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Gloriosa sesión de sexo tántrico de Red Hot Chili Peppers en Madrid

La banda californiana, eternamente joven, ofrece un recital incontestable y triunfa, en el Palacio de los Deportes, durante dos horas con una pegada imponente. Por David Gallardo

Gloriosa sesión de sexo tántrico de Red Hot Chili Peppers en Madrid Anthony Kiedis, dirigiéndose al público, anoche en el Palacio de los Deportes. (Foto: Ana Pérez)

Concierto: Red Hot Chili Peppers.
Fecha: 17 diciembre 2011.
Precio: 54 euros.
Telonero: Foals.
Asistencia: 15.000 personas (lleno).

La eterna juventud, la inmortalidad, la invulnerabilidad, la lucha contra la flacidez, la indestructibilidad. Todo eso y muchísimas cosas más significa Red Hot Chili Peppers a día de hoy, banda capaz de levantar cualquier decadencia, igual que ese amigo que todos esperan tácitamente, conscientes de su poder elevador, más allá de miserias, prejuicios, recuerdos y escrúpulos. Es la fiesta de la vitalidad musculosa, desafiante, patinadora y surfera, el toque funky para las masas con cero grasas. Y tiene  el don de detener el tiempo, no ya en las dos horas que dura su actual espectáculo, sino durante los últimos 20 años, pues los californianos mantienen un perenne y saludable aspecto más allá de los límites del raciocinio.

El disco I'm with you es su última excusa para escapar de las playas de Venice y Santa Mónica y recorrer el mundo levantando ánimos. Precisamente por eso la noche arranca con Monarchy of roses, más que bien recibida por las 15.000 personas que llenan el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid en la gran cita internacional musiquera del año en la capital. Los de la pista sufren tirones de diferente intensidad en los gemelos mientras los de las gradas utilizan los asientos para dejar las cazadoras, mas nunca jamás para colocar sus posaderas, bailonas todas y cada una de ellas. Sabedores de que están ante una de las bandas más poderosas del planeta, se mantienen erguidos por respeto y por decencia. 

Rápidamente luciendo sorprendentes musculitos en sus cuerpos con medio siglo de castigo, el carismático Anthony Kiedis y un asombroso Flea pusieron la maquinaria a funcionar a todo trapo con Can't stop, Charlie y Scar tissue. Ya entonces, apenas transcurridos los primeros 20 minutos de velada, había quedado constatado que los Red Hot siguen siendo esos tipos fibrosos de indudable vigor masculino que comenzaron a comerse el mundo más de 20 años atrás. Gracias en gran medida a la labor en los tambores de Chad Smith, metrónomo humano, sujeto de ocho brazos y seis piernas, lanzador de baquetas profesional, capaz de marcar cualquier ritmo imaginable con pasmosa eficacia.

Completa el plantel de músicos Josh Klinghoffer, muchacho de apenas 32 años con la nada agradable papeleta de sustituir al mago John Frusciante. Sin aspavientos, sin florituras, pero con una concisión y una fiabilidad fuera de toda duda, el rookie del año incluso se atreve a reclamar su parcela de protagonismo con un buen puñado de guitarrazos certeros que van directos a tu columna vertebral. Throw away your television, aparte de ser el mejor consejo que jamás nadie podrá dar a través de un micrófono, sirve para confirmar que las guindillas picantes suenan aún hoy como un rodillo triturador que, implacable, termina por someter a todos y cada uno de los incautos que se cruzan en su camino.

Que Flea y Chad forman una de las bases rítmicas más potentes y fiables de la historia del rock es algo ya fuera de toda duda, pero nada serían en realidad sin ese bigotudo Mauricio Colmenero poniendo la carita y entonando sin descanso en Breaking the girl, The adventures of rain dance Maggie o Higher ground. No en pocas ocasiones los cuatro músicos se juntan en torno a la hoguera (batería) de Chad como si de una acampada de verano se tratara, con la diferencia de que en lugar de contar truculentas historietas, se dedican a remover salvajemente entrañas ajenas sin ningún tipo de consideración mientras aporrean sus instrumentos. Porque el palpitante bajo de Flea te cambia abruptamente los pulmones de sitio en lo que tardas en encenderte furtivamente un pitillo esquivando la acechante culpabilidad.

El gentío en ningún momento decayó, pero es que con Under the bridge, Factory of faith, Californication y By the way la histeria alcanza ya niveles denunciables y ajenos a cualquier tipo de lógica. Anthony, Flea, Chad y Josh se miran, se ríen, corretean, cruzan los rayos, básicamente se lo pasan de muerte. Se llevan bien. Eso, claro, se traslada a un público que no recuerda un sábado similar en la ciudad desde hace ya demasiado tiempo. Precisamente por eso emplea todas sus energías de ese instante en reclamar unas cuantas más, por pocas que sean, por caridad, por derecho, por necesidad. Todo lo contrario a la prolongación de una agonía, los Red Hot Chili Peppers son como una intensa sesión de sexo tántrico. Del bueno, eh, siempre, de lo bueno lo mejor, incluso aunque no toquen algunos de sus mayores éxitos, un lujo que ellos se pueden permitir.

Flea y Josh Klinghoffer, ayer en el Palacio de los Deportes de Madrid.


