Patxi López: Rock’N'Roll Lehendakari

Por - 01 de febrero de 2009
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No es frecuente que un político de este país salude a Rolling Stone abriendo la puerta de su casa, con Iván Ferreiro sonando en el equipo de música, su propio ejemplar de la revista –leída con avidez, como puede comprobarse cuando sale en la conversación el nombre de Miguel Ríos– y con una pila de discos muy respetable encima de la mesa del salón: Drive By Truckers, The Stills, Kepa Junkera, Punsetes… Pero es que cuando se trata de Patxi López (Portugalete, 1959), candidato socialista a Lehendakari en las elecciones que tendrán lugar el 1 de marzo, frecuente es una palabra que puede desterrarse.

Son las diez y media de la mañana. Afuera, una lluvia fina pero constante cala la ciudad. El piso de López, situado en un edificio de la periferia de Bilbao, es muy sencillo, sin ningún artificio; puedes imaginártelo perfectamente viendo la televisión con su mujer, Begoña Gil, concejala socialista del Ayuntamiento de Bilbao, sentado en el sofá, o pasando horas muertas en el pequeño cuarto donde tiene los discos, la mesa de mezclas, la PSP –es suya, no tienen hijos– y el ordenador. Frente a la pantalla, Patxi López ha inaugurado una manera de integrar en su blog (patxilopez.com) algo que a veces quieren que parezca tan alejado como política y vida. Allí hay espacio para exponer sus propuestas sobre Vivienda y Urbanismo, llorar la muerte de Mikel Laboa, denunciar la última salvajada de ETA –el asesinato del empresario Ignacio Uria–, responder en forma de video-podcast a las preguntas de los cibernautas, recomendar un grupo de Getxo como McEnroe o subir un vídeo de The Hold Steady. “El otro día me perdí el concierto de Built to Spill en el Antzokia y me dio una rabia enorme”; imagínate a un lehendakari soltando esta frase. O cantando el Soldadito marinero de Fito en un acto público. Pronto podría suceder. “Hay un empate técnico con el PNV de Ibarretxe, pero en Euskadi hay cosas que cambian muy deprisa, especialmente las encuestas”, afirma López. “Euskadi quiere un cambio”.

 

Es un chiste malo, pero no me puedo resistir a hacerlo: si hay un negro en la Casa Blanca, ¿puede haber ya un López de lehendakari?

El otro día colgué una viñeta de El Mundo en mi web que decía que ya podía ir metiéndome en una de esas sandwicheras de rayos UVA para ponerme morenito. Hemos conocido sólo lehendakaris del PNV y la alternancia es muy higiénica. Así que no es tanto que tenga un apellido ‘español’ el próximo lehendakari, como que no sea del PNV.

 


Suena su iPhone. Es la primera de cinco llamadas en una hora. Esa mañana EA, socio habitual del PNV, ha anunciado que se presentará en solitario a las elecciones vascas. Reclaman desde los medios declaraciones de Patxi López. Aprovechando una de esas pausas, escribe un mensaje desde el móvil para su perfil de Twitter: “Haciendo entrevista con Rolling Stone”.

¿Recuerdas cuáles fueron los primeros discos que compraste?

En una tienda de Portugalete compré el primero de Van Halen y el primero de Foreigner, porque yo de chaval era bastante cañero.

Comprabas discos, pero no tenías plato en casa.

Sólo tenía un casete que nos había regalado un socialista en la clandestinidad. Mi padre era un histórico del partido y por mi casa de Portugalete, como por la de Nicolás Redondo, pasaba todo el mundo, de Felipe [González] a Alfonso [Guerra]. Era una zona de paso para los que se escapaban a Francia. Ese casete nos lo regaló un andaluz, con una cinta de Paco Ibáñez. Antes sólo habíamos tenido en casa un tocadiscos de mi tío, que nos lo dejaba una semana cada seis meses para oír zarzuelas y música clásica. Luego uno de mi cuadrilla se compró el primer plato e íbamos todos a su casa a escuchar discos. El primero que nos tuvo enganchados meses fue el Animals (de Pink Floyd, 1977) con esa guitarra de David Gilmour que parecía que se iba a romper, algoincreíble. Más tarde ya entramos en el Made in Japan (1973) de Deep Purple, y Van Halen, Led Zeppelin, por supuesto; Ted Nugent, un doble en directo que tenía bestial… Otro de Johnny Winter, Captured Live! (1976). Luego descubrimos a Crosby, Stills, Nash & Young, y nos dio por ese rollo hippy. Y, finalmente, vino el sinfónico. Y también James Taylor, del que debo de tener prácticamente todo.

Y sigues yendo a comprar discos.

