Curioso. El run run en la taquilla de Puerta del Ángel, en Madrid, donde se celebran este verano los Conciertos de la Villa, se podría resumir en una frase: “Sí, Jeff es muy bueno, pero no será tan cabrón de empezar el concierto a las 10 de la noche”. Lo decían varios que acudían a comprar antes las entradas para no perder tiempo después del partido. Jeff no fue tan perro. A la hora prevista para que comenzase el concierto (22.00 horas), los bares de alrededor de la Casa de Campo, de Madrid, y de toda España, estaban más pendientes de que el árbitro pitase el final del partido (que daba el pase a la final a la Selección), que de lo que Jeff Tweedy, de 43 años y uno de los músicos más brillantes de los últimos años, fuese a hacer sobre las tablas. Por eso Jeff, al que no le gusta el fútbol y es un caballero, esperó.
Eso sí: fue sonar el pitido final y una avalancha de gente abandonó los bares para situarse frente a un Tweedy, que se presentaba en acústico, con su guitarra, sin banda. Pelo revuelto, barba de varios días y la única compañía de seis guitarras acústicas para ofrecer un concierto que resultó mágico. Sólo había que echar un vistazo a la colas de la entrada para ver eufóricas caras por el tema futbolero, que seguro alguno hubiese preferido un sudoroso concierto de, por ejemplo, AC/DC, que la tranquilidad de Tweedy.
Pero el norteamericano supo llevar el asunto a su terreno. Estaba de buen humor y bromista. Agarrado a sus guitarras, estaba empeñado en que olvidásemos el soccer durante las dos horas que duró el concierto en el que hubo demasiados sitios vacíos (no se vendieron más de 1.000 entradas). Jeff Tweedy arrancó con I am trying to break your heart y I'll fight, de su último disco y queda lo hipnótico, lo evocador de sus canciones. Jeff es un genio a la hora de hacernos viajar. De la nieve, en pleno verano, a las montañas de Illinois… Pero en fútbol no era tan fácil de olvidar.
Entre canción y canción los comentarios al deporte eran inevitables. Jeff dejó caer que aquella era “una noche especial”. Desde el público se oyó un sonoro: “¡Viva Puyol!”. La gente estaba tan eufórica tras el partido que tenía curiosas peticiones Impossible Germany (¿lo pillas?) del álbum de Wilco Sky blues sky. Incluso se atrevía a pedir el You never walk alone, el himno de las victorias del Liverpool. Lo que sí estaba claro es que muchos tuvieron que poner el móvil en silencio para que en los primeros minutos del concierto no se oyesen las llamadas de primos, amigos y hermanos para celebrar telefónicamente el pase a la final de España. “Me siento muy decepcionado”, dijo Jeff. “Me he dado cuenta hoy que eso de ‘oe oe oe oe oe’ lo hacéis para animar a vuestros jugadores. Yo creía que sólo lo hacíais en los conciertos de Wilco”.
Las bromas futboleras no ganaron a la música. Lo que ofreció ayer Jeff es un rock acústico terapéutico digno de Dylan en sus momentos en solitario. Canciones desnudas: Via Chicago, Kamera, Not for the season, Jesus etc (de la que grabamos el vídeo), You and I, Hummingbird, Heavy metal drummer, Theologians, The late greats, One wing... En las que daba la impresión de que a Jeff le sobraba el micrófono, para que la cosa fuese más trovadoresca, añeja y auténtica. Por eso la última canción la interpretó al borde del escenario, sin micro, para poner los pelos de punta al respetable. Casi tanto como el gol de Puyol.
Pero no acabemos esta crónica sin una reflexión crítica. Sorprende el grado de concentración del público, capaz de abuchearte si estornudas o susurras algo a tu compañero de concierto. Se respeta el silencio mucho más que en la Catedral de Santiago o en un concierto de Rufus Wainwright (que prohibió al público aplaudir entre canción y canción en su última gira). No perdamos los papeles, por favor.
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