Arctic Monkeys montan en Madrid la pista de baile infinita

El grupo británico ofrece ante 14.000 personas una actuación intensa y urgente dentro de la gira de presentación de 'Suck it and see'.
Por - 28 de enero de 2012
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Concierto: Arctic Monkeys. Palacio de Deportes (Madrid).
Fecha: 27 de enero 2012
Precio: 35 euros.
Asistencia: 14.000 personas (casi lleno)

Son Arctic Monkeys como ese sobrino tuyo al que ves nacer y piensas que nunca crecerá. Pero el tiempo pasa sin que apenas nadie se dé cuenta, catalogando como lógicos los siempre asombros pasos adelante del desarrollo de la vida, y de repente ya es más alto, más fuerte y más listo que tú, algo que demuestra sin pudor siempre que puede dándote dolorosos capones con la barbilla. Afirmaba hace unas horas en Twitter el músico Pancho Varona que “ir en el Metro de Madrid oyendo en cascos Arctic Monkeys a toda hostia es una experiencia apabullante”. Dejando de lado que desconocemos qué tipo de auriculares gasta el escudero de Sabina, concluyamos que en directo la experiencia es cuanto menos doblemente apabullante. Abrumadora, sodomizante, abusadora.

Tan urgentes, ruidosos, nerviosos y trotones como siempre, con ese rollito suyo entre pop británico bailón de siempre y el stoner rock de guitarras pesadas que descubrieron hace un par de años de la mano de Josh Homme, los de Alex Turner han lucido un músculo fuera de toda duda este viernes en el Palacio de los Deportes de Madrid. Y eso a pesar de un inicio tan desconcertante como Don’t sit down cause I’ve moved your chair, una suerte de revisión embrutecida del clásico popular español Quien se fue a Sevilla perdió su silla, tal vez no idónea para comenzar un concierto ante 14.000 impacientes seguidores -alrededor de 300 ya hacían cola al mediodía-. Pero rápidamente la situación fue encauzada gracias a dos pepinazos como Teddy picker y Crying lighting.

Con un sonido más robusto que en sus inicios, sus viejas canciones se ven llenas de una fiereza aún más indomable. Porque tras atiborrarse de angustiosa densidad en Humbug (2009), ahora han encontrado un camino nuevo y equilibrado en Suck it and see, el álbum que sirve de excusa para su nueva gira, y que recupera también, en cierto modo, las luminosas melodías que les convirtieron en un fulgurante e imparable fenómeno ya incluso antes de publicar su primer trabajo en 2006. ¿No trata la vida acaso de aprender de lo hecho para seguir adelante siempre mejorando y ofreciendo algo diferente?

Suenan The Hellcat spangled shalalala, Black treacle, el tsunami que es Brainstorm, la locura colectiva de The view from the afternoom, o el clásico instantáneo te pongas como te pongas que es I bet you look good on the dancefloor. Fue en este punto cuando el concierto se partió en dos y a partir de ahí ya todo dio igual. Porque Library pictures lo clavó, Evil Twin lo plantó en plan Black Sabbath y Brick by brick cortó la respiración. Los Arctic Monkeys no paran de crecer y ya comienzan a asustar.

La música golpea a los asistentes con un puñetazo a la diestra de rock duro y otro a la siniestra de pop bailón. Así llegan This House is a circus, Still take you home  o Pretty visitors. Aún en pie a pesar de tanto golpetazo directo a la sien, tiempo hay para disfrutar de She’s thunderstorms y tal vez la mejor de la noche, Do me a favor, con una línea de bajo imposible que acompaña a una batería aún más imposible. Acto seguido, nada menos que When the son goes down y una algarabía fabulosa. Así sí.

Vamos enfilando el final de la noche con el tema que da título y sentido a todo, Suck it and see, y nos ponemos todos inopinadamente contentos gracias a Flourescent adolescent, tres minutos de inmensa felicidad irradiante. Pop luminoso para chavalitos inconscientes pero con ganas de darlo todo. Cuando apenas la noche suma hora y media el carpetazo hace acto de presencia con la intensa 505, que cuenta con la colaboración estelar de Miles Kane, telonero de la noche, para despedir al respetable, contento pero en cierto modo molesto por la racanería de ochenta minutos de concierto que, aunque intensos, siempre sabrán a poco. Y eso a pesar de que la chupa de cuero de Alex Turner mola.

Ya que Miles Kane se ha colado en estas líneas, no puede uno por menos que mencionar una actuación intensa, notable y recordable, sobre todo gracias a canciones tan sobresalientes como Come Closer,Rearrange o Inhaler. Miles se retira finalmente saboreando las mieles del éxito junto a los Arctic Monkeys, a pesar de que previamente sus colegas le ratearon abiertamente con el sonido en su papel de telonero pero, al final del día, qué es eso comparado con la posibilidad de tocar ante miles de personas abriendo para los monos del ártico. Porque esta noche no nevó en Madrid, pero estuvo realmente cerca. Y fueron 14.000 personas las que lo sintieron en sus carnes.

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