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Los Chicos, unos cafres en Australia

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Los Chicos: “Socorro, un psicópata nos persigue”

Nueva entrega del blog de Los Chicos, de gira por Australia. Engullen canguro a discreción, se tropiezan con un neurótico asesino, le pillan el punto a la guerra de sacos y, claro, beben y dan grandes conciertos.

Los Chicos: “Socorro, un psicópata nos persigue”

Tras los tres intensos primeros días, como ya os dijimos, nos tocaban jornadas de descanso, que aprovechamos para viajar y ver parques nacionales, que para eso nos llaman hippies y camperos. Hemos visto unos bosques y unas playas preciosas, dimos un paseo bajo las estrellas alumbrados por una linterna y las horrorosas zapatillas reflectantes de Rafa, y hemos visto un huevo de animales como canguros, emus, possums, y un ornitorrinco, pero el animal estrella del viaje ha sido el wombat. Buscad fotos, pero para que os hagáis una idea, es como un botillo peludo con unas patitas enanas y supersimpático. Vamos, una mezcla de gato, oso y castor. Sólo tiene un problema: que no se debe comer, porque no hemos visto en ningún sitio carne de wombat y no hemos podido cazar uno porque nos requisaron el arco y las flechas en el aeropuerto.

    Digno de mención estos días han sido las noches. Íbamos a la aventura, sin saber dónde ni como acabaríamos. La primera noche, encontramos fácil una cabaña de puta madre y barata con su barbacoa, así que había que dar buena cuenta de ella y nos fuimos al pueblo a comprar casi seis kgs. de carne, que para una cena de siete no está mal. Nos pusimos hasta la boina y de postre un documental de los Meanies.

      La segunda, al llegar a nuestro destino, nos encontramos con que no hay ningún sitio donde dormir, así que con pocas esperanzas vamos a otro pueblo. Es noche cerrada y estamos rodeados de árboles siniestros. Entramos a un cámping a buscar cabañas y lo único que nos encontramos es un escenario de una peli de terror. Llamamos y nadie responde. La casa tiene la luz encendida, la tele puesta y la chimenea en marcha. Nadie responde. Iluminados sólo por la luz de la furgo y aislados entre los árboles, nos empezamos a acojonar un poquito. Así que sacamos el queso y el pan. Aparece un coche y de allí sale un tipo enorme, con pelo largo y barba que nos pregunta por el dueño. Le decimos que nadie responde, pero no se corta un pelo en meterse en casa del desaparecido y sentarse en el sofá dejándonos a nosotros a la intemperie.

     Estamos convencidos de que ha asesinado al dueño de cámping y se ha apropiado de su casa. Como buen psicópata que era empezó por la tortura psicológica dejándonos en la calle pelados de frío, pero cuando vimos que su intención era secuestrarnos, asesinarnos y transformarnos en comida para su perro decidimos largarnos de allí echando leches y acabamos durmiendo en un poblado de chabolas destartaladas, cenando mierda precocinada mezclada con leche unos, y arroz de enfermo los que andaban sueltos.
   Al día siguiente, después de varias horas de viaje entre las carreteras rodeadas de denso bosque, nos encontramos en el arcén al psicópata de la otra noche saliendo de la maleza y sacándose unos guantes. Obviamente subía de enterrar al dueño del cámping. Conseguimos escapar de sus garras, como podéis observar. Llegamos a Canberra, y vuelven los días de concierto. Llegamos al garito, en el que ponen todo el rato a los Dubliners y que está regentado por un par de irlandeses barbudos que nos preguntan si hemos venido en furgoneta desde España. El ambiente es como un pub de puerto, lleno de freaks con pinta de haber matado marineros, chicas con aspecto de señoras curtidas en burbon y alocados quinceañeros con acné. El publico, unas 30 personas. La vamos a liaaaar.
   Nos reciben nuestros anfitriones, un grupo llamado Far Carnals (si se lee rápido significa Fuckin' Else), que son 3 chuzos de cuidado, con los que enseguida hacemos buenas migas, evidentemente. El concierto es un descojone, y al haber muchas sillas y sillones daba juego para nuestros ejercicios gimnásticos. Al acabar les dejamos los instrumentos a los teloneros para que toquen otra y que ellos se encarguen de los bises. El cantante, supertajao en ese momento de la noche, se pone a tocar una canción el solito, así que nos unimos a él a los coros, inventándonos no se sabe muy bien por qué una canción sobre un pulpo con el delicioso estribillo "motherfucking octopus". Hay vídeo del momento, así que en breve podréis verlo. Luego, a casa de Joel, y al llegar, tres canguros en la carretera  y dos perros nos reciben. Entre cenar algo, y una guerra de sacos, preparamos nuestros aposentos, que consisten en un suelo, un sofá con barras horizontales jodeespaldas y otro de un metro de largo. Mientras, el cantante de los Fuckin' Else se desmaya cada dos por tres lanzando su saco de dormir contra nuestras cabezas.

      Parecía que no podía pasar nada más en Canberra, pero a la mañana siguiente, de repente se nos escapan los perros, así que Antonio y yo, Gerardo, nos vamos a buscarlos por el barrio. Tras un rato, Rafa decide coger una bici de Joel para buscar él también. Nada mas irse encontramos a los perros, pero al rato nos damos cuenta de que hemos perdido a Rafa. A la hora más o menos le encontramos con la cara roja, desencajado y desesperado tras dar mil vueltas por el barrio buscando la casa.

