Los Chicos, tan felices, antes de pasarlas canutas.
Por la mañana, paseos por Sydney, museo, tiendas de discos y comemos en un sitio donde hacen unas pizzas de canguros, de emu (el ave más grande de Australia) y de cocodrilo riquísimas. De ahí al Excelsior, donde tocábamos esa noche. Un domingo no sabíamos cómo se presentaría la cosa, pero cuando vimos llegar a gente con camisetas de Los Chicos (y a los de Melbourne del día anterior, que vinieron, a riesgo de perder su avión, que salía a las nueve) supimos que sería una buena noche, de nuevo. A esto hay que añadir la presencia de un viejo conocido, admirado por nosotros, Jim Dickson, bajista de Radio Birdman y de New Christs (y que lo fue en su dia de los Barracudas), la de Boris Sudjovic, bajo de Beasts of Bourbon y Scientists, y el bajista en los dos primeros discos de Hoodo Gurus. Parece que se ha corrido la voz de la maestría de nuestro Manu a las cuatro cuerdas y todos los bajistas importantes de la ciudad han venido a aprender un poco. Jejeje…
Otra vez no hubo prueba de sonido. De hecho, al preguntar el técnico a los del grupo con el que tocábamos, estos dijeron, señalándonos, que a lo mejor nosotros sí queríamos, a lo que respondimos que ni de coña. Siempre es un coñazo una prueba de sonido, y tras no haber hecho ninguna todavía en esta gira no queremos una nunca más.
Primero tocó un grupo que ha hecho Johnny con Carrie Phillis and the Downtown 3, y que estuvo muy bien. Luego nos tocó a nosotros y el garito en ese momento estaba bastante ‘petao’. Cambiamos bastante el repertorio respecto al día anterior, cosa que nos agradecieron algunos, y la gente bailó y lo pasó de puta madre. De nuevo, discos nuestros fueron rulando por la sala tras el concierto. Después salió otro grupo de garage, Tombstone Ramblers, que no eran malos, pero tras verles un rato preferimos estar de charleta en la barra del pub con Jim Dickson y demás personajes que por ahí pululaban. Luego nos fuimos a la tienda de tatuajes donde trabaja Johnny, a acabar la fiesta con unas pizzas y unas cervecillas. Y a casa, que por la mañana nos íbamos a las ocho a Tasmania.
Otra vez nos tocaban unos días de descanso que habíamos reservado para iros a una isla al sur de Australia, Tasmania, un lugar increíble para ver naturaleza, paisajes, y muchos animales.
El primer día era para las Craddle Mountains, las montañas más altas de la isla. Aquí es invierno, así que ya sabíamos que íbamos a pasar un buen frío. El viaje transcurrió con normalidad, hasta que, cuando estábamos llegando, uno de los coches se quedó atrapado en una cuesta nevada. Nos tronchamos de risa, pero… estábamos atrapados. Íbamos en uno cochecillos nada preparados para esos terrenos, así que empezamos a abrir paso nosotros mismos a modo de quitanieves humano entre una cortina blanca de nieve. La imagen que se veía desde el volante del coche, del resto limpiando la nieve del asfalto con los pies, con cartones, o, como quitanieves estrella, de Piña y Rafa meando delante de las ruedas o echando sal que teníamos para cocinar, recordaba bastante a una peli de Berlanga. Conseguimos arrancar, pero se volvió a quedar atrapado a los 100 metros. Entonces se nos cruzaron unos colgados haciendo el gesto de los cuernos por las ventanas de su coche mientras gritaban como cabras. Espeluznante. Así estuvimos un buen rato: limpiando el suelo y empujando el coche, hasta que conseguimos llegar, tras hora y media para recorrer unos 10 kilómetros, al lado de las cabañas, donde se volvió a quedar atascado en la nieve. Menos mal que estábamos al lado, y los de recepción vinieron a rescatarnos con un remolque y nos llevaron a la cabaña, con la cara cubierta de nieve y la ropa blanca. Cuando parecía que ya llegábamos a nuestro destino y tranquilamente podríamos meternos una gran cena, a base de varios kilos de carne roja (esta vez se me fue la olla y me equivoqué al calcular, y sólo pillé cinco kilos), nada mas bajar del coche vemos a un brush-tailed possum, un simpático roedor parecido a un gato y común en Australia, muy bonito y muy majete, que se me acerca y me empieza a hacer carantoñas para camelarme, para acto seguido saltar a lo loco y atacarme para robar la bolsa con toda la carne. Afortunadamente evité la tragedia y sólo robó una rebanada de pan. A partir de ese momento, cada vez que se acercaba yo (Gerardo) me escondía tras la puerta de la casa, cagadito ante otro posible ataque del bicho.
