El negocio del porno casero en España

Una página web española de sexo aficionado puede facturar al año dos millones de euros. Es un género que en nuestro país cuenta con miles de consumidores y actores.
Por - 27 de diciembre de 2011
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El ascensor se abre y la joven y ‘amateur’ actriz porno Victoria Dixon, de 19 años, comienza a caminar. Lleva un vestido corto blanco que permite ver sus voluptuosas piernas y los pies descubiertos encajados en un par de sandalias de verano. Su mirada tiene un cierto halo de despiste, como si en vez de estar sobre la tierra caminara por allá arriba. Son poco más de las once de la noche en la entrada de un hotel madrileño. Dixon ha dedicado el día a grabar unas escenas porno para Arnaldo Chamorro, uno de los productores más representativos del mundo de vídeos caseros para adultos en internet.

Victoria estará poco más de 24 horas en Madrid: al día siguiente, volverá a Almería, donde vive con su madre. La página web de Arnaldo, Fa Kings (www.fakings.com), tiene casi medio millón de visitantes diarios y se ha convertido en una de las más frecuentadas en la Red. Cuando llamamos por teléfono a Victoria, parece buena idea sacarla a la calle y alejarla de los lugares cerrados, donde ha estado prácticamente toda la tarde rodando.

- “Hoy hemos hecho tres escenas”, dice sentándose en una terraza cerca de la estación de Atocha y de su hotel. “En la primera hacía de una estudiante que pone una cámara oculta y se enrolla con el técnico que viene a arreglarle la televisión. En la segunda, estuve yo sola haciendo un striptease y masturbándome; y en la tercera simulamos un casting…”.

- Debes estar muy cansada…

- Estaba cansada, pero ahora ya no.

Aunque se acaba de mudar a Almería con su madre, Victoria Dixon nació en Oviedo. Desde los catorce años ya soñaba con ser una actriz de cine para adultos. Encerrada en su habitación, consumía porno por internet. Cuando cumplió 18 años, lo primero que hizo fue ponerse en contacto con Torbe, un conocido productor y el pionero de cine X amateur en España. Le mandó fotos desnuda, pidiéndole que quería actuar en alguna de sus escenas. Para su sorpresa, poco tiempo después, el productor la llamó para grabar.

De hecho, dos semanas más tarde cogió un tren a Madrid con todos los gastos pagados para, con 18 años recién cumplidos, debutar en el mundo de la pornografía amateur. A partir de ahí, ha seguido grabando escenas de manera frecuente. “¿Sabes?”, comenta Victoria un tanto pensativa: “Cuando me llamaron, pensé que era una broma, que era mentira. ‘Esto no puede ser tan rápido’, pensaba”.

Alrededor del cuello, Victoria Dixon lleva una cadena con un corazón negro que dice ‘Love’, junto a una pequeña llave. Cuando le pregunto en broma si esa llave abre algo, suelta una carcajada. “Esto del porno a mí me encanta, el dinero es aparte”, dice. “Obviamente no lo voy a hacer gratis, pero lo que a mí me interesa es hacer películas y ser reconocida, eso sería lo más. Que la gente me vea en las calles y diga: ‘Ahí va Victoria Dixon, la actriz porno”. En un mes, Victoria ha llegado a cobrar 1.500 euros grabando escenas de sexo, y eso que solo está empezando en el negocio. “Aunque eso depende de cuántas escenas te salgan en un mes”, apunta.

Desde los catorce años ya soñaba con ser una actriz de cine para adultos. Encerrada en su habitación, consumía porno por internet. Victoria Dixon, actriz porno

El día que Victoria Dixon le contó a su madre que quería dedicarse a grabar porno, le soltó una pregunta poco convencional en otras familias: “¿Y a qué esperas?”. “De hecho fue ella quién me puso en contacto con algunos productores”, señala: “Ella siempre me dice que si tuviera mi edad haría lo mismo”.

Cuando nos vamos de bares ya son más de la una de la mañana. Salir de fiesta con una actriz porno puede ser muy divertido, sobre todo cuando los chicos se dejan provocar por sus miradas traviesas y sus gestos pícaros. A ella le encanta. A las tres, el bar ha cerrado. Victoria quiere seguir la fiesta. “Te invito a un cubata”, me dice. Y entra en un bar que aseguran quedará abierto toda la noche.

