Noel Gallagher, anoche en La Riviera de Madrid. (Foto: Ana Pérez)
Concierto: Noel Gallagher.
Lugar: Sala La Riviera (Madrid).
Fecha: 26/11/11.
Precio: 25 euros.
Asistencia: 2.500 personas (lleno)
Repertorio: (It´s good) To be free, Mucky fingers, Everybody´s on the run, Dream on, If I had a gun, The good rebel, The death of you and me, Freaky teeth, Wonderwall, Supersonic, Record machine, AKA… What a life!, Talk tonight, Soldier boys & Jesus freaks, AKA… Broken arrow, Half the world away, Stranded on the wrong beach, Little by little, The importance of being Idle, Don´t look back in anger.
No había anoche en Madrid un lugar con más ingleses en modo hooligan por metro cuadrado que La Riviera; y entiéndase hooligan en un contexto positivo, en el de “exaltación de la camaradería viril y derramamiento a discreción de minis de cerveza”. Eso, hay que reconocérselo, nadie lo hace mejor que un guiri. El ambiente en la sala era parecido al de un concierto de Hombres G en Londres: todos habían venido a por su ración de nostalgia y a sentirse un poco más cerca de casa a través de la música.
También había españoles, claro: aquellos a los que la explosión britpop de finales del siglo pasado les pillara en plena efervescencia adolescente (la época en la que más permeable eres a la emoción pura de una buena melodía) o tal vez de Erasmus por las islas. Era fácil distinguir al inglés del español entre los dos millares largos que llenaban la discoteca, porque el primero cantaba a pleno pulmón cada letra de cada canción, y el segundo farfullaba hasta la llegada del estribillo. Unos y otros estaban allí para lo mismo, rendir pleitesía al mayor de los Gallagher; pues, si hace quince años tocaba ser “de Oasis o de Blur”, ahora la pregunta se ha transmutado en “¿eres de Liam o de Noel?”.
Los madrileños no han tenido que elegir dado que Beady Eye, el grupo del benjamín Liam, tocó antes del verano en la misma sala donde ahora se ha presentado Noel. Éste parte con una pequeña ventaja a la hora de agradar a su público porque la mitad de su repertorio está formado por éxitos de su antigua banda; algo a lo que su hermano se ha resistido, tal vez solo para privarle de más ingresos por derechos de autor. A lo que llega el rencor… Noel no cuenta con la voz icónica de Oasis para apoyar esos temas en el directo, pero tampoco es que eso importe mucho en una sala con la acústica de La Riviera. Y siempre queda la socorrida solución de dejar cantar al respetable.
Poco después de la nueve se dejaban ver esos High Flying Birds de Noel Gallagher y el público les daba la bienvenida con un rugido fervoroso. (It´s good) To be free, toda una declaración de intenciones se mire por donde se mire, abría el recital con un sonido embarullado que mejoraría poco a poco a lo largo de la siguiente hora. Un juego de luces competente permitía ver las caras de los músicos: lo mínimo que cabe exigir, porque en los directos, además de escuchar la música, quieres asistir a la interpretación de la misma (sí, digo esto por esos fans de Fleet Foxes que lo disculpan todo).
No es que esta banda tenga tampoco la presencia escénica más arrebatadora del mundo. El quinteto está en su sitio, de forma real y metafórica; y ninguno de ellos, ni el mismo Noel, acapara la atención. Tal vez el baterista, con su bombín y su barba que le dan un aire al Bud Spencer de los spaghetti westerns de los 70, sea el más peculiar de todos, pero no hay poses estelares en este grupo.
La pequeña gran sorpresa de la noche fue lo bien recibidas que fueron las canciones del primer disco de Noel Gallagher, Noel Gallagher's High Flying Birds. No es mala cosa ese elepé y, aunque simplificados en sus arreglos, todos sus cortes conservan su vitalismo en el directo: prescindiendo de metales y cuerdas, sustituyéndolos por guitarras, teclados y las voces desgañitadas del público. El entusiasmo no declinó con ninguna canción, pero incluso alguna como AKA… What a life! se acercó a los niveles de delirio de los himnos de Oasis.
Hablando en términos relativos, claro. Porque, cuando a los cuarenta minutos, Noel se colgó una guitarra acústica e interpretó versiones consecutivas de Wonderwall y Supersonic, en toda la sala se respiraba felicidad pura. Y para cuando el concierto se cerró a la hora y media con Don´t look back in anger, directamente no se respiraba, por todo el oxígeno que consumían 2.500 personas cantando con semejante entrega. Es difícil que una ola de amor semejante no te conmueva incluso aunque nunca hayas sido fan de Oasis.
Noel Gallagher no será el cantante más carismático que se haya visto sobre un escenario, pero tiene un saco de buenas canciones para compensarlo. Distanciarse de Liam le ha servido también para corregir esa impresión de divos intratables que transmitían los dos hermanos juntos, con lo que puede aspirar a reclutar para su causa incluso a espectadores que no toleraran el estilo de Oasis. No parece que Abel tenga motivos para querer una pronta reconciliación con Caín.
¿3/5? No se que coño os pasa con Oasis, el concierto ha sido EPICO.
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