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Barón Rojo se despide con una memorable actuación en Madrid

La formación original de los reyes del rock duro español cierra en el Palacio Vistalegre su gira 30 Aniversario con un concierto inapelable de tres horas plagado de clásicos. Por David Gallardo

Barón Rojo se despide con una memorable actuación en Madrid Los 'barones', triunfando anoche en Vistalegre. (Fotos: Pablo Nicenboim)

Concierto: Barón Rojo.
Fecha: 22 octubre 2011.
Lugar: Palacio Vistalegre. Madrid.
Aforo: 10.000 personas (casi lleno).
Precio: 30 euros.

Este fin de semana la peseta es la única moneda de curso legal en Carabanchel, y la litrona en el banco del parque la única bebida posible. Si devuelves la botella vacía el bodeguero te obsequia con 25 pelas por tu civismo, aunque desconfíe de tus melenas. Tu madre, ya abuela, lleva toda la vida pidiéndote que te cortes el pelo, aunque ya comprendió hace mucho tiempo que esa es una batalla perdida. De hecho, hoy tú tienes las de ganar porque estás de celebración con tu gente y es un día grande para el rock español de los últimos seis lustros.

Y es que la formación original de Barón Rojo cierra en la capital su exitosa gira de reunión y desde el mediodía los alrededores del Palacio Vistalegre dan fe de ello. Pantalones pitillo, zapatillas Yumas de color blanco, camisetas negras desgastadas, muñequeras con tachuelas, cazadoras de cuero, cinturones de balas y greñas ya no demasiado pobladas. Bueno, pero greñas al fin y al cabo. La media de edad es alta, pero la parroquia se quita 25 años de encima de un plumazo a base de cervecitas mientras recuerda gestas de antaño y hace recuento de efectivos. Siempre falta alguien, pero da la impresión de que ya estamos todos.

No en realidad, porque suenan Son como hormigas, Desertores del rock, El malo, Rockero indomable y Chicos del rock mientras el gentío sube a riadas las escaleras frontales del pabellón (la cita era a las ocho y media, ¿vale?). Una de las primeras impresiones al entrar es comentar el corte de pelo de Sherpa, totalmente beat, mientras el sonido del lugar te subyuga inapelable, metálico, muy metálico, enmarañado, y cuesta de primeras reconocer algunos temas, si bien la pelea se decanta del lado del respetable paulatinamente durante las tres horas de pim pam pum. Vamos, que al final suena medio bien, sobre todo frontalmente, y eso en Vistalegre es como levantar el cinturón de campeón del mundo de la World Wrestling Federation. 

Como Hulk Hogan de hecho se siente Armando de Castro, ese Angus Young patrio, absolutamente poseído a los mandos de sus guitarras Fender, rasga que te rasga, sangra que te sangra, blandiendo las seis cuerdas, desafiante. Mejorando lo presente un poquito, lo justo en términos sónicos, llegan Tierra de vándalos, Travesía urbana -con el correspondiente grito de “Carabancheeeel”-, Chica de la ciudad y Con botas sucias. Armando, de nuevo, siempre Armando, finaliza tocando con los dientes y punto. Venga, la siguiente, venga cuernos. Venga, Sherpa, dale, especie de Camilo Sesto del rock, figura icónica y mitológica.

La siguiente es Incomunicación, tras la cual es turno para cantarles a ellos, a Janis, Lennon, Allman, Hendrix, Bolan, Bonham, Brian y Moon.  Sí, es Concierto para ellos. Los caretos de estos muertos del rock salen en la pantalla gigante y reafirman al público que ya sí llena el Palacio y ya sí sabe a lo que está jugando: la pertenencia al grupo exaltada en grado supino. Acto seguido suena El Barón vuela sobre Inglaterra y luego Sherpa nos recuerda que Pobre ya nació y siempre lo admitió. "Tendremos menos pelas pero ese fuego interno que no se apague nunca, aunque vengan los agoreros", brama el vocalista ante el clamor del público.

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De izquierda a derecha, Sherpa, Armando de Castro y Carlos de Castro. Al fondo, Hermes Calabria. Los Barón Rojo originales. Quizá nunca más se les vea juntos.