Apenas han servido la primera copa y ya son varios lo que se acercan a Victoria. Le hablan. Todos, sin excepción, sacan sus teléfonos móviles y apuntan algo que ella les dicta al oído. “Yo nunca les doy mi teléfono, pero sí las páginas donde pueden ver mis vídeos”, comenta. “Me encanta la idea de que luego se vayan a casa, me busquen y se toquen fantaseando conmigo”, agrega sin que el pudor asome a su rostro.

Al día siguiente, arnaldo cita a Rolling Stone a las siete de la tarde en las cercanías del metro Oporto, en Madrid. Anuncia que rodará algunas escenas con una pareja a quienes les encanta grabarse mientras practican sexo. Su casa y oficina está en la primera planta de un edificio a unos pocos minutos del lugar del encuentro. En el 2003,  Arnaldo Chamorro, madrileño de 30 años,  comenzó un blog (www.elarnaldo.com) para colgar las novedades que encontraba en la Red. “Siempre he sido consumidor de porno”, cuenta mientras abre la puerta de la oficina.

A finales de 2004 Arnaldo ganaba casi lo mismo con su blog que con su trabajo de comercial: “Entonces tomé la decisión de dedicarme a internet a tiempo completo”. Así estuvo hasta principios de 2009: “En esa época en internet se ganaba muchísimo dinero”.

“Mi madre siempre me dice que, si tuviera mi edad, haría lo mismo”, dice Victoria, actriz amateur  de 19 años, que suele sacarse unos 1.500 euros al mes grabando porno

Hacia finales de ese año, con la crisis encima, Arnaldo tuvo que tomar una decisión y se puso a producir porno: “Llegué a la conclusión de que este negocio se mueve entre dos mundos. Por un lado, está el porno con tías súper buenas, siliconadas y tíos cachas; por otro, vídeos donde la gente que aparece es más bien normal, algo más convencional”. En el 2010, produjo su primer vídeo para Fa Kings (una mezcla entre dos términos ingleses: fucking, de follar; y king, de rey). En él aparece una pareja aficionada grabando un vídeo porno. Todo de manera casera y sin mostrar los rostros. El vídeo causó revuelo entre los internautas aficionados al tema,  porque manejaba con soltura ese morbo inherente al ver gente corriente manteniendo relaciones sexuales. Desde entonces, Arnaldo produce una media de 5 vídeos a la semana. “Nosotros preferimos sacrificar la técnica audiovisual y grabar con personas no profesionales. Así logramos escenas crudas”, sentencia.

De esta manera, se concluye que el caso de Victoria Dixon no es único. Son varias las chicas que le escriben para grabar con Arnaldo. A las mujeres primerizas se les suele pagar entre 200 y 300 euros por escena; a los chicos, 100. “Es como si los productores se hubieran puesto de acuerdo, porque es muy difícil que paguen más”, dice Victoria, quien un par de semanas después de nuestro primer encuentro acabó dejando Almería para vivir en Madrid, a petición del productor que la desvirgó en el mundo del cine porno. Ahora, también hace webcams eróticas. 

Depende de lo que se les pida, también. “Nosotros tratamos de evitar los montajes”, nos cuenta Arnaldo en su oficina de Madrid, mientras muestra un vídeo de una pareja que realiza un trío por primera vez delante de las cámaras. Según Arnaldo aquella pareja se puso en contacto con él para que los grabara manteniendo relaciones sexuales. En algún momento, el novio le transmitió su inquietud de querer dedicarse al mundo del porno profesionalmente. Cuando Arnaldo le propuso hacer un trío, el chico le respondió: “Eso sólo lo haría con una tía”. “No te preocupes”, respondió acto seguido Arnaldo: “Yo te la consigo”. Con la complicidad de la novia, disfrazaron a un chico de tía y la sentaron en otra habitación de espaldas. Cuando el novio en cuestión se acercó a la supuesta chica, comprobó con no muy grata sorpresa que la morena que había visto de espaldas tenía la barba crecida y pelos en el pecho.

“Si te quieres dedicar al porno, te tienes que acostumbrar a lidiar con todo tipo de situaciones”,  afirma Arnaldo. Y el rodaje continuó con normalidad. Algún actor encuentra problemas para empalmarse: el riesgo existe cuando se trabaja con gente amateur e inexperta.

