El dúo sueco en un momento de su actuación (Foto: David Gallardo).
Concierto: Roxette.
Lugar: Palacio Vistalegre. Madrid.
Fecha: 18 noviembre 2011.
Precio: 50,50 euros.
Asistencia: 10.000 personas.
Hubo un tiempo en el que Roxette estaba allí, donde todos quieren llegar, en lo más alto, donde da vértigo. Dominadores del mundo durante la transición entre los ochenta y los noventa, incluso tu madre supo quienes eran "la rubita y el pelos", después de que se colaran en los hogares españoles en aquella noche que enfilaba la inquietante nueva década. Y así, perpetuamente vestidos para el éxito, se presentaron anoche Marie Frediksson y Per Gessle ante el público español, taitantos años después. Igual que ayer, con más arrugas, pero frescos, como siempre.
Tras el infalible arranque con la citada Dressed for succes, prendió fuego a tope esa pequeña bomba guitarrera que es Sleeping in my car y luego, venga, va, ya empezaba a dar todo igual y The big L puso a corear sin fisuras al respetable. De hecho, se escuchó en demasía cantar al público, que no perdonó ni media, y eso que había tenido apenas tres oportunidades. Wish I could fly templó un poquito los ánimos, mas no las gargantas. A pesar de que presentaban un nuevo álbum publicado hace unos meses, Charm school, hubo que esperar 20 minutos para que cayeran un par de nuevas composiciones: Only when I dream y She's got nothing on (but the radio). A partir de ahí, si te he visto no me acuerdo, vuelta a la gramola.
Siempre desgranando ese pop rock inofensivo pero en cierta manera emocionante, sonaron Perfect day, Things will never be the same y esa joya de la corona que es It must have been love, con la que en 1990 conquistaron definitivamente las listas de medio mundo y con la que pusieron banda sonora al estúpido amor entre Richard Gere y Julia Roberts por las (suburbiales y lujosas a partes iguales) calles de Los Angeles en Pretty woman. Un rápido vistazo alrededor para constatar que les echaba de menos mucha más gente de la que muchos preveían de primeras. 10.000 personas vibraron con un fin común: divertirse con estribillos efectivísimos.
Complicado es ver en Vistalegre a toda la grada puesta en pie, por una noche con el sonido a babor (la gente cantaba y a partir de ahí, ganas), algo que sucedió básicamente porque las canciones de Roxette puede que no se sepa muy bien donde reposan, pero sí está claro que revivieron desde las gargantas de todos los que dieron sus primeros pasos estre 1975 y 1980. Si no naciste en ese lustro, olvídate de comprenderlo: es tiempo perdido. Más allá de esos cinco años, eres un mago si estuviste anoche en Vistalgre y sentiste algo, más que nada porque estabas fuera generacionalmente hablando.
Sin embargo, la música de Roxette sigue siendo evocadora aún con el paso del tiempo, aún con el paso de dos décadas: de hecho ese es su principal valor. Cierto es que Marie jugó a defender con profesionalidad sus tareas vocales, pero cierto también es que Per fue de jugón y se llevó todos los galones con honores. Ella se movió poco, él se movió más, pero el público obtuvo lo que quería, menos mal, y todos aplaudieron, nadie se aburrió, y fuimos directamente a los coros. El repaso a Joyride prosiguió con Fading like a flower, y luego cayó, cual flor caduca, obvio, ese Crash boom bang que sonó casi, casi, al Nothing else matters de Metallica. Con careto a cuadros se quedó alguno en la grada alta. Pero incluso allí se cantó.
Porque todos cantaron, todos corearon, todos habían ido a recordar cómo eran 20 años antes. Tarea inútil, pero igualmente adorable, pues diferentes son. Se lo llevaron de calle los suecos, que no fueron tan fríos como parecen en las guías de viajes. De hecho, una nueva pregunta fue How do you do, y una nueva respuesta obvia fue Dangerous, a tope. ¿Y sabéis qué? El pop fue, una vez más, divertido, pase lo que pase.
Tras la magnífica Spending my time (menos mal que jamás optaron por la versión española Un día sin ti), acometieron The look, imparable viaje en el tiempo hasta donde cada uno pudiera. Bravos, coros, palmas, recuerdos, amores, dolores, enfermedades. Hazte un favor, escucha a tu corazon, esa es tu iglesia. Era complicado, pero Listen to your heart y Church of your heart tenían la clave anoche por algo. Porque así tenía que ser. Porque años después las canciones de Roxette siguen vivas en los corazones de la gente y más secreto no hay. No hay.
David que bien has contado todo lo que vivimos, somos los mismos a pesar de los 20 años, fue la hostia, gracias, gracias por recordarnos lo bien que lo sentimos
En Francia,Suiza(paises del primer mundo) A rosette no los conoce ya ni el tato.En España la patria de Zetaparo y Ramoncín llenan.
Totalmente de acuerdo con José Luis, allí había también bastantes que ya no cumplimos los 40. Un concierto muy bueno y muy divertido. Per y Marie son dos profesionales como la copa de un pino, más teniendo en cuenta la enfermedad de Marie.
David. Suscribo todo lo que has escrito, excepto lo de la edad. Tengo 45 años y a Roxette les sigo desde 1988. Sus canciones forman parte de la banda sonora de mi vida y ayer, viajé 20 atrás en el tiempo. Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien en un directo.
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