírico. El canto lírico no genera las voces más bellas, seguro, pero nadie puede negar que es pura salud de la voz”.

El músico indie Remate, que se ha formado durante 20 años en materias como canto coral o solfeo clásico, define la técnica como un precioso traje de superhéroe, el más chulo de la historia. Con un pequeño problema: “Que luego te lo enfundes y no seas capaz de volar”. Lo explica: “La técnica es un recurso y habrá gente que la necesite para hacer lo que quiere. Sin embargo, la clave reside en trascender. Norah Jones canta genial, pero no emociona. Su canto se convierte en un mero ejercicio. Leonard Cohen, por el contrario, canta con emoción y su técnica se limita prácticamente a susurrar”. Santi Balmes recurre a otra metáfora, bastante más popular, para defender la belleza de las voces sin técnica: “Nunca me han gustado las tías que parecen modelos. Prefiero que, al menos, tengan una verruga”.

Así, todo indica que es finalmente el oyente quien decide si la carencia de técnica de un intérprete enriquece o empobrece su música. Hay tantas opiniones como canciones. “Me gustan los cantantes que hacen cosas dignas con su voz. Llámenme raro”, ironiza un lector de ROLLING STONE.

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