Claro, mira, estos son los últimos que me he comprado. El de Kepa Junkera, Etxea, que es ‘casa’ en euskera. Un título muy bien elegido, porque una casa es un lugar para abrir puertas y ventanas, que entre y salga gente. A lo mejor es más tradicional de lo que yo suelo escuchar, pero hay temas enormes, como el que canta Ginesa Ortega a ritmo de saeta; es impresionante. Espera, te la pongo. [Pone el disco en el equipo de música y pincha la canción] Impacta que una gitana se ponga a cantar algo así. Kepa es un chaval de Rekalde, al que se le podría identificar con el mundo abertzale por venir del folk vasco, pero que siempre ha buscado la mezcla. En su primer éxito, con Bilbao 00:00 (1998), trajo gente de todo el mundo, de Frankie Valli a The Chieftains.Eso no lo puede hacer nadie salvo Kepa. Me invitó a escuchar Etxea en el estudio y le dije que parecía parte del programa de mi partido, aunque él no sea votante nuestro.

¿Qué otros músicos vascos te gustan?

Ruper Ordorika me encanta. Desde que sacó Ni Ez Naiz Noruegako Errege (1983), sobre textos de Bernardo Atxaga, me enganché a todo lo que ha hecho después. Y hay otros cuantos, como Mikel Urdangarín, que es más suave…

¿Y que hagan rock?

Cuando el rock radical vasco, Kortatu me volvían loco.

Eduardo Madina, diputado vasco del PSOE y víctima de atentado terrorista, reflexionaba en ‘Rolling Stone’ en julio de 2008 sobre la paradoja de que le gustasen Kortatu de adolescente.

Es que en aquella época con Kortatu bailábamos todos. En 1985, su disco sonaba en todas las fiestas, en todos los bares. Sí, tenía el Sarri, Sarri en euskera pero casi todas eran en castellano. Sí que es verdad que luego pasa el tiempo y te das cuenta de que escuchabas cosas con las que no estabas muy de acuerdo. Seguía a Kortatu y otros grupos similares, pero nunca fui a sus conciertos, me daba la sensación de que estaban muy politizados y no me iba a sentir cómodo. Aunque luego sí que he estado con mi cuadrilla en conciertos de grupos punkies en la Guipúzcoa profunda.

¿Y a qué conciertos ibas?

Al principio de la Transición iba a ver a los primeros cantautores vascos, lo que suponía una reivindicación política; no era sólo un concierto, era tu ocasión para llevar la ikurriña. Imanol, Laboa, Pantxo eta Peio… y hasta de Gorka Knörr, que luego fue diputado de Eusko Alkartasuna. Ahora ha dejado el partido por diferencias y ha vuelto a sacar un disco. Y también las ‘12 horas del Rock’, en los que tocaban Leño, Cucharada, Asfalto… Pasábamos noches enteras en Lasesarre, el campo del Barakaldo, con 18 años. De aquí tocaban Itoiz y Errobi, que eran buenísimos. Para mí fue un shock enorme pasar del típico cantautor a las bandas de rock, que salían disfrazados todos. Luego hice la mili en Coruña, con toda la Movida gallega. Fui a un festival llamado las Fuerzas del Noroeste y era una gozada, estaban todos: Siniestro, Golpes Bajos, Aerolíneas Federales

También estuviste en Madrid en plena Movida. 

Estuve en Madrid de diputado con 25 años. Era el segundo más joven; el primero era Zapatero. Estuve dos años y medio. Vivía en Lavapiés, en la Calle del Oso. Me acuerdo de que en la sala El Sol vi a Willy DeVille. Por entonces a Bilbao iban pocos conciertos, así que aproveche mucho mi estancia en Madrid. Iba a todos los conciertos que podía.

¿Llegaste a ir al Congreso de empalmada, sin dormir?

Tanto no, pero sí que con pocas horas de sueño. Por los  conciertos y por las salidas nocturnas con los amiguetes. Antes de ser diputado, cuando estaba en Juventudes Socialistas, iba mucho por Malasaña. Me acuerdo siendo muy joven de ir al Rockola con un amigo de Sestao. Nos sentíamos como dos paletos de las películas de Martínez Soria; veíamos a tíos con el pelo verde y crestas y nos quedábamos pegados a la pared con nuestros gin-tonics. Debía de ser 1985 o por ahí. En el Rockola vi a Loquillo y a Radio Futura en un parque que no recuerdo. Había un bar que se llamaba Más Allá y menudo corte cuando preguntabas a la gente: “Oye, ¿dónde está el Más Allá?”

Aún existe ese bar. ¿Y no caló esa estética en ti?

Las únicas licencias que me he permitido han sido durante el verano, perillas y tatuajes que se borran.

