Se abre el telón. Aparece, en un teatro repleto de chicas, una banda salida del casting de Al salir de clase: corista de flequillo Belén Esteban, guitarrista posturero y bajista con melena Santi Millán. De pronto, en la pantalla de detrás emerge el héroe, en un vídeo/parodia de ET. Él es Elliot, por supuesto. El guiño generacional funciona: las mujeres, unas 10 por tío, gritan como si en vez del perfil simiesco del héroe tuviéramos delante a los mismísimos Beatles. Incendio en un atestado patio de butacas.
Si estamos en el Teatro Coliseum de Madrid y hoy es lunes 22 de noviembre, este individuo con pose de MALOTE SENSIBLE tiene que ser Dani Martín, presentando su disco Pequeño. Más bien enano. Vamos con ello. No hay dolor.
El primer tema, igual que los demás, es un medio tiempo a reventar de azúcar y romanticismo barato. Emociones DE TERCERA MANO que las nenas cantan como si estuviéramos, todos borrachos, en una boda. A Dani Martín sólo le falta darse la vuelta y lanzar el ramo hacia la concurrencia. En vez de eso, pone cara de intenso, efectúa varios señalamientos de cielo y grita de pronto: "¡Ejtáis todas muy guapas!". Veo sonreír a la chica de mi lado.
En el segundo tema me doy cuenta de que estoy en una serie de la tele. Martín se cuelga una guitarra Epiphone Riviera para apenas dibujar tres acordes (que no suenan), y tras él hay un sofá en el que se reunirá después la banda para dos canciones con coartada mecherista. Todo apesta a BUENISMO CURSI y a espíritu adolescente pese a que tododiós pasa aquí de los 25. Esta es la juventud del siglo XXI: 35 años y cantando estribillos de quinceñera.
La sesión prosigue con otra pseudobalada prácticamente fotocopiada de la primera, y hay que reconocer que Martín, aún con ese gesto de estreñimiento, tiene a las chicas/mamás comiendo de su mano: canta con potencia, e imanta las miradas a base de caminar de un lado a otro, tirar besos a la grada y marcarse unas poses a lo AC/DC bastantes sonrojantes. La voz, 10 metros por encima del resto en la mezcla, llena el teatro hasta hacerme tragar sus cursilerías como auténticos detritos sonoros. ¿Me corto ya las venas o me las dejo largas?
Entonces me fijo en mis congéneres masculinos. La estampa es esta: ella baila de pie ante la butaca, con CARA DE ORGASMO y estribillo absurdo en los labios, mientras él yace sentado a su lado, tarareando como obligado (sin duda ha sido ametrallado con el disco en el coche) y echando furtivas miradas a los pibones circundantes. Me siento mejor cuando Martín ataca el intermedio sensible, en dueto pimpinelesco con la corista. Pienso en la pasta que les voy a pedir a los de la Rolling por esta sesión.
El tercio final es todo un viaje hacia el final de la noche. Martín parece cada vez más no ya un adolescente, sino un bebé. Explotar el rollo maternal siempre ha sido clave en el ligoteo, y este tipo, en realidad, está ligando hoy A LA VEZ con 600 chicas. Pienso en cuánto daño ha hecho este romanticismo viscoso, definitivamente falso, a sus creyentes: la vida es todo menos un ridículo cliché.
Cómo será la cosa que dos temas de El Canto del Loco ponen algo de realidad en semejante sesión de enajenación emocional. Pero Martín quiere más: erigido en Julio Iglesias de Alalpardo (pueblo del norte Madrid donde se crió nuestro héroe), con el Manual de la Demagogia en Directo en mano, se marca otra balada sobre la infancia o qué sé yo mientras sigue lanzando besos a la grada y haciendo ojillos con filas enteras del patio de butacas. Temo que, dominado el percal femenino, se lance a conquistar también el masculino. Nunca se sabe. Miro la hora. Han pasado 80 minutos, un mundo, desde el inicio. Creo que me he ganado mis tres duros.
Salgo huyendo despavorido, bajando la cabeza no vaya a ser que alguien me vea salir del Coliseum. Unos metros más arriba, otro teatro vomita una marabunta que sale del nuevo advenimiento de Marta Sánchez, cirugía mediante a tenor de los carteles. La noche madrileña es gélida, pero soy tan feliz que me cortaría las venas. Empiezo a pensar en los cuchillos que tengo por casa.
corista de flequillo Belén Esteban, guitarrista posturero y bajista con melena Santi Millán ?? que entendido debes saber para conocer tan bien a Javier Pedreira , Cristina Mendez o Manolo Mejías... seguro que a Quique Gonzalez no lo criticas,no? pues vete informandote porque....
Estoy con Jose, pese a que te guste Dani Martín o no, me parece muy irrespetuosa este "intento" de crítica, parece sacado de una pelea de críos por ver que jugador de fútbol mola más... sin más de 2 débiles argumentos, y añadiendo notas cómicas para hacerte más fuerte... no me puedo creer que paguen por esto...
Si estuvieras en una isla desierta con la discografía completa del Canto del Loco, ¿que forma de suicidio eligirias? Un saludo.
Hay que ver mas allá de tus narices chaval... Detrás de un concierto así hay mucho trabajo. Si no te gustan las cursilerías, criticalas, si no te gusta el ligoteo criticalo, pero no te lleves por delande a los músicos, al técnico de sonido, ni a su propia afición... habría que ver que cds llevas tu en el coche...
Alguno olvida las licencias que puede tomarse cualquier crítico a la hora de afrontar su texto: de ahí que sean los más consentidos en verter opiniones personales; salpicando así de polémicas nuestro escenario musical . Por cierto, la crítica: fabulosa.
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