Lo mejor. El mítico John Lydon (54 años, en la foto), fundador de los Sex Pistols, fue el triunfador de la tercera jornada del Festival Internacional de Benicàssim al frente de Public Image Ltd (PIL), la banda que formó después de morir los Pistols. Salió al escenario con un poco rockero pantalón de lino blanco y exhibió una gran barriga cervecera, pero su concierto fue muy bueno. Y eso a pesar de que la propuesta musical de PIL no es apta para todos los públicos. Muchos se acercaron al escenario sólo por curiosidad. “No me sé ninguna canción de los PIL, pero quiero ver a Johnny Rotten vivo”, decía uno de los asistentes. Valió la pena, porque el vozarrón de este tipo es inigualable y sus pronunciadas “erres” hay que escucharlas al menos una vez en la vida. Lydon tiró de su repertorio más grotesco: poses trasnochadas, cara de loco, su pelo de punta y los tragos que le pegaba a una botella entre canción y canción. Capítulo aparte era su guardaespaldas: un tipo que se hace llamar John Rambo Stevens, que es además su peluquero. Va vestido de teddy boy de los 50 y da bastante miedo: bailó todas las canciones de PIL en plan ¡marcha militar! No sabemos si acompaña a Lydon para evitar que él se pegue con alguien (en último Summercase de Madrid le rompió los dientes al cantante de Bloc Party), o al revés, para que nadie se meta con él. Tanto en un caso como en el otro, el tal Rambo se gana el sueldo.
Los Klaxons fue el otro gran concierto de la noche, tanto en asistencia (esta banda y Prodigy son las únicas que abarrotaron el Escenario Verde), como en calidad. El grupo inglés tiene un disco en el mercado, Myths of the near future (2007), ¡pero qué disco! Con él triunfaron en todo el mundo y pusieron de moda el género new rave y la moda con colores flúor. James Righton, Simon Taylor Davis y Jamie Reynolds salieron al escenario con túnicas blancas y negras, y consiguieron a base de ritmos electrónicos y voces celestiales crear el primer momento mágico del festival. La multitud se fundió coreando canciones como Golden skanks, It’s no over o Gravity rainbows. La única pega es que sonaban más a pop que a rave, y a la hora que los programaron, tres de la mañana, quizá la gente esperaba un poco más de caña.
Lo peor. El concierto de Ian Brown, cantante de los desaparecidos Stone Roses, fue soporífero. Y eso que empezó fuerte con el tema I wanna be adored, del primer disco de Stone Roses. Brown llegó al FIB con la voz cascadísima y ofreció un concierto largo y aséptico. Pero peor fue, por la gran expectativa, la actuación de Prodigy, cabezas de cartel de la jornada. Empezaron con su bombazo Smack my bitch up, pero les salió desganado y blandurrio. Y ya no consiguieron remontar. El sonido fue desastroso, y ni las payasadas de Keith Flint, sobre el que se proyectaba una luz roja que le hacía parecer el mismísimo Satán, ni la garra de Liam Howlet pudieron arreglarlo. Una pena.
La anécdota. La información la ofrece un taxista de Benicàssim y le ocurrió el jueves, en la primera jornada del FIB. Todo ocurrió llevando a Ray Davies, líder de The Kinks, y a algunos miembros de su banda al festival para su actuación. Así lo narra el protagonista: “Ray Davies y sus músicos se montan en mi taxi. Cuando llegamos al festival comienzan a discutir. Salen los músicos del taxi, pero el más abuelo (Davies) no quiere salir. Yo alucino y sus acompañantes me explican que necesita un momento para estar solo, un momento de concentración musical, que tiene que ser ahora. Yo no doy crédito, pero sus acompañantes me aseguran que me van a pagar todo el tiempo que pase ahí dentro. Así que nada, me bajo del taxi, y le dejo puesto el cd de Fito&Fitipaldis, para ver si se inspira. Está diez minutos y sale tan contento. Eso sí, a mi me pagan y de paso me regalan una acreditación”. Tremendo.
La sorpresa. El viernes, a última hora, el fundador del Ship of mates (el barco de colegas que atracaba en el puerto de Castellón, y que funcionaba como una especie de prolongación del festival, ya que muchos de los artistas del cartel se pasaban a tocar por el barco), Gerardo Cartón, consiguió, con la colaboración de Red Bull, hacer el Bus of mates. La idea es similar: a las 14.00 de la tarde de ayer actuaron encima del autobús aparcado en la playa los españoles Gentle Music Men y Standstill y ofrecieron dos grandes conciertos. El sábado actuaron The Bleach y Digital XXI con Ana Curra interpretando canciones de Parálisis Permanente.
Ana Curra ha vuelto a la vida musical. Aunque en realidad nunca lo dejó del todo. Creo que estuvo dando clases de música a niños en un instituto de El Escorial (creo que lo contó Rolling Stone hace años). A mí sinceramente Digital XXI no me parece el mejor compañero de viaje para su vuelta, pero desde luego hay que reconocerle el mérito de convencerla para que vuelva.
¡Ana Curra actuando! Si llevaba desaparecida un montón de tiempo, ¿no? Qué bueno.
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