¿Serán esas flores que lleva Bunbury para su amigo Andrés Calamaro?
Los últimos meses del año van a ser animados para Bunbury. El próximo 10 de noviembre se podrá escuchar Ódiame (de Federico Barreto y Rafael Otero López), el primer sencillo de su nuevo disco, Licenciado Cantinas, que saldrá a la venta el 13 de diciembre, y donde el músico de Zaragoza interpreta versiones de autores latinoamericanos, como Agustín Lara, Atahualpa Yupanqu o Guadalupe Ramos.
Y quién mejor para presentar este proyectos que su amigo, el rockero Andrés Calamaro. “Para mí es un privilegio poder escuchar primero (y volando entre Chicago y el DF) este voluntarioso y apasionante LP de mi querido compañero Enrique, licenciado con honores en las cantinas musicales del continente del idioma”, escribe nuestro Doctor Rock.
Dejamos la carta entera que escribe Andrés Calamaro sobre Bunbury, o el “cowboy cósmico”, como lo llama el argentino.
LICENCIADO BUNBURY
Por Andrés Calamaro
" ... entre nubes de algodón haremos nuestro nido" (José Alfredo Jiménez)
Enrique Bunbury se presenta como (con) Licenciado Cantinas en su desembarco en California, y esta colección brillante de "versiones", un repertorio exquisito y nada habitual, una producción atractiva a cargo del propio Enrique con arreglos "gourmet" de "Los Santos Inocentes", que bordan texturas clásicas -pero originales- para una colección de joyas encontradas del repertorio panamericano que conviven bajo el preciosísmo de los arreglos y la interpretación vocal de BUNBURY, en su mejor momento personal y artístico, cantando mejor que nunca una colección profunda de canciones.
¡Qué dulce espina para Enrique! Aquí la inspiración creativa es la del interprete artesano, el "cowboy cósmico" no firma canciones pero firma una delicia de disco que es "crossover" (bisagra) de nuestra música continental, el desembarco angelino de un artista inteligente, curioso y sensible, resignado a un permanente viaje por el mundo, el tiempo y las armonías.
El "Licenciado..." es el alto exponente de un oficio fértil en intimidad; hay un secreto que sólo conocemos los cantores y aquellos que nos entregan generosamente su corazón a cambio de canciones y canto, y va a permanecer guardado bajo la alfombra del corazón de quien corresponda. Será imposible no gozar con este disco grande. Para mí (un rockero enamorado del cancionero hispano-latinoamericano) es un privilegio poder escuchar "primero" (y volando entre Chicago y el DF) este voluntarioso y apasionante LP de mi querido compañero Enrique, licenciado con honores en las cantinas musicales del continente del idioma.
LAS CANCIONES:
El prólogo (El mar, el cielo y tú, de Agustín Lara) , un delicioso fresco de bolero instrumental con aromas "Morricone" que da pie a Llévame (de Louie Ortega) con la participación del legendario "Flaco" Jiménez y el dialogo entre la Fender de Álvaro Suite, el contrabajo de Robert "Bob" Castellanos y el piano de Rebenaque. La emocionante Mi sueño prohibido se presenta vestida con la percusión de Quino Béjar y la aparición estelar de Eliades Ochoa; conmueve entonces la profunda Pa llegar a tu lado, una delicia de grabación/interpretación con "ruidos" y cuerdas de terciopelo, que se escucha con el corazón en la garganta. Un contestador telefónico introduce la analógica Chacarera de un triste (de los Hermanos Simón), reformulada como "bomba caribeña y eléctrica".
