Lanzamiento: 07-06-2012
Género: Pop
País: EE.UU.
Discografía: Blue note/EMI
A veces, se ridiculiza a Norah Jones por lo lenta y calmada que puede llegar a ser su música, lo que, en realidad, es como odiar los melocotones porque sean jugosos. Pero para cambiar esa imagen de marca llega su quinto álbum, una colaboración en tareas compositivas con Brian Danger Mouse Burton, que le sube la velocidad tanto como amplía la paleta de colores. Por ejemplo, en Happy pills, el movido single que triangula entre el toque sexy de Brass in pocket (The Pretenders), la ligera balada soul de ruptura y un chicloso éxito radiofónico. Llamémosla Norah Neón.
El dulce ronroneo de Jones siempre ha sonado bien sobre ritmos carnosos, como en Soon the new day (con Talib Kweli) o Angels (con Wax Poetic). En este disco, brinca a través del reverb y se pone juguetona sobre los medios tiempos que elabora Burton para Say goodbye, saboreando la palabra “misbehave” (portarse mal) como un niño con la mano metida en la caja de galletas. Fue divertido escuchar a Jones, la arquetípica chica-que-presentarías-a-tu-madre, hacer de mujer fatal en el álbum de Burton Rome (2011). Ese proyecto tiene su eco en All a dream, una fantasmal combinación de dub-reggae y guitarra de spaghetti western. En las mejores canciones, la huella de Danger Mouse es más débil: She’s 22 coloca a Jones entre volutas de guitarra y piano, mientras que en Travelin’ on se hace acompañar de un quejoso chelo. Todo el disco es como un número de malabarismo en el que las letras hacen que a veces se caigan las bolas al suelo: Jones como una amante homicida en Miriam resulta algo casi cómico. Pero incluso las chicas buenas necesitan venganza a veces.
De monstruo a icono. El enjuto padrino del punk sigue dando miedo. Nuestro redactor puede dar fe de lo que impone la iguana, al que entrevistó en la Caja Mágica mientras Djokovic perdía el Masters de Madrid.

01.04.2013
El grupo es el ganador de la VI edición del Termómetro RS
