Un fotograma de la película El jardín de la alegría.
Charles cumple hoy 69 años. Ha escrito varios libros en primera
persona, tiene un puñado de hijos desperdigados que no le felicitarán
y cultiva la jardinería (ornamental y psicodélica -a veces las plantas
alcanzan en su borrosa opinión de botánico aficionado el calificativo
de arbóreo-). No tiene televisión y, por no mover el dial de su
vetusto aparato de radio (un obsequio de un lector suyo que posee un
anticuario), escucha la Cadena SER cuando, como ahora, fuma y sale al
jardín a llenarse las manos de tierra y los oídos de ondas. Disfruta
con los testimonios de los oyentes de esa emisora, de los que toma a
veces notas para levantar ficciones de poca monta, y se sabe de
memoria esa cuña publicitaria en la que una señora con voz de
sesentona afirma que se entristece por no haber tenido hijos, ni
escrito libros, ni siquiera plantado un árbol, y finalmente confiesa
que no quiere morir sin acostarse con un negro y fumarse un porro.
Dice lo del porro como si su familia, pues tendrá una familia, fuera a
llamarla antes drogadicta que golfa, si es que reconocieran su voz y
la llamaran, al menos para mantener la vieja costumbre del juicio
moral en el ámbito doméstico. La radio aviva la fantasía de los
solitarios que tienen ya una edad; parecen niños ante el confesionario
de una iglesia abandonada por los curas y llena de transformadores y
bobinas. El escritor llama a la SER, en la que ha sido entrevistado
alguna vez: consigue el número de la oyente. La invita a cenar.
Prepara couscous. Hablan de literatura. No merece la pena, esa es la
conclusión. ¿Árboles? ¿No podrían simplemente dejar de cortarlos? Y
así hasta el café. Charles ofrece su hierba. Charles y Paquita acaban
revolcándose entre las begonias. La turba y el mantillo no los
ennegrecen lo suficiente. Se ríen, puede que demasiado. El artista,
cómo no, tiene su agenda de putas. Llama a Nancy, la negra. Le pide
que traiga a su novio. De postre vas a tener tu negro, promete Charles
a su nueva amiga, por fin de su edad. Aparca un Seat León en la rampa
del garaje, junto al jardín. Baja la pareja de color del coche. Se
hacen las presentaciones. Robert, el chulo, el muy chulo, dice que por
nada del mundo se acostará con una vieja.
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Por un quítame allá esas pajas, este y no otro es el título que ha escogido Sr. Chinarro para su nuevo blog sobre muejres y sexo (que se dice pronto). El cantautor, escritor (y a veces cascarrabias) Antonio Luque se empeñará en demostrarnos semanalmente que el verdadero rock and roll way of life es más fácil de encontrar en su anónimos personajes que en músicos con guitarra. ¿Le creemos?
Sr. ChinarroSr. Chinarro, músico sevillano de 41 años e icónico superviviente del indie español, acabo de publicar en un arranque de inspiración un nuevo disco doble, Menos samba (Mushroom Pillow), de 19 canciones, sólo un año después de Presidente (2011), que entró en nuestra lista de lo mejor del año. Pero no es lo único: además de este recién estrenado y bienavenido blog sobre sexo y mujeres, Por un quítame allá esas pajas, también ha publicado dos nuevos libros. Por unlado su primer novela, Exitus (El Aleph). Y por otro, un relato sobre su club de de toda la vida, el Betis, para una colección de la editorial Libros del K.O. sobre fútbol y literatura. Dicen que no puede parar de escribir.

01.04.2013
El grupo es el ganador de la VI edición del Termómetro RS
