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RollingStone

Olga Rossano: una rockera en Nueva York

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El gol de Puyol en el Soho neoyorquino

Olga nos regala una entrada doble. El primer día lo pasó en el Empire State, con todo el sufrimiento que supone rozar el cielo. Al día siguiente se juntó con un montón de españoles para ver cómo nuestra selección machacaba a Alemania en las semifinales del Mundial

El gol de Puyol en el Soho neoyorquino

No hace ni una semana que estoy aquí y creo que mi dominio del idioma va mejorando día tras día. Si no te espabilas, no llegas a ningún lado. Aunque gran parte de la población es de origen latino y puedes hablar con ellos en español, yo prefiero esforzarme y no caer en la tentación de relajarme. Aun así, es un alivio saber que si te bloqueas puedes recurrir al primer mexicano que pase para que te eche un cable.

Entre el acento americano y el inglés, me quedo con el primero. El británico es más correcto y todo eso, pero prefiero el de aquí, me cae más en gracia. Desde luego, hay personas que hablan como si tuvieran un enorme chicle en la boca y te quedas con cara de póquer al escucharlos, pero en general los entiendes bien.

Hoy voy a quedar con un profesor de inglés con el que estudiaré y practicaré el acento tres veces a la semana, así que si me cuadra, empezaré mañana mismo… I´ve to improve my english!

Hasta ahora no he desaprovechado ni un momento para ver cosas, pero es imposible hacer todo lo que esta agitada ciudad propone. La oferta cultural es infinita: interesantes exposiciones en galerías de arte, museos, festivales de música, fiestas, conciertos… ¡Demasiado! Así que me he hecho con el Time out, una guía donde prácticamente encuentras lo que quieras y vas seleccionando qué hacer cada semana.

Pese a todo, adentrarte por las calles de cualquiera de los barrios de Nueva York e ir descubriendo cosas tiene más encanto y es lo que suelo hacer cada vez que viajo. Pero hay conciertos, por ejemplo, que te puedes perder si no ves las programaciones a tiempo, como el de los míticos Iron Maiden. Cuando me quise dar cuenta, las entradas estaban agotadas, una verdadera lástima porque es de las bandas que hay que ver en vivo al menos una vez en la vida.

Durante los días pasados creo que he hecho casi todas las visitas turísticas de turno: Time Square, la Estatua de la Libertad, Central Park, la Quinta Avenida… Cámara de fotos y mapa en mano, y un dolor de cuello que no me lo quita ni un buen masaje.

Lo del turismo ya me está cansando un poco, sin embargo, hoy me apetece visitar el Empire State Building y ver la ciudad desde lo más alto.

Me encuentro con un bar japonés de exprés muy cerca del Empire. Tiene una mini barra de madera donde puedes pedir a la carta o coger el pedido para llevar, el Sushi and Deli Box. Barato y rico. Está situado entre la quinta y la sexta avenida. Y tras descansar un poco, me pongo de nuevo en marcha.

La experiencia de ver desde el piso número 86 con una vista de 360 grados la ciudad entera es sobrecogedora, pero para llegar hasta lo más alto del Empire State hay que pasar por un largo camino. Si hay algo que odio es hacer colas y cuando son interminables, más aun. Para colmo te clavan 20 dólares y te hacen pasar un control de metales como en los aeropuertos. Tengo que esperar casi una hora para subir. Vamos, ni para ver el Vaticano…

Lo que más coraje me da es que de la primera cola pasas a que te hagan una estúpida foto casi obligada. No te dan la opción a rechazarla: venga fotito. A la salida puedes canjear el ticket que te ofrecen por tu retrato, con el Empire y el skyline detrás de ti, como si estuvieras suspendido en el aire. Qué hortera. Encima cuesta 20 dólares más, vaya morro. Evidentemente, tiré el ticket.

Por fin entras en el ascensor que te sube (lo conté) 86 pisos en 35 segundos exactos y sales al exterior (abstenerse los que sufran de vértigo). Y ahí está, la ciudad más grande de Estados Unidos a tus pies. Qué bonito. Lo mejor: mirar hacia el sur de Manhattan, los rascacielos de Wall Street parece que se quisieran meter en el agua. Justo enfrente, a la derecha, la Estatua de la Libertad; y a lo lejos, a la izquierda, mar abierto.

Como la vida misma. Pasar por los obstáculos que he enumerado para disfrutar de algo tan hermoso, vale la pena y mucho. Y mañana a ver el Mundial de Fútbol. 

Anoche no pude pegar ojo. El calor está apretando demasiado, es insoportable. Sales a la calle y literalmente te abrasas. El clima es bastante húmedo, a diferencia de la sequedad de Madrid. Prefiero el calor seco. Sudar las 24 horas del día por más duchas que te des es un agobio.

Hoy paso el día con los colegas españoles, viendo cómo juega España contra Alemania y disfrutando de una buena sangría y una tortilla de patatas en el Lizarra, un bar español en pleno Soho, en la calle Mester.

Puede que seamos unas 50 personas delante de una televisión una hora antes de empiece el partido. Bebemos jarras heladas de sangría y comemos, amén de la tortilla, serranitos (muy típicos del sur: bocadillo de lomo, pimiento frito y jamón ibérico), croquetas y salmorejo. ¡Muerte a las hamburguesas! Esto es comida de verdad: como en casa.

La mayoría españoles somos españoles, claro, más algún que otro despistado que ha entrado al mundo ibérico a comer y se ha quedado viendo el partido como uno más. No cabemos.

A decir verdad, no soy una fanática del fútbol, pero que hayamos llegado a semifinales por primera vez en la historia y rocemos la final de la Copa del Mundo es para plantarse delante de la tele y dejarse llevar por un partido tan emocionante. Aquí tienes el vídeo de nuestra celebración tras el golazo de Puyol:


Vaya partidazo. Cómo hemos jugado. Nos hemos comido a los alemanes, que estaban aplatanados. Me da que vamos a ganar la final. Lo veremos el domingo. Repetiré el menú y saldré de nuevo por las calles de Nueva York a cantar el himno español. Toquemos madera.

Después de la fiesta futbolera, hago con mis colegas una ruta de bares por el Soho y por el Lower East Side.

Ni sé a la hora que acabamos. Sólo recuerdo que lo pasé como nadie. ¡Que se repita el domingo!

09.07.2010 | 2 comentarios
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Comentarios

LaCarola
23.07.2010 | 10:11

El Time Out es como para santiguarse antes de abrirlo. Estate atente a los conciertos al aire libre en el corazón de Central Park y a la programación de Off Broadway y Off Off Broadway, los circuitos de teatro alternativo. Qué divino!

pitufet
11.07.2010 | 00:53

he estado de viaje de novios en esa ciudad y es espectacular. a ver si te pierdes un dia x central park y nos cuentas que tal te ha ido. los domingos se llena de gente corriendo , en bici....todo el mundo hace deporte....es increible.... disfruta de la mejor ciudad del mundo. un saludo desde Ontinyent

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