Amanecimos el viernes con la obligación de desquitarnos, en los cuatro conciertos que nos quedaban, del mal concierto del jueves. Era tarea difícil, porque incluía los dos retos más difíciles de la gira: aguantar el viernes dos conciertos, siendo el segundo a las 2:30 de la madrugada, que allí es como si en España tocas a las 4 o 5 de la mañana, y el último día, en el Tote, uno de los templos más míticos del R&R en Australia, en una barbacoa con otros 10 grupos.
Quedamos a comer con Johnny y Mayra en un pub al lado de la tienda de Off The Hip, donde tocábamos por la tarde. Tras comer y tomarnos unas pintas, vamos a la tienda, donde entre las cubetas de discos ya tienen preparadas otras cubetas repletas de hielo enfriando miles de latas de una cerveza alemana, que todo el mundo nos avisaba los días anteriores que era la más barata y una mierda, pero que no veas como le daba todo el mundo (nosotros tampoco le hicimos ascos). Ya se sabe que a caballo regalado… Mientras pillábamos más discos, veíamos como la tienda se iba llenando, hasta que, a la hora de empezar ya estaba petada.
Entre los asistentes había visitantes ilustres. El mencionado en otros capítulos anteriores Spencer P Jones apareció, como siempre, con la guitarra colgando. Y una de las sorpresas que nos hemos llevado en este viaje fue la aparición de John Nolan, guitarra de otros grupos que adoramos, Bored! y Powdermonkeys. Nos dijo que había venido a vernos porque había oído comentarios muy buenos de nuestros conciertos anteriores. Allí comentábamos que en España sería impensable hacer algo así, ya que, primero, la gente mangaría discos a porrillo, y segundo, la policía vendría a cerrar la tienda. Pues nada, allí todo el mundo pagaba y la policía apareció mientras Midnight Woolf estaban montando un ruido de mil demonios y ningún problema. Yo creo que alguno hasta pillaría una cervecilla y se quedó de fiesta.
El ambientillo era muy festivo, lo cual hacía presagiar una buena fiesta, como así fue.
Midnight Woolf volvieron a dar un concierto muy loco y bestia. Como siempre, arrolladores. Ya que Spencer estaba por allí con su guitarra le invitamos a tocar unas canciones, así que se animó. Nuestro concierto fue uno de los mayores fiestones de la gira, y, según Mickster, jefazo de Off the Hip, la mejor fiesta que han tenido nunca en la tienda. Especial ilusión nos hizo ver, desde la primera canción, la cabeza de John Nolan, que medirá como tres metros, sobresalir por encima de los demás, bailando con una sonrisa que le ocupaba toda la cara. Y, sobre todo, nos moló que en una de las veces que nos bajamos a mezclamos con el público vimos a Nolan en el suelo tirado, revolcándose y bailando, a pesar de haber tenido serios problemas de salud y andar con bastón.
Tras el concierto, la tienda parecía un garito a última hora de la noche: el suelo pegajoso, restos de bebida por los suelos y olor a sudor y a fiesta. Luego nos tocaba el otro concierto en el Pony Bar, así que nos quedamos allí descansando un poco, acabando las pocas cervezas que quedaban y cenando algo. Allí se fraguó algo muy grande. Spencer seguía por allí, así que, hablando con él, decidimos que tocase unas canciones con nosotros. Puso su disco, nos escribió los acordes y nos tiramos a la piscina.
Nos fuimos para el Pony Bar, que todo el mundo nos avisaba que era como un zoo repleto de seres, cuanto menos peculiares. Entramos: era un garito muy oscuro y siniestro, con un ambiente raro, como repleto de zombies sentados en unos sofás, escuchando a un grupo que no sabría definir muy bien, pero que pegaba con el ambiente. Acaban, montamos y empieza a llenarse el garito de, sí, gente extraña, entre las que el premio gordo se lo llevaba una punki con tres crestas y la camiseta totalmente rota. Decidimos empezar el concierto con nuestra canción mas acorde al elenco faunístico que poblaba el garito en ese momento, Sheep attack. Para acabar se subió Spencer y tocamos sus dos canciones, y él quedó encantado, tanto que nos pidió volver a hacerlo el domingo en la barbacoa.
Al día siguiente no sabíamos el plan porque habíamos hablado de hacer una barbacoa en casa de Tim, pero eso, claro, dependía del tiempo. Al levantarnos decidimos arriesgarnos y fuimos con Tim a hacer la compra. Decidimos también, para agradecerle su hospitalidad, cocinarle algo típico español, así que pillamos ingredientes para hacer algo lo más parecido posible a una paella. Digo “parecido” sobre todo porque el único perolo que tenía donde se podía hacer el arroz era en un wok. También, por supuesto, aunque no creo que a estas alturas lo dudaseis ni un segundo, pillamos para echar a la parrilla varios kilos de canguro, que ya se nos acababan las oportunidades de comer nuestro adorado manjar. En la bottle shop también arramplamos con varias cajas de cerveza y algo de vino, que, a falta de una jarra o similar procedimos a mezclar en un tupperware de donde Tim lo bebía muy a gusto. Poco a poco se ha ido adaptando a nuestro modo de vida primitivo.
Cargamos el equipo en el coche de Tim y nos vamos al Yah Yah’s, donde tocamos con Kids of Zoo (grupo donde canta y toca la guitarra Tim) y Digger & The Pussycats (uno de los grupos de Sam, que toca también con Tim en Russian Roulettes, y que ya apareció en el primer capítulo del blog). Andy, el batería de estos últimos nos recibe entre abrazos y nos enseña la barriga, para acto seguido cerciorarse de que tenía una pelusa en el ombligo del tamaño de una albóndiga, pasando a comérsela por no tirarla al suelo, que en Australia está mal visto manchar la moqueta de los garitos. Como podéis imaginar nos hicimos buenos amigos desde el principio.
Sólo hacen prueba de sonido los primeros que tocan, Kids of Zoo, y es la más larga que hemos visto en toda la gira: duró como dos o tres minutos. Al principio, con Kids of Zoo no había mucha gente, pero estuvieron de puta madre. Luego, con Digger & The Pussycats el garito ya estaba bastante animado, y dan una salvajada de concierto con Andy sin parar de aporrear la batería mientras pegaba saltos y para acabar se volvió a comer otra pelusilla, que debe ser uno de sus números estrella, ya que el público aplaudió a rabiar. O a lo mejor éramos sólo nosotros los que aplaudíamos y hacemos mucho ruido, a saber.
Luego, el nuestro fue de los mejores conciertos que hemos dado en esta gira. De hecho, Michael Secrets decía “the best show ever”, y nos ha visto unas cuantas veces. Aprovechamos para invitar a Tim a tocar una canción con nosotros que le habíamos enseñado en la sobremesa postpaella. Luego pinchada hasta las mil de Andy en la que supongo que no necesitaría limpiador para quitar la pelusa de los vinilos. Gran pinchada y gran fiesta sin parar de bailar y reir hasta que nos echaron, pero esta vez sólo porque cerraban: nadie hizo nada para ser expulsado del garito. Nos tientan con ir a casa de un tío a escuchar su colección de discos a las seis de la mañana, pero tras varios intentos de convencernos decidimos preocuparnos por nuestra salud física y mental, que hay que cuidarse para el día siguiente.
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