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Pereza en directo, pequeñas lecciones de rock and roll

El grupo madrileño prosigue su triunfal gira veraniega y demuestra, ante 2.500 personas en Pozuelo de Alarcón (Madrid), que los años en la carretera han dado sus frutos en forma de impecable directo. Por Jorge Arenillas

Pereza en directo, pequeñas lecciones de rock and roll

Rubén, Tuli y Leiva, los tres miembros originales de Pereza, anoche en Pozuelo de Alarcón, Madrid. (Foto: Ana Pérez).

Lugar: Auditorio El Torreón de Pozuelo de Alarcón (Madrid).
Fecha: 04/09/10.
Precio: 8 euros.
Asistencia: 2.500 personas (lleno).

Enfila su recta final la gira de Aviones, un disco cuya buena acogida ha sorprendido incluso a sus autores, porque resulta inexplicable que los 17 medios tiempos (la mayoría baladas acústicas) que conforman el álbum no hayan alejado al público más adolescente de Pereza. Pero los conciertos siguen llenos y las nuevas canciones han sabido hacerse respetar, ganando, eso sí, algo de músculo eléctrico para el directo. El tour terminará en el Palacio de Deportes de Madrid para finales de este 2010, en una fecha todavía por concretar; aunque para entonces no quedará ningún madrileño que no haya tenido ocasión de verlos, primero en el recurrente tramo en teatros y ahora en las fiestas de varios municipios.

El Torreón de Pozuelo es un anfiteatro al aire libre con cierto encanto setentero, a la manera del auditorio del Parque de Atracciones en el que tenían lugar aquellas matinales rockeras con Tequila. No resulta difícil para un grupo en alza llenar su aforo de 2.500 personas, y menos a un precio tan asequible como 8 euros. Anoche, a pesar de las entradas agotadas, se podía pasear por el recinto con holgura, quizá porque las autoridades (temerosas de una revuelta popular absurda como la del año pasado) optaron por no crispar a la ciudadanía con estrecheces. Lástima que no remataran la jugada poniendo más de dos barras, porque una cerveza fría hubiera ayudado a muchos a combatir el bochorno de no haberles disuadido las kilométricas colas.

Cierto también que no hubieran podido pedirse esa cerveza, porque la media de edad era de 17 años (y el nivel de belleza alto, todo sea dicho). ¿Sabrán los adolescentes de quiénes hablan Leiva y Rubén cuando mentan a Chuck Berry, Lou Reed o Burning en sus canciones? Si alguno de estos chavales acaba poniendo esos exóticos nombres en Spotify, daremos por buena la confusión que ha convertido a Pereza en un supuesto grupo de radiofórmula. Los que no alientan mucho debate son sus teloneros 84, uno de tantos combos en la estela sonora de Pignoise, idóneos para ponerle sintonía a la próxima teleserie de Antena 3 que precise de letras pueriles (la única disculpa que tienen es su insultante juventud).

En el modesto escenario preparado para Pereza convivían (o se daban de tortas) telones y lámparas de terciopelo rojo con las clásicas estructuras de mecano-tubo. Las luces se apagaron a las nueve y veinte, diez minutos antes de lo previsto. Hubo un rugido de bienvenida cuando dos magras siluetas aparecieron por el lateral del escenario. ¿Quiénes podían ser excepto Rubén y Leiva? Atacaron Leones, siempre la primera de su inmutable repertorio. El sonido, potente y claro en las primeras filas, se embarullaba conforme subía por las gradas del anfiteatro hasta convertirse en una cacofonía en lo más alto.

Los primeros 25 minutos del concierto resultaron arrolladores, con la concatenación de Animales, Mánager, Como lo tienes tú y Yo nací para estar en un conjunto. A Pereza no le faltan temas de éxito, eso está claro: todos los espectadores cantaron a pleno pulmón con un entusiasmo que ruborizaría a los fans de Metallica. Durante estos primeros temas, Rubén y Leiva evitaron el contacto visual con las primeras filas y se concentraron en tocar. El juego de luces ayudó a disimular el inexplicable estatismo de los cantantes.