Es esta gira de reunión un reconocimiento que Armando y Carlos se merecían después de años sin parar de girar, tocando en cualquier lugar donde se les reclamara por cuatro duros, manteniendo vivo el nombre de Barón Rojo con músicos contratados. Después de la marcha de Sherpa y Hermes y la ruptura de la formación original, la travesía del desierto ha sido muy dura para unos tipos que estuvieron en lo más alto y que, a pesar de que el éxito masivo les fuera esquivo en las últimas dos décadas, nunca quisieron dejar la carretera como forma de vida hasta las últimas consecuencias. Ya sabes, suelen concebir el satánico plan de tocar su guitarra a volumen brutal...

Y así, a todo trapo, sonaron Cuerdas de acero, Hijos de Caín, Larga vida al rock and roll, Tierra de nadie (con una guitarra slide de Armando digna de mención), Señor inspector y, por supuesto, Los rockeros van al infierno (dónde si no). Si acaso hubiera otro destino que el infierno nadie estaría anoche en Vistalegre, nadie mantendría sus melenas, nadie guardaría sus camisetas incorruptas en los cajones y nadie transmitiría el veneno del heavy a sus hijos (había muchos menores tocando la air guitar anoche).

Ya en el tramo final del concierto suena Resistiré (eh, hasta el fin, no te bajes en marcha jamás) y Casi me mato como loco broche final a una noche que ya de por sí iba directa a la colisión cuanto menos colateral. Todo ante un simpático horizonte repleto de calvas a derecha y a izquierda, hacia delante y hacia detrás.

En total fueron tres horas de repaso a toda una discografía que atesora algunos momentos sencillamente imprescindibles para cualquiera que vaya a conciertos hoy en día. Si fueran estadounidenses o ingleses (o incluso alemanes: mira Scorpions) ya les habrían llovido los homenajes hace tiempo, pero su condición de fuera de la ley, ayer y hoy y siempre, les aleja de los grandes medios. Anoche vivimos un viaje sin condiciones a los ochenta, años peligrosos en los que el rock era sinónimo de rebelión, inconformismo y repuesta social. Todo ello canalizado como nadie por unos Barón Rojo que marcaban la pauta y eran seguidos con fe ciega por miles de jóvenes, hoy ya no tanto eso, pero sí otra cosa, tal vez mejor. O ni mejor ni peor, pero sin duda fieles. Y puramente rockeros, eso sí. Otra cosa no saben ser. "¡Pero hay algo que los une, los distingue, la pasión del heavy rock, es su fuerza, su razón de viiiivir!"

23.10.2011 | 17 comentarios
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Comentarios

Paqui
24.10.2011 | 18:05
Paqui

Concierto para desmonterarse, un espectáculo de comunion entre publico y artistas. Este Baron si llena. Ojala nos regalen un disco de los 4 aunque sea un recopilatorio de temas antiguos regrabados.

Mas Madera
24.10.2011 | 10:50
Mas Madera

Vamos a ver, cuando uno va a un concierto quiere principalmente dos cosas: Ver bien y oir bien. Ninguna de esas dos cosas tan importantes fueron buenas sino patéticas. No es de recibo que un grupo de primer nivel como los es Barón Rojo, ofrezca un sonido tan patético y una iluminación tan cutre. Y no hay excusa para nada. Allí han tocado mogollón de bandas y han sonado unos mejor que otros pero por lo menos entendible. Sin embargo lo del sábado era el colmo pues no se distinguían las guitarras ni tan siquiera las charlas de Sherpa entre tema y tema y más parecía un chatarrero anunciado su llegada. ¿Lo positivo? Pues lo mismo que han apuntado algunos. El buen ambiente con lleno total que siempre ofrecemos los viejos rockeros.

carlos
24.10.2011 | 00:50
carlos

Vergonzoso, 4 dejándose los cuernos y los '¿ingenieros de sonido?' de vacaciones,,,. Un verdadero robo, sólo 4 se ganaron el sueldo, el resto a la sopa boba! Jamás volveré a pagar un euro a esta gente...

rock&roll
24.10.2011 | 00:20
rock&roll

Cronicón y conciertazo, lo has clavado, mucha energía y diversión. El sonido estaba bien si estabas en la parte central del escenario, lo importante era estar rodeado de gente guay coreando todos , coño que es Vistalegre no vamos a descubrir nada nuevo. Rock and roll!

rebelcucumber
23.10.2011 | 23:56
rebelcucumber

El sonido de vergüenza, no se puedeo consentir pagar dinero por un espectáculo músical y que no se llegue ni a distinguir las voces. La hora de comienzo 20:30 tampoco fué acertada. Por lo demás, concierto para recordar toda la vida.

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