Siguiente parada: Sydney. Vamos a casa de Johnny y Mayra, donde nos alojamos todos. Aquí si que estamos en buenas condiciones, y es que son los mejores y les amamos. Esa noche tocamos en Manly, un pueblo al otro lado de la bahía. Como íbamos tarde deciden ir en taxi en vez de en ferry, que sería más rápido. Total, un accidente, atascazo y crujida descomunal de 86 dólares un taxi, 76 otro, y 65 otro. El concierto bien de nuevo, aunque un poco mas serio que los anteriores, y Johnny Casino vuelve a dar otra lección.
    Conocemos a su madre y se hizo fan de Los Chicos, lo cual hizo a Johnny superfeliz. Llegamos a casa de Johnny con Michael, Marko y Cris, unos auténticos genios de la juerga. Johnny sigue animado y nos prepara a todos unos deliciosos calimochos y nos cocinamos una tapita de canguro que les quedaba en la nevera.

    Segundo día en Sydney, unos a las Blue Mountains y otros a descansar. El día empieza de manera inmejorable, con desayuno de casi tres kgs. de canguro a la plancha que Mayra y yo habíamos comprado en el súper. ¡Está riquísimo! Luego, a pasear por la ciudad, por el jardín botánico, donde Rafa aprovecha para sacar su cámara gigante y hacer unas fotos, mientras los demás somos atacados por cacatúas, y vemos un murciélago gigante de los que hay a patadas por aquí. Después vamos a ver la opera. Es impresionante. De ahí al concierto, que esta vez era en una tienda de discos. Damos buena cuenta de los discos, por supuesto.

    El concierto, muy divertido, con un público variopinto compuesto principalmente por señores mayores, como un tipo parecido a Panoramix al que firmamos discos y póster, o The Barman, responsable de i94 Bar, la web mas importante del R&R undeground australiano; y más personajes, que según iba avanzando el nivel de ingesta de las mil cervezas que rulaban por allí se iban animando. En el concierto de Johnny, acompañado esta vez por un teclista alucinante, ya empezó a correr de nuevo el calimocho, y al final, con todo el mundo bastante chuzo, consistió en que Piña, recordando su infancia en Broto (Huesca) cuando subía en las fiestas a hacerse solos hardcoretas, sustituyó a la batería a Cris de los Secrets. Luego Johnny dio su guitarra al público, y la pilló Mick Poole, un monstruo australiano, melenudo, que se autodefinió como "the drunkest guitar player of Australia" (tiene dura competencia, os lo aseguramos) y Michael dio su bajo al anterior bajista de los Secrets, Marko, otro chuzo de cuidado fanático del calimocho al que le mola la jarana cosa mala.

      Vivimos el momento de la creación de un nuevo supergrupo. La duda era el nombre. Algunos decían Piña's Band, otros Calimocho Band. Hoy en el barco darán su segundo concierto probablemente. En ese momento el plan era ir a Chinatown a cenar y luego a un karaoke, lo cual prometía mucho. Nos ponemos hasta las trancas en un chino, liándola muy gorda, como una boda elevada al cuadrado, con brindis surrealistas y vaciles varios a los Secrets, que hoy andaban escoltados por sus mujeres. Mientras en el karaoke de enfrente suenan grandes éxitos de ayer y de hoy. Al final no podemos ir al karaoke porque ya no hay hueco para mas peticiones, así que vamos a buscar otro tugurio. No lo encontramos, pero entramos en un pub donde hay un par de melenudos, pero que muy horteras, tocando una canción de los Eagles, para alegría de Rafa.
    Acto seguido empiezan con Sweet home Alabama, y aprovechamos para hacer nuestro propio karaoke cantando la versión en español de Siniestro Total, Minha Terra Galega, mientras un rasta al que no dejan tocar los melenas, da el coñazo con una armónica. A todo esto a Rodney, un amigo cómico de esta gente, que es como Sammy Davis Jr, pero con un pelo afro que ni Michael Jackson cuando era negro y pequeñito, le habíamos metido en la bola de pelo algo así como 20 palos de los de comer en el chino; y en este sitio, le enfrascamos en una competición entre él y el rasta a ver a quién le entraban mas pajas en el pelo. Eso se convirtió de repente en una locura colectiva a la que se unieron varios orientales bailando y acabamos subiendo a uno por los aires, ante el descojono de los otros dos.

   También veréis el vídeo en breve. En ese momento no sabemos que ha pasado, pero a Michael le han echado del bar, así que nos vamos a dormir, que hoy espera uno de los días claves de la gira, concierto en un barco, en un viaje por la bahía de Sydney, en el que Chris Masuak, uno de los guitarristas del, para nosotros, grupo mas importante de R&R australiano de la historia, Radio Birdman, va a tocar con nosotros varias canciones. Ya os diremos, pero aparte del fiestón que va a ser lo del barco, probablemente alguna lagrimilla os tengamos que contar cuando vivamos ese momento. Piña lo tiene claro: ese barco lo vamos a hundir.

20.08.2010 | sin comentarios
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