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Sesión anti flacidez con Red Hot Chili Peppers para cerrar Rock in Rio Madrid

Incubus, Gogol Bordello y Deadmau5 completan la jornada de clausura del festival, que congregó a 55.000 espectadores. Por David Gallardo

Sesión anti flacidez con Red Hot Chili Peppers para cerrar Rock in Rio Madrid Kiedis en primer plano, Flea no necesariamente detrás. FOTO: Rock in Rio

Los caminos de Rock in Rio Madrid son inescrutables (capítulo final). Cuarta y última jornada de la edición de este año de un festival marcado por la variedad de su propuesta. La cita se cierra con una concurrencia de 183.000 personas, centenar arriba, decena abajo, balance cualquier cosa menos despreciable, tras el cual están nombres como Lenny Kravitz, Maná, Pitbull, David Guetta, Carl Cox, Swedish Home Mafia y, claro, hoy, Red Hot Chili Peppers, Incubus y Gogol Bordello

Culpables principales del último arreón de 55.000 personas son justamente Red hot chili peppers, protagonistas de la noche del prostrero sábado. Están a punto de convertirse en una banda treinteañera, con sus tres miembros originales ya cincuentones de facto, pero Anthony Kiedis (49), Flea (49) y Chad Smith (50) siguen mostrando sobre las tablas una insultante vitalidad, convirtiendo sus conciertos en un musculoso y constante desafío al paso del tiempo, un canto a la eterna juventud, partiéndose de risa en la cara de la flacidez, extremo sencillamente impensable para su ideario. Por eso no chirría que su actual guitarrista, Josh Klinghoffer, sume apenas 32 primaveras y por eso conectan tan bien con gentes de generaciones diversas, aunque mayormente muchachada jovenzuela y treinteañeros de testosterona plenos.

Tal vez lo único que denota los años que llevan en esto es cierto grado de acomodo, la ausencia de riesgo musical y la repetición descarada de una fórmula tan exitosa como inofensiva. Más de lo mismo, pero resulta que siempre funciona, aunque la sensación es que está todo férreamente calculado y controlado, dejando poco espacio a la improvisación (salvo en las interminables y desordenadas transiciones entre canciones, donde suena cualquier cosa). Aunque claro, no deja de ser inútil apuntar esto cuando en realidad el público se lo pasa en grande y termina extasiado pues se lleva exactamente lo que desea, gracias a un repertorio que ya en frío se sabe ganador y que una vez plasmado en el directo resulta pétreo y sin fisuras.

Y es que desde hace ya muchos años, desde hace ya muchas giras, hacen conciertos de éxitos para las masas, obviando su más primitivo material y centrándose en sus discos más exitosos. No faltan tampoco, aunque casi por obligación, un puñado de composiciones (cuatro, concretamente) de su última referencia discográfica, el irregular I’m with you, publicado el pasado año y que ya presentaron en pabellones de Madrid y Barcelona el pasado mes de diciembre con sobresaliente éxito. Canción arriba, canción abajo, lo mismo con distinto orden, pero resulta que, de veras, siempre funciona. Se gustan como la banda más ‘mainstream’ del planeta, eso es así, irreprochable.

Pero a ver quien es el valiente que se posiciona en contra de un concierto que arranca con Monarchy of roses, acaba por supuesto con Give it away, y lleva entre medias joyas como Around the world, Snow, Can’t stop, Californication, Look around, Hard to concentrate, Parallel universe, The adventures of Raindance Maggie, Right on time, Throw away your televisión, Factory of faith, Under the bridge o By the way. El público es rockero y festivalero, ese que calienta motores desde media tarde ya en el aparcamiento y aledaños, definitivamente treinteañero en la jornada más  rock del festival.

Kiedis dirige sin pausa con sus bailes, piruetas y estribillos esta agotadora gimnástica sesión aeróbica, aunque tiene que compartir buena parte de la atención con el locuelo a la par que castigador bajo de Flea, esa pequeña y simpática máquina zumbona que se empeña en interactuar en castellano con el respestable. Siempre en unión con el bajista, desde el fondo del escenario Chad Smith aporrea como una mala bestia y marca todo tipo de ritmos, demostrando que sería capaz incluso de lograr que la rueda de prensa del Consejo de Ministros resultara trepidante. Y otra cosa, realmente da gusto observar a unos músicos que se miran a los ojos mientras tocan, se escuchan, se buscan, mientras viven. Chad les mira a todos con una atención obsesiva, pues sabe que en última instancia cualquier detalle depende de él.

El complemento final lo pone el guitarrista Josh Klinghoffer, menos preciosista que su antecesor John Frusciante, pero con el que la banda gana en consistencia y concreción. Para completar los (escasitos pero ya tradicionales) 105 minutos de actuación tiran de clasicismo con Suck my kiss y, por supuesto, dios les bendiga, ese amigo que siempre llega tarde pero levanta las fiestas más desesperadas en forma de Give it away. Porque 1991 en realidad no fue hace tanto y porque, venga va, admitidlo, en realidad es lo que estábais deseando. Quizás precisamente por esto aullábais sin descanso constantemente. Sí, de hecho sí.