Sería chulo un político hipertatuado.

Es que eso es para toda la vida, no me veo. Mi abuelo sí que tenía uno: había sido marino y cruzó en su día el Cabo de Hornos. Cuando pasabas por ahí, tenías que ponerte un pendiente o hacerte un tatuaje. Si te haces un tatuaje tiene que ser por algo especial, no sólo por estética.

Hablando de significados especiales, ¿qué te pareció cuando tu compañero del PSOE navarro, José Luis Uriz, sacó en los plenos del Ayuntamiento de Villava una bandera de Iron Maiden, respondiendo a los concejales de ANV que mostraban una Ikurriña?

Pues me parece muy bien, hombre. En mi época en el Congreso de los Diputados, tenía al lado a un diputado de Baleares, ya muy mayor, que un día citó a Celia Cruz; “Como dijo la Reina de la Salsa…”. Desde ese instante me hice fan de él. En el Parlamento Vasco he citado más veces a cantantes que a pensadores o literatos. Dylan, Springsteen, Cohen… Hay una generación cuyas influencias culturales vienen más de la música que de los libros, es normal que las citas salgan de allí. En los mítines he tirado muchas veces de canciones para expresar lo que quería transmitir.

Uno de los motivos que despertó el interés de ‘Rolling Stone’ por entrevistarte fueron los recopilatorios que preparas para los mítines; te encargabas de seleccionar la música personalmente.

Y la gente del partido que venía de Madrid me los solían robar cuando pasaban por los mítines de aquí. Esos recopilatorios los hacía muy condicionado por el momento que se vivía en cada campaña. Ha habido algunas muy duras en Euskadi, para las que recuperábamos música de cantautores, para hacer hincapié en que vivíamos sin libertad. Se vio luego que fue un error, y no sólo por la elección de la música… Te consumía aquella melancolía, la tristeza de tu propia situación. A partir de entonces empecé a tirar de música más alegre.

En tu perfil de Lastfm se ve que has estado escuchando muchas canciones que han acompañado a Obama durante las elecciones. ¿No te da envidia que en EE UU los músicos se impliquen en las campañas? ¿Podrías imaginarte a alguien como Fito en tus mítines?

Envidia sí que me da, claro, pero no creo que Fito ni ningún otro quisieran asociarse a estas cosas. En las campañas de Zapatero sí que hay algunos músicos…

Pero siempre de la vieja guardia, como Victor Manuel.

Para una generación han sido importantes, no podemos ahora olvidarles. También me da envidia que en EE UU los artistas cedan sus canciones hasta para las primarias de los partidos. Eso aquí es impensable.

¿Por qué a los músicos españoles les cuesta tanto manifestar su opción política?

Si lo digo sería una maldad… Tienen que vivir de los conciertos, y ¿sabes cuál es la mayor promotora de este país? Los ayuntamientos. La política es muy cainita, si te contrata el del PSOE el del PP ya no lo hace. O al revés.

¿Algún músico te ha apoyado en privado pero no se ha atrevido a hacerlo en público?

Algunos lo han hecho, pero como fue en privado no puedo contar quiénes. Alguna dedicatoria tengo en discos suyos.

¿Te parece que los discos están caros?

Me acuerdo de lo que me costaba comprar un disco cuando era joven. A lo mejor me pasaba un mes ahorrando. Ahora ves los precios y parecen todavía más caros. Y eso que quizá han bajado. De los que compré el otro día, el de Drive-by Truckers me costó 16 euros, cuando hace nomucho estaban a 23. Aún así, sigue siendo una pasta para un chaval. Si además está Internet, que les ofrece toda la música que quieran gratis, pues o las discográficas cambian de mentalidad o no sé qué va a ser de esta industria. ¿Soluciones? Lo primero que tendría que haber es un acuerdo europeo para reducir o eliminar el IVA sobre los discos. Los sellos deberían pensar en ganar menos con cada disco para rebajarlos. Y el tema de Internet, pues no sé qué podría hacerse para controlarlo, pero hay que hacerlo de alguna manera. Y además hay que concienciar a la gente de que se deben comprar discos, que hay que generar cultura. ¿Se puede hacer desde la política? Eso es lo que no sé.

Los políticos en general sois muy perezosos para la música; mientras que Obama conoce a Lil’ Wayne perfectamente, a vosotros no hay quien os saque de Serrat. ¿Cuántos políticos españoles crees que podrían responder cómo se titula el último disco de Amaral?

Hombre, lo mismo eso sí. Pero es cierto que muchos se han quedado anclados en Ana Belén y compañía. Por cierto, vosotros pusisteis muy bien el de Miguel Ríos, que es de esa quinta. Tiene canciones de Quique González, que es un tipo que me gusta mucho. Desde Salitre 48 (2001) le he seguido; Kamikazes enamorados (2003), Pájaros mojados (2002)… Uf, muy bueno, tienes unas letras enormes.

