¿Qué va a ser de ti?

Rodrigo Fresán pone punto y final a su columna 'Tengo una pregunta', partiendo del famoso tema de Serrat para ahondar en la historia de las groupies que inspiraron a los más grandes
Por - 23 de octubre de 2014
-
-
-
estrellaestrellaestrellaestrellaestrella
Imagen principal de la noticia

Rodrigo Fresán por Consuelo Bautista

ETIQUETAS

“¿Qué va a ser de ti, lejos de casa? ¿Nena, qué va a ser de ti?”, repite una y otra vez –más vecinal que paternal, como si fuese un testigo involuntario pero curioso y un punto perverso, desde la casa de al lado—Joan Manual Serrat.

“Qué va a ser de ti” es el track 6 de mi CD y, si la memoria no me falla, primera canción del Lado B de Mediterráneo en versión LP. Para muchos, Mediterráneo (de 1971 y con esa portada crepuscular y con doble exposición tan seventies, y nuestro héroe como indiscutible sex-symbol progre con camiseta estrellada) es el mejor álbum de Serrat. No estoy tan seguro de ello (yo le tengo más cariño a Para vivir, también conocido como Serrat ’74 y que es casi como una secuela/siamesa de Mediterráneo); pero sí que es el mejor balanceado y que funciona como una suerte de summa creativa/temática de las obsesiones del catalán.

40 años de Mediterráneo, la obra maestra de Serrat

En Mediterráneo está todo lo serratiano: la canción/estandarte (Mediterráneo), el romanticismo-existencialista (Aquellas pequeñas cosas), el sentimiento amoroso del varón adorador y orgullosamente domado (La mujer que yo quiero y Lucía), la revisión de la infancia (Barquito de papel), la pericia narrativa aquí al servicio del gótico de tierra baldía (pueblo blanco) que alcanzaría su cumbre tres años después con Romance de Curro ‘El Palmo’, la picaresca nómada (Vagabundear), y la apropiación generosa del poema ajeno al musicalizarlo (Vencidos de León Felipe).

Pero de todas estas canciones mediterráneas, la que a mí me inspira más cariño desde siempre ha sido Qué va a ser de ti. Otro de esos grandes character studies de Serrat en los que –como en Señora o Antes de que den las 10el cantautor pintó con trazos justos y precisos el tajo insalvable de la por entonces gran brecha generacional (hoy no hay problema porque los hijos, si se van de casa, es para irse junto con sus padres a sobrevivir a la de los abuelos).

¿Ha visto alguien a mi baby?

Y tal vez me gusta tanto porque la escuché de niño, por primera y muchas veces, en una Buenos Aires donde su melodía ligera pegaba muy bien con cierto beat porteño que, seguro, inspiró más tarde a Andrés Calamaro o a Ariel Rot. Más allá de todo lo anterior, Serrat canta Qué va a ser de ti con entrega y, en ese crescendo de un par de versos que anticipa el estribillo coral, conseguía emocionarme de verdad mientras yo, ocho años de edad, pensaba y me preguntaba qué sentido tenía irse de casa a buscar la felicidad cuando –a pesar de esos divorcistas en serie que eran mis padres—yo era tan feliz allí, escuchando a Serrat.

Ahora, tanto tiempo después, Qué va a ser de ti –que encuentra su contracara macho en Mediterráneo apenas minutos después con la hedonística y post-beatnik Vagabundear- tiene para mí un interés pop añadido. Obvia y casi refleja aproximación ibérica al She’s Leaving Home de The Beatles, Qué va a ser de ti canta y cuenta el inicio de lo que tal vez sea una saga épica (con la nena triunfando en la gran ciudad) a florecer como una primavera. O, tal vez, insinúe el primer y breve y único acto de un drama familiar en la que la protagonista volverá con la cola entre las patas a la casita de los padres y –lejos de la psicodelia beatle y de la idea de que el Swinging London era Eldorado y Abbey Road su camino de piedras amarillas conduciendo hasta los oropeles del gran Oz— su destino acabará siendo más cercano a lo que advertía Ray Davies desde The Kinks. En esas pequeñas y muy conservadores viñetas morales –pensar en Starstruck, Polly, Big Black Smoke; su hermano Dave se sumó a la idea con su Susannah’s Still Alive— en las que la jovencita acaba siendo encandilada por las luces de la metrópoli peligrosa, a la lo sumo accedía a la efímera categoría de groupie (término cuya creación muchos atribuyen al Rolling Stone Bill Wyman durante un tour sesentero) y sabor de la semana pronto a ser descartada y renovado. Y acababa extinguiéndose o –danger! danger!– incorporándose al harén feroz de algún Charlie Manson o metiéndose en una habitación del Chelsea Hotel con Syd Vicious. Pero –si había suerte y según los hermanos Davies—todo desembocaba en regreso al village green para pedir disculpas, volver a ser “felizmente encadenada”, y acaso informarle a sus progenitores que pronto serán abuelos. “Pienso que la linda Polly debió haberse quedado en casa”, concluye Ray Davies. Y quién puede no darle la razón.