Los problemas muchas veces no se dan delante de las cámaras, sino detrás, cuando el intercambio y la circulación de las cintas hace que tu rostro ya no sea anónimo. Tras ser reconocidas por algunas personas, las aspirantes a actrices se arrepienten de lo que han hecho. Arnaldo: “Alguna vez me ha llamado alguna chica cabreada o llorando, contándome que la han echado de casa y que quite la escena de circulación. Muchas de ellas no se dan cuenta de la repercusión que puede llegar a tener internet. Creen que es un juego, pero es un negocio”.

“Si te quieres dedicar al porno, te tienes que acostumbrar a lidiar con todo tipo de situaciones”,  afirma Arnaldo.

Tras la charla, ha llegado la hora de ponerse manos a la obra con la pareja de la tarde. Arnaldo coge la cámara, las luces y cierra las puertas del piso madrileño que le hace las veces de centro de operaciones. En el garaje hay un Peugeot color negro mate que se acaba de comprar, que nos llevará hasta la casa de los protagonistas del día. La casa de Arnaldo no queda lejos, en el barrio de Carabanchel, uno de los distritos históricos de la capital con más solera entre la clase obrera. Cuando la puerta se abre, Daniela y Kiko, una pareja de unos 35 años, nos reciben. Ella es rubia, menuda. Cuenta que se acaba de inyectar botox en los labios ese mismo día: “Estoy toda hinchada”, se disculpa. Él es varios centímetros más alto y lleva el pelo largo con raya en medio. Son de Bulgaria y llevan juntos más de ocho años en Madrid. Ésta no es la primera vez que graban escenas para adultos. “Ya lo hemos hecho antes, pero siempre entre nosotros”, confiesan.

Aunque estudió enfermería, Daniela se gana la vida bailando en Mundo Fantástico, un local erótico que está en el centro de Madrid. Comenzó a bailar en 2002, cuando una amiga le presentó a un representante que le dijo que por su figura y su estilo podía irle bien dedicándose al baile erótico.

Kiko es topógrafo, aunque asegura haber hecho un poco de todo. “Desde portero de discoteca, hasta portero de fútbol”, dice entre risas. Prefieren grabar solo entre ellos, pero ella no descarta la posibilidad de incorporar a un chico. “Aunque él no quiere”, dice señalando a su novio.

La habitación en la que nos encontramos tiene una cama grande. Sobre ella hay una manta con rayas de leopardo que cubre el colchón. Cuando las luces están listas,  Arnaldo les explica la escena. Básicamente el guión consiste en detallar una de sus rutinas cotidianas como pareja: grabarse mientras tienen relaciones sexuales. Arnaldo nunca participa en las escenas, ni en los castings. “Yo tengo novia”, asegura: “Trabaja conmigo, se encarga de la parte contable de la empresa”.

Según él, páginas españolas tan visitadas como Fa Kings, Cum Louder o Leche 69 pueden llegar a facturar entre 250.000 y dos millones de euros al año. Claro que en nuestro caso el beneficio hay que dividirlo entre varios gestores de la web”, dice Arnaldo, quien ahora está pensando en sumar más personas al equipo, que ya forman 12 personas: “Algunas  veces, termino hastiado de grabar. Quiero sólo llegar y dirigir, sin tener que preocuparme de organizarlo todo”.

Precisamente, para la mencionada web de Leche 69, Nacho Vidal, quien a sus 37 años está considerado como el mejor actor porno español de todos los tiempos, estuvo rodando escenas en Estados Unidos. Para Vidal el único inconveniente de internet son los piratas y la falta de una regularización “que evite que haya gente lucrándose con el trabajo de otros”. En su experta opinión, “el porno amateur es algo que tiene mucho morbo porque todo el mundo quiere ver a su vecinita follando”. Eso sí, a pesar de que ya no vende la misma cantidad de copias en dvd que antes (de aproximadamente 25.000 al mes se ha pasado a vender apenas 1.000 o 1.500), él seguirá haciendo grandes producciones y nada de cintas amateurs.