Cada track es una demostración de osadía y elegancia de los "Los Santos Inocentes" reunidos por BUNBURY que dirige el "cotarro" cantando como siempre y mejor que nunca. Ódiame (de Barreto/Otero López) se presenta con el órgano Hammond y el acordeón, asimismo bailable y emocionante, en lo que es (sin duda alguna) perfecto ejemplo de esta "salsa", este "guiso" de ritmos, sonidos y repertorio: El equilibrio entre la tradición del rock-sound y los géneros centro y sudamericanos. Y el equilibrio fue inventado para perder el equilibrio, borrachos de emoción, con una lágrima asomando, ebrios de música, porque sin música la vida sería un error. Vida (de Casas Padilla) es un texto en carne viva. El Licenciado (El Mulato), de Ricardo Ray & Bobby Cruz resuelve en psicodélico "salsódromo" después de presentarse con un "jondo" Dobro climático, y se engancha con la dulce tragedia colombiana de El solitario (de Alfredo Gutiérrez), que cuenta con el concurso estelar de Dave Hidalgo (Los Lobos), en guitarra y bajo sexto, un teclado distorsionado y un banjo dialogando con Enrique, que nos confirma que si "el mar se convirtiera en aguardiente, en el se ahogaba para morirse borracho", una declaración de principios sensible y perfectamente colombiana. Con Hidalgo en acordeón, y con aires de "corrido/banda", se presenta Ánimas, que no amanezca que no demora mucho en reconfigurarse como "banda-billy" con la tuba de Alfredo Corrales. Un disco para cantar bailando sobre una mesa, rompiéndose la camisa y derramando risas y lágrimas. Que me lleve la tristeza (de Marcial Alejandro), es una de las mejores interpretaciones de la andadura vocal de BUNBURY que se presenta como un sensibilísimo y solido cantor al lado de las texturas del vibrafón, la guitarra acústica, el lap-steel guitar, y el legendario Charlie Musselwhite.
El día de mi suerte (de Willie Colon y Héctor Lavoe), se revela con original ritmología "Bo Diddley-Caribe", incendiario. Cosas olvidadas (un tango de Rodio/Contursi), cantada con espíritu arrabalero. El "Flaco" Jiménez vuelve en La tumba será el final, un texto sin dudas dramático y sentimental "in extremis". Particularmente emocionante es el cierre de este álbum, con la fuerza moral y profunda de los versos de Atahualpa Yupanqui (El cielo está dentro de mi), otra vez con la armónica universal de Musselwhite. La milonga grande es uno de los géneros preferidos de Enrique, y sirve de perfecto epílogo (y declaración de principios) de/para un álbum personal, perfectamente ensamblado por "Los Santos Inocentes". Un álbum que termina sin un acorde final, sin siquiera un ambiente reverberante, para dejarnos sin aliento. Con la reflexión final que define a los trotamundos, a los humildes y a los viajeros interiores; ese "observatorio" desde donde Enrique contempla con los ojos bien abiertos el universo sensible que nos abriga.
Disco grande de Enrique Bunbury, que se estrena de nuevo como caminante que hace camino andando y cantando.
"Por caminos solitarios
Yo me puse a caminar
Por fuera nada buscaba
Pero por dentro, quizás".
Pero el nunca se ha adueñado ni jactado de ninguno frase, sois vosotros, los fans, los que se las atribuyen como genialidad de Bunbury hasta que viene otro y dice, pero esta frase es de "pepe", pero si supieras un poco mas te enterarias que bunbury lee mucho a "pepe" y que lo cita en canciones y que no tiene nada de malo, te puedo mostrar una lista muy larga desde Dylan a Tom Waits donde han citado frases de escritores y a ellos no les han dicho nada, de hecho los respetan y los tachas de gente culta que lee, cuando aqui hablan de plagio, por dios, sois demasiado vulnerables....
Un dia, le escuché a Calamaro decir que Bunbury era mejor interprete que compositor,y estoy de acuerdo con él, como compositor pasable, ahora bien, como cantante, interprete, cuando se sube al escenario, único, junto con Raphael y Loquillo, para mi, los tres que me emocionan, llenan el escenario y son distintos.Y la imagen de autentico rock stard, por él maño no pasan los años, sigue flaco y eternamente adolescente
Membrillo tómate la pastilla!
Seguro que el disco estará bien,y como la autoría de las canciones son de artistas conocidos,Bunburyto que no se escuece cuando se trata de araãr frases a poetas malditos a quien nadie va a conocer-o casi nadie-,ahora no podrá hacérlo.Cierto acto como de mea culpa ramonciniana noto en este disco de canciones ajenas.Me jor hubiera sido hacer un disco musicando poetas poco conocidos(Panero no vale),pero Bunbury que es como la cocacola del rock patrío, no quiere...
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