Antes que Red Hot Chili Peppers fueron los también californianos Incubus quienes mantuvieron entretenido al personal con su rock alternativo y progresivo, liderados por el atractivo magnetismo de su (aún treinteañero, dios mío, quien lo diría) vocalista Brandon Boyd, ahora reconvertido en Jesucristo skater y surfero de las playas angelinas gracias a su generosa melena, y el estilo preciosista de Mike Einziger en las seis cuerdas. Curiosamente, al igual que el cabeza de cartel, también han ido poco a poco domesticando su sonido a lo largo de los años aunque, también al igual que ‘los Red Hot’, tal vez de hecho incluso más, todavía sacan sus afiladas garras cuando les da el punto, no pocas veces este sábado en la noche.

Pero siempre desde esa cosa que llaman (tediosa y elegante) madurez, algo que se nota incluso a la hora de afrontar viejos fogonazos como Privilege en la apertura, después seguidos de otros no menos incendiarios como Megalomaniac, Adolescents, el enorme Pardon me, Circles, Are you in?, el himno Drive, la contundente Anna Molly, Love Hurts, Nice to know you o Sick said little word para finiquitar un ‘set’ contundente que dejó tan satisfechos a músicos como a asistentes, algo no necesariamente habitual, pero que cuando sucede la cosa fluye y se palpa, aunque ya el grupo, todavía sobresaliente, no esté precisamente en sus años más gloriosos.

Pasadas las ocho y media de la tarde fueron los punkarras gitanos Gogol Bordello los encargados de encender la mecha en el Escenario Mundo, siempre con el inclasificable Eugene Hütz al frente y ya al menos 20.000 almas buscando un motivo para arder. Bien, pues con My Conmajnera, We commin’ rougher, Start wearing purple y Pala tute, por citar cuatro más o menos al azar, efectivamente prendieron. Todo gracias a las locas ganas que desde abajo pusieron para empujar a esta en el fondo inclasificable mezcla entre Manu Chao, The Clash y Emir Kusturica, por tratar de concretar lo inconcretable.

Apenas necesitó de una hora la descontrolada charanga eslava para amedrentar a todos los pueblos cercanos a Arganda, sin duda asustados ante la posibilidad de que aquellos apátridas que al atardecer bailaban alrededor de una hoguera, efectivamente terminaran invadiendo sus dominios, saqueando sus pertenencias y apresando a todas las mujeres, corbata fluorescente en la cabeza como definitivo símbolo gremial.  La verbena de tu pueblo en llamas y las mozas en el olvido, eso como poco.

Fueron, más o menos, seis horas de música este sábado las que cerraron la edición 2012 de Rock in Rio Madrid. Más allá del eclecticismo del cartel, hay que recalcar la innegable comodidad y el buen trato al público: cienes de aseos, decenas de barras, un sonido portentoso, amplias zonas de asueto, llanuras de césped artificial para combatir el calor y un escenario enorme situado en el punto más bajo, facilitando así a la visibilidad de todos los asistentes. Parece lo habitual, pero ni de coña.

Tras el indudable éxito de Red Hot Chili Peppers, fue Deadmau5 el encargado de quemar el último cartucho electrónico, poniendo así a bailar a los más resistentes mientras la mayoría enfilaba ya el camino hacia la salida, con los autobuses perfectamente alineados en el horizonte y acto seguido desperdigar a la muchachada hasta otra mejor ocasión. Que la habrá, by the way, independientemente de donde cada cual caiga rendido esta noche.

08.07.2012 | 6 comentarios
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Comentarios

Adro89
16.07.2012 | 18:25

A veeeeeeeeeeeeerr chiiicos, Evidentemente que ya no salen en pelotas como antes, evidentemente que ya no salen con una bombilla en la quijotera, evidentemente que no es el show de Slane Castle. Pero Flea sigue en su punto, Josh tiene un aire a John quieras que no con esos movimientos tan impulsivos, Chad aporto su puntazo luciendo la Roja y, si, Anthony no tiene la misma energia que antes, quisiera aventurar que por sus casi 50 tacos, pero Flea esta en las mismas me direis. En todo caso fue una gozada, como siempre, no el mejor que vi de los RHCP, pero un show!

javi
10.07.2012 | 14:12
javi

http://detripasrockandroll.blogspot.com

Lourdes
10.07.2012 | 12:56
Lourdes

Está crónica es la de un Rock in Rio en una realidad paralela???Los Red Hot Chili Peppers esrtuvieron correctos en general. "Kiedis dirige sin pausa con sus bailes, piruetas ..."??? O es que cuando eso sucedió debía estar mirando el suelo o tengo principio de Alzeihmer porque a excepción de Flea y de los audiovisuales, Kiedis y Klinghoffer permanecieron la mayor parte del tiempo estáticos. Sí,fue un buen concierto pero no "El Concierto" que es lo que esperas de estos californianos que salian desnudos a tocar en sus comienzos y que a lo largo de los años al final de sus conciertos te dejaban completamente agotado. Por otro lado Incubus hizo que los pocos que estabamos allí para ver a las dos bandas disfrutaramos de principio a fin de un concierto que se quedó muy corto,pero es lo que tienen los festivales y sus programciones al milimetro.

Cristina
09.07.2012 | 00:19
Cristina

Una visión de la noche en Arganda muy bien narrada, aunque el último trabajo de estos chicos no me parece tan irregular Y entre hit y hit no suena cualquier cosa., sino el espíritu de Flea!!! Buena crónica!

Tomás
08.07.2012 | 23:52
Tomás

Que coño de crónica es esa? Que verguenza! Deleznable. Por cierto, Gogol Bordello es uno de los artistas más auténticos del panorama musical actual y su directo es inmejorable. Yo también quiero saber quién escribió esto.

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