Zombie Kids, los amos de la noche española

Viven rodeados de mujeres guapas, fajos de billetes y vinilos. Han pasado todo el verano haciendo bailar a los festivaleros. Esta es la historia de los dj's más populares del momento en nuestro país.
Por - 28 de agosto de 2011
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Se acabó la leyenda urbana. Cuando el dúo The Zombie Kids lanzaron al público 6.000 billetes de un dólar [algo más de 4.000 euros] en septiembre de 2010 para celebrar el primer aniversario de Zombie Club -el lugar donde nacieron estos dos agitadores nocturnos-, muchos se apresuraron a malmeter: que si eran billetes falsos, que si ahí no había 6.000 dólares…

Estamos en el camerino de la Sala Heineken, de Madrid. Un hervidero de chicas (muy guapas), cervezas y gente molona pasea sin hacer nada en especial, simplemente estar. Fuera, casi 2.000 jóvenes rugen con el rock de Gary Glitter, remezclado en versión electro. Es miércoles y queda media hora para que The Zombie Kids salgan al escenario. Le pedimos explicaciones a Edgar Candel, 50% del grupo: “¿Hay alguna factura, algún justificante que demuestre que sacasteis 6.000 dólares del banco para lanzarlos al público? “¿Quieres un recibo? Espera”. Edgar sonríe y trastea en su teléfono móvil que tiene la pantalla destrozada como una tela de araña. “Aquí tienes el recibo”, dice al enseñar una foto: se ven dos fajos de billete en una mesa. El sueño húmedo de Tony Soprano. Cada fajo tiene 3.000 dólares con una etiqueta del Banco de España. “Lanzarlos no fue un acto vanidoso”, completa Edgar al día siguiente frente a un té en la casa en Malasaña de su compañero de grupo, el turco Cumhur Jay. “Teníamos un presupuesto para hacer la fiesta aniversario. En lugar de contratar a un DJ carísimo, quisimos devolver el dinero a nuestro público. La idea se le ocurrió a un amigo. Tirar dinero es un acto muy punk… y muy divertido”.

Son los pilares de The Zombie Kids, que, por otro lado, están un tanto hartos de que se hable de ellos como los tipos que han revolucionado la noche madrileña. “Es una tontería”, dicen. “Lo que queremos es pasarlo bien, y si podemos ganar pasta,  mejor”. Edgar y Cumhur hacen las dos cosas. Y, además, han revolucionado la noche madrileña. Lo hicieron primero en el club Aguacate, en la Sala Boite, ante 300 personas en la primavera de 2009. ¿Su secreto? Mezclar éxitos de los noventa (de RATM, Guns N’ Roses, Nirvana) con música electrónica. Cambiaron de local, lo bautizaron como Zombie Club y la gente respondió. Ahora no paran: este verano pueden pinchar en las discotecas de Ibiza y al día siguiente en un festival indie, o rockero, o tecno. Lo bueno del dúo es que gustan a todo el mundo… que quiera desmadrarse, claro. Todos los miércoles revientan la sala Heineken frente a 2.000 jóvenes: pijos, modernos, chicas (y chicos) obsesionadas con la moda, obreros de la construcción… Veinteañeros y treintañeros, básicamente.

Los dos vienen de lugares muy distintos. Edgar tiene 31 años, es de Barcelona y ha trabajado en tiendas de ropa de segunda mano. Era mal estudiante y dejó el instituto para irse de gira por Europa con su grupo de hardcore (era guitarrista). En los 90 fue straight edge. Es decir, “no fumaba, no bebía ni comía carne”, dice: “Ahora sigo siendo vegetariano, pero fumo y bebo”.

Cumhur Jay es turco, también tiene 31 años y viene más del soul y la música negra. Con 14 años llegó a Londres y trabajó empapelando las cabinas de teléfonos con publicidad de prostitutas. Estudió economía y trabajó para algún banco americano. También pinchó en clubs y se hizo un enfermo de las tiendas de vinilos. Nunca tuvo grupo. Se casó con una española (con la que tiene un hijo), que es la que le arrastró a Madrid.

Edgar y Jay se conocieron en la tienda de ropa retro que Edgar abrió en Malasaña. “Nos dimos cuenta de que escuchábamos cosas muy similares y teníamos la misma idea: la música no tiene ni género ni estilo”, dice Jay. Son de la generación iPod Shuffle. Escuchan desde los salvajes Carcass a Kayne West. Es lo que trasladan en sus sesiones. No hay límites ni reglas. Sólo una: pasárselo bien. Hedonismo extremo. Su lema: “Hay cuatro millones de parados. No tienes pasta, estás jodido, sales de marcha un miércoles y mandas a tomar por culo todo”.

En su fiestas hay de todo. “Claro que se folla. La gente se quiere enrollar”, asumen. También drogas: “Nos llevamos bien con las drogas. Él no consume”, responde Edgar refiriéndose a Jay. “Y yo fumo y coqueteo con la cocaína, pero no demasiado. No solemos pinchar colocados, sólo alguna vez borrachos”. Y policía: “Ocurrió en el club Charada. Una vecina nos hacía bajar el volumen. Una noche me harté: ‘Aquí no se baja el volumen y que le den por culo a la policía’. La poli estaba allí. Nunca me llegó la multa”, recuerda Edgar.

Acaban de publicar Face, el primer single de lo será su debut antes de que acabe el año. Y ya han escuchado todo lo malo y lo bueno que se puede decir de un artista. “Estamos contentos de que nos critiquen. Que liguemos tanto y que haya tantas tías buena a nuestro alrededor genera odio. Es normal”.

Dejamos uno de los últimos vídeos de The Zombie Kids, Face, en el que parece la fauna moderna que normalmente les acompaña.

 

 

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