Kanye West por aquí, Kanye West por allá, Kanye West por acuyá. La entronización en España del penúltimo nuevo gran Midas del rap -mejor disco mundial de la temporada, o si acaso en el podio, para no pocas listas patrias- suena a un ridículo quiero y no puedo.
Qué queremos: ir de modernos, unirnos al torrente anglosajón que se prosterna ante el trono del nuevo rey. Por qué no podemos: sencillamente porque no entendemos ni papa de lo que dice.
Señores, si en este país se habla el inglés que se habla (que cada cual ponga su porcentaje), cómo demonios podemos paladear en su totalidad un arte en el que, como sucede con el rap, la palabra tiene un peso decisivo -mucho más aún que en el rock y el pop, donde la melodía juega un obvio papel-. Me lo expliquen.
¿Es Kanye West el nuevo Michael Jackson, como flota en el ambiente listillo por infantil repetición de lo que dicen los papás yanquis? ¿Tenemos nuevo Monarca? Veamos. Jacko jugaba en la liga del pop, West no se sale -por mucho que estire sus registros y saque la ametralladora de samplers- de los cánones de la cultura hip hop.
La industria se muere de ganas de que el rap sea el nuevo pop y probablemente lo sea en EEUU, pero desde luego no donde no se entienden las letras, y donde la monotonía rítmica del hip hop, que la tiene nos pongamos como nos pongamos, deja las voces en largos recitados incomprensibles en los que sólo hay una emoción: el flow.
En términos de excentricidad, West no parece muy alejado de Jackson, y tampoco en el de ambición -siempre, por supuesto, proporcionalmente con la época: si Thriller TENÍA que ser el disco más vendido de la Historia, My beautiful dark twisted fantasy al menos aúna a crítica y público, no poco-.
La insalvable distancia se plantea en términos raciales. Mientras Jackson quería ser definitivamente blanco -ontológica y musicalmente-, Kanye West no desea abandonar la negritud y se nota a cada segundo del disco, que aún así deja inexplorados decenas de parajes de la música negra de los últimos 50 años (contradiciendo esa tan cacareada y cansina condición de enciclopédico compendio).
My beautiful... apabulla por su paleta de colores, sí, arrebata por su aluvión de recovecos, de acuerdo, pero se echa de menos algo más de pollo para tanto arroz. Destila una emoción vívida, pero que casi casi se queda en cascarón de emoción si se le quita el contenido semántico: las palabras. Es como una tortilla de patata sin patata.
Eso por no hablar de su rollo decididamente urbano, claramente dramático, profundamente teatral, tan expresivo y propio de un entorno y una época. Lo nuestro es como si de pronto todo el mundo en Canadá, por ejemplo, decide que el mejor disco del año es uno de flamenco. Así de ridículo.
¿Estamos otra vez con nuestro acreditado complejo de inferioridad respecto a lo anglo, comiéndonos los eslóganes como el rebaño en el abrevadero? Tal parece. ¿Es Kanye West el nuevo Michael Jackson? Sí, siempre que la velocidad sea lo mismo que el tocino. Más bien la pregunta sería: ¿quieren vender Kanye West y la industria tantos discos como Michael Jackson? Ah, ahora sí.
Michael jackson fue un genio incomparable. West es un megalómano que quiere ser lo que no es.
Sí, la letra es importante en otras músicas. Pero es que en el rap es esencial. Si no la entiendes bien, se pierde todo.
¡Qué manía con entender las letras! El rap (que no hip hop) surgió en inglés, por tanto es inevitable que en ese idioma suene mejor. Por tanto es normal que a gente que no sepa inglés le guste esa música, todo suena mejor en el idioma que creo el estilo musical. El símil sería perfectamente factible, claro que un disco de flamenco podría ser el mejor del año en Canadá, siempre que fuera en español, lo raro es que fuera un disco de flamenco en inglés. Con esto no defiendo el último disco de Kanye West, ya que no acaba de convencerme, quizás porque se ha quedado un poco en tierra de nadie, entre el rap y algo que aún está por definirse. Sin embargo los dos primeros discos me encantaban, y musicalmente eran más sencillos, dándole más importancia a las letras. De esas letras yo no entendía nada, pero me gustaban. El problema es que nos empeñamos en entenderlo todo, y eso sigue estigmatizando al rap foráneo. Es la escusa perfecta para discriminarlo. Pero si lo pensamos bien, en el flamenco más jondo, muchas veces tampoco entendemos lo que dicen, y se habla en castellano. Por no hablar de absolutamente todos los demás estilos musicales, nunca he leído a nadie que critique los elogios a Bob Dylan en un país donde sabemos que el inglés no es nuestro fuerte. Y las letras de Dylan también tenían una importancia notable en su éxito. En mi opinión, si lo que se está valorando es la música, la letra pierde importancia, en tanto que el sonido vocal la gana. La voz es un instrumento más, y como tal debe entenderse. Y en el rap ese instrumento se usa mucho. Por tanto un rapero que lo use bien, sonará bien. Está claro que una buena letra permite disfrutar más de una canción. Pero, desde mi punto de vista (y de oido), no es imprescindible.
Mola el artículo, pero creo que no tienes razón. El disco de Kanye West es una pasada, y si te molesta no entender las letras, búscalas. No cuesta tanto...
Qué rancio por Dios. Igual es tu generación, pero la mia cuando no entiende alguna letra la busca. Yo me traduje todos los discos de Oasis y de Blur con diccionario. Si sigues así sólo vas a poder escuchar los discos en Español.
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