Incansable en su papel de jornalero de las baquetas, Chad no para de aporrear sus tambores con asombrosa precisión. A Flea le da el punto y se pone a hacer el pino, justo antes de sumarse a uno de esos pasajes instrumentales tan marca de la casa que, de menos a más, son como licuadoras haciendo batidos de piedras. Una vez bebido el sangriento líquido elemento resultante de exprimir tantos corazones, Dani California pone la nota pop a una velada eminentemente funky y rockera, más allá de ulteriores consideraciones estilísticas. La comunión entre banda y público es a estas alturas de la noche absoluta. Unos acarician, otros ronronean. Porque más allá del júbilo evidente, lo cierto es que conciertos como este son como darse una ducha reparadora después de seis días caminando por el desierto de Nevada. Sin espejismos. Con tragaperras. Muchas.

Meet me at the corner aplaca ligeramente los soliviantados ánimos del personal, que ni con esas opta por sentarse en sus butacas de graderío. Expectantes y vigilantes, los asistentes renuevan durante estos breves minutos sus energías para afrontar el gran momento de la noche, Give it away, una de esas canciones que no envejecen, básicamente porque nacieron para cumplir la función de mantener eternamente adolescente al ser humano. Y es que escapando milagrosamente del lógico desgaste del paso del tiempo, con cada nueva gira el “gibiriguay gibiriguay gibiriguay nau” suena más rabioso y desesperado, quizá precisamente porque no deja de ser como un mantra que recitar mientras frotas una lámpara maravillosa, elixir de juventud, promesa de vida eterna basada en el rock.

Fue entonces cuando el Palacio de los Deportes se movió varios centímetros en dirección a la Casa de la Moneda, dejando no pocas costuras rotas en su rudo viajar. Sólo unos pocos lo notaron, ajenos a la demencia colectiva, pero el propio Kiedis optó por despedirse y poner pies en polvorosa, por lo que pudiera pasar. A pesar de que ya cuesta despegar los pies del suelo pegajoso, no cesan los bailes, ya por inercia una vez conquistados los cuerpos sin voluntad. La música pone rumbo a su fin a toda máquina con un ejercicio instrumental improvisado sin vocalista y de la que van desapareciendo progresivamente los músicos, hasta dejar al baterista Chad Smith solo ante el peligro. Para cuando se encienden las luces te descubres a ti mismo sangrante, desorientado mientras buscas la herida. Ya te la han vuelto a clavar. Ha sido suave, pero profundo también. Y placentero.

18.12.2011 | 27 comentarios
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Comentarios

LoveRedHot
30.01.2012 | 23:22
LoveRedHot

No estuve en el concierto... pero ire al de rock in rio (aunque habria preferido el de madrid pero no pudo ser). Veo videos y si que es verdad que Anthony va en decadencia, está más frío y su voz no es todo lo buena que debería, pero Flea y Chad... son geniales, y Josh nunca igualará a John pero hace lo que puede y lo hace muy bien. Lo que me parece lamentable es que haya gente que critique a los Red Hot por haber pegado un bajon en los ultimos años... me duele decirlo pero son unos cincuentones con alma de veinteañeros... pero fisicamente, por muy joviales que sean... son lo que son, y no se le pueden pedir peras al olmo. Para la edad de tienen, y para los kg de drogas que llevan a sus espaldas, estan para envidiarles. Iré a rock in rio, a verles por primera vez... y estoy segura de que será el mejor dia del 2012 para mi.

nana
31.12.2011 | 15:40
nana

estoy totalmente de acuerdo con el redactor de este articulo creo que no se puede expresar mejor o por lo menos es lo que pienso yo quizas porque es al primer concierto que voy de los red hot pero que mas quereis chicos tienen ya casi 50 tacos me gustaria veros con su edad hablar por hablar es muy facil por lo que veo no teneis ni idea. y sinceramente siendo objetiva lo único que no me gusto fue la despedida de anthony para mi gusto muy frio pero bueno como el bien dice pronto nos volveremos a ver jijiiji.ammm y por cierto kame ¿que es lo de las miesteriosas" entradas escondidas de flea"?

jota
28.12.2011 | 01:32
jota

la voz de josh? cojonuda. ni un tio de 20....

Davids
23.12.2011 | 19:16
Davids

Estoy de acuerdo contigo "Jhony kick a hole". Hoy en día, los Red Hot no es que hayan bajado un peldaño.. Es que se han caido por las escaleras. Ojo.. de verdad que no intento que nadie se moleste, pero yo he visto cosas mucho mejores de los red hot, bueno más bien, cualquier otra cosa es mejor. Y repitiendo que para mí Flea dió el cayo y Chad no decaía. Lo demás.. vale, si.. bueno.. ni fu ni fa..

Johnny Kick a Hole
21.12.2011 | 18:03
Johnny Kick a Hole

Mira, tras 6 conciertos de los RHCP en 5 giras, te puedo asegurar que no sabes lo que dices. El concierto fue lamentable, Anthony está desganado y borde, y pagando 54€ me parece una vergüenza el mal sonido y que Josh no tuviese volumen durante medio concierto. Pero claro, a mi no "me la clavaron". Al Rock in Rio que vayan las Beliebers y los redactores de Rolling Stone. Yo mientras no cambie algo radicalmente, digo adiós a la banda de mi vida.

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