Alguna chica llama llorando, contándome que la han echado de casa y que quite la escena de circulación. No se dan cuenta de la repercusión que tiene Internet. Esto no es un juego, sino un negocio”

Rafael fernández tiene 37 años y es escritor. Acaba de publicar un libro, 20 polvos, que varios editores rechazaron. Se lo ha tenido que autoeditar. “El porno amateur lo descubrí en el 2001 cuando salió una página que se llamaba El cornudo vengador”, indica Rafael. Comenzó a colaborar en la industria del porno amateur y descubrió que no todo era de color de rosa. “Muchas chicas lo hacen creyendo que van a ganar un montón de pasta”, señala: “Pero tras la primera vez no las vuelven a llamar. La excusa es sencilla, les dicen que las descargas no han sido las suficientes”. ¿Por qué gusta más lo aficionado que lo profesional? Como aficionado a este género, Rafael responde: “En el porno amateur salen tías normales. No demasiado guapas normalmente. El morbo es mayor porque escuchas las conversaciones de pareja y adviertes la vergüenza en la cara de la chica o la excitación por saber que su novio la está grabando. Percibes miles de pensamientos en sus rostros. El tío que se las folla no es ningún súper hombre musculoso con un rabo que le llega hasta las rodillas. Es un tío como tú”.

Pero volvamos a nuestras coordenadas en un piso de la zona obrera de Madrid. La grabación en la que estamos ahora se ha puesto más caliente y Kiko tiene prácticamente el rostro metido en la parte trasera de su chica. No hay ningún corte, excepto cuando pasados 15 minutos, Arnaldo tiene la impresión de que Kiko va a terminar antes de lo esperado. “No te preocupes”, le tranquiliza a Kiko.

Cuando la escena termina, la habitación parece un horno. En el balcón de la casa, una mujer rubia de unos 50 años fuma un cigarrillo. También es búlgara. Dice que no le molesta que sus compañeros de piso graben escenas porno en su casa. No se le nota muy convencida. “Por eso es que esta tarde no he gritado tanto, para no molestar”, cuenta Daniela, para acto seguido acercarse a una jaula para coger uno de  los dos hámster que hay en el salón. Ya relajados, Arnaldo saca un par de contratos, les pide su documentación vigente y les explica lo que están a punto de firmar. “Es decir”, agrega, “que son mayores de edad, que son conscientes de que se les está grabando una escena de sexo explícito y que me quedo con los derechos en carácter exclusivo para explotarlos en cualquier medio”.

Tras esto, Arnaldo toma una foto a los documentos de identidad de ambos, primero; y luego, otra de ellos delante de una pared junto a la documentación. Arnaldo les paga lo acordado, casi 500 euros. Una hora después, salimos de casa. “Dentro de pocas horas vuelo a Ibiza “, dice: “Es mi cumpleaños y mis amigos han organizado un viaje”.

Jorge y miriam son una joven pareja de Moratalaz, Madrid, que no llega a los 20 años. Él viste con camisa y vaqueros, y ella va bien maquillada. Podrían pasar por una pareja de universitarios. Han quedado en grabar una escena en casa de Alicia Tank y Mario Vicious, pareja de actores y realizadores porno de cierto renombre en el sector.

Alicia y Mario juegan con la estética punk: pelo violeta y afeitado por los lados. Cresta, piercings, tatuajes y botas de cuero sintético terminan de dibujar su imagen. Ellos también viven del porno. Todavía no cuentan con una página web propia. Producen vídeos que luego venden a una distribuidora. “Podemos llegar a sacar entre 3.000 y 4.000 euros al mes”, cuenta Alicia: “Pero tampoco grabamos mucho, vamos a nuestro rollo”. Viven en Móstoles, ciudad dormitorio del sur de Madrid, en un piso de protección oficial. Tres perros, dos gatos y una iguana completan la familia.

Jorge y Miriam han llegado tarde al rodaje. “Se estropeó el GPS”, se excusa él. Ella estudiaba para auxiliar de veterinaria, así que encuentra distracción en las mascotas de la casa. Jorge lleva una gruesa cadena dorada al cuello y cuenta que iba para informático, pero ahora con esto de las grabaciones ya no está tan seguro sobre su vocación. En 2009, decidieron ponerse en contacto con el mismo productor que estrenó a Victoria Dixon en internet y quisieron probar eso de grabarse mientras mantenían relaciones sexuales. Incluso llegaron a crear un blog para presentarse ante sus espectadores.