Nos metimos toda la carne acompañada por otros alimentos, y a dormir.
A las siete de la mañana estábamos en pie para ver qué nos deparaba el día, porque no sabíamos ni siquiera si podríamos salir de ahí con la nevada que había caído. Al final lo conseguimos y pillamos un bus que nos subió al parque y flipamos con Craddle Valley, que, encima nevado estaba más bonito aún. Varios paseos por ahí y luego a otra zona de la isla, a disfrutar de otros parques, el Freycinet National Park, donde vimos la playa mas fotografiada de Australia, y entendimos el motivo: es preciosa. Vimos también un amanecer impresionante, y el miércoles por la noche fuimos a una excursión a ver pingüino, allí se encuentra la especie mas pequeña mundo, y los únicos que hay en Australia.
El jueves de vuelta a Hobart, capital de Tasmania, a coger el avión para Melbourne donde volvíamos a retomar los conciertos. Salimos con tiempo para disfrutar de los sitios de camino, así que, en una de estas cogimos un camino que iba por la costa, que, aunque fuese mas largo, iba a ser mas bonito. De repente, el asfalto se acaba y empezamos a circular por una pista forestal con nuestros cochecillos. Piña dice: “No quiero ser cenizo, pero si pinchamos, perdemos el avión”. Tras un rato para decidir si seguíamos o no, incluso recurriendo al azar, que con una moneda nos dijo que debíamos volver (y pasamos totalmente), seguimos el camino por donde íbamos. Al rato, Rafa dice: “¿Habéis visto el cartel ese que pone algo de closed ?”. No le hacemos ni caso. Total, que pasado otro rato, la carretera estaba cortada por un troncazo y un muro de tierra enorme, que ni con el coche fantástico habríamos podido saltar. Ya no íbamos tan sobrados de tiempo, y tuvimos que dar la vuelta para llegar a tiempo. Lo conseguimos sin problemas. Subimos al avión y nos crujieron la espalda con un asiento a 90 grados, imposible de reclinar. Tenemos a Marta con un dolor de espalda infernal, mientras algunos, como Rafa, tras dos semanas y media de gira ya consiguen dormir hasta en una rama de árbol. El avión no fue una excepción.
Llegamos a Melbourne, dejamos las cosas en casa de Tim y nos fuimos al Esplanade, donde era el concierto. Midnight Woolf dan otro conciertazo y nos barren del escenario, porque el nuestro, para ser sinceros fue una mierda. Problemas técnicos y que el sitio tampoco acompañaba mucho hicieron que no acabásemos nada contentos con el concierto. Pero bueno, hay que ser positivo, y porque salga uno mal de 13 tampoco pasa nada. Además, a mucha gente que no nos había visto le gustó mucho y otra que ya había estado en conciertos nuestros dos semanas antes también nos dijo que había estado muy bien. Está claro que se ve distinto arriba que desde debajo del escenario.
Por otro lado, recalcar lo maravillosa que es esta gente. En el garito ya conocíamos a muchos de los asistentes, y es para flipar: llegas a una ciudad tan desconocida y te sientes como en casa, entre risas y saludos.
Hoy nos desquitamos del mal concierto de ayer, en la tienda de Off The Hip, y por la noche lo haremos en lo que todo el mundo nos ha dicho que va a ser una locura: a las dos de la madrugada estaremos en el Pony Bar, que LLuis ha definido como un zoo de borrachos y mutantes. Como veis nuestro viaje sigue transcurriendo alrededor de animales.
Montando a caballo con la protagonista de la exitosa 'Los juegos del hambre', descubrimos cómo esta sencilla chica de pueblo ha llegado a convertirse en la actriz joven más cool en Hollywood, en una entrevista realizada por Josh Eells. Por Rolling...

08.05.2012
Shuarma, tranquilo y confiado, se atrevió a interpretar 'Elixir de juventud', tema del fallecido cantante madrileño, justo cuando está a punt de cumplirse el tercer aniversario de su muerte. Por Rolling Stone