¿Y cuántos de tus compañeros crees que le conocen?

¿A Quique? Pues ninguno, ¿qué quieres que le haga yo? Creo que tiene que ver con que yo voy con gente más joven, como Edu [Madina], con el que me paso discos constantemente. A Edu le tengo una envidia enorme: pone discos en un programa en Radio 3 [El postre].

¿Qué alias de dj te pondrías?

Ninguno. Hice de dj en la boda de Edu, con uno que creo que era el teclista de Los Planetas y otros amigos. A mí me tocó tardísimo y puse una selección verbenera, con cosas de Radio Futura y Alaska. Desde entoces, Edu me tiene puesto en su blog como DJ Crack.

Como nombre artístico sería polémico.

Pero entiéndelo como ‘fenómeno’, no como sustancia.

¿A que habrás ido más, a mítines o conciertos?

Hombre, a mítines, sobre todo míos.

¿Y para qué se hacen los mítines, si todo el público que hay ahí ya está entregado?

Pues igual que en los conciertos, que van casi sólo fans. Se trata de lanzar mensajes y motivar a la gente. Para eso sirve un mitin. Además de los 30 segundos que sales en la tele, claro. ¿O qué creías que era?

¿Y cómo llevas lo de coger bebés?

Lo de las poses artificiales conmigo no va.

He venido a Bilbao en el mismo avión que Fernando Savater. Como tú, va con escolta. ¿A esto se acostumbra uno?

Nunca. Es la demostración palpable de que este país es el último reducto de la Europa democrática en el que se persiguen ideas. Convivir con escolta es sobre todo renunciar. Yo vivía en el casco viejo de Bilbao, en una casa que me encantaba, y me tuve que ir de allí para mudarme a una casa en las afueras, más pequeña. Me habían hecho varios seguimientos que aparecían en papeles de ETA. En aquella casa no podían garantizar mi seguridad ni la de mi mujer, que por ser concejala tiene su propia escolta.

¿Cuántos sois entre tu mujer, tú y los escoltas?

[Por cuestiones de seguridad, no se puede revelar la cifra, pero hablamos de cantidades que parecen de familia numerosa] Cuando vamos al cine, hay que sacar entradas como para hacer un cine-fórum. También he tenido que renunciar a los propios amigos, te cuesta mucho salir a tomar ‘potes’, que aquí es algo sagrado.

¿Cuánto tiempo llevas así?

Pues demasiado… 15 años debe de haber hecho. Estás un domingo en casa y no puedes bajar a comprar el periódico porque tendrías que llamar para que vinieran a asegurar la calle y acompañarte. Al final no lo haces.

¿Te entristece hablar de este tema?

Es algo en lo que prefiero no pensar demasiado. Te va restringiendo otro tipo de relaciones, acabas moviéndote sólo con gente del partido, también escoltados. Cuando fuimos a ver a Los Punsetes llenamos la sala casi con los escoltas. Una docena por lo menos. Algunos prefirieron  quedarse fuera, pero cuando vayamos a ver a AC/DC se pegarán por venir. El año pasado fuimos al concierto de Metallica con un escolta que no había visto nunca a un grupo en directo. Alucinó y se lo pasó súper bien. El problema es que se pensó que todos los conciertos eran iguales y se fue a ver a Mónica Naranjo; salió desesperado.

Al ver a un músico en un escenario, ¿qué se te pasa por la cabeza?

Envidia. Soy un músico frustrado. Me falta tiempo y paciencia para aprender. Tengo esto [saca un saxo de debajo del sofá], pero sólo le saco sonido barco. ¡BOOOO! Cuando me jubile aprenderé, lo tengo decidido.

 

 

Previa llamada a los escoltas, López se va a la sede del PSE-PSOE. Ana, responsable de prensa del partido, conduce a ‘RS’ hasta allí en otro coche. Se oye a Springsteen saliendo del despacho del candidato a lehendakari. Recurriendo a Shazam, la herramienta de su teléfono que reconoce las canciones, López demuestra que en realidad es John Mellencamp. Anuncia que tiene mesa para invitarnos a comer… en un japonés. “Tiene delito que vengáis a Bilbao y os lleve a un japonés, pero es uno de mis favoritos”. Compartiendo mesa con Begoña, su mujer, y tras explicar durante una hora larga la Crisis –ahora ya lo hemos entendido–, se despide rápido: “Menudo rollo te he soltado, tío”. ¿La próxima en Ajuria Enea?

Foto: Gonzalo Azumendi

 

 


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