Entrevista | La groupie más famosa del rock

También es cierto que –dentro del bestiario del rock— la chica ligera de falda corta e impermeable amarillo ha tenido sus buenos momentos. Ahí está la entrañable Penny Lane en la Casi famosos de Cameron “Yo Quiero Ser Frank Capra” Crowe. O Pamela Des Barres y sus amiguitas. Entre ellas, las más o menos célebres Tura Satana (reina del explotation film), Bebe Buell (madre de Liv Tyler e inspiradora directa de la ya mencionada Penny Lane), Patti D’Arbanville (a quien Cat Stevens dedicó sus aleccionadoras Lady D’Arbanville y Wild World)  y Cassandra “Elvira” Peterson. Falta cada vez menos para que la HBO o la AMC las revisite y las iconice a todas en una serie que bien podría llamarse Crazy Chicks o True Babes o Breaking Very Very Bad o, sí, Remasters of Sex. Chicas todas que supieron erigir toda una vida y obra a partir de los recuentos horizontales entre sábanas de dioses de la guitarra (o del bajo o de la batería o de los teclados o de lo que sea) insistiendo que “la groupie es al rocker lo que María Magdalena es a Jesús”. Algunas de ellas, incluso, ascendieron a la categoría de esposas cancerberos –Paty Boyd enganchó primero a George Harrison y después se fue con Eric Clapton luego de que este le dedicara Layla– que tenían muy pero muy claro que una vez que ellas cruzaron el puente y tomaron el castillo, el puente debería ser quemado y jamás reconstruido. Y ya que estamos en tema, quemarlo todo; porque –como lo advirtió McCartney— las groupies a veces entraban por la ventana del baño.

Y –a su muy particular y productiva y admirable y talentosa manera—Yoko Ono y Patti Smith y Joni Mitchell y Rickie Lee Jones supieron sortear el peligro de ser apenas followers para ser seguidas. Una de las más curtidas de todas ellas –Marianne Faithfull— acaba de publicar nuevo disco, Give My Love to London, una vez más mecida y abrigada en su crepúsculo por jóvenes fans que no dudan en escribir para ella lo que ella quiera recordar, entre versos, de sus años movidos y conmovedores. Años en los que –como en los créditos de apertura de la recientemente corregida y aumentada en la Criterion Collection A Hard Day’s Nightlas jovencitas corrían detrás de John & Paul & Ringo & George (que se caía de verdad y dolía verlo y quien más tarde le dedicó a todas ellas su Apple Scruffs) mientras, en sus casas, los dolidos progenitores seguían preguntándose qué pasó, a dónde se han ido.

Apple Scruffs: las Beatles hablan

Y el paso del tiempo no hace más que resolver el misterio.

Muchas de ellas, tantas décadas después, son hoy abnegadas abuelas que acompañan a sus nietas a acampar durante semanas a las puertas de auditorios donde harán lo suyo Justin Bieber o Lady Gaga o One Direction o Miley Cyrus. Y seguro que esas venerables y bien conservadas ancianas piensan –y no se equivocan—que The Beatles eran y son y seguirán siendo mejores que todos estos hijos bastardos de una cruza entre Disney y el sexting. Elegantes damas que, saliendo rumbo a estadios de la mano de sus nietas, seguramente se preguntan y se cantan, en voz baja, “¿Qué va a ser de ti lejos de casa? ¿Vieja, qué va a ser de ti?”

Y, ok, de acuerdo, hay registros de un groupie macho. Un tal Pleather, quien desfallecía por Courtney Love y The Bangles. Pero son los menos y, de verdad, quién le compondría una canción a un chico que se va de casa en busca de Lana Del Rey.

Lo que –hombre de más o menos bien– me lleva a un último rapto de sinceridad. Último, porque esta columna que se ha venido preguntando cosas desde hace un año llega a su fin. Su final. Esta columna se va lejos de casa: esta columna it’s leaving home. ¿Qué va a ser de ella? ¿Quién lo sabe? Esta columna que –ahora que lo pienso—siempre fue un poco groupie y posesiva y acosadora y fanática y mitómana y que, doce ediciones atrás (gracias, Beatriz) comenzó con un ¿Cómo se siente? a partir de ese verso en llamas con el que Bob Dylan interrogaba a quemarropa a aquella “princesa en el pedestal” (¿la súper-star groupie warholiana-dylanita Edie Sedgwick? la también protagonista de ese otro “Qué va a ser de ti” que es Just Like a Woman) seducida y abandonada y de pronto descubriéndose sola y como “una completa desconocida” y “sin dirección a casa” y ¿cuál era la respuesta?

La respuesta –la última respuesta, fue un placer y un privilegio girar aquí— contiene entre sus letras el nombre de esta revista.

La respuesta es, sí, “Like a rolling stone”.

INFORMACIÓN RELACIONADA

Escribir comentario

Debes iniciar sesión para comentar en Rolling Stone

Si no tienes cuenta, puedes crearla en apenas unos segundos.

También puedes iniciar sesión mediante: