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Festival do Norte I: Eclecticismo trazado a compás

Los Enemigos regalan un 'flashback' y Love of Lesbian se llevan el gato al agua. El festival arousano recoge los frutos de un menú para todos los públicos. Por Antonio Casado

Festival do Norte I: Eclecticismo trazado a compás Santi Balmes, cantante de Love of Lesbian, durante su concierto en el Festival do Norte. (Foto: Janite Lafuente).

Concierto: Festival do Norte: Love of Lesbian, Los Enemigos, La casa azul, Pegasvs, Varru Brava, Klaus & Kinski.
Fecha:
27 de abril de 2012.
Lugar:
Villagarcía de Arousa.

 

Me gustaría empezar esta crónica encumbrando el concierto de Los Enemigos. Reservándoles el párrafo más jugoso por su aplastante regreso. Pero no es posible. Love of Lesbian se lo ha comido todo. Han triunfado dejando tras su descarga una estela de historia reciente capaz de reducir el magma previo de watios y egos a un solvente teloneo de seis horas. Embarcados en una paradójica gira de presentación de un disco que todavía no ha salido al mercado –su último trabajo La noche eterna. Los días no vividos verá la luz el próximo 22 de mayo cuando debería haber salido hace semanas-, los de Barcelona arrancaron con la energía del que debuta, empalmando sin complejos hits infalibles con estribillos de nueva colección. John Boy sonó de cuarta. Como si cae de última. Las composiciones de Love of Lesbian, incluidas las de su último álbum, hilvanaron como por partitura la sinfonía de un gran momento. Los de Barcelona son una canción. Y sigue de moda.

El sonido mejoró sustancialmente con respecto a los anteriores conciertos. No quisiera pensar que en eventos de este tipo -en los que no interesa justificar el caché de ningún artista, en todo caso la entidad de la marca que congrega- se pactan chapuzas técnicas para refrendar con decibelios la jerarquía del cartel. El caso es que Love of Lesbian sonaron muy bien. Nítidos y poderosos como el noventa por cien de los textos que hacen de su receta pop una garantía de éxito.  Santi Balmes avisó que no tocarían demasiadas canciones de 1999. Y acabó con una braga en su cabeza. Melodías como la de La niña imantada, Segundo asalto o 1999, con guiño incluido al clásico de Jeanette Por qué te vas al final del tema, lograron poner patas arriba a un público que les devolvió la certeza de un par de años más de carretera a primer nivel. El hambre invisible, adelanto de su nuevo disco, ya suena sin necesidad de micros. Sacaron la cámara, se acordaron de Guardiola y se despidieron honrando al pulpo como el artífice providencial de todo aquello.

Con menos pompa irrumpieron Los Enemigos en el escenario. La justa para dejar espacio al riff arrollador de uno de los ejercicios macarras más inspirado del rock castizo. John Wayne volvía a estampar Josele diez años después de la disolución del grupo. En tres minutos hasta el último jovenzuelo de Rayban y flequillo se llevaba para casa una lección de historia contemporánea. Cuarentones nostálgicos y  veinteañeros uniformados compartieron la la bola extra de una de los mejores y más carismáticas bandas de rock en castellano.

Con la misma hosnestidad con que recientemente reconocían “haber vuelto por la pasta”, la banda madrileña despachó hasta el último de sus éxitos con un empaque y una solvencia instrumental superior a la de sus épocas doradas. La otra orilla, Quillo, Antonio, Me sobra carnaval y por supuesto su trío de ases: Septiembre, Desde el jergón y La cuenta atrás sonaron con la misma religiosa credibilidad que lo hicieron durante años cuando nadie podría asegurar que Josele finalizase sobre sus pies un concierto.

La velada se completó -en orden cronológicamente decreciente- con los directos de La Casa Azul, Pegasvs y las bandas del escenario menor, en esta edición patrocinado por Jack Daniels.

Cabe destacar la capacidad de convocatoria de un artista como Guille Milkway (La Casa Azul), quien a pesar de presentarse sobre las tablas con un espectacular montaje a caballo entre la lírica de neón de Pet Shop Boys y el carnaval retrofuturista de Daft Punk, da la impresión de sentirse más cómodo en la alquimia doméstica de su ordenador que ejerciendo de showman. Resulta curioso el empaste de su timidez autosuficiente con la mayor parafernalia audiovisual de la noche. Quizás sin disfraces y proyecciones la cosa podría acercarse peligrosamente a un karaoke de autor, pero lo cierto es que su show no defrauda. Las canciones de su nuevo trabajo La polinesia meridional encajaron a la perfección en un pirotécnico espectáculo multimedia que, como era de esperar, alcanzó una de las cotas de baile y conexión más altas de la noche con su incontestable himno pop La revolución sexual.

Entre la experimentación a tiempo real de Pegasvs, en menos medida la aplicada por Klaus & Kinski a su irregular repertorio -en el caso de ayer solo apto para devotos- y la urgencia postadolescente de Dirty Socks, resulta obligatorio mencionar a los murcianos Varry Brava. Con un estilismo a medio camino entre Spandau Ballet y un capítulo de Miami Vice, los de Murcia invocaron sin interferencias a la vertiente más hedonista y festiva de la exprimida movida ochentera. Si su pulso disco anglosajón pudiese llevar a despiste, la cosa quedó clara con un Fiesta de los maniquíes acelerado y aderezado para la ocasión. Resultón y con el solazo de frente. La chispa perfecta para una existosa primera jornada trazada a compás.  Veremos que sucede esta noche. Los protagonistas serán Fangoria, Lori Meyers, El Columpio Asesino, Pollock, Nancy Rubias y Los Pilotos.

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28.04.2012 | sin comentarios
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