Siguió un bloque algo más atrevido de baladas del último disco (Voy a comerte, Pirata, Windsor, 4:26), para el que se vio a un pipa abrillantando amorosamente la guitarra acústica que luego utilizaría Rubén. No flaqueó el entusiasmo del público, empero, y para Amèlie los mecheros compitieron con los Iphones de última generación. Esta canción es una reproducción tan fidedigna del estilo Calamaro (fue un acierto invitarle a cantarla en el disco) que siempre se echa en falta la voz de Andrés. En estos temas menos estruendosos tuvieron espacio para lucirse el teclista César Pop y el saxofonista Tuli, quien por cierto fue el tercer miembro de la formación original de Pereza, entonces como baterista.

Una apañada versión de With a little help from my friends (con toda la banda haciendo coros) precedió a Beatles, una canción con ángel. Delicada y fantasmagórica sonó Llévame al baile, con un rever de ultratumba en el solo de saxo y la voz de Leiva. También triunfó el díptico Madrid/Lady Madrid, demostrando que las baladas son el fuerte de Pereza, lo mismo da por quién vengan firmadas.

El ímpetu rockero se recuperó con la disparada Tristeza y con la provocadora Grupis, en la que Leiva presentó a toda la banda con notable gracejo, animado por los acordes y los coros de T.N.T.Thunderstruck de AC/DC. También Leiva se permitió tocar la guitarra de Rubén mientras abrazaba a éste por detrás, en una escena de camaradería homoerótica digna de una película de Owen Wilson y Ben Stiller. En general, Leiva está más parco en palabras que antes, lo que hace que el concierto mejore en ritmo: los discursos nunca fueron su fuerte.

Dos horas habían pasado veloces cuando la banda se bajó por vez primera del escenario. Los espectadores parecieron de repente agotados de tanto cantar y olvidaron reclamar la vuelta de los músicos, así que éstos esperaron cinco minutos y acabaron por salir de todos modos. Sr. Kioskero (sin el vergonzante teatro que la acompañaba el invierno pasado) y Superjunkies, dos temas claramente menores, resultaron una elección extraña para acabar el concierto, pero al menos permitieron a Rubén y Leiva guarrear con sus guitarras de esa forma en la que ya no se atreven a hacerlo los abuelos Stones, pese a quien pese. Veinte minutos se alargaron esos dos temas hasta la despedida definitiva.

Pereza están en un momento perfecto para grabar ese disco en directo que hasta ahora han esquivado, lo que ayudaría además a que nadie ocupe su espacio si siguen adelante con sus planes de parar un tiempo (salvo quizá los miméticos Sidecars, ¡cría cuervos y te sacarán los ojos!). Y, sobre todo, serviría para convencer a los escépticos de que Pereza hacen rock y lo hacen francamente bien.

05.09.2010 | 3 comentarios
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Comentarios

VaneSister
06.09.2010 | 16:56

Estoy de acuerdo con villafru ... 84 no tiene similitud con Pignoise y nunca la tendrá..a ver si siendo encargado de hacer una crónica presta más atención al concierto y deja de juzgar a un grupo porque el público sea joven o lo deje de ser... Gracias por la crónica

villafru
06.09.2010 | 13:34

Hola Jorge Arenillas. Es evidente que no debiste prestar la más mínima atención al concierto de los teloneros, 84. Su similitud con Pignoise es cuanto menos cuestionable; no sabría ni por dónde empezar a comparar, la verdad. Sobre su juventud, bien, desconozco tu edad, pero ellos gastan entre 26 y 27 años. Salvo el baterista, que es del 86. Lo de las letras pueriles también es cuestionable. No se que música escuchas tú. Por cierto ¿te has parado a escuchar atentamente las letras de los Beatles? Sin más te animo a que prestes un póco de atención la próxima vez y no te mosquees con el público, muy bello por cierto, de 17 años.

Alejandralsr
05.09.2010 | 15:43

Mágico, increible, insuperable, son únicos. PEREZA a noche triunfó aun que no esperaba menos, es más me he hecho el usuario solo para comentar, porque merece la pena. Todo pozuelo se tiraba sobre ellos las chicas tiraban sujetadores. Pozuelo se quedó mudo de gritar y cantar. Solo puedo decir una cosa: PEREZA SOIS LA POLLA. firmado: la del sujetador de murcielagos.

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