Noni dejándose tocar por el público español que abarrotó la sala londinense. (Fotos: Carmen Valiño)
Concierto: Lori Meyers
Lugar: Sala Scala (Londres)
Fecha: 26/11/2011
Precio: 25 libras (30 euros)
Asistencia: 800 personas (lleno)
Tan poderosa es la crisis que se cuela hasta en la crónica del primer concierto que el grupo granadino Lori Meyers ofreció en Londres el pasado 26 de noviembre. Pero empecemos por el principio. Ocho de la tarde en los alrededores de la sala Scala de la capital británica. Un viento cortante y helador azota a las personas que caminan de un lado a otro en el barrio de King Cross. De repente, un grupo de jóvenes españoles, de entre 20 y 30 años, se arremolinan y hacen cola bajo un cartel que reza: “Lori Meyers. Saturday, 26th November 2011”. Son los 50 afortunados que conseguirán su entrada, las únicas que quedan a la venta, para ver el concierto del grupo granadino, organizado por Rock Sin Subtítulos. Los otros 750 pases que quedan para llenar el aforo llevan días ya vendidos.
La sala, muy cómoda para ver conciertos por su forma rectangular, está abarrotada. No se escucha ni una sola palabra en inglés. El público es tan español que para entretener la espera hasta las 22.00 horas que comienza el recital corean himnos futbolísticos patrios, e incluso algún arranque a lo Manolo Escobar (algo impensable en nuestro país en un concierto de un grupo indie). “Mi novio se vino a trabajar aquí porque en España no encontraba nada de lo suyo, así que yo me vine con él”, explica Nuria Artola, de 30 años, mientras pide una pinta a los camareros, también españoles, que trabajan en la sala. “Yo me vine a aprender inglés hace unos años, pero tal y como están las cosas no quiero volver a Barcelona”, afirma Mar Guerrero, catalana de 24 años. Todos los testimonios coinciden: la crisis es la culpable de que más compatriotas que nunca se muevan en underground londinense y paguen con pounds. Pero en el concierto de Lori Meyers, debido a su ambiente festivo, como de fiesta loca de Erasmus, todo eso, ciertamente, poco importa.

Cartel en inglés del concierto de Lori Meyers en Londres.
“¡Buenas noches Londres, good night!” grita Noni, cantante de los Lori Meyers, cuando el grupo salta al escenario. Visten el mismo uniforme (camisa blanca, pantalón negro, y corbata fina) que han llevado durante toda la gira de Cuando el destino nos alcance, su último disco. “De los trajes se encargan ellos mismos: se los lavan y se los planchan cada vez”, confesará la madre del cantante más tarde en el camerino. Hoy es un día importante para la banda, y por eso les acompañan sus orgullosas y simpáticas mamás, que suelen ir a sus conciertos más relevantes.
El concierto de Lori Meyers es redondo, como un solomillo hecho al punto. Lo tienen todo tan medido y hacen que cada canción suene tan enérgica y poderosa que es un constante subidón de adrenalina. El público se entrega, enloquece, se desgañita, suda y convulsiona. Suenan temas de todos sus discos, como Dilema, Corazón elocuente, Tokio ya no nos quiere, Transiberiano… Y el calor, será por eso de que somos latinos, no para de subir. Más de dos horas después comienza el primer bis con dos de sus éxitos que tan bien pegan en directo, A-ha han vuelto y Mi realidad. E incluso se atreven con su versión de La caza, de Juan y Junior, que sólo interpretan en contadas ocasiones. Se van del escenario y la sala se derrumba. Todo, aplausos y gritos, se mezcla en una ovación gigante y los Lori (así, dicho con acento andaluz) vuelven a salir para tocar Alta fidelidad. Termina Noni cantando las últimas estrofas en flamenco y completamente descamisado, e incluso se arranca con una frase en inglés para la despedida: “Thank you very much for coming. It was a very special concert. See you soon, London”, agradece, muy desenvuelto.
Después del concierto comienza la Mega Spanish Party, también en la misma sala. Se trata de una fiesta con tres ambientes (pop y rock español, música alternativa y electrónica) a la que se puede acceder por el mismo precio de la entrada, 25 libras (unos 30 euros), y que se alarga hasta las 6 de la madrugada. Un horario, de nuevo, muy spanish.

El público dándolo todo durante el recital de Lori Meyers.
La nostalgia, morriña, o como demonios llamemos a ese sentimiento que hace que cuando estás lejos eches de menos las aburridas comidas de los domingos en familia o las competiciones de dardos con los colegas en tu bar de siempre, se hace más llevadera desde hace unos años en Londres. Y eso es gracias a Rock Sin Subtítulos, la promotora independiente de conciertos que ha apostado por que suene la música española en las salas de la capital británica. Todo comenzó como una aventura un tanto arriesgada. “Yo era encargado de un pequeño local con capacidad para 300 personas en Londres, llamado The Jam. Y convencí a los dueños para que me dejaran montar un concierto, me lancé y traje a Marea”, explica Fran García, canario de 34 años, que hasta entonces nunca había organizado un concierto.
La cosa salió bien. Y así comenzó la andadura de lo que es hoy una empresa seria, responsable de que en las salas de Londres haya sonado en directo la música de Rosendo y grupos como Barricada, Mojinos Escozíos, Amaral, Pereza o Maldita Nerea, este último el grupo español del que antes se vendieron todas las entradas. “A mí me picó el gusanillo porque alguien tenía que ser el primero en traer grupos españoles a tocar a Londres. El público se compone tanto de gente (españoles) que vive aquí como de los que viajan un fin de semana a la ciudad inglesa para hacer turismo, y de paso ven a su grupo favorito, que no deja de ser una experiencia distinta. De hecho, ya estamos trabajando con Iberia y con agencias de viajes para crear un paquete completo a buen precio”, apunta Álvaro Ruiz, promotor de alargada experiencia y ahora segundo de a bordo en Rock sin Subtítulos.
Pero además de conciertos grandes como el de Vetusta Morla, (el próximo 10 de marzo en una sala para un aforo de 2.500 personas) o La Oreja de Van Gogh, también están pensando en traer a grupos más pequeños bajo el lema Rock Sin Subtítulos Club, pensado para recitales de 200 o 300 personas de grupos más desconocidos. La crisis, tan letal y destructora en muchos aspectos, también favorece a que empresas emprendedoras como Rock Sin Subtitulos sean una realidad.
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