“Tenemos 18 y 19 años. Estamos en paro, así que contamos con tiempo libre para ponernos delante de una cámara”

“Somos Miriam y Jorge”, decían mirando a cámara: “Tenemos 18 y 19 años. Ahora mismo estamos en paro, así que tenemos mucho tiempo para ponernos delante de una cámara. No hay nada mejor para sobrellevar la época de crisis que follar, y más si te pagan por ello. Así que, fuera vergüenzas y tabúes y a follar… Esperamos que disfrutéis de nuestras aventurillas y nos preguntéis todo lo que queráis saber de nosotros”. Sin más.

“Gracias a eso nos colocamos primeros en descargas y votos en la página web en cuestión”, cuenta Jorge a Rolling Stone con cierto orgullo. Con esos inicios, las ofertas de nuevas productoras no se hicieron esperar. “Si va bien, nos dedicaremos a esto a tiempo completo”, confiesa Jorge.

En la habitación donde se graba la escena hay una gran ventana que da a la calle. Es de noche y en pleno ajetreo se escucha un grito que viene de fuera: “!Dale caña!”. Por el cristal se ve a un grupo de jóvenes que están haciendo botellón alrededor de un coche tuneado y que miran hacia la habitación que está exageradamente más iluminada que el resto del edificio. Alicia cierra las persianas. “Esto te corta el rollo”, dice Mario Vicious antes de seguir.

Cuando terminan con el rodaje los dos aspirantes a actores se quedan desnudos sobre la cama. Están sudorosos y necesitan coger aire antes de ponerse a ver las imágenes a través del visor de la cámara.Mientras le dan una calada a un cigarrillo, Jorge y Miriam discuten sobre un nombre artístico. “Aunque no lo parezca, soy una chica muy tímida”, suelta de repente Miriam: “Si le preguntas a mi madre, te dirá que soy una chica muy tímida”.

 

El pionero del sexo AMATEUR en españa

El bilbaíno natxo torbe es, a sus 41 años, El Rey del Porno ‘Freak’, o como él mismo se define, “un artesano del porno”.

Natxo“Yo no quería estudiar, me parecía un coñazo. Como no estudié en la universidad, mis padres me echaron de casa. Y así tuve que espabilar, porque de repente me vi en la calle. Viví en Mallorca, Logroño, San Sebastián, Barcelona,… Buscaba el sentido a todo esto”. Natxo Torbe echa un poco de filosofía y bastante descaro a sus conclusiones vitales.

Sus contactos con la industria musical española (en 1987, fue el triunfador el concurso de djs de Los 40 Principales en su emisora de San Sebastián), hoy le ayudan para establecer una comparativa interesante entre el cine X profesional y el porno por escenas que ahora triunfa en Internet: “Comencé a fijarme en lo que hacían en Estados Unidos, donde el porno que se hacía era por escenas. Se trataba de situaciones que duraban entre diez o treinta minutos y que se comercializaban como ahora una canción de MP3. Igual que ahora hace iTunes, que ofrece canciones a un euro”, cuenta a Rolling Stone este bilbaíno polifacético que también ha sido locutor de radio, miembro de un grupo de música, masturbador habitual (“Tenía una colección porno en VHS increíble. Pasé diez años de mi vida haciéndome pajas todos los días”), actor fetiche de Santiago Segura, habitual rostro en programas de La Sexta, y sí, también dibujante: “Antes de hacer porno tenía una revista de cómics: La Comictiva, era editor y dibujante. Llevé una filosofía de no gastar, era mi propia jefe y tenía tiempo para pensar. Así se me ocurrió la idea de hacer esto…”.

¿Pero qué es esto? Un emporio de humor freak por internet que arrancó en 1996 con el dominio putalocura.com y que ha acabado ubicado dentro del porno amateur. “Cuando yo empecé, en 2000, el porno se hacía con un equipo muy grande de gente: maquillador, uno de luces, dos cámaras, dos fotógrafos, uno de sonido, un cátering… Yo, sin embargo, hacía todos esos papeles juntos. Todo enfocado al público de Internet”. Torbe es, desde el año 2009, dueño de la productora y distribuidora de porno Perroflauta Producciones S.L.

En su página de Wikipedia sitúan su rostro (y sus miembros) en más de 900 escenas de sexo grabado que se han visto en todo el mundo. “Aparte de público español, que es el 80 %, hay compradores de Estados Unidos, Gran Bretaña, México y Argentina”.


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