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Wilco sentencia en 12 minutos en Madrid

El grupo de Jeff Tweedy demuestra, una vez más, que su liga es la de los que arriesgan… y triunfan. Y a ella pertenecen muy poquitos. Por David Gallardo.

Wilco sentencia en 12 minutos en Madrid Jeff Tweedy, y su ¿bombín a lo Sabina?, anoche en el Circo Price. (Foto: Heinekenpro.com, Carla Mir)

Concierto: Wilco.
Lugar: Teatro Circo Price (Madrid). Heineken Music Selector.
Fecha: 01 noviembre 2011.
Precio: De 45 a 67 euros (+ gastos).
Asistencia: 2.000 personas (lleno).

Empezar un concierto con una canción de doce minutos es una temeridad sólo apta para quienes no tienen prisa por llegar a destino alguno. Eso es exactamente lo que dura la preciosa e intimista One sunday morning, canción que cierra el último álbum de Wilco, The whole love, y que anoche, así de primeras, dejó ojipláticas, mudas y sin capacidad de respuesta a las 2.000 personas que abarrotaban el madrileño Teatro Circo Price. Alguien aúlla, algún otro grita "¡te queremos!". Se genera un sentido aplauso, pero pronto el respetuoso silencio se adueña de nuevo del recinto. 

Acaba el tema y pareciera que el público, embelesado, ha necesitado al menos un par de segundos antes de asimilar lo que llega desde el escenario y sentirse digno para aplaudir. Pero es entonces, cuando recupera el pulso y la respiración, cuando estalla en una sonora ovación cerrada. No es éste un público fácil de convencer: sabe a lo que ha venido y ha escuchado mucha música hasta dar con una banda como Wilco, capaz de colmar todos sus anhelos y expectativas. Son como dos amantes que se encuentran después de decenas de desengaños y saben que ahora que se han descubierto el uno al otro ya no tienen opción.

Por eso, con el respetable ya moldeado al antojo de los músicos y el viento claramente a favor, el resto del concierto fluye con delicadeza y elegancia, así como con una inusitada contundencia. Siempre tejiendo con sentimiento, teje que te teje, entre la tradición y la vanguardia. Wilco te apuñala y te desangra mientras te arroja a sus brazos y te susurra al oído que todo está bien, que no hay nada que temer. La muerte dulce electrificada en la noche de todos los Santos. Suena Poor places y aparecen la distorsión y el asombroso descontrol atronador. No sería la única vez, ni mucho menos.

Con la marciana Art of almost es tiempo de adentrarse en las nuevas tesituras de un funky electrónico visionario que deriva en un ruidismo cavernícola atronador (es fácil acordarse tanto de Radiohead como de Jamiroquai). La escenografía es modesta y humilde, pero efectista gracias a unos fogonazos de luz que dejan al personal deslumbrado como un ciervo en una carretera secundaria. Siguen con la popera I might y los asistentes bailan al fin, justo antes de que con At last that's what you said se reclame casi de malas maneras el silencio general. Porque Wilco pasa del desenfreno a la calma y de la emoción intimista a la euforia colectiva con un simple chasquido de dedos.

Los asistentes aúllan, mugen, maúllan, ladran, rebuznan, pían, patalean y dan palmas con las orejas. La batería de Glenn Kotche machaca y lleva el ritmo de unos músicos que probablemente no erraron ni una maldita nota en las casi dos horas de actuación. El sonido es potente y nítido, salvo cuando se juntan tres guitarras en escena, lo cual provoca cierta saturación, siempre bien recibida en cualquier caso. Hay que esperar nada menos que 40 minutos para que el bueno de Tweedy conceda un primer "¡hola!". Es más que suficiente, si bien a partir de aquí la espontaneidad y los comentarios del jefe de todo esto serían más constantes, con los clásicos halagos (de verdad de la buena en este caso, asegura) al público español incluidos.

El concierto avanza con Bull black nova y Via Chicago -impresionante cómo Jeff puede cantar y tocar con su acústica una cálida melodía mientras el resto del grupo juega a emular a Slayer al mismo tiempo, cada uno por su lado-. Gracias a Jesus, etc aparecen por fin los primeros coros multitudinarios. Después es turno de Born alone, War on war, Hummingbird, The whole love y la enorme Impossible Germany, que se lleva una de las más grandes ovaciones de la noche debido a un memorable tramo final instrumental de menos a más liderado por el guitarrista Nels Clline. Sin necesidad de estribillo alguno, Wilco ha puesto a todos a corear los clásicos "oeoeoeoe". El propio Jeff bromea asegurando que ya habrá tiempo para cantar eso antes de los bises. Hay en las gradas quien se queda con las ganas de rasgarse la camisa, angelito él.

Completan el tramo central de la noche Rising red lung, Standing O, Handshake drugs, y Dawned on me (con Nels aporreando una preciosa guitarra blanca de doble mástil). Justo antes de los bises suena esa pieza de rock para las masas que es Shot in the arm, la cual genera coros, aplausos y otra de las grandes ovaciones de la velada. Bien podría el concierto haber finalizado en este punto álgido, pero después de haber colocado a 2.000 personas a tu merced no tienes más remedio que salir a dar la puntilla, a disfrutar del arte del descabello. Mejor eso que provocar disturbios por dejarles con demasiadas ganas de un poquito más.

Ya sobrepasada la hora y media, reaparecen los seis sobre las tablas para tocar Heavy metal drummer, Late greats, I'm the man who loves you -que arranca con Glenn encaramado a su batería- y Red eye and blue / I got you' como broche final. Casi dos horas después de arrancar como un susurro, la banda estadounidense da carpetazo a base de fieros acordes que provocan que decenas de personas toquen la air guitar sentados en sus butacas. Esta práctica se recomienda para la zona de pista, claro, pero cada cual es libre de intentarlo donde buenamente lo crea apropiado. Acoples, distorsiones, malabares con los instrumentos y el Circo Price entregado feliz a la enésima ovación, en este caso ya la última. 

Fueron en total 115 minutos de rock, pop, country, folk y retazos de funky y electrónica. Siempre con la vista puesta en un futuro escurridizo aún por descubrir, pero sin dejar de apoyarse en un pasado en el que creer sin fisuras. Siempre tejiendo entre tradición y vanguardia. Siempre pasando de la calma al caos con absoluta naturalidad y sin perder un gramo de emotividad en la interpretación. Siempre liderados por un Jeff Tweedy con una credibilidad difícil de igualar. Porque todo podría resumirse aprovechando el famoso eslogan de campaña de Obama: "Jeff, We Can".

02.11.2011 | 4 comentarios
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Comentarios

Gujohe
03.11.2011 | 18:14
Gujohe

Yo les vi en su anterior gira, The Album, en el Auditorio de Tenerife, y al leer esta alucinante crítica lo he vuelto a revivir. Por mi parte, nunca antes había escuchado en directo algo igual. Sin palabras...y con palabras. IMPRESIONANTE WILCO.

Heidy
03.11.2011 | 14:36
Heidy

Excelente crítica, plasma a la perfección lo que sentimos los que estuvimos en su concierto, ayer en Barcelona igualmente insuperables! Espero que esto no acabe nunca y podamos envejecer con Wilco (o en su defecto el genio de Tweedy) acompañandonos. Amen

Manu
03.11.2011 | 01:03
Manu

Maravillosa la crítica. Sin duda, Wilco es uno de los mejores grupos no-mainstream de la historia.

Sin Registrar
02.11.2011 | 10:58

Grandioso como lo cuentas, que bonito. Que envidia me da no haber podido asistir pero después de leer esto no me lo pierdo.

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